Arthur Mulligan
Uno de los mitos más persistentes anclados en las sociedades occidentales es el que toma la ideología del progreso constante, una ecuación cuando menos lineal que permite a las sucesivas generaciones orientarse para conocer en qué punto de su vida personal sucederá el cumplimiento de la promesa (empleo, autonomía, etc) que incorpora. Cuando este no llega de manera generalizada se produce una reacción destructiva porque el Estado de Bienestar encuentra muy difícil sostenerse ya que sus propias condiciones de posibilidad se tambalean.
Entonces, tal y como ha ocurrido en nuestro país, los estafados se organizan bajo banderas tan endebles que su impulso organizativo perece en mitad de la batalla.
Con un lenguaje impostado (no pueden pensar y a su vez inventar nuevas estructuras de pensamiento) critican lo existente cayendo en los vicios más profundos que nos constituyen acumulando ideas simples como nuestra impagable Ministra de trabajo, prototipo de alma perdida en medio de la confusión ambiental que bucea en el pasado para dar solución a sus problemas. Con una estética rancia resurge el fascismo al que en esta ocasión vencerán sin explicar casi nada de lo que sucede. También otras luchas que privatizan para moldearlas sin ninguna seriedad.
En todo aplican el llamado cordón sanitario y como en la ópera Tristán e Isolda actúa su “leiv motiv”.
La democracia, en el espíritu de estos aprendices de brujo, es una competición de suma cero entre visiones del mundo irreconciliables y como semejante simpleza sufre continuas alteraciones tratando de mirar en el pasado buscando inspiración, como hacen los nacionalistas o cualesquiera de los doctrinarios que habitan en la charca común.
Y presentan pruebas irrefutables en donde la fuerza se convierte en argumento mayor sustituyendo las reglas de juego para invalidar el fundamento del espacio común.
En el estupendo libro Fuego Cruzado, La Primavera de 1936 (Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío, Galaxia Gutenberg 2024) se trata de explicar, acudiendo a la documentación disponible de esos meses, la mentalidad de los actores políticos sin la influencia de las consecuencias posteriores de sus actos en un esfuerzo constante de acomodar su narración a las evidencias aportadas. Tal vez lo más interesante de este libro (al menos para mí) reside en uno de los propósitos que declaran al final en sus conclusiones (página 572):
«Como muestran otros casos de la Europa de entreguerras y confirma el análisis del español, la democracia no es una condición que, una vez declarada e instaurada, se sostenga por sí sola. A la democracia pluralista no se llega de la noche a la mañana, por el mero hecho, por ejemplo, de reconocer el sufragio universal. No es un punto de llegada: es una práctica que tiene que ver no solo con cómo se elige a los gobernantes, sino con lo que estos pueden hacer. Cuando se pone en marcha, no se mantiene fácilmente en pie. En ese sentido, bastantes historiadores de la segunda República han distorsionado la realidad cuando han asegurado que la democracia republicana era un sistema plenamente consolidado a la altura de la primavera de 1936, sin más problemas que un buen grupo de enemigos del régimen, conspirando para destruirla y revertir la reformas. Este es un relato moral reconfortante desde cierto punto de vista, pero desprovisto de sentido de la realidad. La democracia, cuando va acompañada de un marco legal que garantice el pluralismo partidista -como ocurrió al aprobarse la Constitución de 1931-, requiere luego de varias condiciones institucionales e ideológicas para hacer posible una competencia pacífica y evitar el abuso del poder. Al competir, hay que movilizar; y al movilizar, hay que convencer, agitar y embaucar. El riesgo de una confrontación centrípeta y de un populismo distorsionador aumenta, por eso sin la experiencia, la moderación y el compromiso adecuados, no es raro que algunos grupos fuercen la maquinaria de la propaganda y deslegitimen al contrario, barbarizándolo y llegando a justificar cierta violencia contra él, con tal de ganar y evitar la alternancia durante mucho tiempo.»
(…) «Los datos de la violencia política de la primavera de 1936 confirman que después de las elecciones generales de febrero de este año se vivió uno de los periodos más violentos en la corta vida de la segunda República. Los casi 1000 episodios de violencia que se han estudiado en esta investigación, en los que se recogieron 2143 víctimas graves en solo cinco meses, no son un dato menor. Los dos gobiernos de la primavera, primero el de Azaña y después el de Casares Quiroga, ambos de la izquierda republicana, tuvieron que afrontar un desafío persistente al orden público por parte de grupos de individuos que despreciaban los valores propios de una democracia pluralista, entre los que destacó la derecha radical -principalmente los falangistas- y la izquierda obrera -una parte significativa de los socialistas y los comunistas. Una conclusión importante es que, aunque la violencia se atenuara ligeramente en el mes de junio y su impacto no fuera homogénea en todo el territorio nacional, las autoridades no fueron capaces de garantizar a todos los ciudadanos por igual los derechos y libertades recogidos en la propia constitución a propósito de la violencia, el gobierno de la izquierda republicana se aferró a un diagnóstico de la situación que no era muy diferente del que manejaba la prensa socialista y comunistas, esto es: solo los fascistas y, más concretamente, los falangistas, eran una amenaza para la democracia. Que los de José Antonio fueron protagonistas de muchos episodios violentos es algo que esta investigación confirma. Sin embargo, los gobiernos negaron o disculparon públicamente la responsabilidad de sus socios de la izquierda obrera en el desencadenamiento de la violencia, aun sabiendo que era un hecho cierto. El coste que pagaron fue muy alto.»
Pues bien, el uso alternativo de las instituciones democráticas, consistente en ocuparlas y emplearlas para sostener la conveniencia del Gobierno de turno, aunque ello requiera torcer su normal y libre funcionamiento; la proliferación de posibilidades para recompensar al personal adicto con puestos administrativos o parapúblicos, y su uso desacomplejado; el fomento de la polarización política de manera irresponsable e irreflexiva por el simple designio de hacer más y más difíciles las opciones de alternancia política; el abuso de la mayoría parlamentaria para crear normas poco pensadas y de cortísimo alcance… Todo ello no son sino manifestaciones de la política de exclusión.
En noviembre de 1933, perdidas por la izquierda republicana y el socialismo las elecciones populares, Manuel Azaña se fue a ver al todavía presidente del Gobierno Martínez Barrio para pedirle que no permitiera la reunión de las nuevas Cortes y convocara nuevas elecciones. Tal proceder era el correcto para él, pues la República no podía ser gobernada sino por los auténticos republicanos: «Por encima de la Constitución está la República y por encima de la República, el impulso soberano del pueblo».
En 2020, miembros relevantes del Gobierno expusieron públicamente que la misión de este es la de sentar las bases para que la derecha no pueda nunca volver a vencer en unas elecciones y gobernar. La misma política de exclusión que infringe la regla básica de la democracia (como señalan por ejemplo Kelsen o Bobbio) de que la mayoría de gobierno puede hacerlo legítimamente todo menos impedir que la minoría pueda llegar a serlo a su vez. Y aunque lo de nuestros gobernantes sólo sean ideas, y no tanto prácticas efectivas, la inspiración que las sostiene es de nuevo una recaída en el vicio nacional.
Un muy buen ejemplo de cómo no deben actuar los líderes de una democracia ha tenido lugar en Washington está semana: tanto Trump como Biden se han dedicado a perdonar a delincuentes, familiares y amigos (más y por delitos más graves el primero) tal y como ocurrió el año pasado en Madrid a instancias de nuestro presidente de Gobierno para poder obtener su investidura mediante el voto de los representantes de los amnistiados.
Para nuestro sufrido país estos hechos no son nuevos : a resultas de la revolución de Asturias en 1934, socialistas, comunistas y anarquistas se levantaron en armas contra el Gobierno legítimo de la república (cerca de 2000 muertos) a la vez que el presidente Lluís Companys declaraba el Estado Catalán (40 muertos) siendo ambos movimientos reprimidos por el Gobierno.
Las elecciones de Febrero del 36 arrojaron el siguiente resultado:
Bloque de izquierdas (Frente Popular):
- Alrededor de 4.654.116 votos (47,1% del total).
- Incluía al PSOE, Izquierda Republicana, Unión Republicana, PCE, ERC y otros partidos de izquierda.
Bloque de derechas:
- Alrededor de 4.503.505 votos (45,6% del total).
- Estaba compuesto por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), Renovación Española, Comunión Tradicionalista y otros grupos conservadores y monárquicos.
Centro y otros:
- Alrededor de 526.615 votos (5,3%).
- Principalmente pequeños partidos centristas y regionalistas no alineados con los dos grandes bloques.
Aunque el bloque de izquierdas obtuvo más votos a nivel nacional, la victoria fue ampliada por el sistema electoral, que favorecía a las coaliciones al asignar más escaños al bloque mayoritario en cada distrito. Como resultado, el Frente Popular consiguió 278 escaños, frente a 124 de la derecha y 54 del centro. Este sistema contribuyó a que la izquierda obtuviera una amplia mayoría parlamentaria, pese a la cercanía en el número total de votos.
La ley electoral de 1931 fue aprobada para fortalecer al gobierno del momento y garantizar mayorías parlamentarias en un sistema político inestable. Sin embargo, su falta de proporcionalidad también exacerbó la polarización, ya que el sistema favorecía a los bloques mayoritarios en detrimento de los partidos pequeños o del centro.
Todo se hizo legalmente, pero se hizo bajo el signo de la fatalidad.
«Detrás de la violencia hubo individuos que tomaron decisiones conscientes y voluntariamente. La violencia en la política fue una opción, y no hace falta recurrir al diablo para entender el mal. Se podría añadir -como hacen los autores- que tampoco hace falta inventarse excusas estructurales para comprender el mal.»
«Nada pues estaba determinado en 1936, ni la guerra, ni la violencia, ni el éxito o el fracaso de la democracia, pero tampoco el comportamiento de quienes quisieron ser violentos cuando otros conciudadanos, con iguales, mejores o peores condiciones de vida o de trabajo, no lo hicieron. La política, esto es, las ideas, las prácticas, los partidos, los líderes y las instituciones tampoco los determinaron, si bien, crearon unas condiciones que nos ayudan a entender por qué, a diferencia de otros países o de otros momentos de la propia historia española, la violencia tuvo tanto peso en la política de esa larga primavera de 1936.»
Esta semana termina con el fracaso del decreto ley ómnibus, una añagaza burda del Gobierno aún conociendo que existían riesgos más que probables de ser rechazados por su forma. Quien presenta pretende imputar la responsabilidad del fracaso a quien no ha participado en su elaboración y contra quien rápidamente ha iniciado una campaña de descrédito por no someterse a la voluntad de un Presidente con aversión para generar consensos; un Presidente que prefiere perjudicar a los más débiles antes que negociar los aspectos más discutibles de todo el proyecto. Un Presidente que ocupa todo el espacio y da muestras cada vez más preocupantes de comprometer a todo el Gobierno, a todo el Partido y a todo el país.
¿No es más conveniente someter en las actuales circunstancias a los españoles a una consulta para que se pronuncien con claridad sobre la continuidad de sus políticas?
Estimado Mulligan, me parece muy peligroso mezclar estos dos asuntos. A más de uno le parecerá viene a decir que los supuestos errores de los líderes republicanos de izquierda son al menos co-responsables del Alzamiento y la guerra que siguió. Y a continuación, que Sánchez está cometiendo errores parecidos porque si no… igual sucede lo mismo.
Critique Vd la ley Omnibus y el estilo de gobierno de Sánchez todo lo que quiera, como hace con profusión. Pero ojo con tales asociaciones.
Tarjeta amarilla por entrada peligrosa sin ánimo de lesionar. Lo que sigue es que o el jugador se modera, o su entrenador le saca del campo, o si no el árbitro con la segunda tarjeta.
Libertad de expresión sí, censura no, justificaciones – aunque parciales e implícitas – del golpismo, aquí ni una.
Ni aquí ni en Waterloo.
Sr Mulligan, me prometia por el título una meditada carga contra el modo de hacer del Gobierno por lo acontecido está semana, pero tanto guerracivilismo y añostrentismo ha malogrado la oportunidad. Y eso que había buena munición para disparar y evidenciar las maniobras politiqueras desplegadas, pero tendrá que ser otro dia!
Yo en todo caso no recojo el guante pero si dejo un mensaje: mientras Mazón sigue incomprensiblemente en pie, el gobierno central muerde el polvo de la derrota parlamentaeia y lo fia todo a una guerra publicitaria posterior. No se yo ..
A mi parecer no es incomprensible que Mazón siga. Solo las personas verdaderamente comprometidas tienen la responsabilidad y la clase para dimitir. Tenemos claro que en el PP esto no ocurre.
Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorïoso,
mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre, a su pesar, campos serenos.
Lograd, señor, edad tan venturosa;
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,
la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza:
descansen tela falsa y tela fina.
Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.
El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.
Mandadlo así, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo;
pues valdrá por ejércitos el miedo,
y os verá el cielo administrar su rayo.
La historia interminable.
Un convoy de ayuda humanitaria es enviado por el gobierno de España.
Pasa el primer control sin ningún problema,cuando llega al segundo control,paran el convoy lo registran y no lo dejan pasar aduciendo que lleva armas de destrucción masiva,se han encontrado las llaves de un edificio,unos papeles que impiden echar a propietarios e inquilinos,en mala situación económica y algún que otro sucedáneo de libertad,escondido entre los materiales.
El convoy es rechazado en la frontera que delimita lo bueno de lo malo.
No, no estoy hablando de Gaza.
Moraleja:
Las jaurías de perros de hortelano,se quieren comer a Pedro Sánchez.
ii Que os den !!
LBNL , a pesar de pasarse 5 pueblos con su juicio de intenciones , todo lo que se afirma en mi artículo es verificable y es una verdad objetiva ; sus insinuaciones son suyas así como las amenazas que nidifican en su mente calenturienta y desabrida : en el aniversario oficial de la muerte de Franco ninguna persona medianamente cultivada duda de la responsabilidad personal del dictador al frente de la conspiración contra la República que se venía fraguando desde el mes de Marzo. No hay justificación ni total ni parcial , ni explícita ni implícita con el crimen , con ningún crimen , ni se igualan responsabilidades entre víctimas y victimarios . Ni se pretende un imposible equilibrio , a pesar de que como en todo conflicto civil sea frecuente la doble condición de víctima y victimario.
La CE de 1978 es, con diferencia , lo mejor que hemos tenido los españoles ; sus enemigos fueron expulsados a sus márgenes.
Sin embargo , de ninguna de las maneras se puede considerar como inspirada en la continuidad de la II República ni en ninguna otra . En todo caso recoge principios de
la Ley Fundamental de Bonn.
Hoy , afortunadamente , ni la Falange ni el PC amenazan nuestra convivencia y los populismos coyunturales , lejos de convertirse en estructura menguan desdibujados en los muros siempre renovados de la modernidad.
Solo la sombra de la exclusión y sus efectos polarizadores puede malograr lo que tenemos al alcance de la mano ; también la intimidad ultra privatizada de una memoria estéril .
Como señala el liberal Ruiz Soroa en un reciente artículo « la forma de degradación típica en la historia patria desde 1812 es la exclusión. Consiste en echar al que se considera adversario (cuando no directamente enemigo) fuera del juego político y cultural conflictivo en el que consiste la esfera pública democrática, proclamando con más o menos rotundidad el principio guía de que «la democracia es para los demócratas», «la república, para los republicanos» o «la vida pública, para las fuerzas de orden». Su inspiración ideológica puede variar, pero su lógica es siempre la misma: excluir a quienes se considera inaceptables, se invoquen para ello las esencias nacionales, el orden existente, la república jacobina o la democracia auténtica. Igual que puede variar la armazón de la exclusión, sea la del «cordón sanitario», la persecución penal o el destierro.»
« La democracia es ante todo una agonía de intereses y opiniones dispares, de oposición entre irreconciliables visiones del mundo. No es un camino privilegiado para alcanzar una certeza común sustancial (una verdad), sino la forma en que las verdades de cada cual puedan pelear su lugar al sol sin sangre y respetando unas pocas reglas procedimentales. Entre ellas, las de la libertad personal, pues, como repetía Richard Rorty, «cuidemos la libertad y la verdad se cuidará por sí sola». Sí, pero es que hoy la falsedad se propaga como nunca antes debido a la tecnología, dicen los asustados (o los aviesos); da igual, respondemos, también lo contrario se propaga como nunca. El exceso favorece a todos.»
«Dicho de otra manera, el primer derecho que garantiza nuestra Constitución y cualquier otra democrática liberal es el de no estar de acuerdo con ella, decirlo en público y organizarse pacífica y legalmente para cambiarla.»
« En este sentido, va por buen camino la modificación de la ley penal para acabar con la sobreprotección penal del delito de blasfemia u ofensa a los sentimientos religiosos. Y va por muy mal camino el punitivismo histérico que considera que debe establecerse como delito defender al régimen franquista o proponer directamente la vuelta del país a algo similar (cosa que ninguna fuerza política con representación hace en el mundo real, aunque sí en el mundo nebuloso de los antifascistas). Va por muy mal camino la defensa frente a los discursos del odio consistente en prohibirlos y penalizarlos en todo caso (y no sólo cuando tengan un impacto social constatable capaz de suscitar agresiones probables). Los discursos del odio deben ser combatidos, cómo no, pero mediante otros discursos mejores y no mediante la represión de la libertad de expresión. Ni mediante la creación de autoridades con poder (directo o indirecto) para controlar y censurar su ejercicio. Porque, al final, la libertad de expresión está construida para proteger al que nos hiere y sacude con sus barbaridades y mentiras, no para garantizar lo que los justos ya pensamos.»
La ley Ómnibus es una chapucera manera de legislar para meter , por ejemplo , al insidioso Iglesias en el CNI . Movilizar a las dos organizaciones sindicales mayoritarias
¡ contra la oposición ! simplemente surrealista.
Es curioso. DC es un lugar de intercambio de ideas, enriquecimiento cultural. Ver más allá. Pero cuando no se aceptan los comentarios acertados algunas veces, se salta peor que toro de Osborne. La culpa seguro es de Pedro Sánchez.
Mulligan, No sé si lo de calificar a mi mente como calenturienta y desabrida viola la primera regla de este blog pero desde luego no es respetuoso.
Bienvenidos a Debate Callejero
Posted on 11 noviembre 2006 por Informatico
Debate Callejero es más que un blog. Es un espacio creado para fomentar el encuentro y el debate democrático. Cada día aparecerá publicado un artículo en el que un autor propone un tema y un punto de partida para un debate, que tendrá lugar en los comentarios de dicho artículo. Estos comentarios, vuestros comentarios, son los que construirán realmente Debate Callejero.
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En segundo lugar, le daba el beneficio de la duda: entrada peligrosa sin ánimo de lesionar. Con ánimo sería tarjeta roja.
Porque aunque los hechos aducidos sean ciertos, unos y otros, juntarlos supone una justificación implícita, indeseada seguramente, pero justificación implícita igual.
Mezcla Vd, por lo demás, de todo, la Constitución del 78, la de Bonn de la que bebe, la violencia pre guerra civil, la exclusión en 1812, la ley Omnibus… Un poquito de porfavor
Calenturienta se refiere a una expresión de la imaginación y desabrido a lo áspero y desagradable . Si su piel fina no soporta la impresión que me produce su comentario no me importa pedir disculpas aún cuando más grave me parece el recurso retórico a las amalgamas para establecer conclusiones ofensivas .
Me reafirmo en el contenido del artículo , en el sentido que denuncian estos dos párrafos , sobre la supremacía de la doble moral de una izquierda narcisista y fabuladora :
« En 2020, miembros relevantes del Gobierno expusieron públicamente que la misión de este es la de sentar las bases para que la derecha no pueda nunca volver a vencer en unas elecciones y gobernar. La misma política de exclusión que infringe la regla básica de la democracia (como señalan por ejemplo Kelsen o Bobbio) de que la mayoría de gobierno puede hacerlo legítimamente todo menos impedir que la minoría pueda llegar a serlo a su vez. Y aunque lo de nuestros gobernantes sólo sean ideas, y no tanto prácticas efectivas, la inspiración que las sostiene es de nuevo una recaída en el vicio nacional.
Un muy buen ejemplo de cómo no deben actuar los líderes de una democracia ha tenido lugar en Washington está semana: tanto Trump como Biden se han dedicado a perdonar a delincuentes, familiares y amigos (más y por delitos más graves el primero) tal y como ocurrió el año pasado en Madrid a instancias de nuestro presidente de Gobierno para poder obtener su investidura mediante el voto de los representantes de los amnistiados.»
Quienes han traído la Guerra Civil , la Ley de Memoria y la presencia del Dictador a nuestra conversación política son las dos figuras más divisivas que ha tenido el Partido Socialista : una expulsada en las urnas después de una gestión irresponsable y otra por su propio partido ; para nuestra desgracia , ambas colaboran en la actualidad en un contexto poco claro e irrespetuoso con las instituciones.
Me consuela pensar que estas líneas no contienen enlaces a contenidos pornográficos o ilegales .