De los cánticos en Cornellà a la islamofobia normalizada

David Rodríguez Albert

El pasado martes se disputó en Cornellà de Llobregat el tristemente célebre partido entre las selecciones de España y Egipto. Como ya es sabido, en varias ocasiones se lanzaron cánticos islamófobos desde algunos sectores de la gradería. Además, se silbó el himno nacional del país africano y se profirieron insultos hacia Puigdemont y Pedro Sánchez. Estos hechos son especialmente graves, van mucho más allá de una anécdota en un evento deportivo y representan una muestra de racismo y de islamofobia, en un entorno de consignas propias de la extrema derecha catalana y española.

Afortunadamente, la reacción de la opinión pública ha sido contundente a la hora de denunciar estos hechos. Especialmente significativas son las declaraciones de Lamine Yamal, la principal estrella de la selección española. El jugador musulmán ha acusado de racistas e ignorantes a quienes profirieron los insultos. A sus palabras se han unido declaraciones unánimes de condena por parte del gobierno español, del gobierno catalán, de la sociedad civil y de todos los partidos políticos democráticos.

Durante el partido, los cánticos islamófobos se prolongaron sin que el encuentro se detuviera, evidenciando un fallo institucional grave. El protocolo antirracista de la Federación Española de Fútbol establece que, ante conductas discriminatorias, el árbitro puede detener el partido, tras emitir advertencias al público. En este caso, se hizo un aviso por megafonía minutos después durante el descanso, pero el encuentro no se paralizó. El árbitro búlgaro, que no entendía el idioma, no podía aplicar el protocolo por sí mismo. La federación tenía la responsabilidad de informarle y coordinar la acción, pero no lo hizo, permitiendo que los insultos continuaran, enviando un mensaje de tolerancia hacia la islamofobia y subrayando que el problema no es solo de la grada, sino de una federación incapaz de hacer cumplir sus propias normas.

La islamofobia que se manifestó en el campo no surge de la nada, sino que se inscribe en un clima de discurso político hostil hacia la comunidad musulmana. Dirigentes de Vox han vinculado repetidamente la inmigración musulmana con supuestas amenazas a la identidad y la seguridad de España, usando expresiones como “islamización” o comparaciones con sociedades violentas, y señalando barrios y comunidades como espacios que se “degradan” por la presencia musulmana. Por su parte, Aliança Catalana contribuye a normalizar discursos de odio, generando un marco en el que los insultos o ataques a musulmanes dejan de percibirse como inaceptables y pueden traducirse en agresiones verbales reales, según denuncias de líderes de la comunidad islámica catalana. Todo esto demuestra cómo los mensajes de la extrema derecha alimentan la islamofobia, creando un clima que facilita episodios como los cánticos de Cornellà.

En paralelo a las condenas públicas, los hechos descritos han activado una investigación de los Mossos d’Esquadra, junto con la Fiscalía de Delitos de Odio y Discriminación, que han abierto diligencias para esclarecer si los cánticos islamófobos y xenófobos constituyen un delito de odio conforme al Código Penal. La investigación busca identificar a los responsables, incluyendo la posible organización o coordinación previa de los insultos por parte de sectores vinculados a la extrema derecha, y determinar si se puede avanzar en la vía penal. Además, se ha abierto una vía administrativa que contempla sanciones a los espectadores implicados y, entre otras medidas, prohibiciones de acceso a eventos deportivos.

Los hechos del martes no son casos aislados, sino el reflejo de un clima de odio que se está normalizando en España, alentado por discursos políticos de la extrema derecha que señalan a los musulmanes como amenaza. Detener los cánticos no es suficiente, ya que hace falta actuar sobre las causas profundas: educación, concienciación y cambios inmediatos en la aplicación de los protocolos deportivos. El fútbol puede ser un espacio de integración o un altavoz del odio. El racismo y la intolerancia no pueden ser nunca las opciones.

Mira hacia arriba

Julio Embid

Cuando lea esta columna, cuatro astronautas, tres estadounidenses de la NASA y uno canadiense de la Agencia Espacial Canadiense, estarán a punto de cruzar los cielos a bordo de la nave Orion, en la misión Artemis II, con rumbo a la Luna. Será la mayor aventura de la humanidad en los últimos sesenta años. La nave se alejará de la Tierra hasta cerca de 400.000 kilómetros de distancia, bordeando la cara oculta de la Luna antes de regresar. Una distancia mil veces superior a la que separa la Estación de Canfranc de Galáctica, el observatorio de Arcos de las Salinas. El viaje durará diez días y servirá para comprobar los sistemas de la Orion en el espacio profundo, recopilar datos sobre los efectos de estos desplazamientos y preparar el regreso del ser humano a la superficie lunar.

La tripulación está formada por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el especialista de misión Jeremy Hansen. Su nave pasará a apenas 7.400 kilómetros de la superficie lunar antes de iniciar el camino de regreso, en una trayectoria que no se recorría desde los tiempos de las misiones Apolo.

Nuestra especie posee una audacia y una inteligencia que no se encuentran en ninguna otra. Desde su origen en África, el Homo sapiens fue capaz de expandirse por todo el planeta durante milenios, adaptándose a todo tipo de entornos, multiplicándose hasta superar los 8.000 millones de personas y transformando profundamente la Tierra. Hemos construido puentes sobre ríos, túneles bajo montañas e incluso bajo el mar. Hoy podemos dar la vuelta al planeta en apenas un día en avión, cuando al personaje de Phileas Fogg, en la novela de Jules Verne, le costó ochenta. Y a la expedición de Juan Sebastián Elcano, culminando el viaje iniciado por Fernando de Magallanes, le llevó tres años completar la primera vuelta al mundo. Siglos después, en 1969, a bordo de la Apolo 11, el comandante Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la Luna y regresar para contarlo.

Todas estas hazañas, la primera circunnavegación del planeta o la llegada a la Luna, fueron posibles gracias a una enorme inversión pública. Fueron los recursos de todos los que hicieron posibles esas expediciones, y gracias a ellas avanzaron también la ciencia y la tecnología. Hoy no tendríamos teléfonos móviles, ni ordenadores personales, ni sistemas GPS, ni placas solares, ni televisión por satélite, ni siquiera muchos electrodomésticos cotidianos, sin el impulso que supuso la carrera espacial.

Cuando en uno de los países con los impuestos más bajos del continente surgen discursos que proponen reducirlos aún más sin matices, conviene recordar que el progreso colectivo depende precisamente de esa capacidad de contribuir entre todos. Ningún individuo por sí solo puede construir una carretera, un puente, un vehículo o un cohete espacial. Pero juntos, aportando cada uno una pequeña parte, somos capaces de lograrlo todo. En los próximos años veremos el regreso del ser humano a la Luna. Después llegarán las primeras bases lunares permanentes. Y, con el tiempo, quizá demos el salto a otros mundos. Ojalá sepamos aprender de cada uno de esos viajes para vivir más y vivir mejor.

En tiempos de exceso de peso

Juanjo Cáceres

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición estimaba en 2020 que un 37,1% de la población adulta sufría sobrepeso y un 18,7% obesidad. En el caso de la población entre 2 y 17 años, señalaba que uno de cada tres menores presentaba sobrepeso y uno de cada diez, obesidad. Eran cifras rotundas, que nos hablaban claramente de riesgos de salud pública y que deberían generar la misma inquietud en las autoridades que en el resto de la población. Pero puede que eso no haya pasado o que no esté pasando con la intensidad suficiente en ninguno de los dos casos. Al fin y al cabo, ¿no es la gordura un elemento más del paisaje con el que siempre hemos convivido? Paisaje conocido, sí, pero no por ello menos inquietante, dadas las consecuencias que puede acarrear.

No diremos que no se invierten suficientes esfuerzos para reducir la prevalencia de ambos fenómenos, ni que las personas no dedican tiempo, esfuerzo y dinero a cuidar de su salud. Lo cierto es que, en general, lo hacen y que, cuando les afecta, les preocupa. De modo que no acaba de ser ese el problema. Tampoco basta con seguir apelando a la necesidad de una mayor sensibilización y acción. No porque no sea necesario – que lo es – sino porque no es en absoluto suficiente.

Afrontar esta situación o cualquier otra relacionada con la prevención de riesgos evitables de salud, pasa necesariamente por un doble procedimiento: entenderla en toda su complejidad e intercambiar conocimientos al respecto. Pero para entender, compartir y conseguir que ese intercambio sea fructífero, hacen falta voces – y no solamente las procedentes de inteligencias digitales. Hace falta hablar de ello y escribir sobre ello. De ahí que resulte muy positivo que eso suceda, por ejemplo, a través de un libro como el que ha publicado recientemente Julio Basulto: TODOS GORDOS (con perdón). Un trabajo que ha salido al mercado del papel y del libro electrónico con el propósito claro de hacer lo que debe hacerse: ni más ni menos que hablar de ello.

¿Es TODOS GORDOS (con perdón) el remedio que estábamos esperando para invertir el incesante avance de esta problemática? En modo alguno. Pero ya en la portada Julio pone el dedo en la llaga señalando el núcleo del problema con un mensaje directo: “tratar la obesidad en un mundo diseñado para engordar”. Porque, en efecto, ciertas prevalencias solo son posibles porque entre todos construimos algunos factores que predisponen a ellas. O porque entre todos configuramos unas relaciones económicas y sociales sobre las que emerge el gradiente social de la obesidad, según el cual poder adquisitivo y exceso de peso tienden a relacionarse de forma inversa – cuando aquel es más elevado, este tiende a ser más bajo.

Tal vez todo ello sea también debido a que a nuestro cuerpo no le resulta demasiado difícil engordar si tiene a su alcance alimentos en cantidades suficientes. O a que tampoco a nuestro cerebro le resulta sencillo regular nuestras conductas cuando los alimentos se diseñan y se ponen al alcance de maneras bien estudiadas.  Pero el caso es que eso ya lo sabemos. Y que, aun así, incluso después de innumerables intentos por atenuar estos efectos, parece que seguimos siendo mucho más eficaces engordando individualmente que trabajando colectivamente para prevenir la obesidad o deshaciendo todo aquello que convierte nuestras casas, supermercados, calles y municipios en entornos obeso génicos.

Justamente porque no hemos logrado todavía transformar el escenario en que vivimos, es necesario explicarlo bien. Es preciso evidenciar qué elementos lo sostienen y cómo podría cambiar. También lo es exponer de forma divulgativa cómo se intenta tratar la obesidad desde el ámbito de la nutrición y de la medicina, subrayando lo difícil que resulta realmente actuar sobre ella. Sin olvidarnos, además, de poner de manifiesto su relación con conductas tan poco saludables como fumar o consumir alcohol.

De ahí que el trabajo de Julio Basulto, TODOS GORDOS (con perdón), ponga sus esfuerzos en todo ello y que resulte tan oportuno. No es el primero ni será el último en abordar la problemática, pero es este el que nos habla ahora. El que nos recuerda que no todo está bien. Que algunas cosas tienen que cambiar. No debemos olvidar que seguir insistiendo en la necesidad de reducir la prevalencia del exceso de peso es imprescindible y seguirá siéndolo durante décadas. Por suerte, hay voces como la de Julio que lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo.

Escudo de las Américas: Irrisorio y patético

Verónica Ugarte

A principios del mes pasado se reunieron en Miami, convocatoria de su Jefe mediante, los Jefes de Estado de diversos países americanos de habla española para, según Trump, llegar a acuerdos de cooperación.

A la reunión de los Agachados no fueron invitados tres países clave: Brasil, Colombia y México. No es un hecho casual. Petro se niega repetidamente a recibir indicaciones de Donald; Lula es un sindicalista que no tiene miedo a enfrentarse a EEUU, y Sheinbaum ha dejado claro que la soberanía del país no está en venta.

Para la publicidad a nivel nacional e internacional, Trump quiere frenar las importaciones chinas en el continente. Al mismo tiempo exige cooperación para detener la migración hacia su país y el narcotráfico a través de una coalición militar. Traducción: Trump exige que se obedezcan sus órdenes y al mismo tiempo, pero dicho en voz baja, menospreciar a los tres incómodos que se niegan a recibir órdenes de nadie que no sean las legislaciones de sus respectivos países.

Después del secuestro de Maduro y la llegada al poder de un Presidente de derechas en Honduras, el mapa azul está siendo de gran ayuda a Washington. Aceptémoslo: América, el continente, nunca ha estado unido. Nunca ha tenido una identidad como tal debido a una Historia que no es compartida por todos. Salvo el idioma (que no los dialectos) y la religión, los países al sur de EE.UU. han vivido diferentes procesos históricos; diferentes guerras; diferentes invasiones.

Recordemos que la maravillosa hermandad latinoamericana no es sino un producto del marketing de la otrora mega empresa Televisa, que fue comprando sedes en cada país para ampliar el negocio, y vender el humo de una amistad íntima que solo existe en las mentes de algunos, pocos. Luego vino Clinton y oficialmente se rebautizó al continente como The Americas. ¿Alguien dijo algo en ese momento? No. Porque el segundo mandado del demócrata fue crucial para sortear el casi colapso del sistema financiero mexicano. Porque cayó Pinochet y Chile celebraba la vuelta a la democracia. Porque tenía que poner orden después de las desafecciones internas que había causado Bush padre con el NAFTA.

Casi treinta años después se sigue manteniendo la zanahoria y el látigo, pero ahora en manos de un loco narcisista, quien insulta cuando alguien le planta cara. Sheinbaum ha optado por hacer caso omiso de sus burlas cuando la imita delante de la prensa, alegando que ella le ruega que no invada México.

Brasil ha expresado duramente su enojo e indignación ante los delirios neocolonizadores del hombre calabaza (por aquello del cabello naranja), y se ha reafirmado en que los países del sur deben poner un alto después de la invasión a Venezuela y el asedio económico e inhumano que sufre Cuba.

A este último punto hay que añadir que México no puede enviar más petróleo a Cuba porque de hacerlo, estaría abriendo demasiados frentes. Lo que puede y está haciendo, es enviar ayuda humanitaria de manera oficial, y permitir que diversas organizaciones zarpen desde costas mexicanas hacia Cuba llevando medicamentos, ropa y comida. La amistad entre México y Cuba es genuina y solo un mexicano y un cubano saben reconocerla y fundirse en un abrazo desde mucho antes que el Granma llevase a Fidel y a sus camaradas hacia la isla para dar paso a la segunda revolución más importante del continente.

Mientras tanto, la derecha sumisa está obedeciendo. Bukele ha endurecido las medidas carcelarias a niveles que rayan las violaciones de derechos humanos. Milei ha declarado organización terrorista a un cartel mexicano, y más cosas vendrán.

Cuando no sabes cantar, es mejor no intentar destrozar una aria. Cuando gobierna un ignaro, es mejor ponerse a cubierto o aprovechar la coyuntura.

México y Brasil nunca han sido aliados en términos económicos, hasta ahora. Los presidentes de ambos países han puesto sobre la mesa un posible acuerdo de cooperación entre Pemex y Petrobras. Al leer la noticia no me ha extrañado nada. Brasil lleva años desarrollando extracción de petróleo en aguas profundas, algo que México no ha logrado, y de firmarse el acuerdo, la independencia petrolífera volvería al país. Con ello, no se necesitaría de EE.UU.

Lo dicho, no hay nada peor que un idiota con iniciativa. Trump, se vienen acuerdos que no te agradarán.

Enhorabuena a los fans de Tom Clancy

Carlos Hidalgo

El novelista norteamericano, ya fallecido, era famoso por sus inverosímiles tramas, sus personajes planos y sus enciclopédicos conocimientos de armas, vehículos y sistemas militares. Así, era capaz de hacer que el actual rey Carlos III de Inglaterra, entonces príncipe de Gales, volara un caza en uno de sus libros.

Las tramas de Clancy, además, ignoraban cosas como la legalidad internacional, la historia y la política de los países a los que se refiere, la economía y el comercio internacional, las verdaderas relaciones entre países y la actitud de los diferentes actores estatales y supraestatales.

Por resumirlo de alguna manera: las películas y series acerca de la obra de Clancy siempre serán mejores que los libros. Siempre.

Por eso mismo sólo los fans acérrimos del escritor estadounidense pueden estar contentos con lo que está sucediendo desde que Estados Unidos e Israel atacasen unilateralmente a Irán, sin tener muy claro qué es lo que esperaban lograr con ello. Hasta los fans de Frederick Forsyth, que también tendía a lo hiperbólico en sus tramas dedicadas a Oriente Medio, se sentirían ofendidos si los hechos actuales se narrasen en alguna de las novelas del británico.

Eso sí, hemos visto despliegues de drones, de cazas de quinta generación, de sistemas antimisiles, de buques no tripulados, de retórica acerca de “guerreros extremadamente letales que no están limitados por estúpidas normas de enfrentamiento” y hasta de veladas amenazas (por parte de EE.UU. claro) de usar armas nucleares. Faltarían, a lo mejor, unos cuantos aviones antitanque A-10, pero es que están ya fuera de servicio.

Lo último es el despliegue en la zona de unos 6.000 “marines” que se cree que iniciarían un asalto terrestre en la isla de Jarg, donde están la mayor parte de las infraestructura de exportación de petróleo iraní y que, hasta el momento, apenas han sido afectadas por el conflicto.

Mientras tanto el mundo real empieza a acusar el inicio de una crisis energética, los Estados Unidos se siguen deslizando hacia un régimen autoritario, Rusia espera para tratar de asestar a Ucrania un golpe definitivo y China observa en silencio, esperando sacar tajada de todo ello.

Esta trama inverosímil está dirigida por un presidente corrupto desde uno de los salones de banquetes de su club de golf. Y sí, este fin de semana se ha ido a jugar al golf mientras soltaba su enésima sarta de mentiras acerca del desarrollo de la guerra.

Alzar la voz

Meritxell Nebot

La semana pasada fue intensa para el profesorado en Cataluña. Organizados en asambleas, docentes y personal educativo decidieron seguir adelante con los cinco días de huelga pactados. La decisión no salió de la nada. El curso se inició con consultas sobre el malestar docente, días de movilización delante de los centros y manifestaciones. El Guvern decidió ignorar las protestas e incluso esquivó en más de una ocasión sentarse a negociar con los sindicatos. Así fue como en las asambleas se empezó a hablar de huelga indefinida y se comenzó a tomar el pulso a los claustros de los centros para valorar la capacidad de movilización del colectivo. Después de la gran manifestación del 11 de febrero en Barcelona, el Departament d’Educació se sentó a la mesa de negociación, hecho que fue ampliamente celebrado a pesar de saber que los giros de guion eran más que posibles. La sorpresa no se hizo esperar y llegó de la mano de CC.OO. y UGT que, con un acuerdo ya pactado de antemano, a espaldas de los sindicatos mayoritarios en educación (USTEC-STES, CGT, aspepc-sps y la Intersindical) y, por consiguiente, de la gran mayoría del personal educativo, aceptaba unos mínimos de miseria que no responden ni de lejos a las necesidades reales de la educación de Cataluña.

A partir de ese momento las asambleas se multiplicaron. El rechazo que generó la decisión de dos sindicatos que, en el sector educativo, no representan a la mayoría, sirvió de mecha para acabar de encender los ánimos. La decisión de empezar una semana de huelgas tomó forma y la organización de las bases se empezó a consolidar. De forma simultánea en las cuatro provincias catalanas, se coordinaron acciones para hacer oír el malestar del colectivo. La autoorganización ha sido y está siendo clave para dar visibilidad a las reivindicaciones. Ante un gobierno que se niega a escuchar, alzar la voz es la única vía posible.

El viernes 20 fue un día histórico para la educación en Cataluña. Barcelona quedó inundada por una marea amarilla menos festiva que en ocasiones anteriores. La indignación es creciente y el malestar, evidente. Las columnas que avanzaron hacia el Parlament llenando las calles eran multitudinarias y el goteo de autobuses llegados de muchos puntos del territorio catalán, esperanzador. Muchos docentes comentaban cómo se vería desde el cielo, cómo serían las imágenes publicadas por los medios de comunicación una vez terminada la jornada. Pero durante las horas que duró la marcha ni un helicóptero sobrevoló la zona. Curioso. O no. Parece más que evidente que, el aparato mediático funciona como altavoz solo para unos cuantos. Las imágenes aéreas que han circulado por redes fueron hechas por vecinos desde sus casas en pisos altos situados en los alrededores de la manifestación. Ni una imagen desde un triste dron.

A primera hora de la mañana grupos de docentes cortaron carreteras y accesos a la ciudad de Barcelona. La indignación de los conductores fue evidente y los momentos de tensión inevitables. Un escenario así no es el mejor lugar para dialogar. Es complicado explicar a un motorista que ha madrugado y llega tarde al trabajo que nos movilizamos por el bien de todos y todas. Que nos manifestamos porque las condiciones de trabajo en los centros educativos son cada vez más complejas; porque los recursos humanos y económicos destinados para atender la diversidad en las aulas son totalmente insuficientes; porque somos de los docentes peor pagados de todo el territorio español y ya hemos perdido el miedo a incluirlo abiertamente en nuestras reivindicaciones. A esas horas de la mañana y con solo un café en el cuerpo, un motorista no está para reflexiones. Pero por lo visto ni él ni algunos transeúntes que, durante su paseo matutino diario, increpaban a las manifestantes a gritos de vayan a trabajar, panda de gandules. Siempre es más fácil juzgar que escuchar. Es probable que tanto el motorista como el paseante critiquen alguna vez en sus charlas distendidas con amigos y vecinos lo mal que está el mundo, la falta de educación de los jóvenes o la necesidad de que esto y aquello se enseñe en la escuela. Educación emocional, en la escuela. Educación afectivo-sexual, en la escuela. Seguridad vial, en la escuela. Y si ya, de paso, se enseñan contenidos, fantástico.

Lo que no ve la opinión pública es todo lo que conlleva, en el día a día de los centros, la falta de recursos que denuncian los docentes: aulas masificadas, alumnos con necesidades educativas muy específicas sin personal cualificado para acompañarlos de forma sostenida; equipos de asesoramiento insuficientes y sobresaturados, recortes en personal de atención educativa, cambios constantes de currículum sin el consenso del colectivo docente. La educación debería ser considerada una cuestión de Estado, no un tema menor. Hacerlo posible es cosa de todos y todas. En un mundo ideal, los maestros alzarían la voz, la sociedad daría su apoyo y los medios informarían dando una cobertura justa y transparente. Desafortunadamente, las cosas no son exactamente así. Si no nos toca de cerca, no escuchamos. El colectivo docente está movilizado y coordinado, pero no dispone de acceso directo a los poderes mediáticos. Periódicos y televisiones se llenan de entrevistas a los políticos y de tertulias con opinadores profesionales y, en pocas horas o días, toda la fuerza del colectivo parece desvanecerse. Si alguna vez entrevistan a las docentes es para hablar de cuestiones como la vocación o las anécdotas en las aulas, dándoles poco tiempo en antena. Es cierto que algunas maestras han desestimado propuestas para participar en programas de radio, pero en la mayoría de los casos no es porque no tengan claras las reivindicaciones, sino porque en una mesa de debate tenemos las de perder. Ese no es nuestro hábitat, por suerte. No quedamos bien parados si se nos invita a hablar con personas que dedican buena parte de su tiempo a redactar contraargumentos y a discutir de cualquier tema que les echen. Nuestras virtudes y habilidades se demuestran en las aulas no en las tertulias. Así que si el Guvern se niega a escuchar y el periodismo cubre con sesgo la noticia, la opción es salir a las calles, organizadas y unidas para hacer oír nuestra voz y buscar la complicidad de la opinión pública, porque una sociedad educada es una sociedad fuerte, justa y libre y eso, no lo olvidemos, nos incumbe a todos.

No hay victoria sin objetivos

Carlos Hidalgo

En su tratado “De la Guerra” (1832) Carl Von Clausevitz acuñó la famosa frase de que la guerra “es la continuación de la política por otros medios”. El prusiano sacó esa conclusión tras estudiar las campañas napoleónicas y deducir que la guerra no tiene sentido por sí misma, sino que ha de estar subordinada a lograr objetivos estatales, fijados por los políticos y no por lo militares, cuando otros medios, como los diplomáticos, no bastan para lograrlos.

Un siglo más tarde Michel Foucault expresó la tesis contraria: que la política es la continuación de la guerra por otros medios.

Los militares contemporáneos se adhieren a la tesis de Von Clausevitz, mientras que hay políticos que creen en la descripción más cínica de Foucault.

Donald Trump no ha leído ni a uno, ni a otro.

Uno de los pocos libros que sí que nos consta que ha leído el presidente estadounidense es “Mi Lucha”, de Adolf Hitler. En él, la guerra es la conclusión lógica de teorías raciales seudocientíficas, de la nefasta concepción de la geopolítica de Ratzel y Haushofer, que hablaban del “espacio vital” de las naciones étnicas y de una deforme parodia colonial del darwinismo, en la que las civilizaciones o “razas superiores” habrían de esclavizar e imponerse a las inferiores para disponer de los recursos de sus territorios.

En la guerra sin objetivos en la que Trump y Netanyahu se han metido en Irán no caben ni Clausevitz ni Foucault y creo que Hitler tampoco estaría convencido del todo. Las erráticas declaraciones de Trump y su gabinete dan a entender que no saben qué es lo que quieren conseguir tras tres semanas de guerra. Y no puedes ganar una guerra si no sabes qué es lo que quieres lograr con ella.

Una guerra que ha terminado por derribar un orden internacional que en gran parte había sido diseñado por los propios Estados Unidos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y que, además, les beneficiaba. Sus aranceles (ilegales y arbitrarios) están debilitando su posición en el mercado mundial y ralentizando su economía, sus redadas contra inmigrantes (racistas, arbitrarias e ilegales) están debilitando su mercado interno y encogiendo la creación de empleo.

Y esta guerra sin objetivos ha dilapidado unos arsenales estadounidenses que no estaban preparados para una acción sostenida en el tiempo y basados en el uso puntual de armas de alta tecnología, no en enfrentarse a un enemigo con un arsenal virtualmente ilimitado de armas baratas y que pueden construirse en cadenas de montaje, mientras que sus contramedidas estadounidenses e israelíes, como los sistemas “Patriot” o la famosa “Cúpula de Hierro” israelí se basan en misiles que cuestan cerca de un millón de dólares la unidad y que tardan muchos meses en reponerse, no semanas, como los drones. Se estima que cada activación de la “Cúpula de Hierro” cuesta alrededor de mil millones de euros. Y los Estados Unidos, según los propios cálculos del Departamento de Defensa (autoproclamado “de la Guerra” sin autorización del Congreso), están gastando otros mil millones diarios desde que empezaron las operaciones.

Como los iraníes sí que tienen objetivos, siendo uno de ellos causar el máximo desgaste al enemigo, están aprovechando para dañar al resto de países del Golfo y han cerrado el Estrecho de Ormuz a todo barco cuyo armador pueda ser sospechoso de proveer a los Estados Unidos. Y causando de paso una crisis económica y energética mundial.

Ahora Trump dice que el objetivo de la guerra es reabrir el Estrecho de Ormuz, aunque luego nieguen que esté cerrado. Y, de esta manera, tratar de presionar a unos aliados a los que Trump ningunea, amenaza, desprecia y humilla en cuanto tiene ocasión, que no tienen ningún interés en involucrarse en esta guerra y a los que el Premio FIFA de la Paz espera arrastrar una vez que el cierre de Ormuz haga sufrir sus economías.

Trump ha debido creer que en Irán tendría la misma suerte que tuvo con Venezuela. Pero mientras que el régimen de Maduro era (y es, porque Trump lo mantiene) una gigantesca chapuza envuelta en corrupción donde nada funciona; el régimen iraní es una teocracia totalitaria dominada por un aparato militar y represor que ha logrado imponerse a los clérigos, con la experiencia de 50 años enfrentados al resto del mundo y a sus propios ciudadanos, cuyas condiciones son hoy aún peores que hace un mes, lo cual es absolutamente devastador.

Ahora Trump espera que los demás le hagamos su trabajo. Y luego querrá reclamar Groenlandia.

Apariencias: Made in USA

Senyor_G

Esta semana me salió en el Instagram un viejo chiste de la guerra fría:

Un soviético y un estadounidense están sentados uno al lado del otro en un avión que viaja de Moscú a Washington D. C. El estadounidense dice: “Tengo que reconocerlo, vuestra propaganda es muy impresionante”. El soviético sonríe y le da las gracias, pero responde que no es nada comparada con la propaganda estadounidense. Confundido, el estadounidense le dice: “Pero nosotros no tenemos propaganda”. El soviético sonríe y dice: “exacto”.

Con esto ya estaría todo. Al final los debates y las apariencias del mundo no las controlamos nosotros, sino todo lo que nos explican y quién nos lo explica. En las cadenas de televisión en abierto de nuestro país, desde las públicas a las privadas, las series y películas Made in USA que hay son brutales, muchas con fuerzas del orden. Y lo que nos explican. Yo que miro algunas de policías, sin entrar en el fondo, pero el rollo ex-agente de la CIA o soldado en Vietnam, Irak, Afganistán y otras guerras es abrumador. El marco es ese. Hasta las películas en La Primera de RTVE en los mejores horarios son para ellos, para que nos coman el tarro.

Y los tópicos. 

No deja de ser curioso lo que nos recalcan de esos países donde un jefe de los servicios secretos acaba siendo presidente. Como Bush padre que antes de ser presidente de los EE.UU. fue director de la CIA. O dónde el poder pasa de padres a hijos o de forma familiar. Volvamos a los Bush, los Kennedys si nos vamos lejos, o matrimonios que casi consiguen pasarse el cetro, o por lo menos figurar.

Los paladines del mundo libre, de la democracia. Me sorprende que un español se pueda creer eso. ¿Qué hizo EE.UU. por la democracia en España.UU.? Bases y acuerdos con Franco. Si digo que hizo más la URSS por la democracia en España que los EE.UU. ¿soy un zorrocotroco o hago honor a la verdad? Y nosotros que además entendemos el castellano podemos repasar de la A la Z todos los países de Hispanoamérica y ver su aportación democrática.

Y lo del mundo libre contra la dictadura comunista, Corea del Norte, Taiwan, Indonesia… en los 50, 60 y 70. ¿Seguimos? Mundo libre para piratear o comerciar.

Trump es odioso, y un gran peligro, pero hay que agradecerle que va a careta quitada. En este mismo blog se hablaba de que no había seguido los pasos para hacer la guerra, pero hace un par de semanas en El Periódico se planteaba que la última vez que se hizo en el Congreso de los EE.UU. fue para la Segunda Guerra Mundial, y nadie se puede creer que desde entonces los EE.UU. no han estado metiendo el hocico militarmente por medio mundo. Lo ha planteado interesantemente el primer ministro de Canadá: es que ya nadie se cree el relato o hace ver que se lo cree.

El mundo libre, la libertad de empresa, no la democrática sino el libre mercado ultra. Veo en el supermercado frutos secos, boniatos para el microondas y legumbres de vez en cuando made in USA. No me creo que eso llegue a España sin subsidios o a reventar precios.

Y los más altos valores. Cuando se juzgue a Bush hijo (y a Blair y otros colaboracionista) como se hizo con Sadam Hussein igual empiezo a dudar. Y Guantánamo.

Y no esperen ninguna pregunta incisiva a los políticos atlantistas sobre todo esto cuando van a algún medio, este tipo de preguntas se nos hacen a otros.

En este contexto, yo sigo con OTAN No, Bases Fuera; hay que reconocer que la postura del Gobierno presidido por Pedro Sánchez respecto a EE.UU.-Israel contra Oriente Medio es acertada. Nada fácil de tomar y aguantar. Merece nuestro apoyo. Estamos acostumbrados a que siempre todo es por el bien del imperio, así que toca remar y aguantar porque si no se han cortado nunca, ahora con Trump y su gobierno de pirados cruzados menos todavía y van a empezar con el manual básico de sus tretas. Peones tienen, y dinero como siempre. A organizarse y coser alianzas toca. 

En la fragilidad de la cohesión

Juanjo Cáceres

“Casi la mitad de nuestro salario se lo queda Pedro Sánchez”, escucha el doctor Eduardo Sáez decir a uno de sus alumnos, Sergio, por los pasillos de la facultad, mientras se dirige a su despacho para preparar la clase sobre antigüedad tardía, a la que debe dar inicio media hora más tarde. Una clase que impartirá a un alumnado deseoso de completar el grado y de participar este verano en alguna excavación arqueológica. “Cada vez son menos y cada vez están menos formados”, piensa para sí mismo ese catedrático que, varias décadas atrás, se sentaba en unas aulas como aquellas y también vivió esos veranos a pleno sol, removiendo tierra y explorando estratos arqueológicos.

Echando la vista atrás, recuerda brevemente su itinerario formativo: una EGB densa, un bachillerato muy exigente, un curso de orientación universitaria que culminaba en una selectividad terrorífica y una formación superior donde los ordenadores apenas asomaban la cabeza y donde todo eso de Internet todavía estaba aterrizando. “¡Qué diferente es todo ahora!”, concluye, mientras pone en manos de la Inteligencia Artificial la presentación de su próxima clase, temeroso de haberse dejado algo importante.

“El diseño de la sesión es muy completo. Presenta una estructura que permite diferenciar los tipos de cerámica más frecuentes en la cuenca de Levante durante el periodo del Bajo Imperio. Los relaciona claramente con las rutas comerciales más utilizadas en el siglo IV y con las principales mercancías comercializadas.” Tales palabras de alivio son lo que obtiene de su aplicación basada en la IA como respuesta, donde frecuentemente contrasta contenidos e ideas antes de compartirlos con los demás, sintiéndose, por ese motivo, cada vez menos seguro e independiente.

Ello le conduce sin darse cuenta a otro de sus pensamientos recurrentes, la inquietud ante un mundo donde las aplicaciones y las redes sociales dan forma a nuestro pensamiento y, lo que es más importante, a nuestras conductas, haciendo que deleguemos en ellas nuestra capacidad analítica. Percibe, así, un sutil hilo conductor entre la furia anti impuestos y la dependencia o adicción a las aplicaciones tecnológicas. “Si nos influyen a los profesionales universitarios en la cima de nuestra carrera académica, ¿qué efectos causa todo ese abanico tecnológico sobre personas jóvenes en proceso de formación? ¿En aquellos que han vivido toda su educación inmersos en pantallas, teniendo en cuenta, además, que a menudo les delegan su confianza ciegamente y las aplicaciones acaban haciendo el trabajo por ellos?”.

Esos últimos pensamientos consternan a Eduardo Sáez y le suscitan una especie de revelación, cuando repentinamente recuerda aquella noticia que leía hace unos días: La URV refuerza el control de ChatGPT y apuesta por los exámenes orales para evitar el fraude. Mientras sigue revisando todas esas fotografías de cerámicas tardorromanas, siente como le surge el anhelo de cambiar su propio guion y de explicar algo diferente. Es así como, poseído por la necesidad de resituarse, se dirige rápidamente al aula donde una veintena de jóvenes esperan el inicio de la clase mirando con fascinación la pantalla de su dispositivo móvil, entre comentarios y carcajadas. Y apenas entra por la puerta, comienza su exposición.

“El último día examinábamos las principales rutas de comercio a finales del siglo IV en el Mediterráneo, ese mundo que tradicionalmente hemos considerado como de declive del Imperio. Un mundo que las investigaciones de las últimas décadas han mostrado como preso de importantes conflictos y menos hegemónico militarmente, pero todavía con unas bases económicas muy sólidas y con un Estado, aunque centralizado, todavía fuerte y presente. No obstante, cuando explicamos ese periodo, a menudo olvidamos hablar de las cosas importantes: las que conectan con nuestro presente.

Ese mundo romano que unas décadas después dejará de existir es menos eficaz financiándose, es decir, en su sistema fiscal, lo que en un contexto de mayores presiones demográficas y militares, acabará ocasionando una debilidad creciente. Pero lo más relevante no es eso, sino el hecho de que esa mayor debilidad fiscal correlaciona con una mayor capacidad de enriquecimiento de las grandes fortunas. En la Roma tardía, unas pocas familias controlan la mayor parte de la propiedad de la tierra en los territorios centrales del Imperio y desarrollan con ella una vida de lujo extremo, mientras amplias capas de población se empobrecen sin que el Imperio les asista.

Los esfuerzos por la cohesión social de la época de la república y de los primeros siglos imperiales forman parte del pasado y probablemente sea ese un factor subyacente en la rápida apropiación del poder imperial por parte de potencias militares extranjeras y poblaciones asimiladas. Sin el sostén financiero necesario, el Estado romano se vuelve más débil y vulnerable. Sin instituciones sólidas y de confianza, no hay redistribución y el mundo es mucho más injusto y desigual.

Las ruinas de su legado nos hablan de su esplendor y los restos arqueológicos nos permiten obtener pistas sobre los pasos de su derrumbe. Pero si hoy podemos hablar de ello y discutirlo entre nosotros, es porque disfrutamos de una institución sólida, la Universidad, y de un Estado que, mejor o peor, la financia y garantiza el acceso a amplias capas de la población que de otro modo no estarían hoy aquí.”

Es entonces cuando su mirada se dirige a Sergio, quien se la devuelve con los ojos bien abiertos: “Como investigadores y estudiosos de la Historia debemos sacar mejores conclusiones y ser conscientes de por qué todavía estamos aquí. Eso es ahora y siempre, lo más importante, pese a que, como ya sabéis, más pronto o más tarde, los imperios caen”.

Mañueco ya puede volver a esconderse

Carlos Hidalgo

Con el recuento casi finalizado en Castilla y León, la jugada del PP de anticipar elecciones para librarse de Vox ha resultado ser tan efectiva como la táctica del PSOE de poner a exministros de candidatos pensando que el cargo te otorga carisma electoral.

Puede que Feijóo pensara que en el resto de comunidades autónomas se iba a repetir el patrón de Galicia o el de Madrid, en el que el PP gana con mayoría suficiente para no depender de Vox. Pero ya van tres veces en las que no es así: en Extremadura, en Aragón y ahora en Castilla y León.

Para Mañueco, aunque esto no va a ser un buen trago, tampoco va a suponer una gran novedad. Veremos una negociación llena de golpes de pecho, idas, venidas, dramas, para que al final Mañueco conforme un gobierno en el que le dé a Vox carteras simbólicas, en las que pueda colocar a muchas personas y permitan a sus consejeros hacer muchas declaraciones escandalosas; mientras que el PP se reservará la concesión de las carteras gordas, las que realmente les mantienen en el Gobierno. Seguramente administradas por el exjuez Suárez-Quiñones, que es quien se encarga de repartir el pastel de los presupuestos públicos desde que era consejero de Fomento. Con la fuerza que les da haber ganado más escaños que Vox. El PP ha subido en dos procuradores, como el PSOE, mientras que Vox solo ha subido en uno. Eso hará que el partido de Feijóo se sienta con más autoridad moral para intentar torcer el brazo de la ultraderecha. En cualquier caso, serán unas negociaciones largas y llenas de golpes de efecto, como está pasando con Extremadura y como pasa en Aragón.

Mañueco, como hizo antes con Ciudadanos y como hizo después con Vox, intentará esconderse y aparecer lo mínimo para que parezca que nada le salpica. La táctica del líder “popular” castellanoleonés suele ser la dejar que sean otros miembros de sus gobiernos quienes se “quemen” rindiendo cuentas de sus políticas, mientras él queda solo para inaugurar cosas, besar vírgenes y hacerse vídeos paseando por las calles de Valladolid con las manos en los bolsillos. Luego, cuando el guirigay es demasiado evidente, Mañueco aparece con gesto dolido, molesto, como si le acabaran de sacar de un funeral, y dice algo para mediar entre sus consejeros. Y como suele decir Miguel Ángel Aguilar: fuese y no hubo nada.

A Feijóo esto le viene relativamente bien, pues afianza a Mañueco, que es uno de los barones que le puede cubrir las espaldas frente a una Isabel Díaz Ayuso cada vez más fuera de control.

El PSOE, se dice, ha parado su mala racha en estas elecciones de Castila y León, pero es que Carlos Martínez, el alcalde de Soria, es un político veterano, acostumbrado a fajarse en un entorno muy difícil, a ganar elecciones y a mantener los apoyos una vez que estas se ganan.

Martínez ha podido tener voz propia desde siempre, con la autonomía que da ser alcalde y un conocimiento afianzado a lo largo de décadas. Parece que cuando Ferraz respeta la implantación territorial de su propio partido, los resultados son dignos. Que además Mañueco haya querido trazar el cordón sanitario alrededor del PSOE y no de Vox, le va a dar margen suficiente como para afianzar su papel de alternativa a un PP que lleva gobernando en su comunidad más tiempo que Franco.

Podemos e IU se han quedado embelesados en su propia pureza y esta les ha llevado a desaparecer de las Cortes de Castilla y León.

Como ha dicho el propio Martínez a la hora de hacer balance de estas elecciones: es bastante posible que la legislatura sea corta porque Mañueco no dice nada nuevo y Vox no ofrece soluciones.

La negociación, eso sí, será larga.