El futuro de Europa en juego

LBNL

A finales de la semana pasada se fue sabiendo del plan norteamericano de 28 puntos, pergeñado por el socio inmobiliario y enviado especial de Trump (en principio solo para Oriente Medio…) Steve Witkof con Rusia, para la rendición de Ucrania con fecha límite de ayer jueves, festividad de Thanksgiving en EE.UU. de forma que el futuro Nobel de la Paz pudiera festejar en paz. El sábado varios líderes europeos, incluido nuestro Presidente del Gobierno, publicaron una declaración escrita reafirmando los principios de Europa para la paz entre Ucrania y Rusia. El domingo varios asesores de seguridad europeos se desplazaron a Ginebra donde el Secretario de Estado norteamericano Rubio se reunía con el presidente Zelensky. Al concluir la jornada Rubio repitió varias veces que habían sido unas reuniones muy productivas, que finalmente cristalizaron en un plan de paz alternativo de 19 puntos, al que algunos líderes europeos han dado la bienvenida como un bastante mejor punto de partida. Entre medias, se filtró a principio de semana la transcripción de un par de conversaciones entre Witkoff y su contraparte rusa, en las que el primero aconsejaba sobre cómo debía Putin “vender” el acuerdo (de 28 puntos) a Trump, sugiriendo en que debía adularle alabándole por sus logros hasta la fecha. Muchos dieron a Witkoff por finiquitado ipso facto pero a Trump le pareció todo normal en el marco de unas negociaciones. En esas momento apareció en escena el Secretario del Ejército Driscoll – no confundir con el ex tertuliano de Fox y Secretario de Defensa Hegseth, que se mantiene al margen en Washington – viéndose y hablando con ucranios y rusos pero siempre incidiendo en que a Ucrania le conviene más una mala paz que la aniquilación a la que se vería sometida si la guerra continua. La particularidad de Driscoll es que es compañero de armas del Vicepresidente Vance No lo dice explícitamente pero apunta al negro futuro bélico de Ucrania si EE.UU. le corta todo suministro de armas (últimamente son países europeos los que las pagan) y la colaboración de inteligencia, sin la cual el ejército ucraniano no sabría a dónde disparar. Porque esa es la espada de Damocles que blande Trump sobre Zelensky. Y sobre la Unión Europea que posiblemente no sería capaz de sostener a Ucrania sin la colaboración del Tio Sam.

No son pocos los que en Europa – y todavía más en España – verían con buenos ojos un fin de la guerra rápido, en las condiciones que sean. Para empezar, dejarían de morir civiles ucranios bombardeados y lo que queda del país podría volver a la normalidad. Además, la mayor parte de los territorios ucranianos ocupados por Rusia – no se conforma con lo que ya ocupa sino que quiere todo el Dombás – son ruso-parlantes y lo del veto a su entrada a la OTAN no deja de tener sentido ya que supone una amenaza para Rusia, a la que, por otra parte, pertenecía Crimea hasta que el ucranio Kruschov se la regaló a su república soviética de origen. Y encima es que no pueden ganar porque Rusia es más grande, tiene más soldados y encima tiene armas nucleares. Visto así…

Dejando de lado otras consideraciones como que Ucrania debería tener el derecho a mantener su integridad territorial o a decidir libremente con quién quiere asociarse, tal rendición impuesta tendría gravísimas consecuencias para Europa. Desde la Segunda Guerra Mundial hemos mantenido el axioma de que no se pueden cambiar las fronteras por medio de invasiones. Si aceptamos que se cambien las ucranias, ¿quién nos garantiza que no se cambiarán otras por la fuerza en el futuro? Especialmente teniendo en cuenta que gran parte de los argumentos rusos para negar la legitimidad de Ucrania – siempre fue rusa, son nazis, tratan mal a los ruso parlantes – valen también para Polonia o las repúblicas bálticas. Si por lo menos lo de la invasión de Ucrania fuera una excepción… pero no lo es: en 2014 Rusia ya se hizo con una parte del Donbás y con Crimea, en 2008 Rusia invadió partes de Georgia, que mantiene ocupadas, en 2001 arrasó Chechenia a sangre y fuego, que si bien era una república autónoma dentro de Rusia, fue mucho más grave que la represión serbia sobre Kosovo, que no le salió gratis a Milosevic y sus socios genocidas. Por no hablar del golpe de Estado de Jaruzelski en Polonia cuando Solidarnosc, Praga 1968 o Hungría 1956. Es decir, Rusia viola la soberanía de sus vecinos cada vez que siente que su dominio sobre su área de influencia se ve amenazado. Al coste que sea. Y gran parte del antiguo Pacto de Varsovia y algunas repúblicas exsoviéticas – las tres bálticas pero también Moldavia – se han emancipado completamente. Por lo que no es en absoluto descabellado sospechar que una vez domeñada Ucrania, pase al siguiente objetivo.

No solo no es descabellado, por mucho que lo pueda parecer, sino probable. Basta recordar que antes de invadir Ucrania Putin dio un ultimátum: retirada de la OTAN de todos los países del Este que se han sumado a ella desde el fin de la Guerra Fría. ¡Claro! dirán los que sostienen que es precisamente la ampliación de la OTAN la causa de todos los males. Olvidan que la OTAN no invade: son los antiguos tutelados por Rusia los que ruegan que les dejen entrar precisamente para sentirse protegidos de una nueva tutela. ¿Y con qué derecho le decimos a los polacos, o a los rumanos, que no, que ellos son diferentes y tienen que aceptar que su destino está ligado a Rusia?

La OTAN y la UE nunca han invadido a nadie. EE.UU. invadió Irak, ilegalmente, con ayuda de algunos países europeos, sí, pero no la OTAN ni la UE. Y lo de Afganistán fue una intervención militar autorizada por el Consejo de Seguridad tras el 11-S. Rusia en cambio invade cuando lo considera oportuno, repetidamente, y todo indica que si lo de Ucrania le sale bien, sentirá que puede seguir haciéndolo impunemente. Especialmente ahora que ha transformado su economía en una de guerra y tendrá tanques, misiles y aviones a mansalva.

No sé que pasará en los próximos días y semanas pero sí sé que hemos salvado un match ball este Thanksgiving. El partido está difícil porque nuestro mayor aliado parece tener gran interés en poner punto final a la guerra al precio que sea, para ganar el Nobel, ahorrarse costes y hacer negocio en Ucrania y Rusia, que es una parte importante del infame acuerdo de 28 puntos. Pero no está perdido y Europa está poniendo toda la carne en el asador, por solidaridad con Ucrania pero, sobre todo, porque nos jugamos nuestro futuro. Ojalá todo el mundo fuera consciente de ello.

Un comentario en «El futuro de Europa en juego»

  1. Muy interesante y pertinente el artículo de hoy. En efecto, nos jugamos el futuro!

    No obstante, tranquilo, porque el hecho de ser conscientes o no de ello no va a cambiar nada. Nadie nos ha preguntado que queremos hacer respecto a Ucrania, simplemente una gente más o menos electa va decidiendo y seguirá decidiendo. Por aquí como mucho podemos cruzar los dedos o si alguno es más devoto que yo, rezar.

    También hay muchas incógnitas sobre todo, en general. Putin insistía esta semana mismo en que él no tiene ninguna intención de atacar a la UE y que además lo pondría por escrito. Y estos dias me acordaba del sabotaje del Nord Stream, cuyo autoría síguenos siendo objeto de controversia, porque leía en la Vanguardia que aquello de los drones en la UE aún no se sabe si fue una escalada de Putin, un error de cálculo o, lo que resultaría bastante más gracioso, una operación de «falsa bandera» (no se pierdan la serie The Diplomat, en Netflix, sobre ataques raros
    ..).

    Teniendo en cuenta estas cosas, es natural sentirse amenazados en la UE pero por hechos que no tienen una autoría y una razón lo bastante clara. Y no es fácil ser consciente de ello porque somos demasiado ignorantes sobre lo que realmente ocurre o deja de ocurrir.

Deja una respuesta