Carlos Hidalgo
Siempre es complicado volver a empezar. Aunque las vacaciones también pueden convertirse en una fuente de estrés, tener que enfrentarse a las miserias que nos atormentan el resto de los meses no es una perspectiva que nos haga asomar una sonrisa. Sobre todo, porque en muchos casos nos siguen llegando alertas al correo electrónico, los grupos y las aplicaciones de mensajería siguen dando alertas y uno intuye, aunque no lo quiera ver, que los problemas se van acumulando lentamente, esperándonos para cuando llegue el primer lunes, como este, y puedan exhibirse en todo su esplendor justo después de que fichemos.
Algo así pasa con la actualidad. Mientras ha transcurrido el periodo vacacional de Debate Callejero he tratado de mantenerme lo más impermeable posible al habitual cruce de declaraciones, al periodismo hecho a base de convertir publicaciones en redes sociales en titulares y a esa tendencia tan nociva a adelantar las opiniones a los hechos.
Este verano España ha ardido, con unos incendios que seguramente nos supongan costes cercanos al 2% o al 4% del PIB, delatando que el cambio climático no nos va a perdonar y que, además de confinarnos en espacios cerrados durante las insoportables olas de calor, va a maltratar a nuestros bosques si no estamos preparados, va a vaciar aún más a la llamada “España vaciada” y, además, será cada vez más violento.
Por supuesto la gestión política de los incendios por parte de las comunidades gobernadas por el Partido Popular han seguido la plantilla habitual de su formación y que tan bien ejemplificó Carlos Mazón en la tragedia de la DANA: les ha pillado con los servicios públicos desmantelados, han tratado de colgar a otras administraciones las competencias que les son propias y se han asegurado de que, pase lo que pase, puedan controlar los dineros correspondientes a la reconstrucción.
Hace unos años, en las grabaciones telefónicas que se realizaron para la “Operación Enredadera”, el actual consejero de Medio Ambiente de Castilla y Léon, el juez Juan Carlos Suárez-Quiñones, justificó una concesión pública a dedo a uno de los investigados diciéndole: “la Administración soy yo”. Bueno, casi una década después la Administración sigue siendo él y lo tiene tan naturalizado que no ha dudado en hacer mofa de los reproches por estar de comilonas en León mientras su Comunidad ardía, ni tampoco en despreciar públicamente a los bomberos forestales, que él mismo se encarga de mantener en subcontratas que, por decirlo de manera suave, no parecen estar invirtiendo lo suficiente.
Bien es verdad que, aunque España es uno de los países del mundo con más experiencia y habilidad extinguiendo incendios, también es necesario prevenirlos. Y aunque la ley anima (al contrario de lo que se ha oído estos días en las tertulias habituales) a limpiar y a proteger los montes, deja todo en manos de la buena voluntad de los dueños de los terrenos y las inspecciones son escasas y no llegan a todas partes. Algo que, por otro lado, es muy típico de nuestro país, con maravillosas leyes aprobadas, pero con mediocre implementación en la práctica. Tampoco ayuda que haya Comunidades, como la Extremadura gobernada también por el PP, en la que se dedique más dinero a la promoción de la tauromaquia que a la prevención de incendios forestales. Aún así espero en breve las declaraciones de algún ganadero en Antena 3, diciendo que manadas de toros bravos despejan los bosques de malezas.
Mientras tanto los Estados Unidos, que durante 80 años han servido de faro de la democracia en el mundo (con mayor o menor acierto), naufragan inexorablemente en el autoritarismo. Es una tremenda decepción ver a una pandilla de incompetentes, supersticiosos y corruptos ultraderechistas hacerse con los mandos del país que una vez ayudó a Europa y al mundo a deshacerse de la amenaza nazi. Todo ello bajo el paraguas de un narcisista, ignorante y senil que ha pasado de estrella de la telerrealidad a presidente.
Efectivamente, da mucha pereza escribir acerca de todo esto. Pero ahí está, sin posibilidad de que podamos escapar de ello. Igual que no hemos podido escapar de este lunes.
Pese a todo, deseo que este curso nos vaya mejor a todos y a todas. Ánimo.
La Ley de Montes y su desarrollo reciente establecen que los propietarios de terrenos forestales tienen la responsabilidad legal de mantener sus montes en condiciones que reduzcan el riesgo de incendios (por ejemplo, mediante desbroce, podas y otras labores de silvicultura). Las comunidades autónomas deben elaborar planes anuales de prevención e incluir trabajos obligatorios de tratamientos selvícolas y limpieza, y los ayuntamientos están encargados de vigilar su cumplimiento.
Por lo tanto es falso que la ley prohíba limpiar montes y, de hecho, establece la obligación de hacerlo. Sin embargo, la vigilancia real y la ejecución efectiva dependen mucho de la voluntad y recursos de las administraciones locales, lo que hace que el cumplimiento sea desigual.
Un artículo militante que hace honor a su título .
Si las CC.AA. no presupuestan, los ayuntamientos no pueden gastar en cumplir con las obligaciones legales para mantener los montes.
De artículo militante nada, verdades de perogrullo, pero el que no quiere ver…
Ejem..cedo mi primer comentario, del nuevo curso de Debate Callejero ,le cedo la palabra a Nazaret una ecologista de verdad.
«Tengo que enseñar esto,no puedo aguantarme»
https://youtu.be/5JKdnLDtYSg?si=i0KhuroIBNMlSW3D