¡Adiós, dictador!

Carlos Hidalgo

Creo que uno de los momentos más divertidos que nos dio Jean-Claude Juncker (y eso que el tío era una mina) cuando era presidente de la Comisión Europea fue cuando, en una cumbre, vio llegar a Viktor Orbán y dijo a su interlocutor: “Mirá, por ahí llega el dictador”. Y cuando tuvo al húngaro delante, le saludó con un cachete y le dijo “¡hola, dictador!”

Muchos húngaros seguramente estén cantando desde ayer “¡adiós, dictador!”. El húngaro, que pasó de defensor de la libertad y de la democracia tras la caída de los regímenes soviéticos a ser un defensor de una democracia sin libertades, a la que él mismo definía como “democracia iliberal”, creó la hoja de ruta para el resto de populismos de ultraderecha de Occidente. En sus reformas constitucionales, su control de los medios, sus políticas represivas y en sus discursos xenófobos, se basan desde el Partido Republicano de Donald Trump a los candidatos de Vox, cuyas campañas y funcionamiento han estado financiados por el banco central húngaro.

La contundente derrota de ayer demuestra que es posible vencer a los populistas y los ultraderechistas, incluso cuando han retorcido tanto las reglas que parece imposible batirles.

El camino que le espera a Hungría no es nada fácil porque el régimen impuesto por Orbán se ha llevado por delante a generaciones enteras, ha arruinado una economía que va a ser complicada de remontar, se ha cargado el normal funcionamiento de las instituciones y hay servicios básicos, como la educación o la sanidad, que prácticamente no funcionan. Hay unas declaraciones del Secretario de Estado de Sanidad de Orbán, Péter Takács, en las que decía que era “una imposibilidad matemática” lograr algo tan básico como que los hospitales húngaros tuvieran papel higiénico.

Las políticas de natalidad de Orbán, supuestamente destinadas a evitar el llamado “gran reemplazo” del que advierten todos los xenófobos occidentales, no sólo no han logrado incrementar la fertilidad en su país, sino que Hungría lleva años perdiendo población, merced a la desastrosa y corrupta gestión del régimen ultraderechista, donde las ayudas a la natalidad se perdían entre redes de corrupción y donde las parejas se plantean muy seriamente si traer a un bebé a un país con una economía disfuncional y donde existen pocas opciones de futuro.

No olvidemos tampoco que Orbán ha sido uno de los “topos” de Putin dentro de la UE, que ha tratado de sabotear desde el principio la ayuda a Ucrania, que ha filtrado datos estratégicos a Rusia y que, además, ha abierto las puertas de su país a China, que tiene más inversiones en Hungría que en la suma del resto de países de la UE y el Reino Unido. Y, por supuesto, es un ferviente partidario de Donald Trump, que le ha apoyado públicamente en estas elecciones y que además ha mandado a su vicepresidente, J.D. Vance, a dar mítines a su favor. Tarea en la que Vance ha fracasado, igual que ha fracasado al frente del equipo de negociadores con Irán, con un margen de pocos días.

Al igual que el auge de Orbán marcó los pasos a seguir a la ultraderecha ultranacionalista para derribar a las democracias, su derrota nos tiene que servir a los demás para prevenir que en nuestros países pueda pasar lo mismo. Y como advertencia de que esta clase de regímenes solo traen ruina, corrupción e incompetencia.

Ils ont partagé le monde (se han repartido del mundo)

Marc Alloza

Plus rien ne m’étonne (ya nada me sorprende), por desgracia existe una larga tradición de repartir territorios entre potencias sin considerar las consecuencias de no tener en cuenta la opinión o deseos de sus moradores. Los hay de mayor o menor alcance pero al final todos coinciden en fijar unos límites o esferas de influencia para tratar de no entrar en conflicto mientras se explota o se hace uso y disfrute de los territorios asignados que son sometidos o controlados con regímenes, gobiernos, mandatarios o simplemente administradores afines.

Este tipo de acuerdos pueden servir de forma temporal a diferente escala de días a meses o incluso llegar a siglos. Roma tuvo acuerdos con Cartago probablemente desde el 509 a.C, con renovaciones posteriores en el siglo IV a.C. El principal objetivo de estos pactos era ordenar el comercio y la navegación en el mediterráneo occidental y evitar enfrentamientos. Esto perduró hasta que la rivalidad y el conflicto de intereses se volvió inevitable bajo el punto de vista de ambas y en 264 a.C. dio lugar a la primera guerra púnica. A partir de allí hubo más tratados y más guerras hasta que en el 146 a.C. Cartago fue destruida y ya no se tuvo que pactar más. Roma hizo muchos pactos a lo largo de su existencia, con Partos y con multitud de pueblos bárbaros pero eso no evitó su colapso.

El primer reparto global del mundo se podría decir que fue el Tratado de Tordesillas (1494)

370 leguas (aprox.1.800 kms) al oeste de Cabo Verde para repartirse las tierras “descubiertas” y por descubrir fuera de Europa. Portugal se quedaba con Brasil, África y Asia. Y España el resto de América. En 1529 se firma el Tratado de Zaragoza que representaría un anexo al de Tordesillas fijando el antimeridiano de repartición del área del Pacífico.

Ils ont partagé Africa (ellos se repartieron África)

Otra de las grandes reparticiones clave de la historia fue la organizada en la Conferencia de Berlín entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885. La motivación era nuevamente ordenar una expansión colonial, en este caso, en África; estableciendo reglas comunes para la ocupación, el comercio y la navegación en zonas estratégicas como las cuencas del Congo y del Níger. En aquel entonces participaron 14 naciones, en su mayoría potencias europeas, salvo el Imperio Otomano y Estados Unidos. Entre ellos estaban Alemania, Reino Unido, Francia, Bélgica, Portugal, España, Italia, Países Bajos, Austria-Hungría, Rusia, Dinamarca, Suecia-Noruega.

Sans nous consulter, sans nous demander, sans nous aviser

No hubo representantes africanos; las potencias europeas se repartieron el mapa sin consultar a los pueblos que vivían allí ni sus estructuras políticas o culturales. En 1880 África ya estaba densamente organizada en centenares de reinos, imperios, sultanatos y confederaciones, muchos superpuestos y con fronteras fluidas. Las entidades políticas más destacadas serían el Imperio etíope (Abisinia), República de Liberia (fundada por afroamericanos liberados), Imperio ashanti (Ghana central), Reino de Buganda (en la actual Uganda), Reino de Dahomey (actual Benín), Reino zulú y otros reinos Nguni en el sur de África entre otras.

La Conferencia estableció como principio la ocupación efectiva, es decir, que para reclamar un territorio se tenía que ejercer un control sobre él. Las fronteras se fueron trazando poco a poco, negociación a negociación, con criterios de equilibrio entre imperios y de facilidad cartográfica: líneas rectas siguiendo paralelos y meridianos, o grandes ríos aunque separaran comunidades por la mitad. Además, se aplicaron políticas de “divide y vencerás”: mezclar grupos rivales en un mismo territorio o partir pueblos cohesionados en varios Estados para dificultar resistencias unificadas.

Parte del imperio mandinga se encontró entre los wólofs. Parte del imperio Mossi estaba en Ghana. Parte del imperio Soussou se encontró en el imperio Mandingo. Parte del imperio mandinga se encontró entre los Mossi.

En 1914 casi la práctica totalidad de África – salvo Liberia y Abisinia – estaba controlada por los europeos: había llegado la hora del choque y repartirse las partes de los vencidos.

Las consecuencias se siguen sufriendo hoy, países que agrupan decenas o cientos de grupos con historias, lenguas y religiones distintas, o pueblos partidos entre varios Estados (Maasai entre Kenia y Tanzania, Anyi entre Ghana y Costa de Marfil, Mandinka fragmentados en África occidental, Nuer entre Sudán del Sur y Etiopía). Conflictos, guerras, intervencionismo extranjero, pugna por recursos un desastre en buena parte del continente.

Para cerrar los ejemplos de repartición global mencionar el orden mundial de la guerra Fría surgido en la cumbre de Yalta de 1945. Tras la segunda guerra mundial la Unión Soviética, EEUU y Reino Unido dividen al mundo en dos partes. Y emplean zonas satélite para medirse en detrimento de sus pobladores.

Volviendo al presente, parece que en los últimos años tengo la sensación de que ha habido una nueva repartición del mundo, o de buena parte de él. Entre las superpotencias quizás por primera vez, no haya ninguna europea, Rusia aparte, como protagonista. Informados o no, la UE y Reino Unido así como otros componentes de la OTAN están apercibidos, extorsionados e incluso amenazados. Parecía que bajo el amparo de la UE esto no podría pasar pero, ¿seremos una pieza más del tablero bajo el control de otro o seremos testigos mudos de la nueva configuración?

El efecto de la pena de muerte

Verónica Ugarte

En 1995 dos ciudadanos estadounidenses perpetraron un ataque terrorista contra un edificio federal. Después de haber cargado un camión con una potente bomba realizada con fertilizante y diésel, lo aparcaron cerca del recinto, y al activar la bomba a distancia, asesinaron a 168 personas, dejando heridas a otras 680. 

El atentado en la ciudad de Oklahoma es desde entonces parte del imaginario estadounidense, como el más bárbaro que dicho país ha sufrido a nivel interno. No dejó a nadie indiferente y las familias de las víctimas, en su mayoría, estuvieron de acuerdo cuando los Fiscales pidieron la pena de muerte para los autores, siendo solamente condenado a la inyección letal Timothy McVeigh, el cabecilla.

Un familiar de las víctimas acudió a la ejecución y posteriormente declaró que la Justicia se había realizado a favor de los muertos y que, al mismo tiempo, él necesitaba ver con sus propios ojos que McVeigh pagaba por sus pecados.

Estas pocas líneas pueden resumir el sentido que tienen de la Justicia algunos seres humanos en el mundo. Y es escalofriante. No solo porque en veintisiete de los cincuenta y un Estados de los EE.UU. la pena de muerte sigue siendo legal, sino porque da forma y sentido a una moral y formas de vida inquietantes, tanto para quien la avala como para quien la padece.

Mientras en Europa la pena de muerte fue abolida en el siglo XX, en Asia y África continúa, dando pie a sangrientas venganzas, a estallidos de ira y rabias sin control, pero mientras al primer mundo no le impida realizar negocios, Bruselas y Estrasburgo siguen cruzados de manos.

Sin embargo, Israel procederá a colgar a quienes llama terroristas, es decir, palestinos que están bajo sospecha, encarcelados sin que las NN.UU. hayan enviados comisariados. Corrijo: En 2022 Francesca Albanese, abogada italiana fue nombrada relatora especial de las NN.UU. para Palestina. Después de múltiples escritos y conferencias, fue acusada de antisemitismo. En su primer informe declaró que Israel lleva a cabo un apartheid en los territorios ocupados, y en 2024 informó al Consejo de Seguridad que las acciones de dicho país equivalen a un genocidio.

Desde entonces Albanese ha sido perseguida por EE.UU., no solo en forma de propaganda difamatoria, sino también prohibiendo a ella y a su familia abrir cuentas bancarias en el país americano y entrar en el mismo. El Secretario de Estado Marco Rubio indico que para el gobierno Trump, Albanese realizaba una campaña de guerra política y económica contra EE.UU. y contra Israel. Y Nueva York, Ginebra, Bruselas y Estrasburgo han callado.

Es decir, a medida que corre el tiempo, los valores humanos recogen las miserias del mundo y se llenan de una perversión a la cual se debe hacer frente sin un atisbo de duda. Las organizaciones internacionales nacidas después de la Segunda Guerra Mundial han sido rebasadas por su falta de cumplimiento a la Carta de Derechos Humanos, a los valores de paz europeos y occidentales, y lo único que queda en pie es la loca de Von der Leyen.

¿Y por qué hablo de la pena de muerte? Porque hacer creer al ciudadano de pie que eso es justicia, es vomitivo, como bien indicó Camus. No se repara ofensa alguna; se transforma en odio de grandes dimensiones.

Israel no puede esperar para iniciar juicios sumarios cuya verdadera intención es propagandística a costa de sangre derramada desde hace casi ochenta años. Colgarán a quien tengan que colgar. El ojo por ojo, diente por diente no aportará paz mental a nadie. Permitirá la corrupción del alma humana. Concatenará lágrima y sufrimientos; risas y abusos. Y no habrá paz en la llamada Tierra Santa.

La crisis que se nos viene encima

Carlos Hidalgo

Escribo esto poco después de que Trump, en una de sus cada vez más desquiciadas pataletas, haya escrito a los iraníes diciendo “¡Abrid el estrecho, locos cabrones!” y luego, en otro de sus cambios de humor, afirmase que el régimen de los ayatolás estaba dispuesto a negociar alguna clase de acuerdo que sabríamos hoy mismo. Lo cual, me atrevo a predecir, será otro de los delirantes embustes a los que nos tiene acostumbrados el promotor inmobiliario de Queens.

Lo que se veía como una operación puntual para desestabilizar a Irán, más a conveniencia de Netanyahu que de Trump, se está convirtiendo en un conflicto bélico, cada vez más embarrado. Israel está aprovechando para hacerse con el Líbano mientras los Estados Unidos bombardean fútilmente a Irán que, mientras tanto, mantiene cerrado el Estrecho de Ormuz, por donde debería estar pasando alrededor de un tercio de las reservas mundiales de petróleo. Los barcos que partieron antes de la guerra ya están llegando a sus destinos y si este bloqueo no se resuelve, los precios de la energía, la escasez de combustible, de fertilizantes y de derivados del petróleo van a empezar a permear a toda la economía mundial.

Pero es que, además, en la economía que el propio Trump ha promovido de manera agresiva, volviendo a los combustibles fósiles y creando una burbuja de sobrecapitalización de la inteligencia artificial, es enormemente frágil en este momento. La parte de los combustibles fósiles ya se ve que empieza a venirse abajo cada día que el estrecho está cerrado. Y la parte de la sobrecapitalización de la IA depende en gran medida de que los mercados mundiales se mantengan al alza, algo que también parece cada vez más improbable si el conflicto continúa. Ahora mismo las bolsas se mantienen en la irracional creencia de que las cosas no están tan mal como parecen y que habrá una solución más pronto que tarde.

Lo peor es que la volatilidad de Trump, la imprudencia de Netanyahu y la posición de Irán, que sabe que tiene al mundo entero en un puño, hacen que la salida de este conflicto no parezca posible a corto plazo. Primero, porque diplomáticamente se han volado todos los puentes, entre otras cosas porque las bombas estadounidenses e israelíes han matado a todos los posibles interlocutores, al menos a los conocidos.

Luego, Trump no tiene voluntad real de negociar. Ya traicionó a los iraníes haciéndoles creer que negociaba cuando en realidad se estaba preparando para bombardearles. Y ve cualquier salida del conflicto que no pase por una humillación pública de los iraníes como una derrota. Y para seguir manteniendo su actitud y su orgullo de macho no va a tener reparos en agotar los recursos militares y económicos de su país, en cometer crímenes de guerra y en condenar al mundo entero a otra crisis, si eso sirve para contentar a su ego.

Israel no va a detenerse porque mientras los estadounidenses están prendiendo en llamas al mundo, los ultranacionalistas pueden seguir llevando a cabo su programa máximo de “expansión defensiva” y Netanyahu aleja de sí los múltiples juicios por corrupción que tiene pendientes.

E Irán seguirá bajo un régimen tiránico que no tiene problemas en masacrar a su población, como tampoco en chantajear al resto del mundo.

Escudo de las Américas: Irrisorio y patético

Verónica Ugarte

A principios del mes pasado se reunieron en Miami, convocatoria de su Jefe mediante, los Jefes de Estado de diversos países americanos de habla española para, según Trump, llegar a acuerdos de cooperación.

A la reunión de los Agachados no fueron invitados tres países clave: Brasil, Colombia y México. No es un hecho casual. Petro se niega repetidamente a recibir indicaciones de Donald; Lula es un sindicalista que no tiene miedo a enfrentarse a EEUU, y Sheinbaum ha dejado claro que la soberanía del país no está en venta.

Para la publicidad a nivel nacional e internacional, Trump quiere frenar las importaciones chinas en el continente. Al mismo tiempo exige cooperación para detener la migración hacia su país y el narcotráfico a través de una coalición militar. Traducción: Trump exige que se obedezcan sus órdenes y al mismo tiempo, pero dicho en voz baja, menospreciar a los tres incómodos que se niegan a recibir órdenes de nadie que no sean las legislaciones de sus respectivos países.

Después del secuestro de Maduro y la llegada al poder de un Presidente de derechas en Honduras, el mapa azul está siendo de gran ayuda a Washington. Aceptémoslo: América, el continente, nunca ha estado unido. Nunca ha tenido una identidad como tal debido a una Historia que no es compartida por todos. Salvo el idioma (que no los dialectos) y la religión, los países al sur de EE.UU. han vivido diferentes procesos históricos; diferentes guerras; diferentes invasiones.

Recordemos que la maravillosa hermandad latinoamericana no es sino un producto del marketing de la otrora mega empresa Televisa, que fue comprando sedes en cada país para ampliar el negocio, y vender el humo de una amistad íntima que solo existe en las mentes de algunos, pocos. Luego vino Clinton y oficialmente se rebautizó al continente como The Americas. ¿Alguien dijo algo en ese momento? No. Porque el segundo mandado del demócrata fue crucial para sortear el casi colapso del sistema financiero mexicano. Porque cayó Pinochet y Chile celebraba la vuelta a la democracia. Porque tenía que poner orden después de las desafecciones internas que había causado Bush padre con el NAFTA.

Casi treinta años después se sigue manteniendo la zanahoria y el látigo, pero ahora en manos de un loco narcisista, quien insulta cuando alguien le planta cara. Sheinbaum ha optado por hacer caso omiso de sus burlas cuando la imita delante de la prensa, alegando que ella le ruega que no invada México.

Brasil ha expresado duramente su enojo e indignación ante los delirios neocolonizadores del hombre calabaza (por aquello del cabello naranja), y se ha reafirmado en que los países del sur deben poner un alto después de la invasión a Venezuela y el asedio económico e inhumano que sufre Cuba.

A este último punto hay que añadir que México no puede enviar más petróleo a Cuba porque de hacerlo, estaría abriendo demasiados frentes. Lo que puede y está haciendo, es enviar ayuda humanitaria de manera oficial, y permitir que diversas organizaciones zarpen desde costas mexicanas hacia Cuba llevando medicamentos, ropa y comida. La amistad entre México y Cuba es genuina y solo un mexicano y un cubano saben reconocerla y fundirse en un abrazo desde mucho antes que el Granma llevase a Fidel y a sus camaradas hacia la isla para dar paso a la segunda revolución más importante del continente.

Mientras tanto, la derecha sumisa está obedeciendo. Bukele ha endurecido las medidas carcelarias a niveles que rayan las violaciones de derechos humanos. Milei ha declarado organización terrorista a un cartel mexicano, y más cosas vendrán.

Cuando no sabes cantar, es mejor no intentar destrozar una aria. Cuando gobierna un ignaro, es mejor ponerse a cubierto o aprovechar la coyuntura.

México y Brasil nunca han sido aliados en términos económicos, hasta ahora. Los presidentes de ambos países han puesto sobre la mesa un posible acuerdo de cooperación entre Pemex y Petrobras. Al leer la noticia no me ha extrañado nada. Brasil lleva años desarrollando extracción de petróleo en aguas profundas, algo que México no ha logrado, y de firmarse el acuerdo, la independencia petrolífera volvería al país. Con ello, no se necesitaría de EE.UU.

Lo dicho, no hay nada peor que un idiota con iniciativa. Trump, se vienen acuerdos que no te agradarán.

Enhorabuena a los fans de Tom Clancy

Carlos Hidalgo

El novelista norteamericano, ya fallecido, era famoso por sus inverosímiles tramas, sus personajes planos y sus enciclopédicos conocimientos de armas, vehículos y sistemas militares. Así, era capaz de hacer que el actual rey Carlos III de Inglaterra, entonces príncipe de Gales, volara un caza en uno de sus libros.

Las tramas de Clancy, además, ignoraban cosas como la legalidad internacional, la historia y la política de los países a los que se refiere, la economía y el comercio internacional, las verdaderas relaciones entre países y la actitud de los diferentes actores estatales y supraestatales.

Por resumirlo de alguna manera: las películas y series acerca de la obra de Clancy siempre serán mejores que los libros. Siempre.

Por eso mismo sólo los fans acérrimos del escritor estadounidense pueden estar contentos con lo que está sucediendo desde que Estados Unidos e Israel atacasen unilateralmente a Irán, sin tener muy claro qué es lo que esperaban lograr con ello. Hasta los fans de Frederick Forsyth, que también tendía a lo hiperbólico en sus tramas dedicadas a Oriente Medio, se sentirían ofendidos si los hechos actuales se narrasen en alguna de las novelas del británico.

Eso sí, hemos visto despliegues de drones, de cazas de quinta generación, de sistemas antimisiles, de buques no tripulados, de retórica acerca de “guerreros extremadamente letales que no están limitados por estúpidas normas de enfrentamiento” y hasta de veladas amenazas (por parte de EE.UU. claro) de usar armas nucleares. Faltarían, a lo mejor, unos cuantos aviones antitanque A-10, pero es que están ya fuera de servicio.

Lo último es el despliegue en la zona de unos 6.000 “marines” que se cree que iniciarían un asalto terrestre en la isla de Jarg, donde están la mayor parte de las infraestructura de exportación de petróleo iraní y que, hasta el momento, apenas han sido afectadas por el conflicto.

Mientras tanto el mundo real empieza a acusar el inicio de una crisis energética, los Estados Unidos se siguen deslizando hacia un régimen autoritario, Rusia espera para tratar de asestar a Ucrania un golpe definitivo y China observa en silencio, esperando sacar tajada de todo ello.

Esta trama inverosímil está dirigida por un presidente corrupto desde uno de los salones de banquetes de su club de golf. Y sí, este fin de semana se ha ido a jugar al golf mientras soltaba su enésima sarta de mentiras acerca del desarrollo de la guerra.

No hay victoria sin objetivos

Carlos Hidalgo

En su tratado “De la Guerra” (1832) Carl Von Clausevitz acuñó la famosa frase de que la guerra “es la continuación de la política por otros medios”. El prusiano sacó esa conclusión tras estudiar las campañas napoleónicas y deducir que la guerra no tiene sentido por sí misma, sino que ha de estar subordinada a lograr objetivos estatales, fijados por los políticos y no por lo militares, cuando otros medios, como los diplomáticos, no bastan para lograrlos.

Un siglo más tarde Michel Foucault expresó la tesis contraria: que la política es la continuación de la guerra por otros medios.

Los militares contemporáneos se adhieren a la tesis de Von Clausevitz, mientras que hay políticos que creen en la descripción más cínica de Foucault.

Donald Trump no ha leído ni a uno, ni a otro.

Uno de los pocos libros que sí que nos consta que ha leído el presidente estadounidense es “Mi Lucha”, de Adolf Hitler. En él, la guerra es la conclusión lógica de teorías raciales seudocientíficas, de la nefasta concepción de la geopolítica de Ratzel y Haushofer, que hablaban del “espacio vital” de las naciones étnicas y de una deforme parodia colonial del darwinismo, en la que las civilizaciones o “razas superiores” habrían de esclavizar e imponerse a las inferiores para disponer de los recursos de sus territorios.

En la guerra sin objetivos en la que Trump y Netanyahu se han metido en Irán no caben ni Clausevitz ni Foucault y creo que Hitler tampoco estaría convencido del todo. Las erráticas declaraciones de Trump y su gabinete dan a entender que no saben qué es lo que quieren conseguir tras tres semanas de guerra. Y no puedes ganar una guerra si no sabes qué es lo que quieres lograr con ella.

Una guerra que ha terminado por derribar un orden internacional que en gran parte había sido diseñado por los propios Estados Unidos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y que, además, les beneficiaba. Sus aranceles (ilegales y arbitrarios) están debilitando su posición en el mercado mundial y ralentizando su economía, sus redadas contra inmigrantes (racistas, arbitrarias e ilegales) están debilitando su mercado interno y encogiendo la creación de empleo.

Y esta guerra sin objetivos ha dilapidado unos arsenales estadounidenses que no estaban preparados para una acción sostenida en el tiempo y basados en el uso puntual de armas de alta tecnología, no en enfrentarse a un enemigo con un arsenal virtualmente ilimitado de armas baratas y que pueden construirse en cadenas de montaje, mientras que sus contramedidas estadounidenses e israelíes, como los sistemas “Patriot” o la famosa “Cúpula de Hierro” israelí se basan en misiles que cuestan cerca de un millón de dólares la unidad y que tardan muchos meses en reponerse, no semanas, como los drones. Se estima que cada activación de la “Cúpula de Hierro” cuesta alrededor de mil millones de euros. Y los Estados Unidos, según los propios cálculos del Departamento de Defensa (autoproclamado “de la Guerra” sin autorización del Congreso), están gastando otros mil millones diarios desde que empezaron las operaciones.

Como los iraníes sí que tienen objetivos, siendo uno de ellos causar el máximo desgaste al enemigo, están aprovechando para dañar al resto de países del Golfo y han cerrado el Estrecho de Ormuz a todo barco cuyo armador pueda ser sospechoso de proveer a los Estados Unidos. Y causando de paso una crisis económica y energética mundial.

Ahora Trump dice que el objetivo de la guerra es reabrir el Estrecho de Ormuz, aunque luego nieguen que esté cerrado. Y, de esta manera, tratar de presionar a unos aliados a los que Trump ningunea, amenaza, desprecia y humilla en cuanto tiene ocasión, que no tienen ningún interés en involucrarse en esta guerra y a los que el Premio FIFA de la Paz espera arrastrar una vez que el cierre de Ormuz haga sufrir sus economías.

Trump ha debido creer que en Irán tendría la misma suerte que tuvo con Venezuela. Pero mientras que el régimen de Maduro era (y es, porque Trump lo mantiene) una gigantesca chapuza envuelta en corrupción donde nada funciona; el régimen iraní es una teocracia totalitaria dominada por un aparato militar y represor que ha logrado imponerse a los clérigos, con la experiencia de 50 años enfrentados al resto del mundo y a sus propios ciudadanos, cuyas condiciones son hoy aún peores que hace un mes, lo cual es absolutamente devastador.

Ahora Trump espera que los demás le hagamos su trabajo. Y luego querrá reclamar Groenlandia.

Apariencias: Made in USA

Senyor_G

Esta semana me salió en el Instagram un viejo chiste de la guerra fría:

Un soviético y un estadounidense están sentados uno al lado del otro en un avión que viaja de Moscú a Washington D. C. El estadounidense dice: “Tengo que reconocerlo, vuestra propaganda es muy impresionante”. El soviético sonríe y le da las gracias, pero responde que no es nada comparada con la propaganda estadounidense. Confundido, el estadounidense le dice: “Pero nosotros no tenemos propaganda”. El soviético sonríe y dice: “exacto”.

Con esto ya estaría todo. Al final los debates y las apariencias del mundo no las controlamos nosotros, sino todo lo que nos explican y quién nos lo explica. En las cadenas de televisión en abierto de nuestro país, desde las públicas a las privadas, las series y películas Made in USA que hay son brutales, muchas con fuerzas del orden. Y lo que nos explican. Yo que miro algunas de policías, sin entrar en el fondo, pero el rollo ex-agente de la CIA o soldado en Vietnam, Irak, Afganistán y otras guerras es abrumador. El marco es ese. Hasta las películas en La Primera de RTVE en los mejores horarios son para ellos, para que nos coman el tarro.

Y los tópicos. 

No deja de ser curioso lo que nos recalcan de esos países donde un jefe de los servicios secretos acaba siendo presidente. Como Bush padre que antes de ser presidente de los EE.UU. fue director de la CIA. O dónde el poder pasa de padres a hijos o de forma familiar. Volvamos a los Bush, los Kennedys si nos vamos lejos, o matrimonios que casi consiguen pasarse el cetro, o por lo menos figurar.

Los paladines del mundo libre, de la democracia. Me sorprende que un español se pueda creer eso. ¿Qué hizo EE.UU. por la democracia en España.UU.? Bases y acuerdos con Franco. Si digo que hizo más la URSS por la democracia en España que los EE.UU. ¿soy un zorrocotroco o hago honor a la verdad? Y nosotros que además entendemos el castellano podemos repasar de la A la Z todos los países de Hispanoamérica y ver su aportación democrática.

Y lo del mundo libre contra la dictadura comunista, Corea del Norte, Taiwan, Indonesia… en los 50, 60 y 70. ¿Seguimos? Mundo libre para piratear o comerciar.

Trump es odioso, y un gran peligro, pero hay que agradecerle que va a careta quitada. En este mismo blog se hablaba de que no había seguido los pasos para hacer la guerra, pero hace un par de semanas en El Periódico se planteaba que la última vez que se hizo en el Congreso de los EE.UU. fue para la Segunda Guerra Mundial, y nadie se puede creer que desde entonces los EE.UU. no han estado metiendo el hocico militarmente por medio mundo. Lo ha planteado interesantemente el primer ministro de Canadá: es que ya nadie se cree el relato o hace ver que se lo cree.

El mundo libre, la libertad de empresa, no la democrática sino el libre mercado ultra. Veo en el supermercado frutos secos, boniatos para el microondas y legumbres de vez en cuando made in USA. No me creo que eso llegue a España sin subsidios o a reventar precios.

Y los más altos valores. Cuando se juzgue a Bush hijo (y a Blair y otros colaboracionista) como se hizo con Sadam Hussein igual empiezo a dudar. Y Guantánamo.

Y no esperen ninguna pregunta incisiva a los políticos atlantistas sobre todo esto cuando van a algún medio, este tipo de preguntas se nos hacen a otros.

En este contexto, yo sigo con OTAN No, Bases Fuera; hay que reconocer que la postura del Gobierno presidido por Pedro Sánchez respecto a EE.UU.-Israel contra Oriente Medio es acertada. Nada fácil de tomar y aguantar. Merece nuestro apoyo. Estamos acostumbrados a que siempre todo es por el bien del imperio, así que toca remar y aguantar porque si no se han cortado nunca, ahora con Trump y su gobierno de pirados cruzados menos todavía y van a empezar con el manual básico de sus tretas. Peones tienen, y dinero como siempre. A organizarse y coser alianzas toca. 

Jaque y… ¿mate a la clerecía islamista?

Arthur Mulligan

Los ciudadanos de las democracias occidentales, sobre todo en Europa, no quieren la guerra ni sus muertos; en esto coinciden con los mercados y si a pesar de sus deseos esta se produce, cuanto menos dure, mejor.

Decía Maquiavelo de las guerras que se sabe cuando empiezan pero es muy difícil determinar su final, máxime en este caso dada la naturaleza del ataque y la falta de claridad de su propósito y objetivos aunque no de discreción.

Después de eliminar el primer día del conflicto al Ayatollah Ali Khamenei, este régimen de clérigos islamistas de carácter cuasi hereditario ha respondido con un despliegue de ataques con una estrategia deliberada de escalada horizontal: incendiar Oriente Medio dañando desde plantas desaladoras hasta aeropuertos de sus vecinos árabes e israelíes, incluyendo también las bases americanas de la región para secuestrar la economía mundial golpeando directamente los complejos industriales de producción de hidrocarburos en toda la región y paralizando la distribución de gas y petróleo especialmente necesaria en numerosos países de Asía.

Si en EE.UU. Trump ha sido atacado rápidamente por no haber consultado a nadie, sobre todo al Congreso, antes de embarcarse en una guerra potencialmente «sin fin», en Europa se daban lecciones de derecho internacional «dejando a los americanos e israelíes hacer el trabajo sucio», en expresión del canciller Merz, cuando no se apelaba ritualmente a un alto el fuego por parte de la Vice-presidente de la Comisión encargada de la pretendida política extranjera de la Unión, Kaja Kallas.

Entre tanto, Inglaterra, Francia y Grecia acudían simbólicamente en socorro de Chipre, un país miembro de la UE que a su vez era el primero que resultaba ser atacado por su flanco sur con misiles disparados desde el Líbano por Irán a través de Hezbollah.

Más ambicioso y enigmático, Emmanuel Macron a bordo del portaviones Charles de Gaulle, anunciaba la preparación de una misión para asegurar el paso de los estrechos de Bab -el-Mandeb y de Ormuz pero de carácter «estrictamente defensivo porque Francia es una potencia de equilibrio y no participa en esta guerra» (no vaya a ser que los intervinientes consideren esta misión como un acto de guerra).

España aprovecha el momento para retomar la posición flamenca más ajustada a la situación: sobre fondo de colores nacionales no tarda en adoptar una grave actitud heroica atendiendo a las circunstancias, un No a la guerra reivindicando el mantenimiento del orden internacional amparado en el derecho internacional con el envío de una moderna fragata en misión defensiva como escolta del defensor principal en portaviones.*

*La misión sigue siendo una idea en preparación, no un despliegue operativo. Francia y sus socios quieren organizarla cuando baje la intensidad del conflicto.
Mientras tanto, se discute en el G7 y entre aliados cómo garantizar el flujo de petróleo.

Después de 47 años, el pueblo iraní ha sido secuestrado y con él la totalidad del Medio Oriente por un poder teocrático. Tras haber liquidado por medio de una violencia increíble cualquier veleidad de oposición en Irán, estos fanáticos han envenenado el mundo árabe con la ideología islamista.

El régimen de los mulás ha tratado de estrangular literalmente al Estado judío mediante tentáculos en Siria, Líbano, Irak, Yemen y Gaza, todas filiales del régimen islámico, ampliamente financiadas y armadas con miles de misiles y drones fabricados en Irán.

El terrorismo, a través de «proxys» o intermediarios, así como la toma de rehenes, son instrumentos rutinarios de la política exterior del régimen islámico. En estas condiciones, la desaparición de este régimen totalitario no es solo una cuestión existencial para Israel; lo es para todo el mundo occidental y para Europa en particular, que se ve directamente afectada por la importante inmigración musulmana llegada desde finales de los años setenta, una población susceptible de verse adoctrinada por la interpretación terrorista del islam que promueve el régimen de Teherán.

En estas circunstancias, el único objetivo de guerra que tendría sentido, y que justificaría el esfuerzo emprendido hoy por Estados Unidos e Israel, no podría ser otro que la erradicación de ese régimen y su sustitución por un gobierno surgido de un pueblo muy joven, que solo aspira a vivir en libertad e integrarse en la economía mundial. Al destruir sistemáticamente los programas nuclear y balístico de Irán, así como sus milicias en el extranjero, la guerra pretendería romper el candado de la prisión del pueblo iraní para permitirle abrir de par en par la puerta que lo mantiene encerrado. Pero para alcanzar ese objetivo en un país de 90 millones de habitantes, tres veces más extenso que España, una semana de bombardeos aéreos seguramente no bastaría y, en consecuencia, una guerra librada a medias, o interrumpida, no podría sino provocar un inmenso caos.

Porque los fanáticos que controlan el país no tendrían más que una idea en mente: vengarse del ataque estadounidense-israelí. Esos mismos retomarían acelerando con toda seguridad su programa nuclear y balístico, tratando por todos los medios de desestabilizar a las potencias de la región a las que acaban de atacar, y más aún a los Estados europeos o a los Estados Unidos, mediante el terrorismo.

Respecto a la situación interior de Irán, el terrible balance de la sangrienta represión de las manifestaciones de enero con decenas de miles de muertos y un número similar de encarcelados sólo ha podido debilitar un régimen marcado por el amplio rechazo de la población.

En el plano diplomático, Irán está completamente aislado, salvo por Rusia, que quiere apoyarlo pero no puede hacerlo plenamente, y China, que podría ayudarlo pero no desea implicarse más allá de vender, a alto precio, inteligencia y sistemas de armas.

Hoy mismo ambos países se han abstenido en una votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que condenaba los ataques iraníes con misiles y drones contra varios Estados de la región, exigiendo a Irán que detenga inmediatamente esos ataques, afirmando que esas acciones amenazan la paz y seguridad internacionales, y pide garantizar la libertad de navegación, especialmente en el estrecho de Ormuz, clave para el transporte mundial del petróleo y gas (13 países a favor, 0 en contra y las dos abstenciones mencionadas). La abstención evita asumir el coste de un veto, mantener una posición equidistante, y preservar relaciones en Oriente Medio.

No obstante, para Estados Unidos la guerra solo puede ser breve: existen tensiones en los arsenales de misiles, el coste alcanza mil millones de dólares al día, la ley de poderes de guerra de 1973 obliga a obtener aprobación del Congreso después de 60 días de operaciones, solo el 27 % de los estadounidenses la apoya y existe el riesgo de estanflación mundial debido al impacto en el mercado de hidrocarburos y en el transporte marítimo.

Es Israel quien encarna la mayor racionalidad estratégica, con una alineación sólida entre la visión a largo plazo de Benjamín Netanyahu, la planificación de las Fuerzas de Defensa de Israel (Tsahal) y la movilización de la sociedad en torno al objetivo de destruir la República Islámica y a Hezboláh, sin importar el coste ni la duración de la guerra.

El objetivo era provocar una ruptura entre el alto clero y los militares, dando al mismo tiempo una oportunidad a la sociedad civil y a la oposición iraní. Pero el régimen, tras 47 años de mentira y terror, sigue siendo resiliente y difícil de derribar sin el despliegue de tropas terrestres. Solo existen dos rebeliones potenciales: la kurda y la baluchí, con el riesgo de una guerra civil y de la fragmentación del país.

La gran amenaza estratégica que representa el régimen de los mulás para Israel, las monarquías del Golfo y las democracias occidentales, queda plenamente confirmada.
Irán sigue siendo el único país que ha desarrollado un programa nuclear no como disuasión, sino con el objetivo de destruir otra nación: Israel, que no lo amenaza y se encuentra lejos de sus fronteras.

En la era de los imperios, donde la fuerza prevalece sobre el derecho, Estados Unidos recuerda al mundo -incluidos China y Rusia- que sigue siendo la única potencia global gracias a sus capacidades militares. Pero también queda claro que esas capacidades no son ilimitadas. Además, la apelación ritual al derecho internacional pierde sentido frente a Estados basados en el terror interno y externo. En el mundo inestable, violento y sin reglas del siglo XXI, solo cuenta el poder duro.

Los Estados Unidos de Donald Trump se juegan su liderazgo mundial en una especie de ruleta: el éxito de una guerra corta, pero sin estrategia clara para gestionar una posible escalada. Todo ello bajo la vigilancia cada vez más inquieta de la opinión pública, los actores económicos y los mercados financieros.

Rusia pierde otro aliado, después de la Siria de Bachar Al Asad y la Venezuela de Nicolas Maduro, aunque se beneficiará de las dificultades de suministro de armas a Ucrania y de la subida de los precios de los hidrocarburos.

China continúa construyendo metódicamente un mundo posoccidental, presentándose como símbolo de estabilidad, promoviendo un nuevo multilateralismo alrededor de BRICS y rechazando intervenciones armadas exteriores – salvo la eventual anexión de Taiwán, que considera un asunto interno.

Europa, por su parte, sigue siendo espectadora de las transformaciones del siglo XXI. Está dividida: desde Alemania, que apoya a Estados Unidos, hasta España, que prohíbe el uso de sus bases. Permanece paralizada por su negación de la realidad, llamando a la negociación y a la desescalada incluso cuando se ve afectada.

También está atrapada en sus contradicciones, como Francia, que adopta una postura de neutralidad pese a haber firmado acuerdos de defensa con Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, uno de los primeros objetivos potenciales de Irán tras Israel.

Cuanto más se acerca la guerra a Europa -en Ucrania o en Chipre-, más insiste el continente en considerarse alejado de ella. Así demuestra a todos los depredadores que es una presa que ya ha asumido su propia derrota.

Sobre el paraguas nuclear europeo, la propuesta de Francia y el rol de España

Lluís Camprubí

Ahora hace un año escribía lo siguiente acerca de la cuestión en un escrito largo sobre “el rearme europeo”:

“Disuasión y paraguas nuclear europeo

La disuasión es la única manera de evitar el nuevo aventurerismo militar ruso y esa será la base para cualquier posible diálogo diplomático efectivo y sin chantajes sobre seguridad. Y esta disuasión tiene que ser tanto convencional como no convencional. En lo convencional requiere que los países fronterizos dispongan de una fuerza terrestre suficiente y de activación rápida (en este informe que circula se detallan las magnitudes de lo que estamos hablando atendiendo a la sustitución de las aportaciones norteamericanasasí como de respuesta aérea solvente. La rapidez y aseguramiento de su respuesta es esencial ya que uno de los principales riesgos es que Rusia vaya testando la respuesta y límites incrementalmente (pequeñas incursiones en un país concreto y ver qué pasa y a partir de ahí continuar o ajustar…). 

La segunda pata de la disuasión es el paraguas nuclear europeo que, sin poder llegar a tener la integralidad del que generaba el norteamericano, debe ser suficiente. Un paraguas de protección/disuasión nuclear para el conjunto de Europa y de base europea es necesario ahora que es posible que desaparezca la cobertura norteamericana. En este sentido, hay que responder positivamente al ofrecimiento de E. Macron de abrir una discusión estratégica en profundidad para defender (disuadiendo de ser atacados por actores hostiles) al conjunto de Europa con sus armas nucleares. Respetando que la última decisión sobre su uso sigue estando en manos de la presidencia francesa y entendiendo el punto de ambigüedad estratégica, debemos promover que esta protección quede vinculada al artículo 42.7 del TEU. Así mismo, podría ser de utilidad para la plena vinculación de todos los países, proponer un Consejo Asesor para la disuasión nuclear formado por los jefes de gobierno europeos de apoyo y orientación al respecto a la presidencia francesa. Es importante atender a la urgencia de los tiempos. Se requiere una discusión rápida y un acuerdo lo más pronto posible tanto para evitar permanecer en una situación indefinida de protección durante mucho tiempo como para evitar tentaciones de proliferación nuclear de otros países europeos (bálticos, polacos y nórdicos están abriendo ya la discusión de disponer de sus propias armas nucleares) que se sienten amenazados por una agresión rusa. Ello debería ser compatible con esfuerzos multilaterales de reducción del armamento nuclear, sin perder de vista que es Rusia que usa el chantaje nuclear.”

Creo que en lo fundamental el análisis y propuestas siguen siendo válidos, en especial la doble razón para acoger proactivamente y en positivo la cuestión desde España: la necesidad de no dejar descubierta o degradada ni que sea temporalmente la disuasión nuclear para el continente (con las dudas e incertidumbres que vienen del compromiso norteamericano) y el evitar las pulsiones -comprensibles- de proliferación nuclear disuasiva por parte de los países más próximos a Rusia (bálticos -en su acepción amplia-,  y nórdicos tienen un debate público muy serio al respecto).

Durante este año el debate sobre la cuestión se ha europeizado, ha ido cogiendo fuerza y sensación de más urgencia. Valga como síntesis este buen informe sobre las (5) opciones  nucleares europeas. Y, hace unos días, Macron desarrolló en una importante intervención, una actualización de la doctrina nuclear francesa: la “disuasión avanzada”. Se puede leer aquí (vale la pena). La mayoría de analistas (en publicaciones en  Chatham House, Encompass Europe o el Egmont Institute por ejemplo) señalan la significación del discurso, con algunas consideraciones clave: a) Queda oficializado como doctrina la dimensión europea de los intereses franceses a ser protegidos por la disuasión nuclear francesa (lógicamente descrita con ambigüedad estratégica) ; b) se institucionaliza el diálogo y cooperación con algunos países europeos al respecto (entre los que no está España); c) se ofrece la posibilidad a algunos países de alojar activos nucleares; d) se reforzará la capacidad nuclear francesa, que seguirá siendo únicamente estratégica; y e) la titularidad y la decisión sobre el lanzamiento seguirán exclusivamente en manos francesas.

En general, podemos estar orgullosos de la política exterior, de seguridad y defensa españolas. Ha tenido una posición internacionalista, coherente y alineada siempre con el derecho Internacional sea en Ucrania, Gaza, Venezuela, o ahora en Irán. Y, de hecho, en el caso de Irán especialmente, además con una rapidez de reflejos envidiable y que ha generado mucha simpatía global. Aunque algunas decisiones tuvieran costes relacionales importantes respecto a Estados Unidos. Sin embargo, esa valentía y rapidez no ha estado presente en un par de casos cuando implicaban activos o tropas propias: 1) el mirar hacia otro lado y esperar mientras otros países enviaban tropas (hecho cualitativamente muy relevante y que requería agilidad) a Groenlandia para asegurar la disuasión frente las amenazas norteamericanas; y 2) arrastrar los pies en la discusión y necesidad de enviar tropas que garanticen y den garantías a un hipotético alto el fuego en Ucrania.

Desafortunadamente, con lo visto hasta ahora, parece que en el caso de la disuasión nuclear europea estamos en un tercer caso de mirar para otro lado sabiendo que otros ya se encargarán de esta necesidad.

Creo que en el actual contexto no tiene mucho sentido práctico, político ni militar/geográfico que España albergue armas nucleares (o sus vectores). Diría que nadie lo plantea ni está en discusión. Pero contribuir a la europeización de la disuasión nuclear tiene muchos otros aspectos -más relevantes de hecho- en los que España debería proactivamente contribuir. Y, para eso, es fundamental que España muestre interés y esté entre los países en diálogo bilateral y multilateral con Francia. Para empezar, hay por supuesto posibles aspectos de soporte logístico y de acompañamiento/apoyo militar convencional a las fuerzas nucleares. En segundo lugar, hay que explorar las posibilidades de contribuir a sufragar los costes financieros franceses de la europeización, actualización y ampliación de su fuerza nuclear. Hasta dónde yo sé – a pesar de su delicada situación presupuestaria- Francia no ha mostrado interés (por razones de blindar su soberanía) en que otros países contribuyan a su financiación. Pero creo que sería interesante explorar que hubiera aspectos que pudiesen financiarse mancomunadamente en la UE (de forma comunitaria). Ello -asumiendo que el “botón nuclear” seguiría en manos exclusivamente francesas- podría legitimar el impulso de foros y espacios consultivos multilaterales o comunitarios sobre la materia y que de forma práctica el paraguas vaya formando parte de las posibilidades del 42.7. Y, finalmente, lo más fundamental, es importante fomentar un diálogo político al más alto nivel sobre la cuestión. Es necesario que las más altas representaciones comunitarias y de los estados miembros puedan dialogar y compartir visiones sobre esta cuestión central en la defensa y disuasión europeas. Es fundamental acercar muy distintas culturas (o inculturas) estratégicas, ir unificando percepciones sobre lo que puede ser interés europeo y la mejor manera de defenderlo, mientras se van creando los vínculos para hacerlo posible. En este sentido, disponer pronto de una institucionalidad (de diálogo y consultiva) estable puede ser un apoyo fundamental. Y, además, puede ser de más fácil impulso en “frío” que no con las urgencias de una escalada.