¡Zapatero corrupto!

LBNL

El ruido de las portadas y el griterío de las tertulias es ensordecedor, al albur de un auto judicial basado en un informe policial, que han venido ambos a “demostrar” lo que la derecha ha venido denunciando desde hace años: Zapatero es un corrupto de tomo y lomo que ha defendido la dictadura bolivariana para lucrarse inmensamente con ello, incluida una mina de oro en Venezuela, numerosas propiedades inmobiliarios, etc.

Vaya por delante que si Zapatero se ha corrompido seré el primero en apoyar que salde sus cuentas con la Justicia como todo hijo de vecino, aunque seguramente me queje amargamente de que otros se hayan ido de rositas. Pero nunca diré que dada la doble vara de medir, “los nuestros” deberían también salir impunes.

Pero para que Zapatero sea corrupto tiene que haber participado en un delito. ¿Qué delito? Cualquiera pero del que se le acusa es el de haber dirigido una organización criminal que se ha lucrado con el rescate gubernamental de la aerolínea hispano-venezolana Plus Ultra. Ahora bien, el rescate de Plus Ultra ya había sido objeto de resoluciones judiciales que indicaban que no había ningún indicio de irregularidades en la decisión gubernamental. Sin embargo, posteriormente han surgido nuevas informaciones que apuntan a que los directivos de Plus Ultra que recibieron el rescate movieron el dinero de aquí para allá de forma al menos sospechosa y pueden haber cometido delitos como el de blanqueo de capitales. Ni siquiera los más osados acusan a Zapatero de tener algo que ver con dichos movimientos.

Pero parece que además, los directivos firmaron un contrato para pagarle una comisión de un 1% a “Julito”, un conseguidor armadanzas que se había hecho amigo de Zapatero en años anteriores. Y que, como está admitido por el propio Zapatero, montó una sociedad mercantil a través de la cual se le encargaron una serie de informes por los que facturó una cantidad de entre 400 y 500 mil euros desde 2020 a 2025, es decir, a razón de 80 a 100 mil euros anuales, es decir, entre 6 y 8 mil euros mensuales brutos. Todos ellos declarados religiosamente por Zapatero a Hacienda en concepto de IRPF. Por los datos que se conocen, parece que, además, la empresa de las hijas de Zapatero facturó unos 800 mil euros adicionales durante el mismo periodo, por actividades relacionadas con las actividades de su padre, es decir unos 160 mil euros anuales, es decir, 13 mil euros mensuales brutos. Podría ser que dichas cantidades sean desproporcionadas – es decir, estar por encima del precio de mercado – para las prestaciones realizadas por dicha empresa, en las que por lo que yo sé el Auto judicial no entra en detalle. Pero ni los más osados niegan que la empresa de las hijas es una sociedad con actividad real y con las cuentas con Hacienda al día.

Recapitulando, incluso en el supuesto de que Zapatero, que figuraba como apoderado en las cuentas bancarias personales de sus dos hijas, hubiera sido el beneficiario de todo los ingresos relacionados con sus actividades profesionales, estamos hablando de una cantidad de alrededor de 20 mil euros mensuales brutos, de los que habría que descontar lo cotizado por él mismo en concepto de IRPF y lo que hayan debido tributar por el Impuesto de sociedades la empresa de sus hijas y ellas mismas por sus salarios en dicha empresa.

Hay una diferencia sustancial entre los dos millones de euros que se dice que cobró Zapatero por su liderazgo de una organización criminal con los 12 mil euros mensuales netos que parecen haber ingresado Zapatero y sus hijas durante los últimos años. Y no olvidemos que Zapatero renunció al Consejo de Estado y salario asociado precisamente para poder prestar servicios profesionales libremente.

Volvamos a lo del liderazgo de la organización criminal. Aun asumiendo que el tal “Julito” haya cobrado un 1% del rescate de Plus Ultra (algo más de medio millón de euros), dado que los tribunales no han encontrado hasta ahora ningún indicio de que su concesión haya sido objeto de tráfico de influencias o cohecho, no parece que dicha comisión sea delictiva en sí misma, con independencia de que haya sido declarada correctamente desde el punto de vista fiscal. Pero la acusación contra Zapatero parte de la base de que él se repartió con el tal “Julito” – o se llevó la parte del león – de dicha comisión.

Por su parte, Zapatero asegura que él no hizo ninguna gestión ante ninguna autoridad sobre el rescate de Plus Ultra y que por supuesto no cobró nada por actividades que no realizó. La UDEF en cambio sospecha que sí lo hizo a partir de las transferencias recibidas, deduciendo que las actividades profesionales de Zapatero y las de la empresa de sus hijas son ficticias. Y el juez de instrucción, como también la fiscal de caso, asumen íntegramente dicha sospecha por más que no haya ninguna prueba al respecto. Sí parece haber rastros de múltiples conversaciones entre terceros relacionados con Plus Ultra sobre la necesidad de involucrar a Zapatero en la operación. Y también sobre la posible constitución de una sociedad mercantil en Dubai por parte del tal “Julito” que se sospecha pudiera servir para recibir los fondos de la comisión de forma opaca en el extranjero. A este respecto, el vocerío mediático “informó” de que había “correos” de la secretaria personal de Zapatero a un colaborador de “Julito” que confirmaban la voluntad de Zapatero de participar en dicha mercantil en Dubai. Pero cuando se levantó el secreto del sumario ayer quedó patente que el único correo relevante de la secretaria de Zapatero es uno en el que confirma la reserva de una mesa para comer Zapatero y el ínclito “Julito” en un restaurante de Madrid sobre las mismas fechas. De lo que se deduce que acordaron la constitución de la sociedad en la comida. Pero no hay ninguna prueba al respecto. Se desconoce también si la mercantil en Dubai llegó a constituirse y todavía más si ingresó la comisión del 1% por Plus Ultra. Y por supuesto no hay ninguna prueba, siquiera indicio real, de que Zapatero haya finalmente participado en dicha sociedad, si es que se llegó a constituir.

Por lo que parece de recibo volver a preguntar ¿qué delito?

Sigamos con los indicios. Parece que hay correos y otros indicios – en concreto una Letter of Intent de una empresa china – de que Zapatero pudiera haber mediado para una compra de petróleo venezolano por parte de la susodicha empresa. Ignoro si medió o no pero por lo que he podido leer de la documentación del caso, no he encontrado tampoco ningún indicio de que así haya sido. Pero en todo caso, tal intermediación sería perfectamente legal y lo único relevante sería que hubiera ingresos no declarados. Pero tampoco hay ningún indicio que Zapatero recibiera ningún ingreso de manera opaca, ni en España ni fuera.

Luego está la hipoteca de medio millón de euros que canceló anticipadamente once meses después de comprar un terreno en Madrid. Es decir, que dicho terreno se compró en 2024 con una hipoteca lo cual es extraño dados los ingresos desmesurados que Zapatero llevaba años recibiendo por sus actividades corruptas, incluida la pasta que debía haber recibido por su parte de la comisión por el rescate de Plus Ultra, que recordemos tuvo lugar a principios de 2021. Pero es que, además, la cancelación anticipada de la hipoteca tuvo lugar después de que Zapatero y su esposa vendieran su chalé de Aravaca, yéndose a vivir de alquiler. Es decir, de nuevo ¿qué delito?

Y finalmente están las joyas encontradas en la caja fuerte “oculta” del despacho de Zapatero. Dejando de lado que no conozco ninguna caja fuerte que no esté oculta, podría tener sentido que al vender su chalé e irse a una casa de alquiler que no tuviera caja fuerte, la pareja decidiera aprovechar la caja fuerte del despacho de él para custodiar sus joyas. En cuanto a su origen, la secretaria de Zapatero declaró cuando el registro policial que provienen de herencias familiares y regalos de viajes. Dichos regalos son ilegales mientras se tiene un cargo oficial pero no si no se tiene así que de nuevo, ¿qué delito?

Repito, si Zapatero cometió algún delito, deberá pagar por ello, como también su mujer, sus hijas o su secretaria, como todo hijo de vecino. Pero mientras no se sustancie ninguna acusación, no solo prima la presunción de inocencia de todos ellos sino que parece que estemos asistiendo a una quema pública inquisitorial de alguien que molesta políticamente. Con el evidente propósito de anularle políticamente y asestar un golpe a la línea de flotación del Gobierno de Pedro Sánchez, verdadero objetivo de la operación, por lo que no es de extrañar que el foco haya pasado a su necesidad imperiosa de convocar elecciones sin dilación, no vaya a ser que el ruido y la confusión se disipen cuando emerjan los hechos y Zapatero salga indemne de todas las acusaciones.

Difícil de creer

Carlos Hidalgo

Conocí a José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2001, cuando llevaba pocos meses como secretario general. Yo era camarero en un restaurante para pagarme los estudios y tenía problemas para aprobar la asignatura de Derecho del Trabajo debido a la gran distancia que existe entre la ley y la realidad del mundo laboral, en el cual yo ya llevaba inmerso casi diez años. Como era el único trabajador que se había leído el Estatuto de los Trabajadores y el convenio de hostelería de Madrid, tenía fama de alborotador izquierdista y cuando Zapatero y su familia aparecieron en la puerta del restaurante, el encargado consideró una muestra de humor el asignarme su mesa. “Este es el camarero más socialista que tenemos”, les dijo. Zapatero se lo tomó en serio y me preguntó si yo era “compañero”, a lo que respondí que no, pero que me sentía bien representado por él, al no ser el candidato oficial del “guerrismo” (lo fue Matilde Fernández) o del “felipismo” (lo fue Pepe Bono).

Desde entonces, siempre que venía al restaurante, cada dos o tres semanas, acompañado de su familia y de la del que el que era su jefe de gabinete entonces, José Andrés Torres Mora, yo era el encargado de atenderles y ellos aprovechaban para conversar conmigo. Esta dinámica duró hasta que fue presidente del Gobierno y lo que puedo recordar de entonces es que es Zapatero nunca se dejó invitar a nada, ni a café, ni a postres, ni a chupitos. Nunca, además ponía cara de indignación y de sorpresa cuando se le ofrecía. Recuerdo que pagaba las comidas de su bolsillo. Las suyas y las de sus guardaespaldas, unos policías nacionales que me pedían que les hiciera la factura igualmente para pasarla como gastos.

Una vez pidió costillas a la barbacoa y como estas son bastante resbaladizas, se manchó la camisa. Siguiendo la política de la empresa, además de proporcionarle quitamanchas, le ofrecí que nos pasara la factura del tinte. No era trato especial, se hacía con todo el mundo, fuera famoso o no. Zapatero me miró con los ojos muy abiertos y me dijo, “no, por favor, ha sido culpa mía y no puedo consentirlo”. Y aunque le aseguré que no le estábamos dando ninguna clase de trato especial, no dio su brazo a torcer.

Pasado el tiempo nuestros caminos se han cruzado alguna que otra vez y si bien he mantenido una relación más cercana con José Andrés Torres Mora (que merece que se escriba mucho y muy bien de él), cada vez que Zapatero me ha visto, ha sacado, aunque fueran unos segundos para preguntarme qué tal todo, conversar y ponernos al día.

La última vez que nos vimos fue hace siete años, tomando un largo café en un hotel del centro de Madrid. Hablamos un poco de todo, de nuestras familias, de cómo estaba el mundo y le invité a su cigarrillo del día. Desde que dejó de fumar, solo fuma (o fumaba) un cigarrillo al día. Yo, que fumo diez al menos y soy incapaz de dejarlo, le pregunté que cómo era capaz. “A veces tengo la impresión de que tienes la disciplina de un monje budista”. Y él se rio, respondiendo que él simplemente era de esa manera.

No puedo presumir de tener muchas cosas en común con Felipe González o Javier Solana, pero coincido con ellos en que no reconozco a José Luis Rodríguez Zapatero en el auto de 90 páginas del juez Calama en el que se detalla por qué se le investiga y lo averiguado hasta el momento.

Sin ser íntimo de él, es fácil saber que hay cosas que le obsesionan, pero que el dinero nunca ha sido una de ellas. Sí que lo es el hacer lo correcto. Pocas personas se comportan en privado de la misma manera que lo hacen en público, pero Zapatero es así. Y tiene cosas como no consentir el machismo, la maledicencia o el humor negro ni siquiera en privado. La impresión que yo tengo y que siempre he tenido de él es la de una persona que vive absolutamente de acuerdo a sus ideas, hasta el punto de resultar desconcertante o irritante en ocasiones. Y que incluso en algunas de sus acciones más polémicas, como la mediación entre el régimen chavista y la oposición venezolana (solicitada por ambas partes, recordemos), lo hacía convencido de estar haciendo lo correcto y de mejorar las cosas, aunque todo ello supusiera su desprestigio personal o que ambas partes, acostumbradas a jugar sucio entre ellas, lo usaran como arma arrojadiza o le culpasen de su falta de voluntad para negociar seriamente.

Zapatero no es, ni ha sido nunca perfecto. Comete errores de juicio, a veces se pasa de optimista, en ocasiones muestra de manera muy fría la frialdad que ha de tener la gente de su posición o ha dejado caer a personas valiosas para lograr ese principio de que en política a veces debes lograr ineficiencia para conseguir paz. Pero sí extremadamente coherente. No he visto nunca en él el ansia de asegurarse recursos, de hacerse rico o de robar protagonismo. Es más, lo veo incompatible con su manera de ser.

No sé qué más seguirá filtrándose estos días, ni que escandalosos indicios nos querrá ofrecer la policía con el material que les ha sido proporcionado por Homeland Investigations, esa rama del ICE que ha facilitado información al Cuerpo Nacional de Policía para la investigación.

Lo que sí que tengo claro es que me resulta muy difícil de creer lo que veo en los titulares y que espero que el tiempo y el propio Zapatero, con su inhumana cabezonería, lo aclaren.

Lecturas de interés del último mes sobre autonomía estratégica de la UE y sobre cambio climático

Lluís Camprubí

Permítanme pasar a recomendar algunas lecturas y podcasts que en este último mes me han resultado de interés. Como ya viene siendo habitual, sobre las dos cuestiones que más ocupan mi atención.

Sobre la UE, la autonomía estratégica y relación con los EE.UU. y la OTAN

*Informe de SPARTA (Strategic Protection and Advanced Resilience Technology Alliance): Achieving European Defence Autonomy: A Roadmap for Overcoming Critical Dependencies

*Podcast “Mildly Alarmed”, sobre cuestiones relacionadas con la seguridad europea, realizado por Anastasiia Lapatina, Fabian Hoffman, Minna Ålander, y Karen-Anna Eggen. Ya hay tres disponibles.

*Conferencia de Franziska Brantner: The Lonelier Continent: Europe and the Burden of its Own Defence

*Documento de trabajo de Sergey Lagodinsky: Becoming Sovereign: A proposal for the establishment of a European Security Council

*Entrevista a Steven Everts: “Ya no podemos confiar en EE.UU.: Europa debe rearmarse”

*Tribuna de Toomas Hendrik Ilves: A grand strategy for Europe and the end of Pax Americana

*Artículo de Gideon Rachman: Are Europe and America headed for divorce?

*Digest de entrevista: Sven Biscop on Europe: ‘Saying you’re a geopolitical actor doesn’t make it so’

*Tribuna de Ivo Daalder: Time for a different kind of NATO

*Artículo de Minna Ålander : Ready Or Not, We Fight

*Revisión de Gesine Weber: Bracing for withdrawal symptoms

*Editorial Board del Financial Times: America owes its European allies a defence roadmap

*Informe sobre la encuesta de Bertelsmann Stiftung: Europe’s Call for Greater Independence: European Trust in the U.S. Falls as Skepticism Toward China Persists

*Artículo de Giuseppe Spatafora: Small changes, big impact: How Trump’s latest decision removes a key component of Europe’s deterrence

*Artículo de Jesús A. Núñez Villaverde:  Alemania (y Europa) sin tropas estadounidenses, ¿quién pierde más?

*Artículo de Doménec Ruiz Devesa: ¿Quién teme a la retirada de EE. UU. en Europa? El riesgo para Alemania y la necesidad operativa de España

*Post de Christian Spillmann: European Defence: Are We Finally Moving?

*Tribuna de Josep Borrell, Guy Verhofstadt et al: Necesitamos una Unión dentro de la Unión

*Conferencia de Mario Draghi de recepción del premio Carlomagno

*Declaración de Antiauthoritarian Alliance: Against defeatism disguised as radicalism. With the Ukrainian resistance, without ambiguity

Sobre el contexto geopolítico, transición energética y cambio climático

*Entrevista a Emilio Santiago Muiño: “La transición ecológica no es un sacrificio, es una oportunidad de prosperidad”

*Entrevista a Xan López: «El fascismo fósil es el mayor enemigo de la transición ecológica»

*Ensayo de Kate Mackenzie y Tim Sahay: Dawn of the Electric World Order con traducción disponible aquí

*Tribuna de Simon Kuper: How the oilman’s president boosted a green transition

*Ensayo de Mona Ali: Ajuste de cuentas

*Ensayo de Noah Gordon: Europe’s electrification race: Five ways the EU can avoid the next energy crisis

*Artículo de Thor Benson: The Iran war is accelerating the renewable energy transition — just not in the U.S.

*Análisis de Antonio Pollio Salimbeni : El debate en el BCE sobre el Pacto Verde, el giro estratégico y el federalismo mínimo

*Ensayo de Gemma Barricarte, Jaime Vindel y José Luis Rodríguez: Siete tesis sobre ecología y extrema derecha

*Actualización semanal de Crisis Group: Iran Crisis Monitor #6

*Entrevista a Nicholas Stern: “El decrecimiento es una distracción y una conspiración contra el mundo en desarrollo”

*Informe: The 2026 Europe report of the Lancet Countdown on health and climate change: narrowing window for decisive health action

En la catarsis

Juanjo Cáceres

“La sensación de que algunas cosas que pueden pasar acabarán sucediendo no debería ser un motivo para no oponerse a ellas y por eso hemos hecho un esfuerzo titánico en esta campaña”, exclama Leo en su turno de intervención. Un turno breve, de escasos minutos de duración, que transcurre rodeado de más de un centenar de personas distribuidas en la pantalla de su ordenador. Ha tenido que esperar más de dos horas para conseguir tomar la palabra y empieza así su intervención, rodeado de individuos con la cabeza bajada, que parecen más pendientes de lo que ocurre en su dispositivo móvil que de sus palabras iniciales.

“Estaremos de acuerdo, compañeras y compañeros, en que estos no son los resultados que deseábamos, pero tampoco peores de lo que esperábamos. Hay que agradecer a la dirección del partido y, en particular, a la dirección de campaña, la autocrítica que han hecho, pero no debemos confundir el reconocimiento de que las cosas no han ido bien y de las responsabilidades por el resultado final, con la culpabilidad. Porque, en todo caso, tan responsable es de la evolución de nuestro partido esta dirección, como lo es el último de los militantes”.

Se detiene para respirar y reflexionar durante dos segundos sobre esa última afirmación. ¿Realmente somos todos igual de culpables o los hay más culpables que otros? ¿No son estas palabras propias de alguien que prefiere cerrar filas en lugar de abrir un proceso de crítica? ¿De alguien más preocupado por la nómina del mes que viene que por hacer una reflexión sincera? Percibe que algunos harán una lectura servil de esas palabras y, sin embargo, lo cierto es que se ha expresado de forma muy sentida, aún consternado por la incapacidad de competir que su partido manifiesta en las urnas, pero mucho más alarmado por lo escuchado esta tarde.

Las intervenciones que le han precedido no han sido, en general, demasiado distintas, pero algunas han sido singularmente duras. Ha llegado a escuchar: “No levantamos cabeza”, “Esto es un desastre”, “Así vamos derechos al precipicio” y otros comentarios semejantes. Incluso, hace algunos minutos, alguien ha osado decir que los rivales tenían mejores candidatos, y eso le ha removido terriblemente los intestinos. “¿Cómo se puede ser tan desleal y cruel en un momento así?”, ha pensado al instante, lo que le ha desplazado de la voluntad de ser crítico a la determinación de cerrar filas. “¡Qué poca vergüenza tiene Alberto! ¡Dale tú ahora, cuando te toque intervenir!”, le escribía inmediatamente después Rosa por WhatsApp.

“Como ya os podéis imaginar, no puedo estar de acuerdo con algunas de las cosas que se han dicho aquí, ni con la manera como se han expresado, pues resultan tremendamente injustas para muchos compañeros y compañeras que se han dejado todas las horas del día en esta campaña”, expresa Leo con mirada incisiva y verbo enérgico.

“Muy bien, Leo”, se lee en una notificación de WhatsApp que aparece sobre su monitor. Se da cuenta de que a Rosa le ha gustado eso último y gana confianza en sus siguientes palabras.

“La tentación de buscar culpables en la derrota siempre es grande. A veces por la necesidad de encontrar una explicación; otras, compañeras y compañeros, me sabe mal decirlo, también por simple ambición y mala fe. Las causas de lo acontecido deben examinarse con calma y tendremos tiempo de analizarlo, pero debemos hacerlo desde el sosiego y confiando en los procesos del partido. La otra noche fue dura y hoy debemos enfrentar las consecuencias de esos resultados, pero con respeto y lealtad”.

La gesticulación de muchos de los presentes y ciertos iconos de aplausos en la pantalla le reconfortan, pero la seriedad e incluso un aire de suspicacia puebla algunos rostros. Ahora se sabe atrapado en la condescendencia de la mayoría y se siente incapaz de encontrar una vía de rescate de algunos argumentos sobre los que había reflexionado unas horas antes: un mensaje de campaña demasiado parecido al de elecciones anteriores, que mantiene cerca al electorado tradicional pero aleja a los jóvenes; un modelo de actos “llenapistas” muy tradicional, demasiado centrado en la presencialidad; una apelación constante a un pasado más glorioso en detrimento de los retos del futuro…, y tantas otras cosas que no podían funcionar en ese contexto de polarización. Pero ya no es posible señalarlas sin producir contradicción, añadir sal a las heridas y agrandar las fracturas, por lo que opta por dejarlos de lado y precipitar el final de la intervención.

“Esta vez no han salido las cosas como deseábamos, pero seguimos estando ahí y volveremos a dar la batalla, no solo dentro de cuatro años, sino cada día, con la representación que hemos obtenido en las urnas y con el esfuerzo incondicional de nuestros representantes. ¡Hay partido compañeros y compañeras!”. Es entonces cuando las gesticulaciones y la alegría parecen multiplicarse. Hay quien incluso abre el micrófono para que se escuchen los aplausos. Leo sonríe. El futuro que aguarda no es mejor, pero en este preciso momento, la sensación es distinta.

La receta del ministro-candidato no funciona

Carlos Hidalgo

De nuevo el PSOE ha pagado caro el pensamiento mágico de que un ministro o ministra es automáticamente popular y conocido por el hecho de haber portado la famosa cartera propia de su cargo.

Reyes Maroto, Pilar Alegría y María Jesús Montero han protagonizado tres fracasos electorales para los socialistas frente a un único éxito, que ha sido el de Salvador Illa. El único caso en el que el PSOE ha mejorado resultados ha sido en Castilla y León, donde el alcalde de Soria, Carlos Martínez, ha usado la implantación territorial de su partido a su favor, en lugar de imponerse a ella.

Teniendo en cuenta el encontronazo con los “barones” socialistas que en su día apeó a Pedro Sánchez de la dirigencia del PSOE, es comprensible que el líder socialista recele de que los territorios legitimen a candidatos de entre sus filas antes que subordinarse a las imposiciones de Ferraz. Pero han pasado diez años de aquello, la mayor parte de esos barones están jubilados, muertos o fuera de juego y no hay ninguna clase de discrepancia organizada en las filas socialistas que puedan poner en duda la labor de gobierno de Sánchez, exceptuando a García Page, que tampoco tiene ninguna clase de ambición a nivel nacional.

Ahora esperan en la fila de paracaidistas Diana Morant (a la que esperemos que le favorezca su experiencia como alcaldesa de Gandía), Ángel Víctor Torres, a quien Coalición Canaria querrá hacer responsable de los imaginarios agravios derivados de que Clavijo quiera gestionar crisis sanitarias con ChatGPT, y Óscar López, al que se ve con evidente desgana de someterse a una campaña electoral contra Isabel Díaz Ayuso.

Si echamos la vista atrás y no para recordar la famosa rebelión de los barones socialistas, veremos que si el PSOE aguantó la “blitzkrieg” de Podemos y el empuje de las fuerzas surgidas del 15-M, hoy dispersas, fue precisamente gracias a su implantación territorial. La gente prefirió votar a candidatos a los que sentía como propios antes que a paracaidistas malasañeros subordinados a la autoridad indiscutible (por entonces) de Pablo Iglesias Turrión, hoy reconvertido en hostelero y propagandista ruso.

Despreciar a las estructuras territoriales del PSOE o pretender imponerse siempre a ellas, es caer en el mismo error de Iglesias y pensar que el aura de una sola persona puede servir para ganar cualquier proceso electoral.

No sé ahora si el mover a ministros-candidatos, a tan pocos meses de las siguientes elecciones, sería buena idea. Porque si la fortaleza del PSOE es su implantación territorial, su debilidad es su afición al drama y aún tiene mucho que aprender acerca de cómo resolver las primarias internas de tal manera que cierren heridas en lugar de dejarlas permanentemente abiertas.

El PSOE de Extremadura, con sus ejemplares primarias a la Secretaría General puede ser el ejemplo que debiera seguir el partido para los próximos procesos, pero para eso hace falta mirar a las estructuras territoriales no con condescendencia o recelo, sino con buena fe.

Todo bajo control

Marc Alloza

“todo está bajo control”, “será un operativo transparente”, “se han activado los protocolos”, “no hay motivo para la alarma”, “todo discurre con normalidad según lo previsto”, “se está monitorizando la evolución”, “está perfectamente encauzado”, “no existe motivo de especial preocupación”, “se están tomando las medidas necesarias para contener el impacto.”

Son mensajes que emplean las autoridades para, en principio, transmitir calma y tranquilidad a la audiencia.  La realidad es que cada vez gozan de menor credibilidad en general, creo yo, por varios factores que han hecho de su uso un abuso.

En primer lugar, se emplean en fases tempranas de episodios que pueden suscitar preocupación sin tiempo material para un análisis concluyente. Esto se pone especialmente de manifiesto cuando el comunicado es irrebatible o no se resuelven dudas suscitadas en primera instancia por la ciudadanía, periodistas etc… En estos casos, en realidad lo que se está haciendo en muchas ocasiones es negar antes de verificar con lo que no se puede incurrir en un error que puede llevar a otro error de empecinarse en mantener la versión a pesar de la evidencia: “El fuel está contenido en el barco”.

Otro factor del mal uso es la precipitación en el diagnóstico de corte optimista o favorable que, por presión, por error o simple desconocimiento lleva a minimizar el riesgo: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado»

Un elemento que mina este tipo de declaraciones es cuando se combinan con mensajes contradictorios:

  • Por desconexión entre actores como “Hay peligro real e inmediato por temporal por deterioro del sistema ferroviario, de muros de contención y por árboles cerca de la vía” vs “Las vías son seguras, no es necesario aplicar medidas”. Que tras accidente mortal acaban derivando en un “No habrá trenes hasta garantizar la seguridad” histriónico para tratar de disimular lo que se ha declinado hacer previamente.
  • Por contradicciones por diferencias de criterio o cambios de opinión entre Administraciones y/o organismos internacionales “El riesgo es bajo para la población, no existen “motivos clínicos” para que el barco no atraque en España” que se convierte en “obligación moral y legal” “dispositivo seguro” vs “no saben cómo tratarlos”. O en el mismo episodio “contacto constante y coordinación” vs “no nos han informado”, “falta de lealtad”.

En realidad, la desconfianza no arranca de las meras expresiones más que de quién las dice. En ocasiones se siembra la duda de forma torticera y espuria para menoscabar a un oponente o por interés de cualquier tipo sin importar las consecuencias tanto para la sociedad como éticas o morales.

La existencia de terraplanistas creo, con todos los respetos, que viene a demostrar que la desconfianza en la oficialidad es difícil o imposible de resolver, pero es que en los últimos años vivimos instalados en una desconfianza ganada a pulso. El desconocer la causa real confirmada de determinados incidentes o hacerlo de forma tardía en el mejor de los casos, también inspira a la incredulidad en el “sistema”.

La actual crisis del Hantavirus ha devuelto tímidamente las mascarillas FPII en los vuelos comerciales. Con el paso de los días supongo que habrá ido disminuyendo o no. Otro misterio es el del brote de peste porcina africana que inicialmente se atribuyó a un bocadillo de mortadela de Europa del este, luego a un laboratorio científico y luego ha vuelto a la teoría de basura orgánica contaminada. En este caso lo cierto es que todavía persiste el brote siete meses después de su detección y no se ha demostrado que la cepa del virus procediera de ningún laboratorio cercano.

Para el apagón o cero eléctrico ibérico del 28/04/2025 no existe una causa sola si no que fue resultado de una “tormenta perfecta” (otra frase típica) de varios factores técnicos, especialmente un problema de sobretensión. “Tormenta perfecta” que a veces podría traducirse que entre todos la mataron y ella sola se murió o lo que es lo mismo que “nadie desea asumir la parte que le corresponde de responsabilidad de algún suceso infausto, en cuyo resultado han contribuido varios factores

Para cerrar, pase lo que pase todo está bajo control en cualquier circunstancia y situación. A pesar la caída en la credibilidad todavía, si no es muy flagrante, tiene cierto efecto de evitar el pánico y en consecuencia el caos. La que creo que ya no tiene efecto tranquilizador es la de que “Las autoridades están siguiendo la situación de cerca.” O quizá sí, yo ya no sé.

Procesos de escucha en el conflicto vasco

Sergio Patón

El Palau Macaya, de la Fundación La Caixa, inició el pasado viernes en colaboración con la UNESCO un ciclo sobre la paz con 4 cinefórum durante este mes de mayo. En la presentación del ciclo se habló de la necesidad de abordar este tipo de debates dada la situación actual, que creo que todos conocemos. Me sorprendió que además de hablar de Netanyahu, Trump, Ucrania… se citasen las intervenciones de Von der Leyen sobre el rearme de los países europeos como motivo de preocupación respecto a la paz.

El primer cineforum fue sobre los procesos de escucha en el conflicto vasco (dar espacio para que el otro exista). La película elegida fue el documental de 2017 Justin Webster, que yo no había visto, y que está disponible online en  El fin de ETA gentileza de El País. La película daba pie, porque contextualizaba los encuentros restaurativos entre presos de ETA y víctimas de sus atentados o acciones.

Las tres personas invitadas a intervenir fueron Txema Urkijo que fue presentado, entre otras muchas cosas, como arquitecto del proyecto de estos encuentros; Maixabel Lasa Iturrioz, viuda del político vasco del PSE-EE Juan María Jáuregui y una de las primeras en aceptar cómo víctima este tipo de encuentros, y Esther Pascual de la Universidad Francisco de Vitoria a la que como mediadora le fue presentado este proyecto y lo tuvo que pensar e hilvanar.

Txema Urkijo presentó el video, y el proyecto de encuentros que definió como extremadamente gratificante. Comparó el apoyo social que tuvieron ETA y IRA en contraposición a otras organizaciones como Baader-Meinhof de Alemania o las Brigadas Rojas de Italia, un apoyo en el caso de ETA al que contribuyó su nacimiento en plena dictadura franquista y su largo recorrido. Recordó la situación en los 79-80-81 de los muchos atentados con la tesis de que poner víctimas sobre la mesa ayudaría la consecución de sus objetivos políticos: la independencia y el socialismo. En ese contexto ETA y su entorno necesitan la legitimidad de su sociedad, por eso el movimiento por la paz le disputaba la calle y los espacios sociales. En el decaimiento del apoyo a ETA tuvieron especial relevancia el asesinato de Miguel Ángel Blanco y los brutales atentados del 11-M en la estación de Atocha. Y por otra parte en su debilitamiento la ley de partidos, con sus errores, como las negociaciones con el gobierno Zapatero y la ruptura de la tregua con el atentando de la T4. Entre la opción de bombas o votos que resumía Rubalcaba, ETA optaba por las bombas. Esas negociaciones no salieron, pero en el movimiento abertzale surgen personas buscando otras salidas a la violencia máxime con esa necesidad de apoyo social, que va cayendo. El documental nos sitúa en esas negociaciones entre 2006-2007.

Debo reconocer que me afectó en el inicio del documental ver el resultado de los atentados. No lo recordaba tan así en su momento, o no tan especialmente. Se inicia el documental y las negociaciones con unas conversaciones por su cuenta y riesgo en un inicio entre Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi. Cabe destacar que Rubalcaba o el mismo Eguiguren expresan sus recelos y desconfianzas de entonces, entre ellos. Las dudas y los miedos. Pero ahí el factor personal fue haciendo, como en otros momentos de las conversaciones entre diferentes actores, a principio a favor de la paz, incluso con Josu Ternera, pero con la aparición de Thierry en contra. En el metraje se da cabida a todo tipo de voces, además de los descritos, personas en las tesis del PP de boicotear esos esfuerzos, como desde el punto de vista abertzales de seguir por la vía de siempre. Y como no las conversaciones de Maixabel sobre su punto de vista restaurativo.

Una vez acabada la película, volvió a tomar la palabra Urkijo como arquitecto para explicar la génesis del proyecto, como una acción más para coser socialmente, con entre otras previas como encuentros entre víctimas de ETA y de los GAL. Esther Pascual, explicó desde dónde estaba cuando Txema le hizo la propuesta, el cómo lo fue pensado, qué límites tendría, qué hablar y qué no, tomar como modelo procesos similares en procesos penales, que la participación no aminorar sus condenas, que ya eran presos que habían tomado distancia con ETA, los de la vía Nanclares. Ahí fue su primer encuentro con los presos. Por otro lado, como se hizo la propuesta a víctimas y familiares. Los hombres deciden solos, y las mujeres, quitando a Maixabel, decían que tenían que hablarlo. Unas aceptaron y otras no.

Maixabel Lasa habló de sus experiencias y sus motivaciones, creer en la reinserción y no odiar. Y las relaciones que de alguna manera u otra ha ido teniendo con dos de sus victimarios. Cómo se encontraron ellos, que se puede resumir que Maixabel prefiere ser la viuda de Juan María Jauregi en vez de la madre de alguno de sus ejecutores.

Dada la presencia de Maixabel Lasa y el tema esperaba mucha más audiencia, que sin ser poca no llenó el auditorio del bonito palacio. Hice el esfuerzo de pensarme algunas preguntas, pero me tuve que ir aunque pude escuchar la primera pregunta de una señora en desacuerdo con que estuviesen en las instituciones los de Bildu, que el perdón era personal… y ahí ya estaba yo en la puerta.

El cinefórum sigue este viernes, es gratuito pero hay que inscribirse en la misma página del ciclo.

Las ratas nadadoras de Coalición Canaria

Carlos Hidalgo

Es muy difícil dar a entender a los habitantes de la península quiénes son en Coalición Canaria. Durante años, Ana María Oramas ha querido dar la impresión de que eran un partido centrista, partidario del sentido común y envuelto en refranes que reflejan la sencillez de quien se siente en contacto con la sabiduría popular.

Pero lo cierto es que una de las personas más poderosas en Coalición Canaria es Jesús “Suso” Machín, alcalde eterno de Tinajo (Lanzarote), que paga hoteles a los acusados por violencia de género para que eludan la detención por parte de la Guardia Civil. O que exigía que el centro de acogida de menores inmigrantes que estaba en La Santa, dentro la demarcación de su municipio, se retirase porque “los chavales se pasean por el pueblo y miran a la gente”. O que usa su propia empresa de electricidad para arreglar las farolas del pueblo o instalar la iluminación navideña. El mismo Jesús Machín que ha colocado a su hija Migdalia como consejera de Ciencia y Universidad en el gobierno de Fernando Clavijo.

Hablando de ciencia y del gobierno de Canarias, la consejería de Migdalia Machín destina más presupuesto de I+D a la Fundación LoroParque que a las universidades de Las Palmas o de La Laguna. Y como otra nota ilustrativa, en Canarias no hay ninguna especie endémica de loros, son todos importados.

Nada de eso se verá en los medios regionales o locales y es muy raro que, salvo alguno de los casos más escandalosos o surrealistas, algo de esto salte a la prensa nacional. El ecosistema mediático de Canarias gira alrededor del presupuesto que gestiona Coalición Canaria. Los medios cobran publicidad institucional, cobran por la realización de eventos o cobran ayudas a las empresas. Pero es que también cobran los gestores de determinadas páginas de Facebook, ciertos usuarios de las redes sociales y hasta las personas que escriben en blogs y se hacen llamar “comunicadores”, aunque alguno de esos blogs lleve sin actualizarse desde 2016.

Dentro de ese ecosistema de “influencers” se puede destacar una anécdota: cuando Canarias estaba en alerta por lluvias y posibles inundaciones, mientras que los medios estaban pendientes de los comunicados de los servicios de emergencias, una persona que se hace llamar Bolorino, estaba retransmitiendo en directo desde el centro de emergencias de Tenerife, interfiriendo con la labor de los profesionales y haciendo comentarios tan útiles para la población como “estoy jodido de la cadera”. Bolorino que, por cierto, estaba presente en el puerto de Granadilla mientras desembarcaba el pasaje del “MV Hondius” y cobra por hacer el idiota en Internet. Aunque no se sabe de quién. Solo se sospecha. Bolorino que, por cierto, se preciaba en uno de sus vídeos de tener el móvil personal de Fernando Clavijo y de que le iba a llamar para aconsejarle cómo gestionar la situación.

Sabiendo esto, que entiendo que es surrealista y chocante, es fácil entender que Fernando Clavijo quisiera parar el desembarco del Hondius, usando para ello las respuestas que había pedido a Chat GPT acerca de si las ratas nadaban o no.

Uno pensaría que todo un Presidente del Gobierno de Canarias, pues tal es su título oficial, tendría acceso a otra clase de informes o a una información más científica. Pero es que los gobiernos de Coalición Canaria son siempre una mezcla de cargos electos rodeados de parientes de otros militantes o de grandes empresarios locales, que gestionan poco o nada y que anteponen la llegada de turistas a todo lo demás, incluido el bienestar de su propia población.

En Canarias hay un paro superior al 12%, la cuarta parte de su población está en situación de pobreza o de riesgo de pobreza, hay un 15,92% de abandono escolar y aporta el 10% de los embarazos de menores de edad de toda España. Y es difícil que gente huidiza, que miente o que usa a Chat GPT para justificarse, sea capaz de solucionarlo.

La crisis del hantavirus ha situado a Coalición Canaria donde menos le interesa: fuera del foco de sus Bolorinos y sus medios complacientes y bajo el microscopio de la prensa nacional e internacional. Y ahí se ve el ridículo del presidente cobarde que pregunta a una IA si las ratas nadan bien.

Mossos en las escuelas y el giro securitario del sistema educativo 

Dávid Rodríguez Albert

El Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya acaba de implantar un programa piloto de acompañamiento a la convivencia, consistente en la introducción de agentes de los Mossos d’Esquadra en ciertos institutos públicos. La medida ha provocado un gran revuelo, y más teniendo en cuenta que la comunidad educativa está en pleno proceso de movilizaciones para reivindicar la reversión de los recortes que se han producido durante los últimos años.

El anuncio se ha producido en un marco de opacidad difícilmente justificable. No existe un desarrollo normativo claro ni documentación suficiente sobre objetivos, límites o despliegue. La información ha llegado de forma fragmentada, mediante circulares o filtraciones, sin debate público ni participación real de la comunidad educativa. No es un detalle menor, sino un síntoma del modo en que se toman las decisiones sobre educación.

Esta forma de proceder entra en tensión con el marco normativo vigente en Catalunya, que insiste en la centralidad de la convivencia, la cultura de paz y la gestión pedagógica de los conflictos. La escuela no se concibe como un dispositivo disciplinario, sino como un espacio donde el conflicto se trabaja y se transforma en aprendizaje. La introducción de actores policiales desplaza esta lógica hacia una gestión del orden.

Pero el debate no es sólo normativo. La comunidad educativa viene señalando una acumulación de tensiones estructurales que ya no pueden ignorarse, como por ejemplo el aumento de la diversidad del alumnado, el incremento de las necesidades educativas específicas, la sobrecarga burocrática del profesorado o la precariedad de los apoyos recibidos. Es imprescindible más personal de educación social, psicopedagogía, enfermería escolar y mediación, como figuras ampliamente reclamadas y sistemáticamente insuficientes. La respuesta institucional, en cambio, no refuerza este entramado, sino que introduce un dispositivo externo ajeno al campo educativo y vinculado a la lógica securitaria.

Este desplazamiento no es neutro. Supone un giro en la manera de entender la convivencia, que se inserta en una visión neoliberal y reaccionaria del modo de gestionar lo público. En este contexto, la entrada de la policía en los institutos representa un síntoma más de la degradación en la forma de entender los aspectos sociales. Cuando el sistema se tensiona por falta de recursos, la respuesta de la Generalitat no consiste en reforzar lo educativo, sino en introducir mecanismos de contención. 

A ello se suma el terrible efecto simbólico de la medida. En algunos casos los centros afectados concentran alta diversidad social o alumnado en situación de importante vulnerabilidad. Esto introduce un riesgo de estigmatización, al asociar determinados perfiles con la necesidad de vigilancia. Una vez más, se desvía el centro de la educación y se desplaza hacia la seguridad. En una sociedad en la que las desigualdades van en aumento, se culpabiliza a la víctima en lugar de resolver el problema de fondo con políticas sociales coherentes.

El sistema educativo concentra hoy tensiones derivadas de procesos sociales más amplios, que incluyen la precariedad laboral, la desigualdad en la distribución de la riqueza, la crisis aguda en el acceso a una vivienda digna, los problemas crecientes de salud mental, la fragilidad de las redes comunitarias o las trayectorias migratorias complejas. Todos estos factores convergen en la escuela, que funciona como un espacio de absorción de conflictos no resueltos en otros niveles. 

Frente a ello, una parte significativa del mundo educativo insiste en la idea de que la convivencia no mejora con un incremento de la vigilancia, la disciplina y el control, sino con más recursos, estabilidad de equipos y refuerzo de los apoyos profesionales. Las reivindicaciones del personal educativo están sobre la mesa con más fuerza que nunca, con la demanda de reducción de ratios, estabilización de plantillas, ampliación de equipos psicopedagógicos y sociales, y políticas de inclusión. No es una demanda corporativa, sino una condición clave para mejorar la educación y el conjunto de la sociedad.

En última instancia, lo que está en juego no es la presencia policial en los institutos, sino el modelo de escuela pública en un contexto de cambio social. Una escuela democrática requiere confianza en lo educativo, no su sustitución por lógicas de control. Cuando la respuesta a los conflictos estructurales se desplaza hacia la securitización del espacio escolar, lo que se modifica no es solo una política concreta, sino el horizonte mismo de la educación pública.

En momentos de apremio

Juanjo Cáceres

Ariadna observa desde su cuenta de Instagram a Salvador, un hombre con relevancia institucional al que se ha acostumbrado a ver en televisión transportando siempre una mochila y que ahora se dispone a explicar la importancia y el contenido de un kit de emergencia.

“…Recomiendo una mochila que tengas por casa y dentro de la mochila todo preparado… Una botella de agua, una radio a pilas, un kit que tenga los documentos oficiales, medicación, pilas, linterna, comida en lata…”

Siguiendo fielmente las instrucciones de su Presidente, examina las mochilas de las que dispone en su hogar. No son muchas y son bastante viejas. El piso compartido donde reside es limitado en espacio, tanto para almacenar objetos como para vivir dignamente. Un logo de Decathlon en una de ellas le recuerda que, cuando tenía 21 años, vivía con más comodidades y era más feliz. Las mochilas salían a menudo de viaje y no languidecían en un canapé. Hoy, a sus 42 años y con lo justo para pasar el mes, casi le parece que ese objeto colgante perteneció a otra persona.

 «Esta vieja compañera tendrá que servir», concluye, y procede a buscar los objetos indicados por Salvador. La botella de agua, marca Bronchales. La linterna y la radio, adquiridas hace algunos meses en un establecimiento abierto 24 horas. Las pilas, conseguidas a muy buen precio en el supermercado Aldi. Un pack de tres latas de atún de fácil abertura y una cuchara de postre. Dos billetes de cincuenta euros, que celosamente conservaba con el fin de cubrir algún gasto extra inesperado. Y un surtido de medicinas entre las que se cuentan principalmente fármacos para trastornos leves prescritos con receta médica, o bien a ella, o bien a algún familiar que amablemente se los entrega. La comida de animal de compañía no ha sido necesaria incluirla porque el contrato de alquiler del inmueble donde reside excluye expresamente esa posibilidad. En cuanto a la documentación oficial, prefiere seguir llevándola encima.

Con todo a punto, cierra la mochila mientras se pregunta qué tipo de emergencia podría sorprenderla. «¿Otro apagón? No parece necesario, en ese caso, tener las cosas guardadas en una mochila”. «¿Un terremoto? No sé si me permitiría alcanzar la mochila». «¿Un tsunami? Hace mucho que abandoné mis sueños de vivir cerca del mar o siquiera de pasar allí unos breves periodos del año». “¿Una crisis económica? De poco serviría todo esto que hay ahí dentro”. “¿Un ataque terrorista? No sé si los elementos aquí presentes garantizarían mi supervivencia”. “¿Un desplazamiento forzoso a causa del ataque de un ejército enemigo? Estoy segura de que no llegaría demasiado lejos con estos objetos”.

Su mente sigue meditando sobre la infinidad de situaciones imprevistas que puede verse obligada a afrontar y por mucho que se esfuerza, no logra entender qué utilidad puede tener esa mochila vieja, llena de elementos precarios que evocan con extraña exactitud su propia precariedad vital. Es entonces cuando se da cuenta de que quizás sea ese el objetivo: que nos sintamos inseguros o que nos sintamos frágiles.

O tal vez se trate de una idea que alguien tuvo y de un papel que alguien representó, que ahora es sistemáticamente imitado, como si de una moda se tratase. No porque resulte especialmente relevante, sino por esa pulsión propia de aquellos que se consideran importantes de ejercer permanentemente de creadores de contenidos.

“Me vendrían bien otro tipo de ayudas y otro tipo de consejos”, piensa, mientras guarda la mochila en uno de sus dos armarios. Al cerrar la puerta, siente por un momento que también ella ha quedado atrapada por su cremallera y que no es más que otro objeto del que nadie se acordará.