Los que esperan a Trump

Carlos Hidalgo

Cuando el actual presidente de los Estados Unidos ganó las elecciones, ya había un montón de personas que estaban esperando cobrarse sus favores. Por un lado estaba Elon Musk, que pretendía convertirse en una especie de Primer Ministro no oficial, dispuesto a que Trump le sirviera en bandeja todo el aparato del Estado Federal estadounidense para ponerse a moldearlo a su imagen y semejanza y, bajo el pretexto de optimizar la estructura de la administración y ahorrar gastos, cobrarse venganzas contra los reguladores y administraciones contra las que el magnate sudafricano guardara algún tipo de rencor; además de favorecer, mediante una ética cuestionable, todos los contratos públicos que la administración tuviera con sus empresas, desde su empresa de coches, Tesla, a la de telecomunicaciones, Starlink, sin olvidar Space X, que cobra auténticas millonadas en contratos con la NASA, pese a perder cohetes a un ritmo alarmante y dañar las instalaciones de lanzamiento de la administración aeroespacial.

Musk parece que va a poner fin a sus andanzas en la administración tan rápidamente como sus cohetes, al haberse vuelto impopular hasta para sus mismos compañeros del gobierno y sufrir terriblemente en los dos sitios que más le duelen: su ego y su cartera.

Aparte de Musk hay otros millonarios que esperaban indultos presidenciales por delitos financieros o estafas, que se levantaran regulaciones medioambientales o de protección a los consumidores y, en general, que Trump, como el autoproclamado monarca que es, les concediera favores de manera arbitraria y muy poco compatible con los mercados libres que todos afirman defender. Y lo cierto es que muchos de ellos lo han conseguido.

Menos satisfechos están, sin embargo, con sus ideas acerca de los aranceles, que van a lograr subir los precios, encarecer los costes, hacer bajar el precio de sus acciones, romper la seguridad de lo que se consideraban “valores refugio”, como el oro y los bonos de deuda estadounidense y cerrarse a los mercados más importantes del mundo, como son Europa y China. Todo ello a la vez.

También está el famoso plan “Proyecto 2025”, realizado por varios “Think Tanks” ultraconservadores, que trazaban los pasos para lograr los sueños más húmedos de Richard Nixon, lograr que el presidente de los Estados Unidos no fuera responsable de ninguno de sus actos, purgar ideológicamente todo el aparato estatal de acuerdo a ideales ultracristianos, nacionalistas y de conservadurismo extremo y, de paso, restar derechos a todas las capas de población con las que los republicanos no simpatizan y que son denominados como “minorías”, un término que es absurdo cuando se aplica, por ejemplo, a las mujeres, que son más de la mitad de la población. Por no hablar de la terrible persecución a los extranjeros residentes -legalmente o no- en los EEUU y las deportaciones extrajudiciales y arbitrarias de personas a cárceles en El Salvador.

Toda esta coalición de ultraconservadores, evangelistas, terraplanistas, negacionistas de las vacunas, teóricos de la conspiración y chiflados a secas sí que está bastante satisfecha y además, aunque Trump esté arruinando a su país al seguir su agenda, confían en el “gran plan” y en que todo saldrá bien al final. Es lo que tienen las sectas apocalípticas.

Pero ¿y los aliados de Trump en el exterior? Su principal patrocinador, el presidente de la Federación Rusa, Vladmimir Vladimirovich Putin, está pasando del entusiasmo inicial a un cierto rictus de impaciencia. La guerra de Ucrania, las sanciones internacionales y la corrupta cleptocracia mediante la que gobierna a su país están sometiendo a Rusia a un estrés severo y las políticas de propaganda, represión y reparto de prebendas del Kremlin llegan hasta donde llegan. Así que Putin tiene bastante prisa por apuntarse una victoria en Ucrania que le permita, no solo humillar públicamente a sus enemigos, sino también cesar un esfuerzo bélico que hace que la inflación suba descontroladamente en Rusia y que en el fondo le está desarmando, pues en la Rusia de Putin se roba, pero no se fabrica y se exporta para ponerle marca rusa, pero no se inventa.

Una de las pesadillas de Putin es que algún descontento popular que pueda ser insignificante en apariencia le haga terminar como a Gadafi. Lo mismo ocurre con muchos aliados de Putin. Seguramente en estos momentos Bashar el Assad esté impaciente en algún palacio moscovita, esperando a que Trump regale a Putin la oportunidad de reponerle como dictador de Siria. Pero parece que ese momento no termina de llegar.

Los aliados ultraderechistas de Trump, además, están viendo sorprendidos cómo la presidencia de éste les está haciendo bajar en simpatías, en lugar de regalarles el poder. Todos los que se veían ya como Kisling o Petain están encontrándose con batacazos demoscópicos o electorales, como le pasó ayer mismo a la extrema derecha finesa, que ha bajado su apoyo electoral a la mitad. Los conservadores de Canadá, que se las pintaban tan felices, ahora tienen que lidiar con la furia del electorado con su aliado, porque les quiere invadir. Y aquí un balbuceante Santiago Abascal se sigue declarando partidario de todas las políticas trumpistas, por lo que yo creo que le podemos apuntar en la lista de líderes mundiales que, según Trump, le están “besando el culo”.

2 comentarios en “Los que esperan a Trump

  1. Lo que sorprende es el pueblo soberano y sus cambios de humor , “ la gente ” en términos populistas , capaz de dar y quitar la mitad de sus votos a la muy ultra derecha conservando el marchamo de « electorado » y haciendo las delicias de los politólogos con sus cambios de marea y la producción en serie de nuevos protagonistas : las clases medias y trabajadoras , como últimamente dice el ínclito y no repite el oscuro Cerdan , Secretario de Organización en cupos del otrora partido centenario con vida política interna hoy suprimida por real decreto .

    La pobreza conceptual de las clases medias y trabajadoras solo rivaliza con la de ser el partido que más se parece a los españoles … cuando gana las elecciones , y si no , no.

    Así, en el artículo de hoy , la fachosfera es un convoy que viaja de aquí para allá , con intenciones imprecisas , tanto como los instintos básicos que explican los repentinos cambios de humor de un deslenguado Trump cuya mente exploran los analistas , mientras lo cierto es que en casa nos sorprende mucho màs la alucinante aparición de Jessica o su ectoplasma en una Comisión de Investigación con un burka prêt– a– porter ennegrecido à mayor gloria del show celtibérico .

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