Arthur Mulligan
Durante el periodo 2016-2017 Jose Luis Ábalos, Cerdán, Koldo Eizaguirre y otros colaboradores junto a Pedro Sánchez recorrieron España en un Peugeot 407; estos trayectos, de miles de kilómetros (45.000, más de una vuelta a la Tierra) y muchas horas compartidas en carretera, generaron una relación de confianza y permitieron que los acompañantes se conocieran en profundidad, tanto en lo político como en lo personal.
Ábalos, conocido por su carácter independiente y directo, fue uno de los principales apoyos de Sánchez en su regreso a la secretaría general del PSOE y su relación se forjó en ese contexto de convivencia y lucha política compartida. Las fuentes coinciden en que en ese Peugeot se compartieron confidencias, planes y momentos de tensión, lo que refuerza la idea de que Sánchez tuvo oportunidad de conocer de cerca la personalidad y hábitos de Ábalos.
El partido estaba profundamente dividido tras la dimisión de Sánchez y la lucha por el liderazgo frente a Susana Díaz. Reconstruir apoyos y cohesionar el partido fue uno de los principales retos. Ambos tuvieron que afrontar críticas internas y externas, así como la presión mediática y de la oposición, que aprovechaba cualquier debilidad para atacar su proyecto político.
Decidir rutas, mensajes y cómo conectar con la militancia en cada territorio requería una planificación constante y capacidad de adaptación ante imprevistos. Las largas jornadas, la convivencia intensa y la incertidumbre sobre el futuro generaron tensión y fatiga emocional, poniendo a prueba su relación y resistencia.
En el cara a cara de las elecciones generales de 2015 el candidato Pedro Sánchez interpeló con dureza al entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy: “Si usted gana, el coste de la democracia es enorme porque el Presidente debe ser una persona decente y usted no lo es”.
Tres años después de pronunciar aquella frase, con el PP de Rajoy condenado como partícipe a título lucrativo por la Trama Gürtel, Sánchez logró reunir en torno a si a la mayoría de fuerzas del arco parlamentario en una moción de censura con el compromiso de devolver la ejemplaridad a las instituciones.
Ni la controvertida ley de amnistía a los independentistas catalanes, ni el fiasco de la ley del ‘sólo sí es sí’, que tuvo que reformar en contra de la ministra de Igualdad Irene Montero, ni su cambio de postura en torno al Sáhara Occidental, parecen haber hecho mella en el respaldo de los votantes de izquierdas.
Sin embargo, el escándalo por el cobro de comisiones en la compra de mascarillas por parte de un asesor del entonces ministro de Transportes José Luis Ábalos, y una conducta jacarandosa de este último al parecer ya denunciada internamente, rompió el idilio de Pedro Sánchez con su electorado.
Fue la corrupción lo que precisamente facilitó la moción de censura que expulsó a Rajoy (con la corrección posterior de la sentencia en relación al PP) y aupó a Sánchez, otorgándole un relato fundacional de lucha contra la corrupción.
Después de estos hechos la situación se ha deteriorado manteniéndose la presión en la agenda política del gobierno con múltiples derrotas parlamentarias paralizando en la práctica su acción, sometida al chantaje permanente de Junts e intermitente de los demás socios de investidura.
Especial mención merece, por la degradación de la soberanía nacional afectada, que la atribución de una nueva competencia a una comunidad autónoma no se lleva a cabo pensando en la mejora de la gestión y en el perfeccionamiento del funcionamiento del Estado en su conjunto, sino que es el resultado de una nueva cesión del PSOE a Junts con el único propósito de que sus siete diputados presten su respaldo al Gobierno. La cesión competencial es una mera contraprestación, como lo fue antes la amnistía y luego el concierto fiscal solidario: las competencias de extranjería se ceden a cambio de siete votos.
Desde un punto de vista estrictamente jurídico, la proposición es inconstitucional por contravenir tanto el artículo 150.2 de la Constitución como la jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre la materia. La posibilidad de que el Estado transfiera competencias propias a las autonomías encuentra un límite material en el 150.2. Aunque se trate de un límite ambiguo e indeterminado, en el caso que nos ocupa resulta claro.
Acaba de aparecer en Francia un libro de memorias del icono de Mayo del 68, Daniel Cohn-Bendit, Recuerdos de un apátrida, quien viene de cumplir 80 años y rememora su pasado cosido con hilo verdi-rojo, izquierdista, ecologista y parlamentario europeo.
No solo es sobre la sexualidad de los niños que de manera provocativa se equivocó como otros izquierdistas franceses, sino por haber sido el heraldo de la deconstrucción woke para terminar renovando su identidad judía después del 7 de octubre; encarna esa especie de izquierda Terra Nova, que ha cambiado el Pueblo por las minorías, lo social por lo societal, el «cambiar la vida» por el federalismo europeo. No solo destaca por sus equivocaciones, porque siempre ha mantenido su entrañable sentido antitotalitario y por lo tanto anticomunista.
Su caso nos dice mucho sobre la aceleración de los tiempos políticos: lo que a él le ha llevado más de cincuenta años a Podemos, Sumar y asimilados sólo serán un par de legislaturas mal contadas.
¿Pero qué fue de nuestro Peugeot 407 y sus entrañables ocupantes?
Tal vez sería razonable pensar que como en otros lugares de Europa aquellas estructuras políticas herederas del marxismo o contagiadas por él terminen como el dicharachero de Dany el Rojo o regentando una taberna chic garibaldina mediante crowdfunding, pero entonces dejaríamos de lado nuestra muy especial originalidad ibérica.
Veamos lo que nos trae el periodista gaditano Luis Miguel Fuentes :
«Allí estaban con Sánchez, en aquel Peugeot como de los Picapiedra, recorriendo a patadones la España del toro de Osborne, de los melones en los cruces y de las ventas con jamón de madera y lotería de cristo de forja. Allí estaban con él Ábalos, Koldo y Cerdán, a pesar de que Sánchez era entonces un muerto político, recién asesinado por el propio PSOE, recién apuñalado al sol como una lagartija o uno de esos melones de cruce, recién envenenado por los áspides seseantes de Susana. Por qué se iría uno con un muerto, me pregunto, cargando con él como con una vaca muerta por la España de las vacas, las pacas de paja, las veletas de gallo y las cuestas de carretero. Invertir en un muerto parece una tontería, salvo que uno sea muy milagrero y vea potencial en el muerto, que pueda llegar a santo providente o a presidente providente. El momento en el que empieza el caso Koldo, o el caso Ábalos, o el caso Sánchez, es ése en que los agrimensores o tratantes del Peugeot sopesan el muerto, como un saco de cereal o un gran ganso, y llegan a la conclusión de que merece la pena comprar un par de décimos de esa lotería del cristo con faldilla de la venta.
En el Peugeot, en ese viaje y en esa hermandad como de espaldas mojadas, entre la esperanza y el desquite y entre canciones y bocatas, seguro que empezaron a salir planes, proyectos, ilusiones, pelotillas y revanchas. Aunque la conexión ya tenía que existir antes, esa chispa de lujuria que salta entre el talentoso y el cazatalentos como entre la corista y el duque. Sánchez, un guapo de escaparate, una percha con ropa de tenis, un espejito al fondo del pasillo y del partido, en principio sólo iba a calentarle el sillón de princesa a Susana en el PSOE, hasta que la eterna heredera diera el salto de gitanilla del WhatssApp a político de Estado. Pero Sánchez no sólo fue capaz de traicionar a su mentora, sino que pronto demostró que quería el poder por encima del partido, de las ideologías, de la lógica, de los números y de su mediocridad de político de sabadete.
Sánchez ya empezaba a deslumbrar entre esos aguilillas de partido que buscaban nuevo patrón y nuevas oportunidades, como en las hosterías del Siglo de Oro. Se daban cuenta de que Sánchez era un novato pero no sólo se quedaba frío ante el cadáver de abuela de Susana, sino que ya se atrevía con pucherazos votando detrás de una cortina y hasta hacía cuentas para gobernar con 85 diputados, sin importarle con quién tuviera que pactar. O sea, contemplaban la maravilla del nacimiento político y botticelliano de alguien capaz de cualquier cosa, y ellos podían estar con él, acompañando ese milagro o esa bicoca. Aunque Susana le devolviera la puñalada como con una gruesa aguja de punto, un muerto con tanta ambición y tan pocos escrúpulos merecía ser acompañado y patrocinado. El tiempo parece que les ha dado la razón y les ha devuelto la inversión en aquel décimo pasado por la joroba de un gasolinero.
Allí estaban Ábalos, Koldo y Cerdán, con ese Peugeot atartanado, por esa España de la tuna y el sobao, del concejal y el tocomocho, del guapo y la estanquera, yo creo que confiando o invirtiendo en Sánchez como en un novillero o una tonadillera. Desde luego, la cosa no era por convicción política ni por ninguna creencia en un nuevo liderazgo social-liberal que nos fuera a hacer parecer ahora escandinavos bronceados (eso nos decían al principio, que Sánchez era un social-liberal, cuando sólo era un narcisista con carencias, un guapo con paquete de calcetín). Apenas consumado el milagro de la lotería o de la política, cuando resucitó Sánchez y con él el monstruo cuarteado de Frankenstein, la trama ya empezó a moverse. En 2018 ya estaban viajando a México Ábalos, Koldo y el propio Aldama, que iba en calidad de “cónsul honorario”. En el 2019, ya está Aldama con lo de Air Europa. En 2020 llegan lo de las mascarillas y lo de Delcy. El torero o la tonadillera, esa cosa folclórica de Lolita Sevilla que tiene Sánchez, entre la izquierda y la pantorrilla, empezaba a dar dinero.
A los que acompañaban a Sánchez en ese Peugeot, españolísimo como la furgoneta del tapicero, españolísimo de hambre, mediocridad, ambición, pelotazos y venganzas, Aldama les ha acusado de haber cobrado casi un millón de euros en comisiones. Koldo y Ábalos están ya camino del banquillo o del puré de guisantes compartido con tíos tatuados de la oreja al badajo, y Cerdán ya no es que esté señalado o resulte sospechoso, sino que empieza a ser inexplicable, él que también sintió la chispa, que también vio en Koldo un esbirro o una estrella de cine mudo y pronto lo abrigó y colocó.
En ese Peugeot entre cafetera y Rocinante se urdieron y se compartieron grandes planes y venganzas, sin duda. Me pregunto cuáles serían los que contaría Sánchez, el narcisista mitómano, para convencer y fidelizar a estos pícaros casi con tanta ambición y prisa como su patrón. Quizá, simplemente, esos planes fueran los que estamos viendo ahora. Sí, en ese Peugeot entre la lata y el carro de Apolo iban los escuderos de Sánchez, los tipos de confianza de Sánchez, los colegas de road movie de Sánchez. En aquel Peugeot de Sánchez estaba todo, como en un mapa de guantera. Un año después, Sánchez ya salía en las fotos con gafas de oro y resol, montando en helicóptero o sosteniendo el helicóptero, como un Atlas con bola de discoteca. Y aún nos preguntamos por qué se fueron con un muerto…»
No sé, no sé. Son muchas horas y se habla de todo pero es inevitable pensar que no todo son disimulos y que se conocen bien. No obstante iremos a Sevilla y allí recordaremos unos versos del poeta Jaime Gil de Biedma
(Apología y petición)
Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo, aún para cambiar su historia
antes que se la llevan los demonios.
Perdón, pregunta: de dónde sale eso de que iban en el coche los 4? Primera vez que lo oido. Igual no es cierto?
Siempre hay una primera vez y no seré yo quien desvele en esta semana de contrición popular de dónde salió la leyenda del Peugeot cochambroso en el camino polvoriento de la redención por las obras , haciendo de la necesidad virtud.
Al lo mejor salió del mismo fondo fabulador con el que se contruyó la noche de Barajas con Abalos , Delcy , Aldama , y representada en el Congreso con notable éxito a juzgar por la cerrada ovación que recibió de los diputados socialistas puestos en pie ;
el mismo que llevó a la redacción del Quijote de Avellaneda o el valor simbólico de la palabra Rosebud en la película Ciudadano Kane como el juguete de nuestra infancia que jamás podremos recuperar.
Estas cosas suceden y emocionan en los mítines como antaño los auto sacramentales y son propias de las novelas de formación.
Ejem…A cuanto están las crucificiones?….valor cuántico…ejem.