Verónica Ugarte
Al finalizar la guerra, el 90% de la ciudad de Núremberg estaba destruido debido a los ataques aéreos aliados. Esto no fue coincidencia; la ciudad bávara había sido elegida por Hitler mismo debido a su belleza como punto de encuentro los jerarcas nazis para los grandes desfiles que elevaban el poder de la raza aria.
Speer no logró finalizar el campo Zeppelin debido a la guerra, pero las ruinas de los palcos, el puesto central donde el Führer arengaba a las masas, persisten. Se encuentra a las afueras de la ciudad, y claramente se percibe, al menos yo, un viento frío de tristeza y decadencia.
Enclavado en un maravilloso bosque, con un bello lago, madres rodean los caminos paseando a sus hijos. Varios deportistas corren, patinan… Saben que el pasado no es culpa suya. Que Alemania cumplió su sentencia y que la vida sigue. Tienen conciencia histórica y lo demuestra el llevar a jóvenes al Dokuzenter, el centro donde se explica la llegada, auge y caída del nazismo.
Al mismo tiempo, Núremberg se conoce por los famosos juicios que en la Sala 600 se llevaron a cabo; los primeros juicios contra crímenes de guerra. Cuando el Fiscal Franz Bauer reclamó encolerizado al Mossad que hubiesen llevado a Eichmann a Israel y no lo hubiesen entregado a Alemania tal y como habían acordado, la respuesta fue de franqueza brutal: ¿habría habido verdadera justicia, o habría pasado como en Núremberg? Bauer tuvo que reconocer no solo que Mengele entraba y salía del país a su antojo, con lo cual dejaba claro que el sistema lo sabía y lo hacía intocable. También tuvo que aceptar que de todos los juzgados por crímenes de guerra, posiblemente la pena de muerte de Ribbentrop causó impacto; Goering se había suicidado; Hess logró cadena perpetua; Speer, como muchos más, no cumplió completa la condena a prisión.
El Mossad tenía razón. Mengele no volvió nunca a Alemania y Eichmann fue ejecutado en Israel. Después de ello, los Juicios de Auschwitz se realizaron a principios de los 60 en Fráncfort. El resultado fue el descubrimiento y toma de conciencia de las dos jóvenes Alemanias de las atrocidades llevadas a cabo por parte de padres y abuelos, profesores, vecinos…
No es posible negar que los juicios de Núremberg son la semilla en el Derecho Público Internacional en cuanto a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. Pero siempre han quedado vacíos, protegidos, la razón de Estado como protectora de criminales.
Como cualquier ciudad alemana, o europea por donde haya pasado un comando, se pueden encontrar varias stolpersteine. Leyendo cuidadosamente, los destinos, la mayor parte lagers, imponen el recuerdo de una locura impuesta a sangre y fuego. Es demasiado fácil decir que muchos alemanes de bien habrían podido no ser miembros del partido. Pero para ello hay que tener presente los tiempos, la crisis, la humillación sufrida tras la primera guerra mundial. Y más importante: el miedo. Cualquiera era un chivato; cualquiera podía ser denunciado como comunista, homosexual…
Cuando se escucha la voz de Himmler en lo que fueron las oficinas de las SS en Berlín, hoy convertidas en museo, el horror es indescriptible: dice que las personas que iban a los lager tenían ese destino porque no eran positivas para la grandeza de Alemania, y durante su tiempo en prisión serían reeducadas, recibirían cuidados y buena comida para poder ser útiles al Reich.
De 1933 a 1945 Alemania vivió bajo la locura. Después de ello era necesario, imperativo que tanto los alemanes como el mundo conociese lo que Francia y el Reino Unido no supieron ni lograron detener.
Todos estos lugares no deberían ser focos de fotografías sonriendo. Para los alemanes no lo son. Los turistas, de todos los puntos del planeta necesitan más conciencia para que la historia no se repita.
Hoy Nuremberg ha recuperado su belleza. La ciudad vieja, rodeada de una gran muralla invita a reír, disfrutar, conocer. Y lo más importante, ver tantos niños de diferentes orígenes jugando en los parques, reconcilia con el mundo. No importa el color de la piel o al dios al que se rece, importa la vida, porque es sagrada. La vivimos cada día y debemos eliminar la ignorancia y la estupidez.
Nuremberg es un símbolo de muchas cosas y en la fase posterior a la Segunda Guerra Mundial un lugar donde observar los procesos de justicia y reparación ante la barbarie nazi.
Los ojos de hoy nos han de permitir valorar si allí se impartió justicia o bien si hubieron dinámicas de venganza. Si la cadena perpetua aplicada a criminales como Hesse, mantenida hasta su momento final, que un día fue noticia en todo el mundo, debía ser tan rígida o si bien el perdón a su vida no estaba suficientemente justificado.
Hace unos meses Netflix emitió una docu serie sobre los juicios que no estaba mal del todo.pero nada mejor que la ciudad de Núremberg, como muestra la articulista, para ilustrar las causas y consecuencias del apocalipsis nazim
Nuremberg supuso un antes y un después en la justicia universal. A la que le quedan muchos obstáculos que superar antes de llegar a serlo completa. Como al Derecho internacional en su conjunto, que en los últimos tiempos retrocede más que progresa.