Carlos Hidalgo
En los años 80, con un Ronald Reagan que en apariencia quería calentar la Guerra Fría, el cine estadounidense empezó a especular abiertamente con la posibilidad de que la Unión Soviética y sus aliados de entonces invadieran militarmente a los Estados Unidos. En los años 50 y 60 esos mismos miedos se expresaban mediante la ciencia-ficción, con desembarcos de alienígenas que representaban a su manera los miedos que los estadounidenses proyectaban en el bloque del Este; algunos reales y otros no tanto.
En los 80, además de la enorme producción de películas de seudoespionaje y militarismo barato, especialmente la de la productora Orion, tenemos dos ejemplos de la mentalidad de la época: Amanecer Rojo, en la que la Unión Soviética y Cuba invaden a los EEUU, e Invasión USA, protagonizada por Chuck Norris, en la que los soviéticos desencadenan una ola de atentados previa a la invasión del país.
Es curioso que ahora Chuck Norris apoye a Donald Trump, un candidato que anuncia abiertamente políticas que harán parecer a los Estados Unidos un país satélite de Moscú.
Cuando estos días se habla del duro golpe que habría supuesto para Vladimir Putin la caída del régimen de Al Assad en Siria, se omite que seguramente tanto el presidente ruso como su aliado sirio simplemente estén esperando a que Trump tome posesión y les vuelva a dejar campar a sus anchas por Oriente Medio y el Mediterráneo. Viendo la trayectoria anterior de Trump como presidente, es bastante posible que deje toda la política de la zona en manos de Rusia e Israel, que en la mente del futuro mandatario será algo parecido a subcontratarles para que se hagan cargo de unos países que desprecia y que tienen conflictos que no entiende.
En Ucrania, Taiwán, Corea del Sur, Japón, Australia y Filipinas, entre otros, esperan con pavor la llegada de este segundo mandato del republicano. Y en Europa todavía debatimos si plegarnos a sus caprichos y enfrentarnos a una eventual desaparición de la OTAN, o si blindarnos de alguna manera para funcionar de una manera más autónoma de un país que ha sido nuestro soporte y amigo desde la Segunda Guerra Mundial.
En lo que se refiere a la política interna de los EEUU, Trump parece decidido a cumplir todos los tópicos de la propaganda soviética, especialmente aquellos referentes a las diferencias entre ricos y pobres, la sumisión de las instituciones democráticas a una plutocracia insensible y todos aquellos referentes al racismo y la xenofobia. Nada de esto parece molestar al veterano partido republicano, que parece decidido a aprobar con entusiasmo nombramientos como el de Tulsi Gabbard como directora de Inteligencia. Una persona que no solo no tiene la experiencia o la cualificación para ello, sino que es tan prorrusa que los propios servicios de inteligencia se preguntan si no es una agente del servicio secreto militar ruso, el GRU.
Por no hablar de las declaraciones antidemocráticas del magnate neoyorquino, que alardea abiertamente de que va a ser “un dictador” o que insinúa que las elecciones en las que ha sido reelegido van a ser “las últimas”.
Tal vez, volviendo al cine de los años 50 y 60, sea el momento de repasar “Cinco Días de Mayo”.
Ya se echaba en falta la vidilla de DC! Y felices Reyes para todos, por supuesto.
En cuanto al artículo, creo que Trump va a ser un desastre en la política interna pero posiblemente no tan malo en política exterior. Veremos. Mucho depende de China y de la mano izquierda de su Presidente. En la UE, en cambio, estamos temblando porque si nos deja el novio nos quedamos compuestos y tenemos un macarra agresivo muy cerca. De ahí que se lo fiemos casi todo a Meloni…