En la catarsis

Juanjo Cáceres

“La sensación de que algunas cosas que pueden pasar acabarán sucediendo no debería ser un motivo para no oponerse a ellas y por eso hemos hecho un esfuerzo titánico en esta campaña”, exclama Leo en su turno de intervención. Un turno breve, de escasos minutos de duración, que transcurre rodeado de más de un centenar de personas distribuidas en la pantalla de su ordenador. Ha tenido que esperar más de dos horas para conseguir tomar la palabra y empieza así su intervención, rodeado de individuos con la cabeza bajada, que parecen más pendientes de lo que ocurre en su dispositivo móvil que de sus palabras iniciales.

“Estaremos de acuerdo, compañeras y compañeros, en que estos no son los resultados que deseábamos, pero tampoco peores de lo que esperábamos. Hay que agradecer a la dirección del partido y, en particular, a la dirección de campaña, la autocrítica que han hecho, pero no debemos confundir el reconocimiento de que las cosas no han ido bien y de las responsabilidades por el resultado final, con la culpabilidad. Porque, en todo caso, tan responsable es de la evolución de nuestro partido esta dirección, como lo es el último de los militantes”.

Se detiene para respirar y reflexionar durante dos segundos sobre esa última afirmación. ¿Realmente somos todos igual de culpables o los hay más culpables que otros? ¿No son estas palabras propias de alguien que prefiere cerrar filas en lugar de abrir un proceso de crítica? ¿De alguien más preocupado por la nómina del mes que viene que por hacer una reflexión sincera? Percibe que algunos harán una lectura servil de esas palabras y, sin embargo, lo cierto es que se ha expresado de forma muy sentida, aún consternado por la incapacidad de competir que su partido manifiesta en las urnas, pero mucho más alarmado por lo escuchado esta tarde.

Las intervenciones que le han precedido no han sido, en general, demasiado distintas, pero algunas han sido singularmente duras. Ha llegado a escuchar: “No levantamos cabeza”, “Esto es un desastre”, “Así vamos derechos al precipicio” y otros comentarios semejantes. Incluso, hace algunos minutos, alguien ha osado decir que los rivales tenían mejores candidatos, y eso le ha removido terriblemente los intestinos. “¿Cómo se puede ser tan desleal y cruel en un momento así?”, ha pensado al instante, lo que le ha desplazado de la voluntad de ser crítico a la determinación de cerrar filas. “¡Qué poca vergüenza tiene Alberto! ¡Dale tú ahora, cuando te toque intervenir!”, le escribía inmediatamente después Rosa por WhatsApp.

“Como ya os podéis imaginar, no puedo estar de acuerdo con algunas de las cosas que se han dicho aquí, ni con la manera como se han expresado, pues resultan tremendamente injustas para muchos compañeros y compañeras que se han dejado todas las horas del día en esta campaña”, expresa Leo con mirada incisiva y verbo enérgico.

“Muy bien, Leo”, se lee en una notificación de WhatsApp que aparece sobre su monitor. Se da cuenta de que a Rosa le ha gustado eso último y gana confianza en sus siguientes palabras.

“La tentación de buscar culpables en la derrota siempre es grande. A veces por la necesidad de encontrar una explicación; otras, compañeras y compañeros, me sabe mal decirlo, también por simple ambición y mala fe. Las causas de lo acontecido deben examinarse con calma y tendremos tiempo de analizarlo, pero debemos hacerlo desde el sosiego y confiando en los procesos del partido. La otra noche fue dura y hoy debemos enfrentar las consecuencias de esos resultados, pero con respeto y lealtad”.

La gesticulación de muchos de los presentes y ciertos iconos de aplausos en la pantalla le reconfortan, pero la seriedad e incluso un aire de suspicacia puebla algunos rostros. Ahora se sabe atrapado en la condescendencia de la mayoría y se siente incapaz de encontrar una vía de rescate de algunos argumentos sobre los que había reflexionado unas horas antes: un mensaje de campaña demasiado parecido al de elecciones anteriores, que mantiene cerca al electorado tradicional pero aleja a los jóvenes; un modelo de actos “llenapistas” muy tradicional, demasiado centrado en la presencialidad; una apelación constante a un pasado más glorioso en detrimento de los retos del futuro…, y tantas otras cosas que no podían funcionar en ese contexto de polarización. Pero ya no es posible señalarlas sin producir contradicción, añadir sal a las heridas y agrandar las fracturas, por lo que opta por dejarlos de lado y precipitar el final de la intervención.

“Esta vez no han salido las cosas como deseábamos, pero seguimos estando ahí y volveremos a dar la batalla, no solo dentro de cuatro años, sino cada día, con la representación que hemos obtenido en las urnas y con el esfuerzo incondicional de nuestros representantes. ¡Hay partido compañeros y compañeras!”. Es entonces cuando las gesticulaciones y la alegría parecen multiplicarse. Hay quien incluso abre el micrófono para que se escuchen los aplausos. Leo sonríe. El futuro que aguarda no es mejor, pero en este preciso momento, la sensación es distinta.

Deja una respuesta