Carlos Hidalgo
Desde el principio se nos había advertido por la gente que conoce más a fondo a la Administración de Trump que realmente no tiene un programa político, sino que en su segundo mandato iba a debilitar los controles y contrapesos democráticos y ejercer el poder como un mafioso de Queens, su barrio natal en Nueva York.
Trump no tiene doctrina de relaciones internacionales, sino que lo basa todo en transacciones: tú me das algo o me regalas algo y yo te protejo… de mí mismo. Por eso no tiene ningún problema en detener a Nicolás Maduro por traficante de drogas y a la vez indultar a otros traficantes de drogas o delincuentes que le han hecho llegar regalos o donaciones. Y, la verdad, su política doméstica se basa en los mismos principios.
En cualquier caso, mientras Trump trata de desviar la atención acerca de su relación con el pederasta Epstein, se ha embarcado en una guerra contra las drogas sin amparo por el derecho internacional, ni autorización por el Congreso de su país, como manda la Constitución estadounidense. La espectacular detención de Maduro, en la que Trump tenía una pantalla con redes sociales delante, en su improvisada sala de crisis en su club de golf en Florida, la detención, decíamos, iba a ser el momento Bin Laden de Trump, en el que acabaría con una amenaza contra su país, detendría a un villano y, según afirma, provocar un cambio de régimen.
Por lo que sabemos, según la narración de Trump y lo que han declarado a los medios, mientras casi centenar y medio de aeronaves se encargaban de bombardear las defensas antiaéreas de Caracas, dos helicópteros de asalto con miembros de la Delta Force aterrizaron en una base militar en la que Maduro pernoctaba, asaltaron la residencia en la que se encontraba, evitaron que huyera a un búnker o sala del pánico, les metieron a su esposa y a él en un helicóptero y se lo llevaron a un buque de la Armada y finalmente le trasladaron a una prisión neoyorquina, donde se encuentra ahora.
Aunque los bombardeos han causado unas 80 muertes, entre militares venezolanos y vecinos caraqueños, ni el ministro de defensa venezolano, ni los estadounidenses han dejado claro cuántas de esas bajas corresponden a la guardia presidencial de Maduro.
Tampoco ha habido un cambio de régimen. A Maduro le ha sucedido su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, que ya ha jurado el cargo y que, según parece, al Gobierno de Estados Unidos les parece más aceptable que la oposición democrática, que además aportó pruebas de haber ganado las últimas elecciones. Según Trump, María Corina Machado, la líder de la oposición, no tiene “ni el respeto, ni el apoyo de su pueblo”. El sistema represivo del régimen bolivariano sigue intacto y algunos de los elementos más violentos y radicales de este, como Diosdado Cabello, siguen en sus puestos.
Como bien indicaba el New York Times al narrar lo ocurrido, el gobierno de Trump considera más aceptable a Delcy Rodríguez, que fue la artífice de pasar de un sistema económico “comunista y corrupto a otro de libre mercado igualmente corrupto”. Trump, que afirma que los Estados Unidos se harán cargo de la administración venezolana, no tiene a nadie en el terreno para poder hacerlo y cree firmemente en que puede controlar a distancia Venezuela mediante instrucciones y amenazas.
Por otro lado, sabemos que la operación fue planificada por la CIA, que tiene “fuentes de alto nivel” en el régimen chavista y la ausencia de imágenes y de pruebas de que los Delta hubieran hecho frente a ningún tipo de resistencia armada en tierra al capturar a Maduro es un poco sospechosa. Da igual que los cargos chavistas salgan ahora envolviéndose en la bandera y blandiendo el sable de Bolívar.
Uno podría preguntarse si esta operación tan “limpia” es una transacción más. El chavismo vende a Maduro a cambio de su permanencia y los Estados Unidos consiguen que China deje de comprar petróleo en Venezuela.
La oposición seguirá en el exilio y en la cárcel, nadie se acordará de las 80 personas fallecidas y la vida del pueblo venezolano que no ha podido huir de su país no va a mejorar sustancialmente.
Y sí, es muy preocupante que Trump se salga con la suya, porque lo que ha hecho para quedarse con Venezuela lo puede hacer igualmente para tomar Groenlandia, por efecto, o para subvertir el resultado electoral en países donde no le guste lo votado. Es un desastre que el orden internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial y que fue inspirado por los propios EEUU, que trajeron al mundo la etapa más larga de expansión de la democracia y pusieron normas al ejercicio del poder de todos los países, salte ahora por los aires a manos del peor gobierno que han tenido desde que los británicos abandonaran su territorio.
Quiero creer que queda mucho todavía por delante para poder expresar una opinión salvo la inicial expresada de manera generalizada sobre la poco ortodoxa, por decirlo de manera suave, intervención del gobierno Trump en un inicio de algo que, aunque de forma bastante grosera según nos tiene acostumbrados en sus intervenciones, puede ir variando en forma más que en fondo y terminar como algo más lógico y deseable que lo que en estos momentos parece desprenderse de las manifestaciones del presidente Trump.
Espero que las cosas vayan desarrollándose de manera que el Chavismo, sobre el que ahora parece apoyarse el desarrollo del movimiento inicial del cambio del sistema, vaya dando paso a una implantación más paulatina de lo deseable pero de la profundidad requerida para que se culmine con nuevas elecciones o con la aceptación de los resultados verdaderos de las últimas realizadas.
No creo que, sin tutela, una transición sin fuertes disturbios y enfrentamientos se puedan llevar a efecto.
Trump ya nos tiene acostumbrados a su dialéctica y vaivenes. Su fin lo conseguirá pero tendrá que matizar bastante las formas.
En un mes tendremos más claro que va a pasar realmente.
Dice el titular: «Se vende régimen Maduro».
Espero que las cosas avancen de manera que podamos titular un nuevo artículo con: «Se compra transición madura».
En América Latina, afortunadamente, no parece existir el freno que existen en otros países y latitudes dominados por un fundamentalismo religioso que impide un fácil avance a posiciones más propias de regímenes democráticos a la europea; Por lo que, presumo, será más fácil canalizar el desencanto y desesperación de una población oprimida hacia soluciones democráticas que la hagan recuperar un nivel de apertura política propia de regímenes democráticos.
España y Portugal, con sus ejemplos de como transitar hacia la democracia, por la vía de renuncia a la española o de revolución de los claveles a la portuguesa pueden ser ejemplos en los que escoger, unitaria o de manera combinada, para salir del atolladero en la que Venezuela perece encontrarse en estos momentos.
La Argentina de Milei también puede terminar demostrando que, si la población tras grandes esfuerzos y posiblemente también grandes sacrificios, termina recuperando capacidad adquisitiva y mejorando su vida, se da pié a una futura evolución en términos más democráticos que por los que ahora circula.
Tiempo al tiempo en Venezuela, …… y Cuba que se vaya preparando también.
Indudablemente el escenario resultante da para muchas reflexiones políticas respecto a cómo pueden transicionar ciertos países con democracias dudosas, fallidas a limitadas a democracias liberales convencionales.
No obstante, creo que debemos considerar secundaria esa cuestión y fijarnos en la cuestión primaria, que es el rol efectivo del que se ha dotado Estados Unidos en el mundo. Más allá de sus bombardeos selectivos en África y demás, hay dos hechos claves y una serie de manifestaciones derivadas. Esos dos hechos son la posición de Trump sobre la masacre de Gaza y la cobertura total dada al gobierno de Israel, el cual, ha día de hoy, mantiene viva su agresión militar y su ambición anexionista. Y dos, naturalmente, la invasión militar de Venezuela, acompañada del secuestro de su presidente y el asesinato de decenas de militares.
Aquí ya no tenemos tan solo una declaración de intenciones. Tenemos una actitud concreta hacia otros países, que conlleva decisiones geopolíticas y decisiones militares. Lo relevante, no obstante, es también que esas decisiones han ido acompañadas de avisos o manifestaciones previas, por lo que resulta extremadamente necesario fijarse en que manifestaciones están teniendo lugar ahora.
Colombia, México, Cuba y DInamarca son los países que han sido más notoriamente objetos de amenazas nada veladas por parte de Trump, ya sea directas a su soberanía o ya sea a sus mandatarios. A este cokctail podemos añadir Canadá y al anterior su posición respecto a la guerra de Ucrania.
Y a partir de aquí podemos pensar que tras el episodio venezolana se va abrir una nueva era dorada democrática en el país o limitarnos a preocuparnos muy seriamente ante el cariz que está tomando la política internacional.
Creo que lo primero que debemos hacer es condenar la invasión de Venezuela y el secuestro de su presidente. La violación del derecho internacional es tan evidente como lo ha sido en Gaza por parte de Israel o en Ucrania por parte de Rusia. Hacer variables de lo que va a ocurrir luego puede ser muy entretenido con este frío navideño pero es imposible construir nada sobre la ilegalidad y la violación de los derechos humanos, cuando además en este caso las prioridades del invasor son muy claras y las ha referido sin pudor. Maduro y el régimen chavista me parecen despreciables, tan despreciables como el gobierno de Trump. Igual de corruptos. Uno es ejemplo de las dictaduras del siglo XX y el otro muestra el camino para las dictaduras del siglo XXI. Solo espero que la ciudadanía norteamericana mande al basurero de la Historia a este personaje siniestro cuanto antes, si es que queda algo de democracia en EEUU dentro de unos años.
Y dos cuestiones colaterales. En nuestra izquierda quienes apoyaron la invasión de Putin en Ucrania ahora denuncian la violación del derecho internacional en Venezuela contra sus amigos chavistas, Ahí tienen a la tropa de Podemos con la impresentable Belarra a la cabeza. Y en nuestra derecha…aplaudiendo a Israel a Trump y a toda la escoria que nos rodea en este cuarto de siglo. Si no fuera trágico sería de risa el papelón del PP con el amigo de Marcial Dorado ( este si que es un narcotraficante acreditado ) demostrando una vez más su mediocridad como político. Hasta la extrema derecha francesa ha tenido un comportamiento más decente en este tema que el PP.
https://www.elmundo.es/cultura/2026/01/06/695bddace4d4d8e4058b458f.html