Verónica Ugarte
Ríos de tinta siguen corriendo acerca del genocidio en Gaza. Nos seguimos llevando las manos a la cabeza, sin poder entender, que se permita que Israel, un Estado que nació para albergar a los sobrevivientes de la Shoa, sea capaz de matar a sangre fría al pueblo palestino.
¿Dónde está escrito que el hombre no repite las desgracias y errores? ¿Que mantener los antiguos campos de concentración harían que el ser humano aprendiese algo?
Hace unos meses, Michal Waldiger, representante ante la Knesset por el Partido de extrema derecha sionista, Mafdal, declaró vehementemente que esperaba que su hijo, soldado enviado a Gaza, matase a toda persona que se cruzase en su camino, incluidos niños. Si, esa mujer, madre de cinco hijos, abuela de otros tantos, deseó la muerte de niños, aduciendo, como si fueran basura, deshumanizandolos, que si no eran asesinados ahora, crecerían y buscarían venganza contra Israel.
Llamó “Nazi” a Hamas. Escucharlo provoca asco profundo contra un Partido y contra una sociedad que esté de acuerdo con semejante línea de pensamiento, o de ideas que salen del odio más cruel.
Siempre que pudieron, los más atroces actos de guerra se cometieron en nombre del sufrimiento pasado en manos de la Alemania Nazi. ¿Cómo es posible que el genocidio que comete el gobierno de Benjamín Netanyahu, sea permitido por sectores de su país?
En la misma línea se encuentra Eyal Mizrahi, Presidente del la Asociación de Amigos de Israel en Milán. Durante una emisión televisiva, este veterinario, también de extrema derecha, dijo que todos los gazaties debían ser eliminados, ya que su existencia era un peligro para Israel. Cuando fue cuestionado acerca de los asesinatos de niños, sin dudar un segundo, dijo, “defina niños”.
Ambos personajes niegan que se esté cometiendo un genocidio. Ambos insisten que se trata de una guerra defensiva. No importa que los gazaties mueran de hambre. Que los médicos tengan que amputar sin anestesia. Que padres y madres lloren con sus hijos muertos en brazos.
Terezin fue un campo de internamiento cerca de Praga donde fueron encerrados miles de niños. Parte de la exposición-recuerdo son los dibujos que criaturas indefensas realizaron como parte del testimonio de un oscuro pasado que ya se va diluyendo.
¿Habrá una súplica de perdón por parte de un líder de Israel hacía Palestina? ¿Habrá una condena total y un embargo general hacia Israel? En todo caso, el ser humano sigue sin aprender nada.
La flotilla que hace un mes salió desde Barcelona hacía Gaza fue interceptada en aguas internacionales. Israel y el Derecho Internacional no son amigos cuando el último va en contra de los intereses del primero. Ver las imágenes de soldados amenazantes ha sido, para quien tenga un ápice de vergüenza, la confirmación de que el llamado único Estado democrático en Medio Oriente es un Estado criminal.
A estas alturas corren miles de historias. Pero si es verdad que los soldados israelíes humillaron a Greta Thunberg, la golpearon y obligaron a besar la bandera de Israel, y Europa no hace nada, el mundo que dejamos es más aberrante que el de 1945.
Necesaria crítica a lo ocurrido estos días a la que dará continuidad otra entrega en un sentido parecido en breve.
Imposible no referirse al párrafo final para poner en evidencia la clase de país que es Israel. El gran acierto de Greta es acudir allá para evidenciar la impunidad con que actúa Israel, pero creo que, al igual que el resto de la flotilla, se expusieron mucho más de lo que se imaginan. Porque con el gobierno actual de Israel no se puede dar nada por sentado y aun menos que sepan lo que es una línea roja o, por ejemplo, los derechos humanos más elementales.