Arthur Mulligan
Vivir al día sentado en el puente de mando con el pegamento del poder y sin rumbo, no es una estrategia. Este PSOE mira hacia el pasado nuevamente y nos advierte de que no es imposible su regreso insistiendo en postularse como la más sólida garantía, la mejor opción para todas las minorías que roen a la vez los despojos de un estado en el que no creen y al que rayan hasta sus huesos.
La inercia de los desacuerdos alcanza a la oposición y todos juntos refuerzan la parálisis política y social.
El PSOE pretende ganar tiempo rediseñando en su despliegue territorial el efecto Illa pero con peores candidatos aunque en realidad importa poco: el partido de los afiliados, el partido de la ausencia de controversias, el de la militancia centenaria, asiste inerme al paracaidismo ministerial.
Todos se vigilan porque el factor sorpresa alcanza grados de incertidumbre que puede trastocar cualquier plan.
Siguen pendiendo como espada de Damocles las revelaciones de la trama criminal organizada por el anterior Secretario de Organización, el Ministro Ábalos y otros, y los líos del Fiscal General y de la esposa de Sánchez, que con independencia de su resultado alteran la intimidad del presidente.
Por otro lado, las rocosas cordilleras de la economía muestran la inestabilidad perpetua de sus nieves negras aunque, eso sí, sorprende su tamaño creciente.
Al igual que Nixon en La Casa Blanca, Pedro Sánchez ha instalado la mentira en La Moncloa impidiendo con sus huidas al pasado restaurar el crédito en la política.
Es uno de nuestros grandes desafíos: recuperar la confianza entre la clase política y los ciudadanos.
Así, el grado de satisfacción de los informes económicos adolece del proverbial efecto propaganda que todo lo impregna y si las grandes cifras aparentemente marchan bien – 2024 ha sido un año de contradicciones si pensamos en el crecimiento del PIB, el número de cotizantes a la Seguridad Social, la reducción de la deuda en porcentaje del PIB pese a que en volumen siga marcando máximos históricos– pero en realidad, el principal problema económico de la población, que es el de la vivienda, surge al destaparse una crisis de escasez que se ha ido fraguando durante años al provenir de una crisis de superproducción en la que también se aceleraron los precios, cortándose el impulso a la obra nueva y sin olvidar que la inversión privada ha sido menor. Con todo, lo principal es que la pública y las medidas destinadas a crear un parque público han sido absolutamente inexistentes por parte de todas las administraciones y, aunque estemos hablando de competencias cedidas, en este ámbito que afecta al proyecto vital de muchísimos jóvenes que no pueden iniciarlo pero que también afecta a las familias de la forma más directa, es imperdonable la inhibición reguladora del Estado.
Y es contradictorio porque aparte de esta inacción pública y de las consecuencias de la anterior crisis, todo ha confluido con los flujos migratorios, que han sorprendido por ser probablemente uno de los motores de crecimiento económico y de la demanda de vivienda al alza, echando gasolina a un fuego que ya estaban generando las administraciones con su inacción.
De manera que cuando el Gobierno hace los resúmenes del año parece contestar a las preguntas que sabían del examen (PIB, cotizaciones a la Seguridad Social, cifras de turismo, favorable coyuntura energética, etc) pero ocultando las asignaturas que no han estudiado: la vivienda, como hemos señalado; la defensa, con las seguramente nuevas exigencias (Trump exigía una subida del 5 % de nuestro PIB, por ejemplo y aunque luego sea el 3,5% -hoy el 0,9- el asunto se presenta rudo) y sin olvidar que uno de cada dos euros del presupuesto de la administración central va a pagar pensiones y los intereses de la deuda, en parte generada por lo que nos gastamos en las pensiones.
El reparto de la riqueza no debería sustituir su empleo en generar riqueza.
La decisión política de situar el franquismo en la primera línea de la agenda política no responde a un ejercicio de rigor histórico que pretende explicar qué estaba pasando en España el año en el que falleció el dictador, sino a un intento de sacar rédito político a esa muerte natural, confundiéndola narrativamente con una victoria de la izquierda que simplemente no sucedió.
Toda celebración de una fecha por parte de un Gobierno responde siempre a un objetivo político. La memoria histórica no es más que un oxímoron y más en manos de la política. Si es memoria, no es historia.
Los socios del Presidente ya lo avisaron: contra el régimen del 78 y por la independencia de Cataluña. Para eso apoyaron al PSOE. No han engañado.
Haciendo memoria, cabe recordar que la precariedad en que se abrió camino el “milagro de la transición” se resintió particularmente de la amenaza etarra. El terrorismo vasco ha conspirado contra la democracia y las libertades. Y forma parte de los fenómenos sangrientos y sanguinarios que pudieron malograr la viabilidad misma de la Constitución.
Ha sido un acto desangelado lleno de ministros militantes acompañados de una música funebrera. Porque Franco ha muerto, recuérdenlo.
Por eso es irresponsable el enfoque de la confrontación, hasta el extremo de fantasear con el discurso temerario de las dos Españas.
El primer Real Decreto del año crea el Comisionado para la celebración de los 50 años de España en libertad.
El gobierno legitima este aniversario en la ley de Memoria Democrática y pone a su gente, a una Comisionada, la historiadora Carmina Gustran con rango de Subsecretaria bajo la dependencia funcional y orgánica del Ministro de política territorial y memoria democrática, Ángel Víctor Torres, este sí de frágil memoria.
La nueva instancia administrativa, de carácter temporal, carece de presupuesto, por lo que el Real decreto prevé en una disposición adicional que “por el Ministerio de Hacienda se realizarán las modificaciones presupuestarias y habilitaciones de crédito necesarias para el cumplimiento” de la resolución gubernamental.
También por decreto se pretende trasladar a la última ola de inmigrantes subsaharianos, que se amontonan en Canarias al fracasar las negociaciones con el resto de las Autonomías por carecer el Gobierno de un Plan Director o cosa que se parezca.
Política de hechos consumados se llama la figura.
La única razón que explica la necrofilia franquista de Pedro estriba en el propósito indisimulable de reanimar a Vox, su mejor aliado.
Ya no quedan conejos en la chistera ni aliados que tengan posibilidades de crecimiento que complementen los inventos que le han traído hasta el lugar que ocupa Sánchez hoy.
Ya falta menos para que de una vez por todas ceda la palabra a la ciudadanía para intentar regenerar la vida política desde una centralidad no excluyente que repare la carencia de su institucionalidad en estos momentos en los que asoma la insolvencia de liderazgos oligárquicos.
Ejem…Mr Mulligan,me pregunto cuando nos escribirá un artículo que hable de lo bien que lo está haciendo ,Feijóo y su espada de Damocles ,Ayuso.,que le quita todo protagonismo.
No se atreverá.
….JA JAJA…que nervios.