Siamo ancora la

Verónica Ugarte

Antonio Scurati es un historiador, intelectual y novelista italiano. Ha investigado y estudiado desde hace años el fascismo italiano y el nazismo alemán. Acerca del primero escribió una tetralogía “M”, centrándose en la vida de la persona que dio origen a ese horror y lo catapultó primero como ideología para convertirlo después en la barbarie que azotó Italia durante más de veinte años.

En el primer libro, titulado “Il figlio del secolo”, se narra como el hijo de un herrero es director de un pequeño diario en Roma. A partir de una arrogancia absoluta en la cual pone su empeño para creerse salvador de la patria (es extraño como la palabra patria hace vibrar a más de uno, sin importar su color político y a pesar de que lo niegue), con una Italia rota después de la Gran Guerra.

Iniciamos con las maniobras de visitar los bajos fondos, seducir no a las mentes más inteligentes pero sí a quienes le seguirán más allá de su muerte. Con solo una orden, el terror se inicia, con una sed de venganza sin control; solo se escucha al ahora llamado Duce (palabra que viene del veneciano Duge, guía).

Gracias a ellos se logra la Marcha sobre Roma y el fascismo se hace con el poder, no al 100%, pero sí el suficiente para seducir a un pueblo lleno de hambre y miseria. Se le perdona todo porque salvará Italia.

Las Camisas Negras llenan el país y son los responsables de palizas a obreros, minusválidos de la guerra, incendios a las sedes de todos los partidos políticos. Esto lo relata el socialista Giacomo Matteotti en su libro “Un anno di dominazione fascista”, la voz más fuerte de la oposición al hijo del herrero, dueño de la fuerza bruta.

Cuando Matteotti es asesinado nadie más osa levantar la voz. Siempre el silencio es un colaboracionista.

Hace un año Scurati fue censurado por parte del gobierno de Meloni, no permiténdosele leer en la RAI un escrito dedicado a los 100 años del asesinato de Matteotti. Meloni también ha despreciado su tetralogía acerca de Mussolini, afirmando que no tiene tiempo para leer. Es coherente, si leyera tal vez podría ser capaz de realizar el duro ejercicio de reflexión y pensamiento.

La situación actual no queda con Scurati. El Profesor Tomaso Montanari ha sido relegado de su puesto como Director del Museo Ginori sin explicación alguna, llevándose la burla en redes por parte de Fratelli d’Italia.

Tampoco podemos dejar de recordar que la sobreviviente y Senadora Liliana Segre vive bajo escolta desde hace años. Lo mismo que el periodista Paolo Berizzi. El desprecio y humillaciones a la izquierda no se esconde.

Ser testigo a menos de un metro de una manifestación de camisas negras, con el saludo fascista en alto fue algo aterrador, y más cuando no se tiene la piel blanca. Escuchar a un escritor amenazado durante la presentación de su libro y ver entrar a dos matones vestidos de negro, sabiéndose intocables fue la constatación de las palabras de Meloni a sus Juventudes “estoy orgullosa de vosotros”.

Italia no ha realizado la limpieza que si logró hacer Alemania. A pesar de haber logrado una Constitución antifascista, el fascismo, fenómeno italiano al 100%, nunca se ha ido. Estuvo dormido y se despertó con la llegada de Berlusconi y toda la calaña.

Eso por ello que cuando escucho o leo utilizar los términos “fascista” y “nazi” tan fácilmente, me entra la duda de si sabemos realmente de lo que hablamos. Ambos fenómenos tuvieron una raíz ideológica, un desarrollo a base de demagogia, miedo y odio. En el caso de Alemania, un arrepentimiento y una responsabilidad histórica que inculcan a sus jóvenes. En el caso de Italia, el saludo fascista no está prohibido, y sus nietos han vuelto al poder.

Tanto Montanari como Scurati se han declarado contrarios al rearme absurdo de la UE. Montanari ha dicho que de haber sido parlamentario europeo habría votado en contra. Scurati por su parte afirmó inteligentemente en la manifestación antirearme de ayer en Roma: “haber estudiado el fascismo y el nazismo me enseñó que la lucha no es lo mismo que la guerra; estar contra la guerra no significa no luchar; democracia quiere decir luchar siempre por ella”.

Y no faltó Roberto Vecchioni: “Europa es un cambio continuo que significa mejorar, cometer errores porque la democracia se hace a partir de errores, porque no nace perfecta. Quien nace perfecta es la derecha porque nace sin errores a corregir y solo busca dominar y aplasta”.

Por cierto, la tetralogía de Scurati ha sido traducida a diversos idiomas, entre ellos el castellano. Y el primer libro ya ha sido llevado a la televisión.

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