Sobre la supervivencia

Juanjo Cáceres

Las perspectivas sobre la supervivencia son múltiples y variadas. Durante nuestras primeras etapas de entendimiento nos encontramos con algo llamado “la ley del más fuerte”, que sugería que fortaleza, poder y supervivencia iban de la mano. Con el paso de los años, en cambio, otros conceptos se fueron abriendo camino: en particular, la resiliencia, entendida como la capacidad de adaptarse a las circunstancias en condiciones de adversidad. Entre ambas existe un elemento en común y una diferencia sustancial. El elemento en común es el hecho de que una cualidad específica, ya sea la fortaleza o adaptabilidad, adquiera potencia explicativa para explicar la evolución de las personas de forma individualizada. La diferencia, en cambio, es que, si la primera pone el énfasis en la capacidad de imponer nuestras decisiones a terceros, la segunda apela a la capacidad de evolucionar adaptándonos a circunstancias diferentes. No se trata, pues, de dos maneras distintas de decir lo mismo, ni admiten una clara integración. Pese a que pueden establecerse relaciones entre ambas, el poder explicativo de por qué se han producido unos logros queda claramente focalizado en una de ellas.

Haciendo un símil con el mundo del fútbol, podríamos considerar que Messi o Yamaal son singularmente fuertes entre los futbolistas, pero también es verdad que en ambos casos se detectan condiciones de resiliencia, ya que su necesidad de adaptarse a condiciones adversas es bien conocida en las biografías de ambos. Pero justamente esas situaciones nos hablan de variables coincidentes, no interdependientes, ya que el talento singular es lo que crea las condiciones para convertir, potencialmente, a un deportista en una estrella. Es más tarde cuando tanto su resiliencia como su fortaleza mental incidirán en las posibilidades y límites de lo que puedan o no alcanzar.

Otra cuestión sería ver si lo que es cierto en el ámbito individual lo es también en el poblacional. La extinción de los Neandertales, como la de tantas otras especies, a menudo ha servido para poner en duda las ventajas de la superioridad física, ya que el “sapiens” probablemente más fuerte que ha existido fue el que se extinguió sin dejar rastro. En cambio, ese otro “homo” sapiens menos fuerte pero mucho más versátil y con plenas capacidades para adaptarse a casi cualquier medio, es el que ha sobrevivido, generando sociedades de múltiples características según las circunstancias y adaptadas a un sinfín de entornos.

No obstante, la versatilidad no cotiza como antes en los mercados de valores y gana terrenos en nuestras sensibilidades y corazones la exhibición de fortaleza. Las soluciones meramente bélicas aplicadas a los conflictos de Ucrania o Israel, nos hablan de una forma de entender el mundo basada en el ejercicio del poder y con una creciente indiferencia al sufrimiento. Un poder, además, casi ilimitado, que te puede permitir por la mañana estar activando misiles ucranianos y por la tarde indultar a tu hijo de delitos muy graves. Disponer del botón del apocalipsis es desde hace ya varias décadas la mejor y principal exhibición de poder puro y todo parece indicar que las indisposiciones a usarlo se están debilitando.

Pinker (Los ángeles que llevamos dentro) recordaba hace algunos años que, pese a la disminución constatable de la violencia global en paralelo al proceso civilizatorio, existen rasgos humanos que disminuyen nuestra predisposición hacia la paz y a la convivencia amable, como pueden ser la codicia, el miedo, la dominación o la lujuria. Frente a ellos, también dispondríamos de otros rasgos, como son la solidaridad y el autocontrol, que en combinación con el desarrollo del lenguaje, la alfabetización y la memoria cultural conseguirían una mejora del atractivo de la paz para todos nosotros. La evolución positiva de esto último, sumado a la buena administración de la amenaza de venganza, popularmente conocida como “ojo por ojo”, ha rebajado nuestros niveles de violencia e incluso nos ha librado de amenazas letales en las últimas décadas. No obstante, las sensaciones actuales son que las cosas se empiezan a agrietar y que los demonios amenazan con resurgir. Y haberlos, los hay, como la violencia depredadora: aquella que se ejerce sin consideración alguna hacia los efectos que produce en sus víctimas.

Algunas cosas que ocurren hoy en día deberían empezar a preocuparnos. Otras a escandalizarnos. Siempre que olvidamos que la vida que nos antecedió es peor que la vivimos actualmente, corremos un serio riesgo de dar pasos hacia atrás. Y a mí, al menos, se me está empezando a poner cara de cangrejo.

Un comentario en «Sobre la supervivencia»

  1. Vivimos un Regreso al pasado.
    Involución es la palabra.
    Vuelta a tropezar con la misma piedra.
    La ONU ha dejado de ser el centro de defensa de los derechos humanos.
    Los derechos humanos se combaten a sangre y fuego.
    Asistimos a una guerra medieval en Oriente Medio con ingeniería del siglo XXI.
    Salen salva patrias,como escorpiones debajo las piedras.
    El auje de los movimientos reaccionarios invade las redes sociales,la opinión pública mediatica,los movimientos políticos y devuelve el Senado a los tiempos del Movimiento Nacional,donde La Ciencia hay que despreciarla.
    Las injurias,calumnias y el filibusterismo político se ha convertido en la nueva forma de hacer política.
    No sé si estamos preparados para sobrevivir ante tal cúmulo de mierda que se nos viene encima.
    Siempre nos quedará Labordeta.
    https://youtu.be/M_mUcMOFFZk?si=Cy0n89wJGgq2kQ8F

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