Senyor G
Estos días andaba leyendo, cosas de las librerías de segunda mano, “El pueblo contra el parlamento. El nuevo populismo en España, 1989-2013”, del siempre interesante Xavier Casals. Me ha entretenido y divertido entre otras cosas, por además de recordar cosas lejanas de la época de Ruiz Mateos y Jesús Gi, por los paralelismos que hace el autor con el caso italiano, desde el populismo judicial hasta la aparición de la Lega. En el caso de la justicia con jueces como Garzón, aunque no solo y con el caso de la Lega vamos a ver si se remata el paralelismo con lo que finalmente ha sido Junts como se atisba a cierto acercamiento con el PP. Es decir de “fuerza centrífuga del norte rico” a tripartito con las fuerzas nacionalistas y derechistas a lo Forza Italia, MSI y Lega en unos países no acabados de hacer. Está por ver pero guiños o apuntes hay.
En el libro no se llega al nacimiento de Podemos, sólo a los previos de 15-M, procés catalán, ocupa el parlamento… o las protestas de Islandia. ¿Cómo habrá quedado Islandia después de todo aquello? Es una cosa que echo en falta en el periodismo, el día después, bueno los años después; la isla y el país siguen ahí.
Me he refrescado de ese periodo alrededor del 2010, que tengo débilmente registrado, en el que yo acababa de ser padre y no estaba para muchas cosas por falta de sueño, y por el otro lado parecía que hasta los de IU éramos culpables de la situación de crisis general, quizás por falta de sueños. Así que se hizo lo que se pudo, no me fui a Podemos, como optaron otros compañeros, y además amigos. Pensé y pienso más en organización que en decisión personal en lo que es política por así decirlo, si como Esquerra Unida (i Alternativa) entrabamos en algo era colectivamente, no de uno en uno. No le veía sentido.
Pensé además que la experiencia es un grado y que aunque fuera solo por aportar nuestros errores no hacía falta crear nuevos, ni imaginarse como concebidos sin pecado. Al final hemos quedado con una organización de izquierda más mermada, en número de afiliados y como organización. En Cataluña además hemos sumado dramas que ahora no voy a enlazar otra vez, pero que han requerido volver a crear organización, al menos nominalmente; así es difícil. IU con una nueva Esquerra Unida, y lo que fue ICV no sabemos si la final está como la nueva Esquerra Verda o como dicen algunos es Comuns pero sólo fuera de Barcelona ciudad. Pérdida de organización y muchos militantes y lo que antes se llamaba cuadros o dirigentes quemados o achicharrados por el paso por Podem y otras novedades similares. Habría cierto paralelismo con la transición, de radicales a la izquierda del PCE-PSUC que acabaron saltando para ir a cosas más templadas o directamente azules.
En esas estamos otra vez en la guerra de trincheras y relamiendo heridas y golosinas de un pasado glorioso. Barcelona en Comú inicia un proceso congresual que suena interesante, pero para el que no sé si voy a tener glucosa y ojos frescos suficientes. O falta de sueños, que ha hecho que haya pasado de la asamblea de Comuns y de mi Esquerra Unida Catalunya.
A nivel de España no sé sabe si ya podemos dar por finiquitado a Sumar, parece que como otras cosas copiadas a la Iglesia, lo del verbo ha tenido su tirón. No sabemos si se ha llegado a formar y qué es, pero organización no. Y sigo pensando que eso es lo importante, aunque Cataluña Podemos, con menos organización que Comuns, se llevase el gato al agua en las últimas Europeas. Pero es que se necesita organización y cierto clasicismo, volver a las reuniones y sus acuerdos y no pretender mover el mundo en un grupo de whatsapp o un me gusta. Eso no es debate ni propuesta. Las virtudes del culo de hojalata, de votar con los pies en las calles, y encontrarse para construir. No sólo en los partidos, sino en entidades y asociaciones.
Y sí, en esas reuniones sacar conclusiones de las experiencias de todos en los últimos años. Eliminar nombres de organizaciones para que puedan aportar. En ese sentido, en Catalunya lo que representamos EUCat sólo puede ser una organización, y no tres o tres y media, e incluso dar amparo a cierta militancia de ICV que también debe tener ganas. Las muñecas rusas tienen un límite.
Yo sigo expectante al adiós de los Comunes. Desde lo de Valls, y mucho antes, ya les consideraba lo quen son.
Gracias por la bibliografia. A ver si lo encuentro.