5 años después

Carlos Hidalgo

Este mes de marzo se han cumplido cinco años del confinamiento al que nos vimos obligados por la pandemia del coronavirus 19. Tras un par de meses en los que veíamos, tal vez con demasiada distancia, lo que estaba ocurriendo en China, miramos con cierta displicencia las dificultades a las que se veían sometidos los italianos y pensamos que esas cosas no nos pasarían a nosotros, o que tal vez las lleváramos mejor. No fue así. La pandemia golpeó a España con la misma fuerza que a otros países y al poco tiempo se decidió que nos encerrásemos en nuestras casas, o donde fuera que la pandemia nos hubiera pillado en ese momento.

Un lustro después, las huellas que esos meses de confinamiento, incertidumbre y miedo han dejado en nosotros aún están por determinarse. Y van más allá de las pobres personas que aún sufren secuelas de la enfermedad o el llamado COVID permanente. Esos días se puso a prueba no solo la capacidad de nuestros sistemas sanitarios y científicos, sino también la resiliencia de nuestro sistema político y nuestro carácter como sociedad.

España, afortunadamente, demostró ser una sociedad cívica, nuestros sistemas sanitarios, por lo general, dieron la talla y en cuanto estuvieron disponibles las vacunas, el proceso gradual de vacunación se llevó a cabo de manera ejemplar. La Unión Europea, además, renunció a la regla procíclica de austeridad y habilitó los famosos fondos de recuperación que, en el caso de España, nos han servido para iniciar un ciclo de crecimiento que no habíamos experimentado desde los años previos a la crisis de 2008.

De aquello también salieron los planes para que Europa pusiera un marcha un plan para crear un espacio de salud europeo y que cada país disponga de instrumentos y herramientas para prevenir y afrontar pandemias parecidas, además de fijar las bases para que nuestros sistemas de salud vayan convergiendo poco a poco.

La dolorosa constatación de que los países occidentales habían perdido una capacidad industrial que fue clave cuando las cadenas de suministros internacionales se rompieron, ha servido también para iniciar un proceso de reindustrialización y de creación de planes de contingencia para cuando surjan situaciones similares, no solo en caso de pandemia, sino en momentos como este, en los que un actor irracional pretende alterar todo el sistema de comercio mundial.

Hace cinco años que oíamos a Trump decir que la pandemia se solucionaba inyectándose lejía, tomando medicamento para caballos o tratando de iluminar el interior del cuerpo con luz ultravioleta. También oímos a Isabel Díaz Ayuso decir que iban a medicalizar las residencias de ancianos y que las medidas de prevención eran tiránicas e innecesarias.

Ahora tenemos de nuevo a Trump apoyando una política antivacunas que ya está provocando muertes por sarampión en Texas y a Ayuso diciendo que los muertos en residencias de ancianos “se iban a morir igual” y que recordarle su responsabilidad al frente del gobierno autonómico cuando se produjeron esas muertes, es “insistir en las mismas mierdas”. Se ve que de estos cinco años todos hemos sacado lecciones distintas.

Un comentario en «5 años después»

  1. Lo cierto es que la auditoría independiente sobre la gestión de la pandemia de COVID-19 en España, propuesta en 2020 por el entonces ministro de Sanidad Salvador Illa, no se ha completado hasta la fecha. Esta evaluación, acordada en octubre de 2020 entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, tenía como objetivo analizar las actuaciones realizadas durante la crisis sanitaria. Sin embargo, casi dos años después, el informe no ha sido finalizado, y el Ministerio de Sanidad no ha proporcionado una estimación sobre su fecha de conclusión.

    Este retraso ha generado críticas, especialmente considerando que, en mayo de 2022, el Ministerio de Sanidad indicó que la auditoría “no es prioritaria”. Además, expertos que solicitaron la evaluación han expresado su preocupación por la falta de avances y transparencia en el proceso.

    Mientras tanto, Salvador Illa ha publicado un libro titulado “El año de la pandemia”, donde ofrece su perspectiva sobre la gestión de la crisis sanitaria. Esta publicación ha sido vista por algunos como una forma de relato personal en ausencia de una evaluación oficial independiente.

    En resumen, la auditoría propuesta por Illa no se ha llevado a cabo debido a retrasos en su implementación y a la falta de prioridad asignada por las autoridades sanitarias actuales.

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