Carlos Hidalgo
Mariano Rajoy nos ha metido en un incidente internacional, consecuencia de creer que sus gracietas son “sentido común” y de tantos años de pelotas riéndole todas las ocurrencias, que le han hecho creerse infalible. Para quien no se haya enterado, resulta que el expresidente del gobierno comenta en un digital de derechas todos los partidos de la Selección Española en el Mundial. Como a don Mariano no se le puede hacer trabajar demasiado (no se le puede liar, diría él), dicta sus ocurrencias por teléfono, un redactor de ese medio las transcribe y al poco están publicadas.
El estilo de Rajoy, de decir siempre una cosa y su contraria, normalmente causa regocijo y rechifla, al encadenar sentencias vacuas, obviedades y predicciones de éxito para el combinado nacional. Como escribió alguien en la red social Bluesky: Rajoy nos enseñó cómo escribía la IA antes de tener acceso a ella.
Lamentablemente el ex primer ministro se vino arriba en su última publicación, al hablar de la selección francesa y decir que tiene un altísimo nivel, pero “juega sin franceses”. Una afirmación que es falsa, además de idiota. Imagino que Rajoy pondría su habitual cara de desconcierto, con la boca abierta y los ojos girando en sus órbitas, al darse cuenta de que durante su mandato ya ejercían guardias civiles y policías de origen asiático y africano. Tan españoles como cualquiera y, desde luego, haciendo mejor servicio a la patria que el que hizo él y su gabinete de místicos corruptos. Y a saber qué pasa por la cabeza del registrador de la propiedad al ver salir al campo al vasco Nico Williams o al catalán Lamine Yamal.
Obviamente el gobierno francés ha condenado el racismo del artículo de Rajoy y el propio gobierno de España ha tenido que salir al paso para dejar claro que, afortunadamente, las opiniones racistas de Rajoy, por muy envueltas en tancredismo que estén, no representan a nuestro país. Y es lo que pasa cuando crees que lo haces todo bien y que todo lo sabes: que haces, como mínimo el ridículo y por lo general, también haces bastante daño.
Y hablando de ridículos, ha sido fascinante observar el proceso de primarias a la candidatura a la alcaldía de Madrid en el PSOE-M, esa federación socialista donde la gente que lleva 30 años perdiendo elecciones se sigue sentando en las salas de máquinas del partido, buscando talento entre sus filas para aniquilarlo lo antes posible.
Esta gente ha hecho del PSOE madrileño algo tan cerrado y endogámico que afirmaban con rotundidad que la joven concejala de origen vigués Enma López no lograría el mínimo de avales para enfrentarse a Reyes Maroto, exministra de Industria e invisible portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid, donde Dios nos castiga con un segundo mandato del incompetente y perezoso José Luis Martínez Almeida.
Pero, vuelvo a lo de antes. Teniendo en cuenta que López sabe comunicar, tiene una presencia amable y expansiva, se sabe los presupuestos del Ayuntamiento de memoria y se acerca a militantes y vecinos en lugar de rehuirles. Y que Maroto, sin embargo, habla como si recitara el BOE, rehúye los actos con militantes, tiene una actitud tensa y forzada con los vecinos y que a su alrededor pululan los mismos genios que ya hicieron perder a otros candidatos y candidatas, pues no sé por qué las cabezas pensantes del PSOE madrileño pensaban que López no iba a tener ninguna oportunidad.
Especialmente lamentable ha sido el papel de una antipática líder regional, que ha ido llamando por teléfono a secretarios generales y cargos del partido, para amenazarles con el ostracismo y el paro si no avalaban a Maroto y además conseguían que otros lo hicieran. Se ve que lo de la neutralidad de la organización en primarias, lo de convencer mediante argumentos y lo de tratar con respeto a los compañeros de partido deben ser meras orientaciones, en lugar de las normas de la más elemental ética política. Y más en un partido socialdemócrata, con el agravante de ser la federación que engloba la capital de España. Se ve que también le afectó la misma ceguera que hacer creerse infalible, combinada con unos modos autoritarios que le están empezando a estallar en la cara.
¿Y la selección? Bueno, pues yo quiero que ganen. Pero no tengo ni idea de fútbol.
