Verónica Ugarte
Dicen la ignorancia es atrevida. Peligrosa, agregaría yo. La ignorancia ha causado, y sigue causando grandes males. La falta de conciencia de clase; la falta de empatía hacia los males ajenos; los apoyos a quienes saben manipular todo un escenario, toda una nación.
Hannah Arendt murió hace cincuenta años y, quienes hemos leído su obra, sabemos lo duro que fue para ella volver a Israel después de haber escrito “Eichmann en Jerusalém”. No se ciñó a lo dictado por el Gobierno y pueblo de Israel. Se estaba juzgando a la mano ejecutora de la Shoa. Pero Arendt supo ser crítica. No faltó a su formación académica, la cual le exigía neutralidad en sus razonamientos y pensamientos. Esa imparcialidad le costó amistades y apoyos. Pero fue libre en su conciencia.
Desde el final de la guerra, cines, libros, relatos, propaganda pro Israel, propaganda antinazi ha aterrizado en miles de hogares, colegios. Hemos sabido de los horrores de los campos de exterminio. Están ahí para recordarnos un horror que no debía volver a suceder.
¿Cómo llamaremos al genocidio en Gaza? ¿Tendrá un altar donde alguien vaya a pedir perdón por falta de conciencia hacia el sufrimiento humano? De un lado y otro se utilizado durante décadas a los palestinos como árabes de quinta y como usada de cambio para grandes negociaciones que se hacían en su nombre pero no en su beneficio.
De Europa hace tiempo que no se puede esperar nada. Si el Canciller de Alemania, firmante del Tratado de Roma para el Tribunal Penal Internacional ha visitado Israel, limitándose a pedir, no el primer canciller en hacerlo, perdón por los pecados cometidos, ahora tiene otra responsabilidad histórica: el no haber hecho nada por Gaza y detener la masacre en nombre de un pueblo elegido por un dios que no puede existir. Me niego a creer que exista algo tan cruel y siniestro que permita genocidios y quede cruzado de manos.
Pero volviendo a la ignorancia, alguna vez leí por algún lado que los libros nos hacen libres, porque el conocimiento abre tus perspectivas y puedes ver más allá del mundo que pisas y la realidad que te ha tocado vivir. He dejado de estar de acuerdo con ello.
Los libros no son todo. Falta el rigor del razonamiento, de la comprensión lectura, del debate. España está a la cola (una vez más) de todo esto. Fallan las escuelas y los padres; gana la inteligencia artificial. Si abrimos la app, tecleamos “La banalidad del mal” aparece un resumen muy bueno para aprobar un examen con un cinco raspado.
En mis tiempos, allá en el medievo, el método era comprar el libro, fotocopiarlo y leerlo entre diez. Diez que no entendían lo que leían, diez que no razonaban, diez que no debatían ni reflexionaban. Añadamos que era la época donde era casi imposible comprar la versión original sin subtítulos, sin pasar por las manos del traductor (honrada profesión) y empaparse de dos herramientas a la vez: la voz original del autor y sus reflexiones.
Con la estupidez digital esto es ya una catástrofe. Estamos agravando la ignorancia y sus consecuencias a niveles que debemos, como sociedad, como padres, como Gobiernos, frenar. Personalmente la evito y sigo leyendo todo lo posible para que mi cerebro no se anquilose, y para que mi conciencia pueda saber por qué se enfada cuando se hace publicidad a bombo y platillo de la nueva versión de “Núremberg” y ninguna de “La voz de Hind Rajab”.
No hay muerte que sea menos dolorosa que otra. No hay vida que valga más que otra. Parece que este mundo no sabe de lecciones. No importa que nos indignemos, salgamos a manifestarnos, no votemos. El Poder sabe que tiene cada día más poder y que con él puede hacernos creer, si lo permitimos, que es bueno y vela por nosotros.
Gracias por el articulo, precisamente estos días se habla mucho de lo digital. Ayer se hacia eco la Vanguardia de cómo la IA ha exigido grandes desembolsos a las empresas tecnológicas que compensan eliminando puestos de trabajo de operaciones básicas y reduciendo la contratación de personal programador junior.
¿Serán los nativos digitales parados digitales? Es una pregunta seria…
Como toda transformación en los modos de producción habrá sectores perjudicados , amortización intensiva de puestos de trabajo y cambios de modelo de negocio ; también nuevas sinergias , ideas y aplicaciones .
Desde luego si comparamos la vida de Jack el Destripador con la del Dr. Fleming creo que la del segundo tiene más valor para la humanidad y tal vez menos para la literatura . Pero por opinar que no quede.
El último párrafo del artículo es muy inquietante : cuando dice el Poder , ¿ se refiere al político , financiero , militar , o es sencillamente , al del Maligno como se desprende de la última línea ?
Gracias, Juanjo.
Teniendo preaebte que para alcanzar puestoa de más responsabilidad, una educación más avanzada y espefícifica es necesaria, no salen loa números. En España no todos pueden acceder a la Universidad oor falta de ingresos, y a pesar de trabajar y optar por las públicas.
Por otra parte, ya en Francia están prohibiendo el chatgpt. Conociendo los problemas para escribir un francés correcto, esa app no es la solución, sino por lo menos leer a Lupin (ya no pido a Dumas).