Carlos Hidalgo
Hace pocos días en los que Podemos anunció varias cosas: primero, que Ione Belarra continúa siendo la líder sobre el papel de la formación morada. Segundo, que Irene Montero ha sido designada como candidata a las próximas elecciones generales. Tercero, que aunque se llenan la boca con la unidad de la izquierda, no tienen pensado formar ninguna clase de coalición, a menos que los partidos que la integren se subordinen completamente a Podemos.
Nada de esto ha parecido sacudir el panorama político de España, donde parece que la gente está más ocupada viendo cómo se posiciona nuestro país en el mundo sin reglas que quieren Donald Trump y sus amos rusos, o bien en el que la derecha trata de desgastar a un gobierno que cada vez tiene que hacer más malabarismos parlamentarios para sacar adelante su agenda legislativa. Nada malo, por otro lado, el Gobierno ha sacado adelante entre el 89% y el 90% de sus proyectos de ley, lo que motivó un titular en la prensa de derechas, que denunciaba que el Gobierno había perdido el 10% restante. Todo depende del punto de vista, por supuesto.
Pero nada de esto parece interesar a la formación que fuera dirigida por Pablo Manuel Iglesias Turrión, que además de usar su minoritario medio de comunicación para desinformar a la rusa, cobrarse deudas personales y dar lecciones de periodismo a los que saben más que él, ahora también está pidiendo dinero para ampliar su taberna en Lavapiés. Lo que otros ven como una manera cuestionable de solicitar crédito para una empresa, Iglesias lo defiende como un acto de resistencia contra el fascismo. Y es que parece que el profesor de Políticas ha llegado al punto al que llegan muchas celebridades de internet; que es creer que su mera existencia es beneficiosa para el mundo y merece ser regada de dinero por el mero hecho de ser, ni siquiera por el de estar.
Este episodio de las “donaciones” es francamente representativo de lo que es y ha sido Podemos desde el principio, que es un proyecto dedicado a la gloria y lucro personal de un solo individuo y su familia, envuelto en nobles ideales y en proclamas un tanto bravuconas. Sin olvidar, por supuesto, las teorías de la conspiración y el victimismo, lo que no han evitado que el mote de Iglesias pase de ser “El Coletas” a “El Colectas”.
Tras la purga masiva que hizo Iglesias en el segundo congreso de su partido, el entonces corresponsal político de La Vanguardia en Madrid, Pedro Vallín, pasó a denominar a Podemos como “la PYME”, como una acerada pulla que dejaba en evidencia ese excesivo personalismo y el control tan férreo de lo que se suponía una estructura democrática por parte de un dos o tres familias y unos pocos amigos. Y con “familia” no me refiero a familias políticas, defensoras de una tendencia o herederas de una tradición ideológica, sino a familias en su sentido más habitual.
También hay que recordar que Iglesias, que logró capitalizar la ilusión y el apoyo de una parte nada despreciable del electorado, se encargó de dilapidar todo al encontrar la acción de Gobierno muy aburrida y convertir cualquier tipo de política propuesta por su partido en un asunto de orgullo personal, amenazando con romper el gobierno de entonces si alguien se atrevía a corregir algún error técnico de sus leyes, por ejemplo.
Nada de esto importa a los actuales seguidores de Podemos, que denuncian que cualquier comentario que señale sus defectos o realidades que no les gustan es producto de una conspiración hecha para contrarrestar que “Podemos sube más que nunca en las encuestas”, lo cual no deja de ser más una expresión de fe que enunciar datos objetivos.
Nada impide, eso sí, que Iglesias y Montero controlen el partido más que nunca, usando a la malhumorada Belarra como “proxy” o testaferro. Y que ese control se haga más grande según el partido mengua en militantes, influencia y votos. Lo cual no es bueno para ellos.
El Gobierno ha presentado 51 proyectos de ley en los primeros 17 meses de legislatura (hasta marzo de 2025).
De esos 51 proyectos, solo 14 han sido finalmente aprobados como ley en el Boletín Oficial del Estado en ese periodo.
El Gobierno ha perdido más de 100 votaciones en el Congreso debido a su debilidad parlamentaria: no cuenta con una mayoría estable y depende del apoyo variable de varios partidos, especialmente Junts y el PNV, que a menudo se abstienen o votan en contra, dejando al Ejecutivo en minoría incluso cuando tiene el respaldo de Sumar y otros aliados de izquierdas
Es decir, los porcentajes del articulista no se compadecen con la realidad : un gobierno en minoría , sin presupuestos y sin dirección .
Un manipulador de datos de muy baja calidad , agonístico , decadente que mira hacia atrás con ira .
Por lo demás , Podemos V Asamblea, es la quintaesencia del sectarismo constitutivo de la ultra extrema extrema izquierda que reza por nosotros para hacer el bien para la gente ( un nosotros más reducido ) y que siempre , siempre siempre choca contra la roca de la vida cotidiana de un ellos .