Verónica Ugarte
“¡Oh, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, sabias palabras de Madame Roland formuladas mientras era llevada a la guillotina durante el Terror. Sabemos que al ser una mujer que criticaba duramente la política de Robespierre, su destino fue el mismo que el de todos los que se oponen al más fuerte. El encierro, el destierro o el entierro. Pero donde dijo libertad, yo quiero poner la palabra patria.
El domingo se jugó una final de fútbol a cuyo resultado yo era más que indiferente. Fuera Francia, me dediqué leer un rato, pero mirando tabletas, vi la escena que es inmutable: forofos, alegría, banderas, camisetas. Y recordé que para cierto porcentaje de españoles, la bandera no la sienten suya, puesto que en algún momento les fue “robada” por la derecha. Que la palabra “España” o Patria” tienen valor cero y que, durante la Historia de este país, a pesar de los esfuerzos de unión de discursos, la realidad es que cada vez que ciertos políticos, no solo del PP, hablan de Patria, más de una persona no se siente identificada.
Desde mis 4 años hasta los 14, cada lunes nos formábamos en patio (incluido el sol mexicano más el jersey reglamentario) para rendir homenaje a la Bandera (en mayúsculas puesto que constitucionalmente se trata de un símbolo patrio). Allá no se trata de ver quién es menos mexicano, sino de quién lo es más. Por algo disfruté tanto al ver los francos franceses y después los euros, porque había escritores, poetas en los primeros. En los segundos, parte de la historia de Europa.
En cambio en México, todo está lleno con los rostros de figuras claves en su historia. Eso es básicamente alineamiento y se cura, si se es consciente, a fuerza de autocrítica, de lecturas incómodas y de viajar. En mi caso, fue en el segundo viaje y eché raíces en la hermosa Barcelona. Una nueva tierra llena de cientos de experiencias, vivencias que han ayudado a un aprendizaje emocional e intelectual, y al mismo tiempo a dejar atrás sin mirar, a la Patria.
Dicen que somos de donde nacimos. No estoy de acuerdo. Siempre me han llamado mexicana personas abiertamente de derechas o que se dicen de izquierdas. En esos momentos recuerdo cuando al hijo de la Duquesa le preguntaron si alguna vez había votado a la izquierda y él respondió que al PSOE, a lo que Rufián y Dani Guzmán contestaron, “nos referimos a la verdadera izquierda”.
En todo caso, ¿qué es la Patria? Los más acérrimos defensores de un concepto vació al que solo el estadio en que se use le da contenido, salen en defensa de ella con banderas, cruces, defendiendo al Jefe del Estado, olvidando que su padre está lavando dinero y la mayor parte del pueblo no llega a fin de mes. Para otros, más centrados en la realidad porque pisan la calle y se sumergen en ella, es defender a la Sanidad Pública. Es dejar de votar porque ya no podemos seguir votando tanta mediocridad sinsentido. Es llegar al mercado y ver que las primeras cerezas cuestan 25 euros el kilo y ellos cobran una pensión de 700. En todos estos ejemplos nadie habla de patria, sin embargo. Se habla de vivir y morir con dignidad.
Hasta hace muy poco tiempo yo vivía feliz en mi burbuja, puesto que nunca he hecho migas con mexicanos (si salí con la maleta y me metí en el primer avión, mis razones tuve), pero de un tiempo a la fecha me vienen con la pregunta, personas del otro lado del enorme charco y del enorme continente a realizar el tercer grado del por qué he perdido el acento mexicano, por qué hablo catalán. Y la mejor y de la cual yo siempre pensé que era una leyenda urbana: la animadversión al mexicano por ser norteamericano. Después de una tanda de preguntas, acusaciones, bajé la cortina de la amabilidad para poner en medio al Muro de Berlín junto a Mordor como barreras, para evitar tales faltas no de tacto, pero sí de educación. Al fin y al cabo, la patria, la bandera y demás sentimientos viscerales los puede perpetuar cada quien en su imaginación.
Tras años, decidí que la patria no tiene sentido para mí. He encontrado la felicidad en una ciudad diametralmente opuesta a aquella donde nací. No niego que a veces miro videos y me queda un poco de nostalgia. Pero pesa más revisar el mapa y decidir el próximo destino. Viajar es altamente curativo, refrescante y lleno de riquezas intangibles.
Con todo, sabemos bien que los de Bilbao nacemos donde nos apetece. Y por favor no tomar como hipocresía que salte durante los partidos de soccer que juega México, empiece a dirigir a la Selección y dé a la palabra energúmeno un pleno significado. Es lo único que quiero permitirme de las cenizas de mi patria imaginaria.
Gracias por este artículo, muy necesario en los tiempos que corren, ya que este concepto, de por si muy manoseado, sufre aun más en los tiempos que corren. Desde un punto de vista «alternativo» hay dos formas de mirarlo: o como un concepto que tirar a la papelera o como un banderín de enganche que hay que reclamar y dotar de sentido, sin dejarlo en manos de la derecha en un sentido amplio.
Yo soy más de los primeros. Rendir homenaje a significantes vacios tan sobados nunca me ha interesado pero con el paso de los años aun menos…
Gracias por el comentario. Coincido plenamente contigo en que es un concepto arcaico y absurdo.