Mira hacia arriba

Julio Embid

Cuando lea esta columna, cuatro astronautas, tres estadounidenses de la NASA y uno canadiense de la Agencia Espacial Canadiense, estarán a punto de cruzar los cielos a bordo de la nave Orion, en la misión Artemis II, con rumbo a la Luna. Será la mayor aventura de la humanidad en los últimos sesenta años. La nave se alejará de la Tierra hasta cerca de 400.000 kilómetros de distancia, bordeando la cara oculta de la Luna antes de regresar. Una distancia mil veces superior a la que separa la Estación de Canfranc de Galáctica, el observatorio de Arcos de las Salinas. El viaje durará diez días y servirá para comprobar los sistemas de la Orion en el espacio profundo, recopilar datos sobre los efectos de estos desplazamientos y preparar el regreso del ser humano a la superficie lunar.

La tripulación está formada por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el especialista de misión Jeremy Hansen. Su nave pasará a apenas 7.400 kilómetros de la superficie lunar antes de iniciar el camino de regreso, en una trayectoria que no se recorría desde los tiempos de las misiones Apolo.

Nuestra especie posee una audacia y una inteligencia que no se encuentran en ninguna otra. Desde su origen en África, el Homo sapiens fue capaz de expandirse por todo el planeta durante milenios, adaptándose a todo tipo de entornos, multiplicándose hasta superar los 8.000 millones de personas y transformando profundamente la Tierra. Hemos construido puentes sobre ríos, túneles bajo montañas e incluso bajo el mar. Hoy podemos dar la vuelta al planeta en apenas un día en avión, cuando al personaje de Phileas Fogg, en la novela de Jules Verne, le costó ochenta. Y a la expedición de Juan Sebastián Elcano, culminando el viaje iniciado por Fernando de Magallanes, le llevó tres años completar la primera vuelta al mundo. Siglos después, en 1969, a bordo de la Apolo 11, el comandante Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la Luna y regresar para contarlo.

Todas estas hazañas, la primera circunnavegación del planeta o la llegada a la Luna, fueron posibles gracias a una enorme inversión pública. Fueron los recursos de todos los que hicieron posibles esas expediciones, y gracias a ellas avanzaron también la ciencia y la tecnología. Hoy no tendríamos teléfonos móviles, ni ordenadores personales, ni sistemas GPS, ni placas solares, ni televisión por satélite, ni siquiera muchos electrodomésticos cotidianos, sin el impulso que supuso la carrera espacial.

Cuando en uno de los países con los impuestos más bajos del continente surgen discursos que proponen reducirlos aún más sin matices, conviene recordar que el progreso colectivo depende precisamente de esa capacidad de contribuir entre todos. Ningún individuo por sí solo puede construir una carretera, un puente, un vehículo o un cohete espacial. Pero juntos, aportando cada uno una pequeña parte, somos capaces de lograrlo todo. En los próximos años veremos el regreso del ser humano a la Luna. Después llegarán las primeras bases lunares permanentes. Y, con el tiempo, quizá demos el salto a otros mundos. Ojalá sepamos aprender de cada uno de esos viajes para vivir más y vivir mejor.

En tiempos de exceso de peso

Juanjo Cáceres

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición estimaba en 2020 que un 37,1% de la población adulta sufría sobrepeso y un 18,7% obesidad. En el caso de la población entre 2 y 17 años, señalaba que uno de cada tres menores presentaba sobrepeso y uno de cada diez, obesidad. Eran cifras rotundas, que nos hablaban claramente de riesgos de salud pública y que deberían generar la misma inquietud en las autoridades que en el resto de la población. Pero puede que eso no haya pasado o que no esté pasando con la intensidad suficiente en ninguno de los dos casos. Al fin y al cabo, ¿no es la gordura un elemento más del paisaje con el que siempre hemos convivido? Paisaje conocido, sí, pero no por ello menos inquietante, dadas las consecuencias que puede acarrear.

No diremos que no se invierten suficientes esfuerzos para reducir la prevalencia de ambos fenómenos, ni que las personas no dedican tiempo, esfuerzo y dinero a cuidar de su salud. Lo cierto es que, en general, lo hacen y que, cuando les afecta, les preocupa. De modo que no acaba de ser ese el problema. Tampoco basta con seguir apelando a la necesidad de una mayor sensibilización y acción. No porque no sea necesario – que lo es – sino porque no es en absoluto suficiente.

Afrontar esta situación o cualquier otra relacionada con la prevención de riesgos evitables de salud, pasa necesariamente por un doble procedimiento: entenderla en toda su complejidad e intercambiar conocimientos al respecto. Pero para entender, compartir y conseguir que ese intercambio sea fructífero, hacen falta voces – y no solamente las procedentes de inteligencias digitales. Hace falta hablar de ello y escribir sobre ello. De ahí que resulte muy positivo que eso suceda, por ejemplo, a través de un libro como el que ha publicado recientemente Julio Basulto: TODOS GORDOS (con perdón). Un trabajo que ha salido al mercado del papel y del libro electrónico con el propósito claro de hacer lo que debe hacerse: ni más ni menos que hablar de ello.

¿Es TODOS GORDOS (con perdón) el remedio que estábamos esperando para invertir el incesante avance de esta problemática? En modo alguno. Pero ya en la portada Julio pone el dedo en la llaga señalando el núcleo del problema con un mensaje directo: “tratar la obesidad en un mundo diseñado para engordar”. Porque, en efecto, ciertas prevalencias solo son posibles porque entre todos construimos algunos factores que predisponen a ellas. O porque entre todos configuramos unas relaciones económicas y sociales sobre las que emerge el gradiente social de la obesidad, según el cual poder adquisitivo y exceso de peso tienden a relacionarse de forma inversa – cuando aquel es más elevado, este tiende a ser más bajo.

Tal vez todo ello sea también debido a que a nuestro cuerpo no le resulta demasiado difícil engordar si tiene a su alcance alimentos en cantidades suficientes. O a que tampoco a nuestro cerebro le resulta sencillo regular nuestras conductas cuando los alimentos se diseñan y se ponen al alcance de maneras bien estudiadas.  Pero el caso es que eso ya lo sabemos. Y que, aun así, incluso después de innumerables intentos por atenuar estos efectos, parece que seguimos siendo mucho más eficaces engordando individualmente que trabajando colectivamente para prevenir la obesidad o deshaciendo todo aquello que convierte nuestras casas, supermercados, calles y municipios en entornos obeso génicos.

Justamente porque no hemos logrado todavía transformar el escenario en que vivimos, es necesario explicarlo bien. Es preciso evidenciar qué elementos lo sostienen y cómo podría cambiar. También lo es exponer de forma divulgativa cómo se intenta tratar la obesidad desde el ámbito de la nutrición y de la medicina, subrayando lo difícil que resulta realmente actuar sobre ella. Sin olvidarnos, además, de poner de manifiesto su relación con conductas tan poco saludables como fumar o consumir alcohol.

De ahí que el trabajo de Julio Basulto, TODOS GORDOS (con perdón), ponga sus esfuerzos en todo ello y que resulte tan oportuno. No es el primero ni será el último en abordar la problemática, pero es este el que nos habla ahora. El que nos recuerda que no todo está bien. Que algunas cosas tienen que cambiar. No debemos olvidar que seguir insistiendo en la necesidad de reducir la prevalencia del exceso de peso es imprescindible y seguirá siéndolo durante décadas. Por suerte, hay voces como la de Julio que lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo.

Alzar la voz

Meritxell Nebot

La semana pasada fue intensa para el profesorado en Cataluña. Organizados en asambleas, docentes y personal educativo decidieron seguir adelante con los cinco días de huelga pactados. La decisión no salió de la nada. El curso se inició con consultas sobre el malestar docente, días de movilización delante de los centros y manifestaciones. El Guvern decidió ignorar las protestas e incluso esquivó en más de una ocasión sentarse a negociar con los sindicatos. Así fue como en las asambleas se empezó a hablar de huelga indefinida y se comenzó a tomar el pulso a los claustros de los centros para valorar la capacidad de movilización del colectivo. Después de la gran manifestación del 11 de febrero en Barcelona, el Departament d’Educació se sentó a la mesa de negociación, hecho que fue ampliamente celebrado a pesar de saber que los giros de guion eran más que posibles. La sorpresa no se hizo esperar y llegó de la mano de CC.OO. y UGT que, con un acuerdo ya pactado de antemano, a espaldas de los sindicatos mayoritarios en educación (USTEC-STES, CGT, aspepc-sps y la Intersindical) y, por consiguiente, de la gran mayoría del personal educativo, aceptaba unos mínimos de miseria que no responden ni de lejos a las necesidades reales de la educación de Cataluña.

A partir de ese momento las asambleas se multiplicaron. El rechazo que generó la decisión de dos sindicatos que, en el sector educativo, no representan a la mayoría, sirvió de mecha para acabar de encender los ánimos. La decisión de empezar una semana de huelgas tomó forma y la organización de las bases se empezó a consolidar. De forma simultánea en las cuatro provincias catalanas, se coordinaron acciones para hacer oír el malestar del colectivo. La autoorganización ha sido y está siendo clave para dar visibilidad a las reivindicaciones. Ante un gobierno que se niega a escuchar, alzar la voz es la única vía posible.

El viernes 20 fue un día histórico para la educación en Cataluña. Barcelona quedó inundada por una marea amarilla menos festiva que en ocasiones anteriores. La indignación es creciente y el malestar, evidente. Las columnas que avanzaron hacia el Parlament llenando las calles eran multitudinarias y el goteo de autobuses llegados de muchos puntos del territorio catalán, esperanzador. Muchos docentes comentaban cómo se vería desde el cielo, cómo serían las imágenes publicadas por los medios de comunicación una vez terminada la jornada. Pero durante las horas que duró la marcha ni un helicóptero sobrevoló la zona. Curioso. O no. Parece más que evidente que, el aparato mediático funciona como altavoz solo para unos cuantos. Las imágenes aéreas que han circulado por redes fueron hechas por vecinos desde sus casas en pisos altos situados en los alrededores de la manifestación. Ni una imagen desde un triste dron.

A primera hora de la mañana grupos de docentes cortaron carreteras y accesos a la ciudad de Barcelona. La indignación de los conductores fue evidente y los momentos de tensión inevitables. Un escenario así no es el mejor lugar para dialogar. Es complicado explicar a un motorista que ha madrugado y llega tarde al trabajo que nos movilizamos por el bien de todos y todas. Que nos manifestamos porque las condiciones de trabajo en los centros educativos son cada vez más complejas; porque los recursos humanos y económicos destinados para atender la diversidad en las aulas son totalmente insuficientes; porque somos de los docentes peor pagados de todo el territorio español y ya hemos perdido el miedo a incluirlo abiertamente en nuestras reivindicaciones. A esas horas de la mañana y con solo un café en el cuerpo, un motorista no está para reflexiones. Pero por lo visto ni él ni algunos transeúntes que, durante su paseo matutino diario, increpaban a las manifestantes a gritos de vayan a trabajar, panda de gandules. Siempre es más fácil juzgar que escuchar. Es probable que tanto el motorista como el paseante critiquen alguna vez en sus charlas distendidas con amigos y vecinos lo mal que está el mundo, la falta de educación de los jóvenes o la necesidad de que esto y aquello se enseñe en la escuela. Educación emocional, en la escuela. Educación afectivo-sexual, en la escuela. Seguridad vial, en la escuela. Y si ya, de paso, se enseñan contenidos, fantástico.

Lo que no ve la opinión pública es todo lo que conlleva, en el día a día de los centros, la falta de recursos que denuncian los docentes: aulas masificadas, alumnos con necesidades educativas muy específicas sin personal cualificado para acompañarlos de forma sostenida; equipos de asesoramiento insuficientes y sobresaturados, recortes en personal de atención educativa, cambios constantes de currículum sin el consenso del colectivo docente. La educación debería ser considerada una cuestión de Estado, no un tema menor. Hacerlo posible es cosa de todos y todas. En un mundo ideal, los maestros alzarían la voz, la sociedad daría su apoyo y los medios informarían dando una cobertura justa y transparente. Desafortunadamente, las cosas no son exactamente así. Si no nos toca de cerca, no escuchamos. El colectivo docente está movilizado y coordinado, pero no dispone de acceso directo a los poderes mediáticos. Periódicos y televisiones se llenan de entrevistas a los políticos y de tertulias con opinadores profesionales y, en pocas horas o días, toda la fuerza del colectivo parece desvanecerse. Si alguna vez entrevistan a las docentes es para hablar de cuestiones como la vocación o las anécdotas en las aulas, dándoles poco tiempo en antena. Es cierto que algunas maestras han desestimado propuestas para participar en programas de radio, pero en la mayoría de los casos no es porque no tengan claras las reivindicaciones, sino porque en una mesa de debate tenemos las de perder. Ese no es nuestro hábitat, por suerte. No quedamos bien parados si se nos invita a hablar con personas que dedican buena parte de su tiempo a redactar contraargumentos y a discutir de cualquier tema que les echen. Nuestras virtudes y habilidades se demuestran en las aulas no en las tertulias. Así que si el Guvern se niega a escuchar y el periodismo cubre con sesgo la noticia, la opción es salir a las calles, organizadas y unidas para hacer oír nuestra voz y buscar la complicidad de la opinión pública, porque una sociedad educada es una sociedad fuerte, justa y libre y eso, no lo olvidemos, nos incumbe a todos.

En la fragilidad de la cohesión

Juanjo Cáceres

“Casi la mitad de nuestro salario se lo queda Pedro Sánchez”, escucha el doctor Eduardo Sáez decir a uno de sus alumnos, Sergio, por los pasillos de la facultad, mientras se dirige a su despacho para preparar la clase sobre antigüedad tardía, a la que debe dar inicio media hora más tarde. Una clase que impartirá a un alumnado deseoso de completar el grado y de participar este verano en alguna excavación arqueológica. “Cada vez son menos y cada vez están menos formados”, piensa para sí mismo ese catedrático que, varias décadas atrás, se sentaba en unas aulas como aquellas y también vivió esos veranos a pleno sol, removiendo tierra y explorando estratos arqueológicos.

Echando la vista atrás, recuerda brevemente su itinerario formativo: una EGB densa, un bachillerato muy exigente, un curso de orientación universitaria que culminaba en una selectividad terrorífica y una formación superior donde los ordenadores apenas asomaban la cabeza y donde todo eso de Internet todavía estaba aterrizando. “¡Qué diferente es todo ahora!”, concluye, mientras pone en manos de la Inteligencia Artificial la presentación de su próxima clase, temeroso de haberse dejado algo importante.

“El diseño de la sesión es muy completo. Presenta una estructura que permite diferenciar los tipos de cerámica más frecuentes en la cuenca de Levante durante el periodo del Bajo Imperio. Los relaciona claramente con las rutas comerciales más utilizadas en el siglo IV y con las principales mercancías comercializadas.” Tales palabras de alivio son lo que obtiene de su aplicación basada en la IA como respuesta, donde frecuentemente contrasta contenidos e ideas antes de compartirlos con los demás, sintiéndose, por ese motivo, cada vez menos seguro e independiente.

Ello le conduce sin darse cuenta a otro de sus pensamientos recurrentes, la inquietud ante un mundo donde las aplicaciones y las redes sociales dan forma a nuestro pensamiento y, lo que es más importante, a nuestras conductas, haciendo que deleguemos en ellas nuestra capacidad analítica. Percibe, así, un sutil hilo conductor entre la furia anti impuestos y la dependencia o adicción a las aplicaciones tecnológicas. “Si nos influyen a los profesionales universitarios en la cima de nuestra carrera académica, ¿qué efectos causa todo ese abanico tecnológico sobre personas jóvenes en proceso de formación? ¿En aquellos que han vivido toda su educación inmersos en pantallas, teniendo en cuenta, además, que a menudo les delegan su confianza ciegamente y las aplicaciones acaban haciendo el trabajo por ellos?”.

Esos últimos pensamientos consternan a Eduardo Sáez y le suscitan una especie de revelación, cuando repentinamente recuerda aquella noticia que leía hace unos días: La URV refuerza el control de ChatGPT y apuesta por los exámenes orales para evitar el fraude. Mientras sigue revisando todas esas fotografías de cerámicas tardorromanas, siente como le surge el anhelo de cambiar su propio guion y de explicar algo diferente. Es así como, poseído por la necesidad de resituarse, se dirige rápidamente al aula donde una veintena de jóvenes esperan el inicio de la clase mirando con fascinación la pantalla de su dispositivo móvil, entre comentarios y carcajadas. Y apenas entra por la puerta, comienza su exposición.

“El último día examinábamos las principales rutas de comercio a finales del siglo IV en el Mediterráneo, ese mundo que tradicionalmente hemos considerado como de declive del Imperio. Un mundo que las investigaciones de las últimas décadas han mostrado como preso de importantes conflictos y menos hegemónico militarmente, pero todavía con unas bases económicas muy sólidas y con un Estado, aunque centralizado, todavía fuerte y presente. No obstante, cuando explicamos ese periodo, a menudo olvidamos hablar de las cosas importantes: las que conectan con nuestro presente.

Ese mundo romano que unas décadas después dejará de existir es menos eficaz financiándose, es decir, en su sistema fiscal, lo que en un contexto de mayores presiones demográficas y militares, acabará ocasionando una debilidad creciente. Pero lo más relevante no es eso, sino el hecho de que esa mayor debilidad fiscal correlaciona con una mayor capacidad de enriquecimiento de las grandes fortunas. En la Roma tardía, unas pocas familias controlan la mayor parte de la propiedad de la tierra en los territorios centrales del Imperio y desarrollan con ella una vida de lujo extremo, mientras amplias capas de población se empobrecen sin que el Imperio les asista.

Los esfuerzos por la cohesión social de la época de la república y de los primeros siglos imperiales forman parte del pasado y probablemente sea ese un factor subyacente en la rápida apropiación del poder imperial por parte de potencias militares extranjeras y poblaciones asimiladas. Sin el sostén financiero necesario, el Estado romano se vuelve más débil y vulnerable. Sin instituciones sólidas y de confianza, no hay redistribución y el mundo es mucho más injusto y desigual.

Las ruinas de su legado nos hablan de su esplendor y los restos arqueológicos nos permiten obtener pistas sobre los pasos de su derrumbe. Pero si hoy podemos hablar de ello y discutirlo entre nosotros, es porque disfrutamos de una institución sólida, la Universidad, y de un Estado que, mejor o peor, la financia y garantiza el acceso a amplias capas de la población que de otro modo no estarían hoy aquí.”

Es entonces cuando su mirada se dirige a Sergio, quien se la devuelve con los ojos bien abiertos: “Como investigadores y estudiosos de la Historia debemos sacar mejores conclusiones y ser conscientes de por qué todavía estamos aquí. Eso es ahora y siempre, lo más importante, pese a que, como ya sabéis, más pronto o más tarde, los imperios caen”.

Las movilizaciones de la educación en Catalunya

David Rodriguez Albert

El pasado miércoles 11 de febrero, los principales sindicatos docentes convocaron la que ha sido la mayor movilización educativa en Catalunya durante los últimos años. El hartazgo ante la situación del sistema educativo ha estallado con un seguimiento masivo de la huelga, cortes de carreteras y una gran manifestación en Barcelona, y se prevén nuevas protestas para la semana del 16 al 20 de marzo.

Los recortes antisociales realizados desde 2009, especialmente centrados en la época de Artur Mas y los sucesivos gobiernos del nacionalismo de derechas, han provocado una pérdida de poder adquisitivo del profesorado que se sitúa entre un 20 y un 25%. Pero estas protestas van más allá del tema de los salarios y recogen la insuficiente financiación del sistema educativo catalán, las elevadas ratios, la falta de atención a la diversidad y el exceso de cargas administrativas asignadas al profesorado.

La inversión pública educativa en Catalunya alcanza a duras penas el 4% del PIB, muy lejos del 6% que representa la media de los países de Europa Occidental. De hecho, Comisiones Obreras ha presentado una Iniciativa Legislativa Popular para alcanzar progresivamente ese indicador del 6% y, de este modo, homologarnos a la situación de nuestro entorno socioeconómico más inmediato.

De este modo, no es extraño que la ratio de alumnos por aula se sitúe en la mayoría de aulas de la ESO alrededor de 29-30 alumnos, mientras que las estadísticas de la OCDE ofrecen unos datos para la Unión Europea que oscilan entre los 21 y 23 alumnos por aula. Esto sitúa a las aulas catalanas significativamente por encima de los estándares medios europeos, hecho que dificulta enormemente la atención pedagógica.

Pero uno de los aspectos que más ha impactado en el sistema educativo catalán durante los últimos años ha sido el sustancial aumento del alumnado con necesidades específicas de aprendizaje y apoyo, que se ha duplicado en sólo tres años, pasando del 18,6% en 2022 al 36,6% en 2025. El impacto de la pandemia y el incremento de las desigualdades económicas explican este fenómeno tan delicado, que nos lleva a afirmar que actualmente uno de cada tres alumnos requiere atención específica en Catalunya. 

Desde mi punto de vista, este es el elemento que más ha tensionado a la comunidad educativa en estos últimos tiempos, ya que las exigencias en las aulas han incrementado de manera ostensible sin recursos suficientes para atender esta diversidad. Esto no solo está teniendo efectos visibles en los resultados educativos, sino en la fragilidad psicológica que está afectando a toda la comunidad educativa, de manera que ahora mismo la situación es prácticamente insostenible en algunos centros.

Por si fuera poco, la desafortunada legislación que se ha impuesto, tanto desde España como desde Catalunya, ha disparado los requerimientos burocráticos exigidos al profesorado. El rechazo de la comunidad docente es frontal, no solo ante el aumento de tareas no remuneradas que deben realizarse, sino ante el distanciamiento absoluto de la tecnocracia frente a la situación real de nuestras escuelas. En momentos de enorme complejidad, desde los gobiernos de España y de Catalunya se ha mirado hacia otro lado y se ha desviado la atención de los verdaderos problemas, acordando una hiperplanificación de tareas que alcanza el ridículo e impide el correcto desarrollo de las funciones pedagógicas.

Estos han sido los motivos de la participación mayoritaria del profesorado en las movilizaciones, que ha desbordado la previsión de los propios sindicatos convocantes. La situación actual es inaceptable, y así lo han reconocido las autoridades educativas que, en un primer momento, han lanzado una propuesta de una tímida subida salarial, sin entender que las reivindicaciones van mucho más allá. En efecto, la complicada situación del sistema educativo catalán no se solventa con medidas cosméticas y sistemáticamente graduales, sino con cambios estructurales y, en algunos casos, con políticas de choque que respondan a situaciones que realmente lo requieren.

Teleyectores y aviones de pasajeros

Julio Embid


El pasado 21 de febrero fallecía el escritor estadounidense de ciencia ficción Dan Simmons a los 77 años. Si usted no es aficionado a este género literario, tal vez su nombre ni le suene; sin embargo, para los seguidores del género era y será un referente. Fue autor de numerosas obras, aunque, con diferencia, las más exitosas fueron la serie de cuatro novelas conocidas como “Los Cantos de Hyperion”. Déjenme perfilarles brevemente la trama y conectarla con la realidad.

En “Hyperion”, la primera de las novelas, publicada en 1989, la humanidad se ha expandido por toda la galaxia gracias a dos elementos: su relación con unas Inteligencias Artificiales que han adquirido conciencia propia y los llamados teleyectores, puertas que permiten viajar de un planeta a otro de manera instantánea dentro de la llamada Red de Mundos. En un planeta sin teleyectores, Hyperion, aparecen las misteriosas Tumbas del Tiempo, incomprensibles desde el punto de vista científico, donde el tiempo transcurre al revés y donde habita un ser demoníaco de cuatro brazos llamado Alcaudón.

Siete peregrinos (un sacerdote católico, un soldado árabe, un poeta, un profesor judío, el capitán de la nave, una detective y un cónsul procedente de un planeta paradisíaco al borde de la destrucción) emprenden una peregrinación en una nave espacial con forma de árbol hacia las Tumbas del Tiempo mientras relatan sus historias personales. Cuando la leí de joven, me impresionó profundamente. Años después, al ver la película “Los odiosos ocho” de Quentin Tarantino, en la que cada personaje desvela su historia antes del desenlace, comprendí que aquella estructura narrativa del western no era tan original como yo había pensado.

En esta obra visionaria se abordan muchas cuestiones que la ciencia aún no puede explicar, pero hubo dos ideas que me marcaron especialmente. La primera: si la humanidad depende cada vez más de las Inteligencias Artificiales, las inteligencias naturales tenderán a menguar. La segunda: sin autosuficiencia alimentaria, los planetas que no produzcan sus propios alimentos perecerán de hambre y guerras si los teleyectores fallan. Es cierto que los países, como construcciones políticas de carácter permanente, no son economías cerradas. Sin embargo, yo siempre preferiría vivir en un lugar capaz de producir más alimentos de los que consumen sus habitantes. Por eso la Unión Europea debería ser capaz de garantizar la producción de alimentos para sus 450 millones de ciudadanos.

La Red de Mundos que imagina Simmons es un lugar maravilloso para vivir… hasta que algo falla. Como ciertos emiratos del Golfo Pérsico, donde la población disfruta de salarios altos, impuestos bajos y aire acondicionado constante, hasta que empiezan a caer bombas de unos y otros. Ni con todo el dinero del mundo es fácil escapar hoy de Qatar o de Dubai cuando el espacio aéreo se cierra. Si los aviones dejan de volar, o si los teleyectores fallan, todo cambia en cuestión de horas.

Escribo esta columna para recordar a Dan Simmons el mismo día que sale a la venta mi primera novela de ciencia ficción, “Guerras Lunares” (escrita junto a J. C. Plaza y publicada por Editorial Trántor) y a la que les invito a leer. Y también para agradecerle a Simmons su trabajo y sus obras. En la ciencia ficción, muchos autores imaginan un futuro peor que el presente. Trabajemos para que no sea así. Las páginas en blanco del Word de nuestras vidas aún están por escribirse.

Parques de Barcelona: perros o niños

Senyor G

No sé cómo será en otras ciudades, pero cada vez hay más perros y menos niños. No tendría por qué ser malo, hasta que uno se hace padre y el conflicto estalla. No se crean que no quiero a los animales. No tengo ningún perro, entre otras cosas porque considero que es una responsabilidad. Hay que cuidar de ellos, darles un sitio adecuado, y sobre todo no confundirlos con personas. No lo son. Al vivir en Sants los pisos no son muy grandes, habrá de todo, pero viendo algunos tamaños de canes y su número no me creo que haya tantos pisos suficientemente grandes y que eso sea bueno para ellos.

Hace unos años en un proceso participativo se reformó el parque más cercano a mi casa, el de la Espanya Industrial. Entre otras cosas se amplió el pipi-can y se puso un sitio más central y bonito. Un poco se consolidó lo que ya era uso por así decirlo y para encauzarlo. Me pareció bien, un pipi-can más grande para que estuviesen allí los perros y sus propietarios. Pero ya volvemos a estar como con los manicomios, hay más perros fuera que dentro del pipi-can en muchos momentos, pero justo encima de la teórica zona de hierba por allí sueltos pastando. Entiendo que a los propietarios de perros no les gustan los otros perros o sus propietarios o algo así, pero tú anónimo vecino tienes que adorar al suyo. Por allí andan y cuando hay chavales cerca por allí, o adultos, corriendo tienen que tener cuidado que no le den un susto. Cosas que pasan. No corras niño (en un parque) que pensará que quieres jugar con él.

Al otro lado del parque hay un amplio canal con patos y también (teórica) zona de hierba, donde también campan los perros y alguna vez también les han dado un susto a los ánades que intentaban también campar. Son propietarios que quieren a sus animales, a los de todos pues los quieren como al resto del espacio público. Estuve pensando en dejar un par de quejas sobre este tema de los perros en el parque y me da la impresión que tendré más interés del ayuntamiento por el impacto de los perros sobre los patos que sobre los chavales. Estoy por hacer el experimento. En cualquier caso la conclusión está clara, al final los niños estabulados y los perros campando.

Los espacios de (teórica) hierba, tienen cada uno un letrero prohibiendo los perros, y también a las personas es verdad, y cada uno dentro del parque y fuera es otro espacio para perros. Quiten los letreros si no se los cree nadie o hagan como en la Rambla de Badal, que pusieron barras ligeras y aún así han entrado los perros. O pensemos el sentido de poner determinada hierba en Barcelona y no dejar pasar, pero sólo a las personas y los patos de todo tamaño.

Empieza a haber cierta confusión ambiental en algunas personas que hablan con los perros razonando, como si fueran personas. Y con frases como “los perros son mejores que las personas”. Pues señor, cambie de amigos. Insisto, a los animales hay que cuidarlos y nadie que no haya tenido un perro lo ha abandonado antes. Y bueno me ahorro los chistes que podría hacer sobre amar a un Animal y castrarlo y darle pienso para comer. ¡Lo mínimo es comer y follar joder! Pero ya entiendo que es lo mejor. Sin contar las ventajas que tenían los animales domésticos como era la eutanasia por enfermedades graves y hasta eso han perdido.

No es algo nuevo, no es una nueva moda, es algo totalmente consolidado. De hecho, ya comenté cuando trabajaba en la otra punta de la ciudad del Parque de l’Estació del Nord, que era también un inmenso pipi-can justo al lado de una comisaría de la Guardia Urbana. Era 2013, así que han pasado todo tipos de alcaldes y gobiernos pero así seguimos. De tanto en tanto se cambia la normativa del civismo, o como con las motos se dice que se va a empezar a aplicar una campaña molona, con ruedas de prensa, y faldones en las farolas y luego pues quedó en eso, en otra maldita campaña. Ya entiendo que no vamos a poner un guardia en cada esquina, pero un algo quizás haya que hacer. Tenía claro que podría escribir con mi verdadero nombre contra la OTAN, el imperialismo, Trump, Israel, VOX o Alianza Catalana, pero con esto de los perros mejor con pseudónimo. Seguro que sí.

Julio cayó en enero

Carlos Hidalgo

Mientras estamos pendientes del próximo volantazo de Trump o de sus pataletas con respecto a Groenlandia, mientras vemos como las tropas alemanas se retiran cobardemente de la isla tras la amenaza del presidente de EEUU de subir aranceles, mientras esperamos a que la UE active los mecanismos anticoerción tras comprobar por enésima que el apaciguamiento no funciona con el actual gobierno de los Estados Unidos, mientras todas esas cosas pasan, nos hemos enterado de que Julio Iglesias gobernaba mediante el abuso y el miedo sobre sus casas caribeñas. Y que dos de las empleadas que han sufrido dichos abusos ya han interpuesto sendas denuncias contra el cantante.

Para las personas de mi generación, que ya estamos más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, Julio Iglesias era básicamente un meme, un personaje del pasado del que se hablaba en tono humorístico y que había desaparecido hace ya décadas de nuestro campo de visión para ser material de los chistes y de las imágenes humorísticas que adornaban los treinta y un días del séptimo mes del año.

Las risas, el haber relegado al personaje al pasado y su desaparición de la primera línea nos ayudaban a no ver lo que no queríamos ver: que su figura, su comportamiento y sus antecedentes indicaban una realidad, cuanto menos, problemática.

Esa realidad se puede ver ahora al ver los vídeos que se grabaron en su día de su comportamiento con periodistas y presentadoras, forzándolas a ser besadas, acorralándolas, sobándolas en exceso. Se puede leer en las memorias de las mujeres que han estado con él y en los libros que se han escrito sobre él. Se pueden ver en las declaraciones y testimonios de otras personas que han trabajado con él o para él.

Por supuesto, en cuanto se han sabido los hechos no han faltado quienes han salido a atacar a todo lo que se mueve, sin pararse a pensar de verdad en lo que ha sucedido. Isabel Díaz Ayuso ha salido a decir que es todo una campaña de la izquierda, que se preocupa más de difamar a nuestro Julio que de las mujeres asesinadas en Irán. Aunque tampoco es que Ayuso se hubiera pronunciado antes a favor de esas mujeres (ni realmente de ninguna), ni su gobierno haya hecho nada como protesta ante la genocida represión de la teocracia iraní. Ramón Arcusa, lo que nos queda del Dúo Dinámico, ha dicho que una violación que se repita durante años no ha de ser violación, pues con el tiempo habrá sido ya una cosa consentida. El infame Jaime Peñafiel ha venido a decir que el servicio no conoce cuál es su lugar, más o menos. Y por supuesto, la nefasta Susanna Griso ha empezado sus programas diciendo “hoy estará siendo un día muy difícil para Julio Iglesias”.

Cuando realmente todo esto nos tiene que hacer pensar sobre lo devastador para los demás que es el ego de cualquier persona cuando se siente libre de controles morales o legales, sobre lo hipócritas que son los ricos y famosos que se enfadan con nosotros por aspirar a mejores condiciones materiales en nuestras vidas en lugar de resignarnos, mientras ellos son incapaces de aceptar que no son irresistibles sexualmente, que también envejecen, se estropean, engordan, se quedan calvos… Que no es lo mismo pregonar que se es un caballero que ser un hombre decente en la realidad. Y aceptar, como Julio Iglesias no aceptó, que tu mejor momento pasó y que, si no hubieras abusado de los demás, al menos ahora se te recordaría con afecto como el material de los chistes.

Chistes, que por supuesto, no cesan. Por México ya circula el meme de: “Este año Julio cayó en enero”.

Debateros de guardia

Alguien

Un año más llega la Navidad y cerramos el chiringo hasta el lunes 5 de enero, para que nuestros articulistas puedan descansar sin la tensión del folio en blanco y las ideas por pasar a limpio antes de que llegue la hora comprometida para la entrega.

Está la cosa calentita en lo político y muy fresquita en cuanto a la temperatura ambiente, así que extremen las precauciones en las comidas y cenas con cuñados porque el recurso de salir a pasear quizás no esté disponible.

En todo caso, ¡que pasen todos unas felices fiestas y vuelvan con las pilas recargadas para el nuevo año!

Root Cause (Causa Raíz)

Marc Alloza

Conocer la causa raíz de un problema es básico para solucionarlo. De hecho, si se conoce la causa raíz dejaría de ser un problema para ser un error conocido hasta que éste no tenga una solución definitiva. Un error conocido puede tener alguna solución provisional o parche (workaround) que minimice su impacto, se entiende que mientras, se busca una solución definitiva.

No “necesariamente” un error conocido debe ser resuelto con una solución definitiva en función de su impacto. Así como a veces una solución provisional puede convertirse en definitiva tras azarosos cambios de criterio, perspectiva, etc…

Si una causa raíz está mal diagnosticada, lo más probable es que no se pueda obtener una solución definitiva al problema y que además las soluciones provisionales no solucionen nada.

Hay millones de ejemplos en multitud de campos sobre todo tipo de casuísticas relacionadas con las causas raíz.

Causa raíz desconocida o a veces ni investigada, por ejemplo la dislexia y la discalculia cuando yo iba al colegio. En mi colegio había dos líneas de 35 alumnos por clase y no había ningún estudiante con ninguno de estos dos trastornos específicos del aprendizaje y de hecho tampoco con ningún otro. Si bien es cierto que no es una cosa que se vaya comentando, a ninguno se lo llevaban los profesores aparte salvo que la hubiera liado, y tampoco había exámenes con distinto formato o ninguna otra adaptación. Más adelante hablando con alguno de la época que le costaba horrores aprobar, me comentó que a raíz de que algún hijo/a o sobrina/o le han diagnosticado se ha dado cuenta de que a él, lo que le pasaba, y en menor medida ahora le pasa, es que tiene alguno de estos trastornos específicos del aprendizaje. El tema era que entonces no se buscaba causa raíz de porqué esta persona lee tan entrecortado o por qué comete tantas faltas o le cuesta entender lo que lee. Simplemente se tiraba para adelante y ya era cada uno quien debía hacer sus workaround como academias, clases de repaso o refuerzos sin conocer porqué, a pesar de esforzarse más, sacaba menos.

Otro caso es el de la falsa o equivocada causa raíz. Aquí hay que distinguir entre intencionada o no intencionada. El sentido de que sea intencionada puede ser con ánimo de lucro, manipulación, burla etc.. con lo que la causa raíz entiendo que sería falsa. Si no hubiera un sentido ya no habría intención y diría que entonces es equivocada. Estos días de gripe y covid masivos se camuflan síntomas de otras enfermedades que hace que el diagnóstico sea erróneo y que la recuperación, por consiguiente, se alargue y en el peor de los casos provoque daños mayores. En este ejemplo se opta por lo más probable como en general.

Pero también estos días de peste porcina africana y bocadillos de chopped, hemos visto que se ha dado inicialmente por buena una causa error menos probable. Cuando lo lógico es que si alrededor de la zona zero hay un laboratorio de nivel de seguridad 3 sobre 4, que precisamente estudia y experimenta con este virus, quizás es más plausible o quizás no que haya podido propagarse. Cerrando el margen de probabilidad quizás fue, como han insinuado algunos, fruto de un ataque biológico con distintas finalidades como la de infligir un daño económico o incluso provocar un cambio de tendencia en el consumidor y que este se vuelque en el consumo de alimentos generados en 3D. Dado el punto de la causa de partida, supongo que todo está abierto menos el acceso al medio natural de 91 municipios alrededor de la zona de detección.

Esta semana he visitado la exposición del World Press Photo 2025. Conmovedoras imágenes e historias detrás de estas que no dejan indiferente. Felizmente no todas las seleccionadas son de problemas, pero sí que muchas recogen, año tras año los mismos problemas en distintos puntos o en los mismos.

La migración de personas en la zona fronteriza entre Colombia y Panamá en donde principalmente hay venezolanos, ecuatorianos, peruanos, haitianos, cubanos pero también chinos, afganos o nepalíes. Para ellos, los problemas en sus distintos países les obligan a buscar una solución, cuya intención seguramente sea, a veces utópicamente, provisional hasta que la situación mejore en sus países. En los países a los que se dirigen son identificados cada vez por más gente como la causa de múltiples problemas. En los países destino para resolver lo que ellos interpretan como un problema, se construyen grandes muros, se acuerdan deportaciones exprés a terceros países etc… Mientras que la causa raíz que llevó a estas personas a salir de sus países, a menudo bien conocida, no hay atisbo de que se esté trabajando por resolver ni desde fuera ni desde dentro. Así que como parche cronificado estos países achican su población en una espiral de degradación sin fin.

En la exposición aparecen evidencias causas directas como la colección de cuerpos de mujeres como campos de batalla acerca de la violencia en la zona fronteriza de Eritrea, Etiopía y Sudán y las atrocidades cometidas sobre la población por parte de ejércitos “regulares” y/o milicias armadas, en este caso mediante el testimonio de Mujeres. El 71% de mujeres etíopes son víctimas de la violencia en algún momento de sus vidas.

Encontrar la causa raíz no es fácil, uno se puede quedar con unas típicamente aceptadas sin ir más allá como las de un asesinato: Ajuste de cuentas y en su día juego de rol. O directamente sin más explicación, el Amazonas se seca porqué sí o porqué así lo quiere Dios. O con la más absoluta indiferencia como la de este artículo Los motivos por los que nadie advirtió que un hombre llevaba 15 años muerto en su piso de Valencia.  Encontrar la causa raíz de forma honesta es la mejor manera de empezar a resolver un problema de forma definitiva.