Contra Marte siempre Minerva

Arthur Mulligan

De repente la política en Occidente se tiñó de rojo marciano y suenan tambores de guerra que aumentan su intensidad, evocando un pasado amargo que tiene en común con nuestra época la insatisfacción de grandes masas que no acaban de ver los beneficios personales en el indudable crecimiento de la economía, de disfrutar de los avances científico técnicos aplicados a sus vidas y la proletarización creciente de grandes grupos de asalariados, sumidos todos en la incertidumbre de sus consecuencias. Sociológicamente responden a una polarización política creciente en donde destaca la extrema derecha con proclamas populistas, xenófobas y autoritarias que a duras penas logran moderar las fuerzas centrales.

Además, arrastramos una guerra en las fronteras de la UE apoyando a Ucrania contra la agresión de Rusia con una notable cantidad de recursos (cerca de 500.000 MM de €) (NB: la ayuda total de la UE a Ucrania desde la invasión asciende a casi 150.000 MM de €) que les ha permitido resistir hasta ahora a los combatientes ucranianos no obstante perder hasta hoy aproximadamente el 20 % del territorio.

La América de Trump en un giro, no por esperado menos sorprendente, ha decidido cuestionar la estrategia de la anterior administración tratando de imponer una pax romana con unas condiciones tan falaces como humillantes.

El marco de garantías que ofrecía la OTAN se ha cuestionado y se recupera el derecho de conquista por los más fuertes.

Sin embargo, la probable retirada de los EE.UU del teatro de operaciones provocará un aumento del gasto militar (se barajan cifras de entre el 3 y 4 % del PIB) a los socios de la UE.

Esta crisis esencial convive con otras locales como la migratoria — larga y creciente en España — y la de representación ya citada.

¿Cómo ha sido posible llegar hasta aquí? ¿Cómo la inmensa maquinaria burocrática de Bruselas -otras veces tan precisa- no lo ha evitado? ¿Por qué no se han atendido las alarmas tan claras de Borrell? ¿Dónde se ocultan los checks and balances de la democracia americana?

Ya Montesquieu se adelantó al exComisario de Asuntos Exteriores de la UE cuando pronunció esta advertencia contra todos los aprendices cesaristas que se creen indispensables: «Un gobierno despótico salta, por así decir, a los ojos, y como solo se necesitan pasiones para establecerlo todo el mundo es bueno para esa misión».

De l’esprit des lois reencuentra toda su actualidad y por así decir se convierte en un formidable viático contra todas las derivas de la abstracción y del dogmatismo, como la de la llamada “cancel culture” contemporánea. Agnóstico, Montesquieu es un guía perfecto contra el sectarismo, tanto religioso como revolucionario, y contra las ilusiones de todo lirismo.

El complejo entramado de leyes y acuerdos internacionales elaborados, corregidos y reformados durante los años de posguerra, esa rica obra pacificadora al servicio del desarrollo de los pueblos, con todas sus imperfecciones, a pesar de los pesares, responden a una eterna ley de hierro en ese conflicto del ser con el deber ser, del ideal con esa verità effettuale della cosa que describió Maquiavelo.

Así que, de la democracia cabe decir que tan nefasto es pretender realizar sus ideales dentro de su parcela utópica, como prescindir irreflexivamente de ellos abriendo la espita del nihilismo, porque incluso la más descreída de las teorías políticas posee carga normativa, porque al decirnos cómo son las cosas nos indica también, siquiera por omisión, cómo debemos hacerlas.

Porque el derecho es diálogo fecundo y el único camino pacificador.

Por lo visto nos hallamos en una estrecha encrucijada y lo hecho hasta ahora, ese enorme Everest del Derecho pertenece al mundo de ayer.

Uno de los requisitos básicos de las leyes para ser consideradas normas justas es el de que sean disposiciones generales y abstractas. Esto es lo que hace a la ley infalible e incapaz de error como decía Rousseau.

Precisamente porque todos hemos sido educados en esta idea liberal, asistimos con un cierto asombro, y también por qué no decirlo, una cierta repugnancia, al imparable crecimiento en nuestro derredor de leyes de circunstancias, leyes singulares, leyes de caso único, leyes para el amigo, leyes para un sector muy concreto, leyes ocasionales, leyes contingentes, leyes para una sola vez, leyes quirúrgicas, leyes de sastrería, etc.

La ley como norma general y abstracta habría quedado obsoleta en un mundo en el que continuamente se reconocen nuevas situaciones particulares de opresión o trato inequitativo que piden a voz en grito normas adaptadas para ser corregidas.

Y es que no tratamos ya con la sociedad del individualismo de la igualdad que inauguró la ilustración, sino con una del individualismo de la diferencia que inventó el Romanticismo.

Las órdenes ejecutivas de Trump en carpetas con vocación de incunables y con un electrocardiograma como firma revelan el carácter individual de la acción política que erosiona lenta y continuadamente las instituciones esenciales para eliminar las herramientas de control sobre el poder y garantizar su impunidad.

Impresiona, con razón, el desparpajo con el que Donald Trump inhibe el arbitraje independiente para erigirse en un todopoderoso sin contrapesos; todas las cortes constitucionales del mundo tienen una composición más o menos política, pero dentro de ellas, el que no es independiente del poder no es porque no pueda hacerlo, sino porque no quiere.

A modo de estrambote déjenme decirles que en nuestra alejada península, a su escala y guardando todas las proporciones, también se manifiestan hechos a modo de conatos todos ellos justificados con desinteresada intención y sólo porque ahora nos toca a nosotros, como declarar la independencia de una parte del territorio común, un juicio por esos hechos con todas las garantías procesales por el Tribunal Supremo; una condena firme y unos indultos; una amnistía y como traca final el establecimiento de negociaciones con los delincuentes en otro país; una carta dirigida a la Nación por el Presidente expresando el amor por su mujer y una duda sobre si merece la pena no poder dedicarle más tiempo y dimitir. Y muchas más cosas que ya conocen como anulación de sentencias a penas de prisión del Tribunal Supremo por el Tribunal Constitucional.

Con todo, la invasión de competencias sobre el Tribunal Supremo tiene una importancia capital porque convierte al Constitucional en una tercera instancia y a Conde – Pumpido, su Presidente, en garante ‘de facto’ de la impunidad del Gobierno o guardaespaldas de su acción política.

Un comentario en «Contra Marte siempre Minerva»

  1. Ejem…Hace años fueron a cortarle la corbata al novio con una motosierra, se enganchó en la corbata y le cortaron el cuello.
    El novio en cuestión era leñador y a un amigo de toda la vida y compañero de andanzas madereras se le ocurrió » la ingeniosa » idea de cortarle la corbata con una motosierra.
    Milei le regala a Elon Musk una motosierra como un signo de los recortes anunciados por Trump en Estados Unidos…
    El miedo a las motosierras puede entrar en la categoría del miedo a las sierras . Puede tratarse de una motosierra, una sierra de mesa, una sierra de calar, etc. y el nombre oficial es trionigofobia, ya que «trionigo» significa «serrar» en griego.
    Pues eso…ejem…glups!

Deja una respuesta