David Rodriguez Albert
En fechas recientes, eldiario.es ha publicado unos datos de gran interés sobre el incremento de las bajas laborales en España entre 2016 y 2024. La información procede del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y pone de manifiesto que la cifra total prácticamente se ha duplicado en este período. Concretamente, de los 4,9 millones de procesos de incapacidad temporal iniciados en 2016, se ha pasado a los 9,2 millones de bajas laborales en 2024.
Es evidente que ha habido un incremento en el número total de personas empleadas, pero ello no explica la totalidad del problema. De hecho, si se analiza la evolución de las bajas por cada 1.000 afiliados (eliminando el efecto del aumento de la ocupación), se ha pasado de las 23 bajas mensuales en 2016 a las 36 en el año 2024. Además, los procesos de más de un año se han duplicado en el período de referencia, y aunque solamente suponen el 2,4% de los casos totales, llegan a representar más de un tercio de los días totales de baja médica.
El análisis sectorial nos proporciona información muy relevante. El mayor aumento se produce en las actividades sanitarias y de servicios sociales, que además es el sector con más bajas en términos absolutos. Es evidente que la pandemia de covid ha contribuido sustancialmente a este progresivo empeoramiento. El siguiente rubro es el del trabajo del hogar, con un incremento de más de un 72%, hecho que pone de manifiesto la creciente precariedad en un segmento en el que se viene utilizando cada vez más mano de obra migrante.
Antes de continuar con un análisis más detallado de las causas de este fenómeno, es importante subrayar que no tiene nada que ver con el presunto absentismo que se denuncia desde los sectores más conservadores de la patronal. De hecho, todas las bajas laborales están avaladas por la firma de un profesional médico, y además el problema no es exclusivo de España. Según datos de Eurostat, el incremento es generalizado en toda la Unión Europea, aunque España sigue ocupando una de las posiciones más destacadas, solamente por detrás de Francia y de Portugal.
Según la Seguridad Social, uno de los factores que más incidencia tiene sobre el incremento de las bajas laborales es el de las consecuencias de la pandemia. Además del evidente efecto directo del covid, nos encontramos con efectos indirectos en el deterioro del estado de salud en ciertas patologías, tanto físicas como mentales. De hecho, ha habido un salto significativo en las incapacidades derivadas de “enfermedades respiratorias” y “enfermedades infecciosas y parasitarias”, que tienen una relación bastante clara con el coronavirus. También se han triplicado los “síntomas, signos y resultados anormales de pruebas sin clasificar”, en la que los pacientes están a la espera de un diagnóstico claro en procesos que se van alargando por el colapso del sistema sanitario.
Otro de los aspectos más destacados es el empeoramiento progresivo de la salud mental, hecho que en parte se encuentra interrelacionado con el efecto de la pandemia que acabamos de enunciar. Tanto patronal como sindicatos destacan la insuficiencia de recursos en el sistema sanitario público. Estas bajas, además, suelen tener duraciones más prolongadas que otras patologías y, por tanto, suponen una ausencia más larga de la persona trabajadora. Aquí también es bueno destacar que, aparte del necesario incremento de recursos en sanidad, hay que mejorar sustancialmente la prevención de riesgos psicosociales en las empresas, tema en el que muchas compañías se hallan todavía muy alejadas de la realidad social que estamos padeciendo.
Finalmente, otro de los factores estructurales de fondo es el envejecimiento progresivo de la población trabajadora. Aunque en las personas jóvenes hay un inquietante repunte en los problemas de salud mental, es bastante obvio que la pirámide poblacional tiene cierta incidencia en el repunte de las bajas. En este sentido, sería bueno dejarse de experimentos como el retraso en la edad de jubilación. Ya hemos mostrado en otros artículos que se trata de un elemento ideológico, no técnico, y ahora vemos que tiene derivadas negativas en cuanto al estado de salud de la población ocupada.
A modo de conclusión, hay que señalar que estamos ante una problemática que debe ser abordada desde distintos ángulos. Ante las peligrosas afirmaciones de la derecha reaccionaria sobre los “excesivos” impuestos, cada vez es más urgente emprender una reforma fiscal progresiva que, entre otros elementos, mejore el sistema de salud pública y lo adapte a las exigencias del momento. Igualmente, debe cambiar significativamente la prevención de riesgos laborales, en especial en el terreno psicosocial, y la atención médica en el origen del problema. No se trata únicamente de encarar el deterioro de salud, sino de prevenirlo.