Tercero

Juanjo Cáceres

Adentrados en la parte final del mes de septiembre, queda ya lejano ese lapso veraniego que había alejado a los políticos de los focos, aunque en un grado inferior a lo habitual, a causa de los incendios y otras vicisitudes que atraviesa el mundo.

Antes de finalizar el curso pasado, se nos avisaba de que el curso venidero iba a ser duro y en verdad que lo está siendo. El arranque fue intenso en el Congreso y en el marco de la Vuelta surgieron las mayores protestas ciudadanas que Madrid había visto en mucho tiempo.

El éxito de estas últimas fue de tal magnitud, que le faltó tiempo a Pedro Sánchez para elevar el tono, ofrecer muestras de apoyo a las mismas y para adoptar nuevas decisiones en favor de los palestinos, que como es por todos sabido, pero no por todos dicho, son víctimas de un genocidio perpetrado por las fuerzas armadas israelíes.

«¿Y ahora qué?», podemos preguntarnos. ¿Cambiará todo esto el «destino manifiesto» de Pedro Sánchez y su gobierno, o bien será una gota que no podrá hacer océano para él, tras todo su desgaste, los casos de corrupción de sus principales cuadros de partido y la imputación de sus familiares más directos?

Las opiniones en este sentido no son muy coincidentes. Tal y como está la cosa, para el PSOE los últimos acontecimientos han sido agua de mayo ya que, para ellos, en este momento, toda noticia que no sea mala, es buena. Pero es que además la victoria y el acierto en el posicionamiento es poco discutible. Lo realmente increíble es que no se diga, se haga y se fuerce mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora respecto a Palestina, pero esa es otra historia de la que hemos hablado abundantemente.

Pero por lo demás, en España, «todo sigue igual». La tónica comunicativa y confrontativa del curso pasado siguen siendo la norma, mientras se acentúa la presión judicial sobre aquellos familiares -esposa y hermano- que parecen avanzar sin posibilidad de obstáculo hacia el banquillo. Y esta sin duda es la mejor baza del «antisanchismo», porque aquí no se trata de acabar con el PSOE, sino de acabar con Sánchez (tampoco es que esté claro que haya muchísimo PSOE más allá de Sánchez, por grande que sea su poder institucional hoy en día).

Sin recordar, pues, otros frentes de debilidad, pese a que alguno ya ha sido mencionado más arriba, es comprensible que pese al halo de esperanza que suscitan acontecimientos recientes, el convencimiento generalizado sea que esto no baste. Por un lado, porque la protesta ciudadana no se puede, ni se debe mimetizar automáticamente en apoyo al partido de gobierno ni a su líder. Por el otro, porque la distancia temporal entre el presente y el momento en que se dirimirá el futuro del Gobierno, se antoja sideral, teniendo en cuenta el acelerado ritmo con que evolucionan los acontecimientos. Al moverse las cosas al ritmo de la luz, vayan ustedes a saber cómo estará todo cuando llegue el momento.

Puede, pues, que a Pedro Sánchez no le puedan salvar ni eventos inesperados, ni milagros sobrevenidos. Pero no son pocos seres identificados con todo aquello que se opone a la barbarie ultra los que duermen más esperanzados, tras comprobar por sus televisores que aún queda espíritu de rebeldía y de lucha. Parece evidente que ni el PSOE, ni Sumar, ni Podemos, por sus numerosísimas debilidades, están en condiciones de erigirse como auténticos referentes políticos de la esperanza. También que el que eso sea una semilla de lo nuevo es imposible en un corto espacio de tiempo (recuerden que entre el 15M y Podemos pasaron muchos años), si es que realmente tiene recorrido más allá.

De ahí que en ese tránsito muchos piensen que esto será o Sánchez o nada”. Y puede ser nada… O puede ser Sánchez. Yo no lo sé, pero en la limitada inventiva de los partidos y con el abrumador abatimiento de la sociedad, una cosa parece clara: más cartas no hay, ni habrá, por lo que para muchos todo se reduce ya a “susto o Sánchez”.

Un comentario en «Tercero»

  1. Como siempre un artículo con seny, Dr. Cáceres.

    El gran problema a nivel estatal es la falta de una opción razonable y coherente al PSOE. Sánchez agotará cartuchos y la derecha española (y Junts) no son opción.

    Una vergüenza en toda regla.

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