La reina recita un rap

Senyor G

Lleva mi amigo una mala temporada, aunque si le preguntas qué tal, te dirá que bien. Y no te miente, en ese momento lo está, incluso pueda dar muestras de buen humor. Pero a ratos debería reconocer que no. Demasiado estrés en el trabajo y por asuntos domésticos o familiares, o quizás por el carácter, o quizás demasiadas cosas a la vez.

Le debería quedar claro que lo del día de vacaciones de semana santa no fue normal. Fue el pete. El cuerpo avisa a su manera. Justo de vacaciones, en un momento de relax, un pinchazo en el lado derecho, malestar, sudor y pérdida del conocimiento. Estando en una masía entre Sant Sadurní d’Anoia y Vilafranca, las ambulancias no tardaron nada. Un pasote por lo visto, revisión in situ, no clara la situación del todo, nervios familiares y se lo llevaron al hospital de Vilafranca. Se descartó algo del corazón, dejada pautada una aspirina marca blanca, como un señor mayor, hasta que lo viese su doctora de cabecera.

Costó algunos días ver a la doctora, le pilló el apagón allí, por cierto. Todo parecía indicar que fue un ataque de ansiedad. Tenía un orzuelo que pensó podía ser también de lo mismo, pero no, para eso una pomada que sí le funcionó. La doctora sí que tuvo claro lo de las costras en el pelo, claramente por los nervios, como la costra del lactante. Al no querer medicación, yo también creo que con buen criterio, el apoyo psicológico disponible fueron unas sesiones de apoyo para la gestión de la ansiedad. Previo a ello, le soltó una chapa importante a la psicóloga que llevaría el grupo, se ganó el jornal. Hablar es una primera medicina.

Por lo que me explicó sobre el grupo, no mucho por los límites de la intimidad y confidencialidad comprometidas, hay ciertamente gente con problemas, muchas veces vinculados al trabajo y a otras situaciones complicadas. No todo es mental, otros problemas más que psicológicos son laborales o sociales. Otras veces sí que le pareció intrínseco. A él le ayudó, por lo menos la hora y media semana era un momento de hablar y estar allí, y algunos aprendizajes ha sacado. Atender a las señales, tácticas para distraerse de los malos pensamientos, que se puede pasar de hiperactividad a la apatía, problemas de sueño…

Luego ha ido sobrellevando situaciones, laborales, alguna situación quirúrgica familiar, pero que le hacen estar bastante pendiente de los asuntos domésticos. Y en el trabajo demasiadas cosas o dispersas. Dormir mal.

La última semana antes de vacaciones por lo visto fue bastante loca, cuando empieza a faltar gente, se quiere responder a los clientes y no se puede llegar a todo y además está el proyecto en el que está. EL PROYECTO complicado se mire como se mire. Así que se plantó otra vez con otra crisis en medio de la montaña asturiana los primeros días de vacaciones, esta vez sí con esfuerzo real, pero con matices la misma situación. Por lo menos comunicó a la familia que le acompañaba que era crisis como la otra vez, que calma, un cansancio raro, malestar, sudores… Aplicó alguna cosa del grupo de gestión y no perdió el conocimiento. Recuperado, alguna broma y vacaciones bien.

Ahora intenta ponerse STOPs pero no le es siempre fácil, la semana pasada gritaba en conversaciones, on-line, alguno pensaría que estaría hablando con algún jefe de TEMU y no tenía su tablet. Pero de alguna forma tiene que mantener la calma y relativizar. Y ligar cabos para notar cuando el cuerpo le pide parar.

Le sorprende de las crisis, los momentos puntuales de bloqueo, el no dormir, perder los nervios, despertarse con sensación de problemas o falsos problemas; que no es algo inmediato a lo que le causa el malestar. Es como que se quede larvado y luego deba deducir qué fue. Que se le hagan muy cuesta arriba cosas que le gustaban, que se conviertan en una especie de obligación. Cómo escribir de política que no es que fuese fácil, pero que ahora le pueden bloquear. O ir a comprar. No quiere consejos ni pastillas, solo relativizar y dejar rémoras de responsabilidad. Y va ligando cabos, no de ahora, si no de siempre.

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