De los papas Leones

Juanjo Cáceres

El ser humano siempre ha rellenado los espacios en blanco, porque nuestra mente nos empuja a buscar una explicación, aunque carezcamos de ella. La necesidad de entender lo que nos rodea nos empuja explicar, de una u otra manera, hechos, fenómenos y motivaciones, incluso sobre aquello de lo que no tenemos información real. En estos días de funerales y cónclave lo hemos vivido abundantemente, cuando durante los días antes se han puesto una multitud de nombres sobre la mesa periodística y los pronósticos no se han cumplido en absoluto. Es bueno recordarlo ahora, cuando algunos se afanan a asegurar que Robert Prevost era uno de los que sonaban o incluso -no se rían- que ya les habían dicho que lo iba a ser, si bien en el momento de poner candidatos sobre la mesa, su nombre no apareció hasta el mismo día de iniciarse ese solemne acto. Búsquenlo, por ejemplo, en esta lista de 20 candidatos papales  -nada menos- publicada por la Vanguardia, a ver si lo encuentran.

El propio mecanismo de elección y su carácter secreto convierten en una temeridad el pretender adivinar el nuevo papa y presumir de fiabilidad. Aquello que no se explica específicamente resulta siempre difícil de adivinar y además el secreto de los apoyos es, probablemente, un elemento clave para asegurar el éxito de la designación. Pero nada detiene a los adivinadores ni a los intérpretes de la realidad, que tampoco se han resistido a un mayor lucimiento con la interpretación de la razón de la elección del nombre de León XIV. Lo digo porque se atrevieron a asegurar que su nombre sería un homenaje a León XIII y a su identificación con la encíclica Rerum Novarum, de 1891, cuyo contenido condena los abusos patronales en plena era industrial.

La verbalización del motivo el pasado sábado por el Santo Padre, me induce a pensar que era algo que él mismo habría anticipado de algún modo o que alguien habría filtrado, pues de lo contrario extraña tanta precisión. Al fin y al cabo, ¿cuánta validez tendría esa correlación, cuándo, por ejemplo, existen muchas otras encíclicas similares? ¿Por qué el Papa no eligiría, por ejemplo, el nombre de Juan XXIV, por identificación con la encíclica “Mater et Magistra” de Juan XXIII? Con su precisión sobre la Inteligencia Artificial, todo cobró mayor sentido, pero a esa asociación tampoco nadie había llegado antes.

También nos hubiéramos podido plantear que lo eligiese por un motivo asociado a un “León”, que no fuera el número 13. En este sentido es importante recordar que el primero así denominado fue León I el Magno, aquel papa que se decía que había disuadido a Atila de invadir Roma en el año 452 y que es considerado uno de los papados fundamentales en el tránsito del Imperio Romano al periodo de dominio germánico de Europa Occidental (no en vano es uno de los únicos tres papas denominados “el Magno” o “el Grande”). Cualquier analista sin otra información debería haber tenido presente esta importante figura en la elección del nombre.

Habrá que esperar al siglo VII para que llegue el siguiente León, León II, cuyo pontificado durará un año y se extinguirá en 683. Algo más de un siglo después llegará León III, que fue, ni más ni menos, que el papa que proclamó emperador a Carlomagno -primera proclamación romana de un nuevo emperador en el periodo medieval- y también fue sujeto y objeto de todo tipo de tramas y conspiraciones. En 847 fue designado León IV, papa de hechos no demasiado relevantes, y a principios del siglo X, León V, del que se sabe bien poco. Poco después llegará León VI, en un periodo de profunda crisis de la institución y de vidas papales disolutas, que moriría asesinado, y también León VII, otro papa estrechamente dependiente del poder nobiliario. En ese mismo siglo también ejercerá León VIII, un hombre de acción nombrado por el importante emperador Otón I para deponer a Juan XII, quien luego volvería con un ejército para deponerlo a él, pero que años después sería de nuevo designado por dicho emperador.

Ya en el siglo XI fue el turno de León IX, que daría los primeros pasos en la muy necesaria reforma que culminaría, sobre todo, Gregorio VII y al que también le tocó lidiar con el Cisma entre las iglesias occidental y oriental. Hay que saltar al siglo XVI para hallar el siguiente León, León X, hijo de Lorenzo de Medici y de una época muy tempestuosa en Florencia, cuyo gobierno abandonó para asumir el papado y al que le tocó condenar las tesis luteranas, publicadas durante su pontificado. También León XI ejercería en ese mismo siglo una carrera eclesial alineada con la Contrarreforma, pero su papado duró menos de un mes y ya en el siglo XIX, León XII estuvo al frente de un pontificado bastante poco memorable.

Queda así claro que, con la excepción de León I el Grande, la trayectoria de los leones no da para mucho, siendo probablemente León III y León XI los más relevantes, al menos en su tiempo histórico. Y es también, sin duda, León XIII, otro de los que cabe considerar como papa importante. En parte por sus 25 años de pontificado, pero también por el ejercicio de una importante dimensión política y diplomática, más relevantes, seguramente, que la encíclica Rerum Novarum, que, de hecho, fue elaborada por un papa enemigo del socialismo y poco afectuoso con el sindicalismo y las democracias liberales.

En cualquier caso, a mí Robert Prevost me parece un papa muy distinto a Francisco Bergoglio. Tanto las señales que envía su nombre, como sus gestos -vestimenta- y algunos elementos de sus primeros mensajes, hacen pensar en un papa con una visión más antigua del papado. Si realmente su referente es León XIII, hay bastantes elementos inquietantes en esa figura, como también los ha habido en otros papas recientes en los que puede que también busque inspiración, pero no nos engañemos: todo esto no son más que conjeturas, porque si hay algo realmente secreto en un papa es lo que en verdad se propone hacer.

El tiempo dirá cuál es su labor, como siempre sucede, y pensemos también que aunque demos a las cosas un significado trascendental y una justificación singular, tampoco tienen más importancia que la que que los seres humanos le queremos dar: al fin y al cabo, un nombre es tan solo un nombre.

Un comentario en «De los papas Leones»

  1. Yo lo veo más como mediador dentro de la Iglesia del continente americano. En EEUU son más tradicionales, y por lo poco que he visto, Prevost es parte de la Iglesia del misionero y los derechos humanos

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