Millones de desesperanzas

Verónica Ugarte

Cecilia Sala ha sido liberada. El Ministro de Justicia ha solicitado renovar la orden de detención contra Abenini. Elon Musk tiene a sus puertas un acuerdo multimillonario con el Gobierno italiano: la red de satélites Starlink, lo cual pondría en manos del sudafricano una infraestructura básica de comunicaciones en Europa.

Queda claro que el viaje relámpago de cinco horas a Florida no se realizó para exigir la libertad de Sala, como se dijo en su momento. Es mucho más posible que se haya formulado la pregunta ¿tenemos trato? Si Sala no era liberada, Meloni estaba en un serio problema.

No estamos en 2017, sino en 2024. Los escenarios, sus protagonistas, han cambiado. Quedan pocos de aquel año, pero permanece la ira, la demagogia, esta vez acrecentadas. Trump y Musk están decididos a realizar sus mezquindades a base de dinero y amenazas. Que este tipo de personajes tengan tanto poder no solo es peligroso; es casi una catástrofe.

Leer los mensajes en X de Musk podría ser un ejercicio inútil. Pero recordar que posee una de las mayores fortunas del mundo y que está apoyando a la extrema derecha europea para beneficio propio, hace evidente la vista desde el abismo.

El otrora gurú de Trump, Bannon, se refiere al sudafricano como una de las personas más malignas que existe. Personalmente lo encuentro deleznable y estúpido. Y rico y capaz de hacer cualquier cosa con tal de salirse con la suya. No tiene un ideario, tiene el poder de las redes, de los trolls y de la desinformación a nivel global. Puede comprar acuerdos. No hay límite.

A nivel interno, al pueblo, pan y circo. De momento el circo está servido. Los Ángeles siendo devorado por las flamas y Trump ridiculizando los esfuerzos de los gobiernos locales. No es nueva esta estrategia. Se ve a si mismo como el gran salvador de EEUU.

A nivel internacional no sorprende que haya apuntado al sur. Rebautizar al Golfo de México, Golfo de América podría hacer reír si no fuera porque tenemos claro los conflictos diplomáticos y logísticos que dicho cambio supondría. Y menos hace reír cuando Sheinbaum responde que no va aceptar provocaciones. Éramos pocos…

Entrar en la plataforma de Trump es una enseñanza: sus asesores saben que los votantes necesitan enemigos externos e internos palpables. Gente a quien culpar de su desgracia. Gente a quien odiar por su color de piel, su orientación sexual. Gente a quien se le debe negar cualquier derecho humano.

Después de su primera visita de Estado, Ángela Merkel sacó las conclusiones de que con Trump un mundo interconectado sería imposible ya que no era un político y todo lo veía desde el punto de vista de un inversor inmobiliario. Donald piensa en bienes inmuebles que deben pertenecerle, y con ello tendremos de nuevo aciagos días de confrontaciones diplomáticas. No ha jurado el cargo y ya ha disparado contra Dinamarca, Canadá y México.

¿Tenemos líderes a la altura de la tarea de hacerle frente al dinero y a la bravuconería?

No lo sé. Al menos yo.

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