En la catarsis

Juanjo Cáceres

“La sensación de que algunas cosas que pueden pasar acabarán sucediendo no debería ser un motivo para no oponerse a ellas y por eso hemos hecho un esfuerzo titánico en esta campaña”, exclama Leo en su turno de intervención. Un turno breve, de escasos minutos de duración, que transcurre rodeado de más de un centenar de personas distribuidas en la pantalla de su ordenador. Ha tenido que esperar más de dos horas para conseguir tomar la palabra y empieza así su intervención, rodeado de individuos con la cabeza bajada, que parecen más pendientes de lo que ocurre en su dispositivo móvil que de sus palabras iniciales.

“Estaremos de acuerdo, compañeras y compañeros, en que estos no son los resultados que deseábamos, pero tampoco peores de lo que esperábamos. Hay que agradecer a la dirección del partido y, en particular, a la dirección de campaña, la autocrítica que han hecho, pero no debemos confundir el reconocimiento de que las cosas no han ido bien y de las responsabilidades por el resultado final, con la culpabilidad. Porque, en todo caso, tan responsable es de la evolución de nuestro partido esta dirección, como lo es el último de los militantes”.

Se detiene para respirar y reflexionar durante dos segundos sobre esa última afirmación. ¿Realmente somos todos igual de culpables o los hay más culpables que otros? ¿No son estas palabras propias de alguien que prefiere cerrar filas en lugar de abrir un proceso de crítica? ¿De alguien más preocupado por la nómina del mes que viene que por hacer una reflexión sincera? Percibe que algunos harán una lectura servil de esas palabras y, sin embargo, lo cierto es que se ha expresado de forma muy sentida, aún consternado por la incapacidad de competir que su partido manifiesta en las urnas, pero mucho más alarmado por lo escuchado esta tarde.

Las intervenciones que le han precedido no han sido, en general, demasiado distintas, pero algunas han sido singularmente duras. Ha llegado a escuchar: “No levantamos cabeza”, “Esto es un desastre”, “Así vamos derechos al precipicio” y otros comentarios semejantes. Incluso, hace algunos minutos, alguien ha osado decir que los rivales tenían mejores candidatos, y eso le ha removido terriblemente los intestinos. “¿Cómo se puede ser tan desleal y cruel en un momento así?”, ha pensado al instante, lo que le ha desplazado de la voluntad de ser crítico a la determinación de cerrar filas. “¡Qué poca vergüenza tiene Alberto! ¡Dale tú ahora, cuando te toque intervenir!”, le escribía inmediatamente después Rosa por WhatsApp.

“Como ya os podéis imaginar, no puedo estar de acuerdo con algunas de las cosas que se han dicho aquí, ni con la manera como se han expresado, pues resultan tremendamente injustas para muchos compañeros y compañeras que se han dejado todas las horas del día en esta campaña”, expresa Leo con mirada incisiva y verbo enérgico.

“Muy bien, Leo”, se lee en una notificación de WhatsApp que aparece sobre su monitor. Se da cuenta de que a Rosa le ha gustado eso último y gana confianza en sus siguientes palabras.

“La tentación de buscar culpables en la derrota siempre es grande. A veces por la necesidad de encontrar una explicación; otras, compañeras y compañeros, me sabe mal decirlo, también por simple ambición y mala fe. Las causas de lo acontecido deben examinarse con calma y tendremos tiempo de analizarlo, pero debemos hacerlo desde el sosiego y confiando en los procesos del partido. La otra noche fue dura y hoy debemos enfrentar las consecuencias de esos resultados, pero con respeto y lealtad”.

La gesticulación de muchos de los presentes y ciertos iconos de aplausos en la pantalla le reconfortan, pero la seriedad e incluso un aire de suspicacia puebla algunos rostros. Ahora se sabe atrapado en la condescendencia de la mayoría y se siente incapaz de encontrar una vía de rescate de algunos argumentos sobre los que había reflexionado unas horas antes: un mensaje de campaña demasiado parecido al de elecciones anteriores, que mantiene cerca al electorado tradicional pero aleja a los jóvenes; un modelo de actos “llenapistas” muy tradicional, demasiado centrado en la presencialidad; una apelación constante a un pasado más glorioso en detrimento de los retos del futuro…, y tantas otras cosas que no podían funcionar en ese contexto de polarización. Pero ya no es posible señalarlas sin producir contradicción, añadir sal a las heridas y agrandar las fracturas, por lo que opta por dejarlos de lado y precipitar el final de la intervención.

“Esta vez no han salido las cosas como deseábamos, pero seguimos estando ahí y volveremos a dar la batalla, no solo dentro de cuatro años, sino cada día, con la representación que hemos obtenido en las urnas y con el esfuerzo incondicional de nuestros representantes. ¡Hay partido compañeros y compañeras!”. Es entonces cuando las gesticulaciones y la alegría parecen multiplicarse. Hay quien incluso abre el micrófono para que se escuchen los aplausos. Leo sonríe. El futuro que aguarda no es mejor, pero en este preciso momento, la sensación es distinta.

La receta del ministro-candidato no funciona

Carlos Hidalgo

De nuevo el PSOE ha pagado caro el pensamiento mágico de que un ministro o ministra es automáticamente popular y conocido por el hecho de haber portado la famosa cartera propia de su cargo.

Reyes Maroto, Pilar Alegría y María Jesús Montero han protagonizado tres fracasos electorales para los socialistas frente a un único éxito, que ha sido el de Salvador Illa. El único caso en el que el PSOE ha mejorado resultados ha sido en Castilla y León, donde el alcalde de Soria, Carlos Martínez, ha usado la implantación territorial de su partido a su favor, en lugar de imponerse a ella.

Teniendo en cuenta el encontronazo con los “barones” socialistas que en su día apeó a Pedro Sánchez de la dirigencia del PSOE, es comprensible que el líder socialista recele de que los territorios legitimen a candidatos de entre sus filas antes que subordinarse a las imposiciones de Ferraz. Pero han pasado diez años de aquello, la mayor parte de esos barones están jubilados, muertos o fuera de juego y no hay ninguna clase de discrepancia organizada en las filas socialistas que puedan poner en duda la labor de gobierno de Sánchez, exceptuando a García Page, que tampoco tiene ninguna clase de ambición a nivel nacional.

Ahora esperan en la fila de paracaidistas Diana Morant (a la que esperemos que le favorezca su experiencia como alcaldesa de Gandía), Ángel Víctor Torres, a quien Coalición Canaria querrá hacer responsable de los imaginarios agravios derivados de que Clavijo quiera gestionar crisis sanitarias con ChatGPT, y Óscar López, al que se ve con evidente desgana de someterse a una campaña electoral contra Isabel Díaz Ayuso.

Si echamos la vista atrás y no para recordar la famosa rebelión de los barones socialistas, veremos que si el PSOE aguantó la “blitzkrieg” de Podemos y el empuje de las fuerzas surgidas del 15-M, hoy dispersas, fue precisamente gracias a su implantación territorial. La gente prefirió votar a candidatos a los que sentía como propios antes que a paracaidistas malasañeros subordinados a la autoridad indiscutible (por entonces) de Pablo Iglesias Turrión, hoy reconvertido en hostelero y propagandista ruso.

Despreciar a las estructuras territoriales del PSOE o pretender imponerse siempre a ellas, es caer en el mismo error de Iglesias y pensar que el aura de una sola persona puede servir para ganar cualquier proceso electoral.

No sé ahora si el mover a ministros-candidatos, a tan pocos meses de las siguientes elecciones, sería buena idea. Porque si la fortaleza del PSOE es su implantación territorial, su debilidad es su afición al drama y aún tiene mucho que aprender acerca de cómo resolver las primarias internas de tal manera que cierren heridas en lugar de dejarlas permanentemente abiertas.

El PSOE de Extremadura, con sus ejemplares primarias a la Secretaría General puede ser el ejemplo que debiera seguir el partido para los próximos procesos, pero para eso hace falta mirar a las estructuras territoriales no con condescendencia o recelo, sino con buena fe.

Todo bajo control

Marc Alloza

“todo está bajo control”, “será un operativo transparente”, “se han activado los protocolos”, “no hay motivo para la alarma”, “todo discurre con normalidad según lo previsto”, “se está monitorizando la evolución”, “está perfectamente encauzado”, “no existe motivo de especial preocupación”, “se están tomando las medidas necesarias para contener el impacto.”

Son mensajes que emplean las autoridades para, en principio, transmitir calma y tranquilidad a la audiencia.  La realidad es que cada vez gozan de menor credibilidad en general, creo yo, por varios factores que han hecho de su uso un abuso.

En primer lugar, se emplean en fases tempranas de episodios que pueden suscitar preocupación sin tiempo material para un análisis concluyente. Esto se pone especialmente de manifiesto cuando el comunicado es irrebatible o no se resuelven dudas suscitadas en primera instancia por la ciudadanía, periodistas etc… En estos casos, en realidad lo que se está haciendo en muchas ocasiones es negar antes de verificar con lo que no se puede incurrir en un error que puede llevar a otro error de empecinarse en mantener la versión a pesar de la evidencia: “El fuel está contenido en el barco”.

Otro factor del mal uso es la precipitación en el diagnóstico de corte optimista o favorable que, por presión, por error o simple desconocimiento lleva a minimizar el riesgo: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado»

Un elemento que mina este tipo de declaraciones es cuando se combinan con mensajes contradictorios:

  • Por desconexión entre actores como “Hay peligro real e inmediato por temporal por deterioro del sistema ferroviario, de muros de contención y por árboles cerca de la vía” vs “Las vías son seguras, no es necesario aplicar medidas”. Que tras accidente mortal acaban derivando en un “No habrá trenes hasta garantizar la seguridad” histriónico para tratar de disimular lo que se ha declinado hacer previamente.
  • Por contradicciones por diferencias de criterio o cambios de opinión entre Administraciones y/o organismos internacionales “El riesgo es bajo para la población, no existen “motivos clínicos” para que el barco no atraque en España” que se convierte en “obligación moral y legal” “dispositivo seguro” vs “no saben cómo tratarlos”. O en el mismo episodio “contacto constante y coordinación” vs “no nos han informado”, “falta de lealtad”.

En realidad, la desconfianza no arranca de las meras expresiones más que de quién las dice. En ocasiones se siembra la duda de forma torticera y espuria para menoscabar a un oponente o por interés de cualquier tipo sin importar las consecuencias tanto para la sociedad como éticas o morales.

La existencia de terraplanistas creo, con todos los respetos, que viene a demostrar que la desconfianza en la oficialidad es difícil o imposible de resolver, pero es que en los últimos años vivimos instalados en una desconfianza ganada a pulso. El desconocer la causa real confirmada de determinados incidentes o hacerlo de forma tardía en el mejor de los casos, también inspira a la incredulidad en el “sistema”.

La actual crisis del Hantavirus ha devuelto tímidamente las mascarillas FPII en los vuelos comerciales. Con el paso de los días supongo que habrá ido disminuyendo o no. Otro misterio es el del brote de peste porcina africana que inicialmente se atribuyó a un bocadillo de mortadela de Europa del este, luego a un laboratorio científico y luego ha vuelto a la teoría de basura orgánica contaminada. En este caso lo cierto es que todavía persiste el brote siete meses después de su detección y no se ha demostrado que la cepa del virus procediera de ningún laboratorio cercano.

Para el apagón o cero eléctrico ibérico del 28/04/2025 no existe una causa sola si no que fue resultado de una “tormenta perfecta” (otra frase típica) de varios factores técnicos, especialmente un problema de sobretensión. “Tormenta perfecta” que a veces podría traducirse que entre todos la mataron y ella sola se murió o lo que es lo mismo que “nadie desea asumir la parte que le corresponde de responsabilidad de algún suceso infausto, en cuyo resultado han contribuido varios factores

Para cerrar, pase lo que pase todo está bajo control en cualquier circunstancia y situación. A pesar la caída en la credibilidad todavía, si no es muy flagrante, tiene cierto efecto de evitar el pánico y en consecuencia el caos. La que creo que ya no tiene efecto tranquilizador es la de que “Las autoridades están siguiendo la situación de cerca.” O quizá sí, yo ya no sé.

Procesos de escucha en el conflicto vasco

Sergio Patón

El Palau Macaya, de la Fundación La Caixa, inició el pasado viernes en colaboración con la UNESCO un ciclo sobre la paz con 4 cinefórum durante este mes de mayo. En la presentación del ciclo se habló de la necesidad de abordar este tipo de debates dada la situación actual, que creo que todos conocemos. Me sorprendió que además de hablar de Netanyahu, Trump, Ucrania… se citasen las intervenciones de Von der Leyen sobre el rearme de los países europeos como motivo de preocupación respecto a la paz.

El primer cineforum fue sobre los procesos de escucha en el conflicto vasco (dar espacio para que el otro exista). La película elegida fue el documental de 2017 Justin Webster, que yo no había visto, y que está disponible online en  El fin de ETA gentileza de El País. La película daba pie, porque contextualizaba los encuentros restaurativos entre presos de ETA y víctimas de sus atentados o acciones.

Las tres personas invitadas a intervenir fueron Txema Urkijo que fue presentado, entre otras muchas cosas, como arquitecto del proyecto de estos encuentros; Maixabel Lasa Iturrioz, viuda del político vasco del PSE-EE Juan María Jáuregui y una de las primeras en aceptar cómo víctima este tipo de encuentros, y Esther Pascual de la Universidad Francisco de Vitoria a la que como mediadora le fue presentado este proyecto y lo tuvo que pensar e hilvanar.

Txema Urkijo presentó el video, y el proyecto de encuentros que definió como extremadamente gratificante. Comparó el apoyo social que tuvieron ETA y IRA en contraposición a otras organizaciones como Baader-Meinhof de Alemania o las Brigadas Rojas de Italia, un apoyo en el caso de ETA al que contribuyó su nacimiento en plena dictadura franquista y su largo recorrido. Recordó la situación en los 79-80-81 de los muchos atentados con la tesis de que poner víctimas sobre la mesa ayudaría la consecución de sus objetivos políticos: la independencia y el socialismo. En ese contexto ETA y su entorno necesitan la legitimidad de su sociedad, por eso el movimiento por la paz le disputaba la calle y los espacios sociales. En el decaimiento del apoyo a ETA tuvieron especial relevancia el asesinato de Miguel Ángel Blanco y los brutales atentados del 11-M en la estación de Atocha. Y por otra parte en su debilitamiento la ley de partidos, con sus errores, como las negociaciones con el gobierno Zapatero y la ruptura de la tregua con el atentando de la T4. Entre la opción de bombas o votos que resumía Rubalcaba, ETA optaba por las bombas. Esas negociaciones no salieron, pero en el movimiento abertzale surgen personas buscando otras salidas a la violencia máxime con esa necesidad de apoyo social, que va cayendo. El documental nos sitúa en esas negociaciones entre 2006-2007.

Debo reconocer que me afectó en el inicio del documental ver el resultado de los atentados. No lo recordaba tan así en su momento, o no tan especialmente. Se inicia el documental y las negociaciones con unas conversaciones por su cuenta y riesgo en un inicio entre Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi. Cabe destacar que Rubalcaba o el mismo Eguiguren expresan sus recelos y desconfianzas de entonces, entre ellos. Las dudas y los miedos. Pero ahí el factor personal fue haciendo, como en otros momentos de las conversaciones entre diferentes actores, a principio a favor de la paz, incluso con Josu Ternera, pero con la aparición de Thierry en contra. En el metraje se da cabida a todo tipo de voces, además de los descritos, personas en las tesis del PP de boicotear esos esfuerzos, como desde el punto de vista abertzales de seguir por la vía de siempre. Y como no las conversaciones de Maixabel sobre su punto de vista restaurativo.

Una vez acabada la película, volvió a tomar la palabra Urkijo como arquitecto para explicar la génesis del proyecto, como una acción más para coser socialmente, con entre otras previas como encuentros entre víctimas de ETA y de los GAL. Esther Pascual, explicó desde dónde estaba cuando Txema le hizo la propuesta, el cómo lo fue pensado, qué límites tendría, qué hablar y qué no, tomar como modelo procesos similares en procesos penales, que la participación no aminorar sus condenas, que ya eran presos que habían tomado distancia con ETA, los de la vía Nanclares. Ahí fue su primer encuentro con los presos. Por otro lado, como se hizo la propuesta a víctimas y familiares. Los hombres deciden solos, y las mujeres, quitando a Maixabel, decían que tenían que hablarlo. Unas aceptaron y otras no.

Maixabel Lasa habló de sus experiencias y sus motivaciones, creer en la reinserción y no odiar. Y las relaciones que de alguna manera u otra ha ido teniendo con dos de sus victimarios. Cómo se encontraron ellos, que se puede resumir que Maixabel prefiere ser la viuda de Juan María Jauregi en vez de la madre de alguno de sus ejecutores.

Dada la presencia de Maixabel Lasa y el tema esperaba mucha más audiencia, que sin ser poca no llenó el auditorio del bonito palacio. Hice el esfuerzo de pensarme algunas preguntas, pero me tuve que ir aunque pude escuchar la primera pregunta de una señora en desacuerdo con que estuviesen en las instituciones los de Bildu, que el perdón era personal… y ahí ya estaba yo en la puerta.

El cinefórum sigue este viernes, es gratuito pero hay que inscribirse en la misma página del ciclo.

Las ratas nadadoras de Coalición Canaria

Carlos Hidalgo

Es muy difícil dar a entender a los habitantes de la península quiénes son en Coalición Canaria. Durante años, Ana María Oramas ha querido dar la impresión de que eran un partido centrista, partidario del sentido común y envuelto en refranes que reflejan la sencillez de quien se siente en contacto con la sabiduría popular.

Pero lo cierto es que una de las personas más poderosas en Coalición Canaria es Jesús “Suso” Machín, alcalde eterno de Tinajo (Lanzarote), que paga hoteles a los acusados por violencia de género para que eludan la detención por parte de la Guardia Civil. O que exigía que el centro de acogida de menores inmigrantes que estaba en La Santa, dentro la demarcación de su municipio, se retirase porque “los chavales se pasean por el pueblo y miran a la gente”. O que usa su propia empresa de electricidad para arreglar las farolas del pueblo o instalar la iluminación navideña. El mismo Jesús Machín que ha colocado a su hija Migdalia como consejera de Ciencia y Universidad en el gobierno de Fernando Clavijo.

Hablando de ciencia y del gobierno de Canarias, la consejería de Migdalia Machín destina más presupuesto de I+D a la Fundación LoroParque que a las universidades de Las Palmas o de La Laguna. Y como otra nota ilustrativa, en Canarias no hay ninguna especie endémica de loros, son todos importados.

Nada de eso se verá en los medios regionales o locales y es muy raro que, salvo alguno de los casos más escandalosos o surrealistas, algo de esto salte a la prensa nacional. El ecosistema mediático de Canarias gira alrededor del presupuesto que gestiona Coalición Canaria. Los medios cobran publicidad institucional, cobran por la realización de eventos o cobran ayudas a las empresas. Pero es que también cobran los gestores de determinadas páginas de Facebook, ciertos usuarios de las redes sociales y hasta las personas que escriben en blogs y se hacen llamar “comunicadores”, aunque alguno de esos blogs lleve sin actualizarse desde 2016.

Dentro de ese ecosistema de “influencers” se puede destacar una anécdota: cuando Canarias estaba en alerta por lluvias y posibles inundaciones, mientras que los medios estaban pendientes de los comunicados de los servicios de emergencias, una persona que se hace llamar Bolorino, estaba retransmitiendo en directo desde el centro de emergencias de Tenerife, interfiriendo con la labor de los profesionales y haciendo comentarios tan útiles para la población como “estoy jodido de la cadera”. Bolorino que, por cierto, estaba presente en el puerto de Granadilla mientras desembarcaba el pasaje del “MV Hondius” y cobra por hacer el idiota en Internet. Aunque no se sabe de quién. Solo se sospecha. Bolorino que, por cierto, se preciaba en uno de sus vídeos de tener el móvil personal de Fernando Clavijo y de que le iba a llamar para aconsejarle cómo gestionar la situación.

Sabiendo esto, que entiendo que es surrealista y chocante, es fácil entender que Fernando Clavijo quisiera parar el desembarco del Hondius, usando para ello las respuestas que había pedido a Chat GPT acerca de si las ratas nadaban o no.

Uno pensaría que todo un Presidente del Gobierno de Canarias, pues tal es su título oficial, tendría acceso a otra clase de informes o a una información más científica. Pero es que los gobiernos de Coalición Canaria son siempre una mezcla de cargos electos rodeados de parientes de otros militantes o de grandes empresarios locales, que gestionan poco o nada y que anteponen la llegada de turistas a todo lo demás, incluido el bienestar de su propia población.

En Canarias hay un paro superior al 12%, la cuarta parte de su población está en situación de pobreza o de riesgo de pobreza, hay un 15,92% de abandono escolar y aporta el 10% de los embarazos de menores de edad de toda España. Y es difícil que gente huidiza, que miente o que usa a Chat GPT para justificarse, sea capaz de solucionarlo.

La crisis del hantavirus ha situado a Coalición Canaria donde menos le interesa: fuera del foco de sus Bolorinos y sus medios complacientes y bajo el microscopio de la prensa nacional e internacional. Y ahí se ve el ridículo del presidente cobarde que pregunta a una IA si las ratas nadan bien.

Mossos en las escuelas y el giro securitario del sistema educativo 

Dávid Rodríguez Albert

El Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya acaba de implantar un programa piloto de acompañamiento a la convivencia, consistente en la introducción de agentes de los Mossos d’Esquadra en ciertos institutos públicos. La medida ha provocado un gran revuelo, y más teniendo en cuenta que la comunidad educativa está en pleno proceso de movilizaciones para reivindicar la reversión de los recortes que se han producido durante los últimos años.

El anuncio se ha producido en un marco de opacidad difícilmente justificable. No existe un desarrollo normativo claro ni documentación suficiente sobre objetivos, límites o despliegue. La información ha llegado de forma fragmentada, mediante circulares o filtraciones, sin debate público ni participación real de la comunidad educativa. No es un detalle menor, sino un síntoma del modo en que se toman las decisiones sobre educación.

Esta forma de proceder entra en tensión con el marco normativo vigente en Catalunya, que insiste en la centralidad de la convivencia, la cultura de paz y la gestión pedagógica de los conflictos. La escuela no se concibe como un dispositivo disciplinario, sino como un espacio donde el conflicto se trabaja y se transforma en aprendizaje. La introducción de actores policiales desplaza esta lógica hacia una gestión del orden.

Pero el debate no es sólo normativo. La comunidad educativa viene señalando una acumulación de tensiones estructurales que ya no pueden ignorarse, como por ejemplo el aumento de la diversidad del alumnado, el incremento de las necesidades educativas específicas, la sobrecarga burocrática del profesorado o la precariedad de los apoyos recibidos. Es imprescindible más personal de educación social, psicopedagogía, enfermería escolar y mediación, como figuras ampliamente reclamadas y sistemáticamente insuficientes. La respuesta institucional, en cambio, no refuerza este entramado, sino que introduce un dispositivo externo ajeno al campo educativo y vinculado a la lógica securitaria.

Este desplazamiento no es neutro. Supone un giro en la manera de entender la convivencia, que se inserta en una visión neoliberal y reaccionaria del modo de gestionar lo público. En este contexto, la entrada de la policía en los institutos representa un síntoma más de la degradación en la forma de entender los aspectos sociales. Cuando el sistema se tensiona por falta de recursos, la respuesta de la Generalitat no consiste en reforzar lo educativo, sino en introducir mecanismos de contención. 

A ello se suma el terrible efecto simbólico de la medida. En algunos casos los centros afectados concentran alta diversidad social o alumnado en situación de importante vulnerabilidad. Esto introduce un riesgo de estigmatización, al asociar determinados perfiles con la necesidad de vigilancia. Una vez más, se desvía el centro de la educación y se desplaza hacia la seguridad. En una sociedad en la que las desigualdades van en aumento, se culpabiliza a la víctima en lugar de resolver el problema de fondo con políticas sociales coherentes.

El sistema educativo concentra hoy tensiones derivadas de procesos sociales más amplios, que incluyen la precariedad laboral, la desigualdad en la distribución de la riqueza, la crisis aguda en el acceso a una vivienda digna, los problemas crecientes de salud mental, la fragilidad de las redes comunitarias o las trayectorias migratorias complejas. Todos estos factores convergen en la escuela, que funciona como un espacio de absorción de conflictos no resueltos en otros niveles. 

Frente a ello, una parte significativa del mundo educativo insiste en la idea de que la convivencia no mejora con un incremento de la vigilancia, la disciplina y el control, sino con más recursos, estabilidad de equipos y refuerzo de los apoyos profesionales. Las reivindicaciones del personal educativo están sobre la mesa con más fuerza que nunca, con la demanda de reducción de ratios, estabilización de plantillas, ampliación de equipos psicopedagógicos y sociales, y políticas de inclusión. No es una demanda corporativa, sino una condición clave para mejorar la educación y el conjunto de la sociedad.

En última instancia, lo que está en juego no es la presencia policial en los institutos, sino el modelo de escuela pública en un contexto de cambio social. Una escuela democrática requiere confianza en lo educativo, no su sustitución por lógicas de control. Cuando la respuesta a los conflictos estructurales se desplaza hacia la securitización del espacio escolar, lo que se modifica no es solo una política concreta, sino el horizonte mismo de la educación pública.

En momentos de apremio

Juanjo Cáceres

Ariadna observa desde su cuenta de Instagram a Salvador, un hombre con relevancia institucional al que se ha acostumbrado a ver en televisión transportando siempre una mochila y que ahora se dispone a explicar la importancia y el contenido de un kit de emergencia.

“…Recomiendo una mochila que tengas por casa y dentro de la mochila todo preparado… Una botella de agua, una radio a pilas, un kit que tenga los documentos oficiales, medicación, pilas, linterna, comida en lata…”

Siguiendo fielmente las instrucciones de su Presidente, examina las mochilas de las que dispone en su hogar. No son muchas y son bastante viejas. El piso compartido donde reside es limitado en espacio, tanto para almacenar objetos como para vivir dignamente. Un logo de Decathlon en una de ellas le recuerda que, cuando tenía 21 años, vivía con más comodidades y era más feliz. Las mochilas salían a menudo de viaje y no languidecían en un canapé. Hoy, a sus 42 años y con lo justo para pasar el mes, casi le parece que ese objeto colgante perteneció a otra persona.

 «Esta vieja compañera tendrá que servir», concluye, y procede a buscar los objetos indicados por Salvador. La botella de agua, marca Bronchales. La linterna y la radio, adquiridas hace algunos meses en un establecimiento abierto 24 horas. Las pilas, conseguidas a muy buen precio en el supermercado Aldi. Un pack de tres latas de atún de fácil abertura y una cuchara de postre. Dos billetes de cincuenta euros, que celosamente conservaba con el fin de cubrir algún gasto extra inesperado. Y un surtido de medicinas entre las que se cuentan principalmente fármacos para trastornos leves prescritos con receta médica, o bien a ella, o bien a algún familiar que amablemente se los entrega. La comida de animal de compañía no ha sido necesaria incluirla porque el contrato de alquiler del inmueble donde reside excluye expresamente esa posibilidad. En cuanto a la documentación oficial, prefiere seguir llevándola encima.

Con todo a punto, cierra la mochila mientras se pregunta qué tipo de emergencia podría sorprenderla. «¿Otro apagón? No parece necesario, en ese caso, tener las cosas guardadas en una mochila”. «¿Un terremoto? No sé si me permitiría alcanzar la mochila». «¿Un tsunami? Hace mucho que abandoné mis sueños de vivir cerca del mar o siquiera de pasar allí unos breves periodos del año». “¿Una crisis económica? De poco serviría todo esto que hay ahí dentro”. “¿Un ataque terrorista? No sé si los elementos aquí presentes garantizarían mi supervivencia”. “¿Un desplazamiento forzoso a causa del ataque de un ejército enemigo? Estoy segura de que no llegaría demasiado lejos con estos objetos”.

Su mente sigue meditando sobre la infinidad de situaciones imprevistas que puede verse obligada a afrontar y por mucho que se esfuerza, no logra entender qué utilidad puede tener esa mochila vieja, llena de elementos precarios que evocan con extraña exactitud su propia precariedad vital. Es entonces cuando se da cuenta de que quizás sea ese el objetivo: que nos sintamos inseguros o que nos sintamos frágiles.

O tal vez se trate de una idea que alguien tuvo y de un papel que alguien representó, que ahora es sistemáticamente imitado, como si de una moda se tratase. No porque resulte especialmente relevante, sino por esa pulsión propia de aquellos que se consideran importantes de ejercer permanentemente de creadores de contenidos.

“Me vendrían bien otro tipo de ayudas y otro tipo de consejos”, piensa, mientras guarda la mochila en uno de sus dos armarios. Al cerrar la puerta, siente por un momento que también ella ha quedado atrapada por su cremallera y que no es más que otro objeto del que nadie se acordará.

Eso no es Madrid

Carlos Hidalgo

Una de las cosas en las que el PP es experto es en tratar de usar sus siglas como seña de identidad de las regiones en las que gobierna. La imagen de lo que debe ser un gallego se encargó de definirla Fraga en su larga presidencia de la comunidad de Galicia, el PP castellanoleonés se ha encargado de dejar clara la imagen de que la población de su comunidad es como ellos: arrogante, adusta, antipática e inevitable. En Valencia hicieron grandes esfuerzos por absorber el llamado “blaverismo”, una ideología que define la valencialidad como opuesta a todo lo catalán. En Navarra ya sabemos: carlismo españolista, Opus Dei y oposición a todo lo vasco. Y así podríamos seguir comunidad por comunidad, en las que han implantado una identidad regional hecha a medida de ellos y que tacha de menos auténticos a quienes (con todo el derecho) no simpatizan con el Partido Popular.

Desde los tiempos de Esperanza Aguirre y ahora, con Isabel Díaz Ayuso, se ha hecho algo parecido en Madrid. Se impone una forma de ser madrileño basada en el comportamiento del PP de la Comunidad: macarra, forzadamente castizo, caradura, aprovechado, con evidente desprecio a lo común y confundiendo interesadamente la maldad con la inteligencia.

El madrileño ideal del PP tira los papeles al suelo, arma ruido en las terrazas con evidente desprecio a los vecinos, trapichea para no pagar impuestos, es insolidario, aprovechado, servil con los adinerados y arrogante con el servicio. Es “canalla” vestido de Barbour y no va las misas por compartir los ideales cristianos, ni a los toros por el arte descrito en el Cossío, sino porque eso fastidia a sus vecinos, a los que se les priva de la condición de madrileños por no hacer el borrego estruendosamente con una caña de Mahou en la mano.

Esto no solo pasa a nivel de Comunidad. También pasa a nivel del Ayuntamiento, donde el nefasto Martínez-Almeida Navascués nos quiere hacer creer que vivir en Madrid ha de ser sudor, esfuerzo, incomodidad, polución, una jungla sucia y llena de obras absurdas en las que los más fuertes se mueven como peces en el agua a bordo de sus SUV de combustión.

Plantearse que tal vez vivir en la ciudad no ha de ser un infierno, que los servicios públicos han de hacer mejor la vida a la ciudadanía, que acudir al hospital La Paz no ha de parecerse a una escena bélica, sino acudir a una sanidad fiable, pública y universal, les rechina demasiado.

Madrid, para ellos, ha de ser una combinación de escenarios dignos de aparecer en Instagram con eventos idiotas en los que se cobre entrada, como la feria de la hamburguesa, la feria de las tartas de queso (cheesecake, dirán para que suene más cool), meninas clónicas de fibra de vidrio pintadas con motivos vulgares y, en el colmo de los colmos de la idiotez, hasta la propia feria de Abril de Madrid, llamada “Madridlucía” que, gracias a los hados, ha tenido que ser cancelada porque la capacidad de gestión de los “populares” madrileños es inversamente proporcional a su gusto por las horteradas. Pero nos queda la Fórmula 1, uno de los deportes más corruptos que existen, cuyos campeonatos en España siempre han sido ruinosos para lo público, molestos para la población en general y muy rentables para unos pocos, empezando por la FIA. A los madrileños se les ha prometido que la F1 no les costará un duro, pero a quien seguro que no les va a costar nada va a ser a los prebostes de la FIA, que se llevarán unos cuantos millones que, directa o indirectamente, saldrán de las arcas públicas.

Nada de eso es ser madrileño y, sinceramente, como elemento constructor de una identidad regional, produce más vergüenza que orgullo. Además, la vergüenza de tener a Ayuso como máxima representante de la región solo está sirviendo para que el resto de España perciba a la gente de Madrid como unos arrogantes catetos, que se pasean por el resto de España exigiendo que les atiendan primero en todas partes.

Además de votar, además de protestar contra la incompetencia del PP madrileño, hay que plantearse también la reivindicación de que uno es madrileño como le da gana. Y enfrentar ese falso sentido de la libertad y de la identidad basados en venerar a marcas de cerveza, con las maneras de vivir y convivir en las que uno busque lo mejor de sí mismo y de los demás. Y la reivindicación de que la región, la autonomía, el ayuntamiento, están para servir a los ciudadanos y no al revés.

Feliz 2 de mayo.

Línea de tres

Julio Embid

Los aficionados al baloncesto estamos de enhorabuena. La WNBA vive un momento de crecimiento sin precedentes tras la firma de su nuevo convenio colectivo, que ha disparado salarios e ingresos televisivos. Durante años se repitió aquellos comentarios cuñados de “que las mujeres ganen lo que generen”. Pues bien: ahora generan, y mucho. Los pabellones se llenan y las televisiones compiten por emitir sus partidos.

En España, con la cuota básica de Amazon Prime ya se pueden ver partidos de la WNBA. El nuevo acuerdo televisivo, que ronda los 200 millones de dólares por temporada, ha cambiado las reglas del juego. Y es que como dijo una de las jugadoras más mediáticas, la alero de Indiana Fever Caitlin Clark: “No tiene ningún tipo sentido que gane 70.000 dólares de nómina de mi equipo y 15 millones en patrocinadores de publicidad”, anunciando todo tipo de cosas, desde bebidas, cereales, zapatillas o cromos de Panini.

El año pasado las jugadoras, hartas de que los clubes les tomasen el pelo (ingresan 200 millones sólo de la tele e insisto, los campos están llenos) y que les pagasen 1,5 millones de límite salarial para toda la plantilla de 12+2 jugadoras por equipo, amenazaron con ir a la huelga. Los clubes se asustaron y tras una eterna negociación entre abogados se cambió el convenio colectivo. El límite salarial subió a 7 millones por equipo, con un máximo de 1,2 para una sola jugadora, que para repartir entre 12 jugadoras, ya ofrece salarios de en torno al medio millón de dólares por temporada de media. Este beneficio resulta matador para las ligas europeas donde van a ver como las mejores jugadoras se van a ir a Estados Unidos a jugar para cobrar diez veces más.

En España, el baloncesto femenino está en auge gracias a la televisión. Que Teledeporte y las televisiones autonómicas emitan los partidos, con buenos índices de audiencia, ayuda y mucho. Sin embargo se siguen viendo algunos casos de campos desangelados donde no hay ni mil personas. No es el caso de mi ciudad, Zaragoza, donde de media en el Pabellón Príncipe Felipe, asisten casi 6.000 personas a ver los partidos. En el caso de la Final Six de la Euroliga Femenina se superaron los 10.800 espectadores todos los días. Sin embargo, tengo serias dudas, de si este fenómeno (el auge del baloncesto) sólo se produce por los malos resultados del equipo de fútbol local.

Lo que está claro es que, en un mundo donde la NBA y el baloncesto masculino han ido evolucionando a otro tipo de juego, más centrado en el tiro exterior y en posesiones cortas, el baloncesto femenino le puede competir de igual a igual en todos los aspectos técnicos. Hay muchas jugadoras profesionales con porcentajes de tiro de 3 o de tiro libre superiores a sus equivalentes masculinos. La alero japonesa del Casademont Zaragoza, Stephanie Mawuli, tiene un porcentaje de acierto en tiro de 3 del 45,9% y la base sueca del Spar Girona, Klara Holm, tiene un porcentaje de acierto en tiros libres del 86,9%. No sé si son conscientes de la barbaridad que es eso.

Estoy seguro que, además, el baloncesto femenino tiene un público muy transversal. Entre los 6.000 y pico que vamos a ver todos los partidos al Príncipe Felipe, hay personas de izquierdas, personas de derechas, de centro y medio pensionistas. No creo que exista un boicot antiwoke trumpista en un deporte que simplemente es divertido de ver. Sin embargo y aquí va mi queja final, en la vida, en el deporte y en el trabajo, si quieres que te tomen en serio, hay que ser serios. El desbarajuste del calendario va a trastocar la competición. Las ligas europeas siguen todas el modelo del curso escolar: se empieza en septiembre y se acaba a mediados de junio. La WNBA, por el contrario, empieza el 1 de mayo y acaba en octubre (menos este año que por el mundial, acabará en noviembre) y las buenas jugadoras quieren jugar en ambas. ¿Cómo se compatibiliza esto? Pues vemos como las buenas jugadoras poco profesionales abandonan sus equipos en Europa un mes antes de acabar, en abril, para presentarse en EEUU lo antes posible para la pre-temporada (donde compiten 20 pre-seleccionadas para formar una plantilla definitiva de 12). Y esto hace que la competición se adultere.

¿Cómo se resolvería esto? Fácil, si la WNBA empieza el 1 de mayo, las ligas europeas y todas sus competiciones continentales tienen que acabar antes del 20 de abril. No hay más misterio. Hasta entonces, les invito a hacer una cosa sencilla: ver menos fútbol y más baloncesto. A ser posible, en directo. Porque, como decía el gran Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

En el teatro imaginario de los sueños rotos

Juanjo

Entran Emilio y Mónica, una antigua pareja con custodia compartida y viejos recuerdos también compartidos, que parecen pertenecer a un pasado lejano. Se sientan frente a frente en el centro del escenario, sobre unas sillas rojas.

MÓNICA-Tú.

EMILIO- Tú.

MÓNICA- No, tú, tú empezaste esto.

EMILIO- Querida, fuiste tú, el otro día, sin previo aviso, de la noche a la mañana.

MÓNICA- ¡Tienes mucha cara! Después de todo lo que me has hecho…

EMILIO- ¿Qué te he hecho yo? ¡Yo no te he hecho nada! ¡No sé de qué hablas!

MÓNICA- De tus traiciones. Con otros hombres, además. Eso sí que no lo esperaba.

EMILIO- ¿Te refieres a lo de Gabriel? Eso no fue nada.

MÓNICA- Todo el mundo lo vio. Es complicado negar las cosas cuando todas las cámaras han grabado tu rostro, tus palabras y tu infidelidad.

EMILIO- Realmente, no todo el mundo.

MÓNICA- Sí todos los que eran importantes. De esos, ninguno se lo perdió.

EMILIO- ¡Cuánta obcecación! Es esa forma de pensar tuya la que nos ha llevado hasta este momento, donde solo queda el dolor y los reproches.

MÓNICA- ¡Hazte la víctima, encima! ¡Tienes mucho relato, pero muy poca vergüenza! Puedo entenderlo casi todo: que necesites tu espacio, que quieras realizarte profesionalmente, incluso que sientas el deseo de andar con otras personas. Pero es imperdonable que lo hicieras de ese modo y que avergonzases con ello a tu familia, a tus amigos y a todo nuestro entorno. Como si no fuéramos nada, como si no estuviéramos allí y como si no te importásemos…

EMILIO- ¿Y dónde estuviste tú en aquel momento? Completamente inmersa en tu trabajo. Era yo quien tenía que cargar con todo el peso que supone cuidar a una familia y mantener vivas nuestras relaciones de amistad. Mientras tú disfrutabas de tu nuevo empleo y te alejabas de nosotros, yo cuidé de nuestros amigos e hice otros nuevos.

MÓNICA- Sí, a ese, al que le faltó tiempo para irse con otra. A ti ya te vino bien para una noche. Lástima que todo el mundo lo viera y que de paso se dieran cuenta de que solo vas a la tuya. Bueno, de hecho, no estoy segura ni de que sepas adónde vas.

EMILIO- Hice lo que hice mientras intentaba arreglar las cosas. Buscaba una válvula de escape de tanta sinrazón y tanto distanciamiento, pero todo lo que obtuve es una única noche de pasión y un rechazo por tu parte aún mayor. Hoy me doy cuenta de que no vamos a ser capaces de gestionar esto.

MÓNICA- En eso no te equivocas.

EMILIO- Ya te equivocas tú por mí. ¿Piensas que son solo mis palabras las que se escuchan? ¿Qué las tuyas no trascienden? Todos palpan tu despecho. A veces creo que solo te mueve la venganza.

MÓNICA- No me importas lo bastante como para querer vengarme. Solo me queda el desdén.

Repentinamente suena el teléfono de Emilio.

MÓNICA- Es Gabriel, ¿verdad?

Emilio hace un gesto a Mónica, como rogándole que guarde silencio y descuelga la llamada. Se levanta de la silla y empieza a hablar con su interlocutor.

EMILIO- No, Gabriel, no, las cosas no están bien. Bueno, están fatal. Sí, sigue muy enfadada. No, no creo que se atenga a razones. Sí, considera que todo es una gran traición. No, no me molestó lo de Irene; bueno, sí, para qué engañarte… No, no me apetece quedar con Pablo, ni hacer más actos ahora. Quizás más adelante. Sí, podemos quedar un día y lo hablamos con calma. Adiós Gabriel.

Emilio se sienta de nuevo frente a Mónica.

MÓNICA- ¡Es increíble lo tuyo!

EMILIO- Así están las cosas, Mónica. Ni más ni menos.