De la catástrofe

Juanjo Cáceres

La lluvia dejó tras de sí un desolador paisaje de devastación. La fragilidad de nuestros sistemas de respuesta y auxilio en caso de catástrofe por inundación, cuando esta se produce en varios puntos simultáneamente, quedaron tremendamente al descubierto y durante unos días no entendimos muy bien cuál era la función del ejército en tiempos de paz. Entretanto las imágenes de Paiporta transmitían esa sensación de población en soledad, casi abandonada a su suerte entre el fango y la devastación.

España se enfrentaba a finales del mes de octubre a vivencias propias de países en vías de desarrollo y no le fue mucho mejor. La cifra de víctimas es del todo inaceptable: lo era cuando se habían contabilizado una cincuentena y lo era aun más cuando esa cifra se multiplicó por tres dos días después. Durante las horas de la catástrofe abundaron las conductas temerarias: desde un gobierno autonómico que no solo no daba la señal de alerta sino que se distanciaba de la predicción de la Agencia Estatal de Meteorología, hasta grandes empresas que no cesaban sus actividades. Fueron demasiado pocos los ámbitos donde se adoptaron medidas preventivas, en un contexto, el de Levante, donde las inundaciones no son nada nuevo, ni sorprendente, y donde se sabe, como en cualquier parte, que los fenómenos meteorológicos extremos se han ido intensificando.

Como resultado de todo ello, la Comunidad Valenciana está viviendo una auténtica pesadilla, de la que le va a costar despertarse. El Halloween de las poblaciones afectadas fue crudo y real, mientras proseguían incesantemente las llamadas de auxilio para localizar personas desaparecidas, que el agua parece haber borrado de la existencia. Esta vez, además, la conmoción es tan grande que, en las primeras horas, ni siquiera han proliferado demasiado los intercambios de reproches en la esfera política -con excepción del inefable Feijóo, que una vez más volvió a hablar a destiempo y de lo que no tocaba-, pero no faltaron los errores de conducta, como el del Congreso, donde la sesión sobre RTVE continuó como si no fuera con ellos.

¿Cuáles son las enseñanzas que vamos a extraer como sociedad de esta trágica experiencia? El coste humano y material de este episodio es de tal envergadura, que debería haber un antes y un después. Es fundamental darse cuenta que deben extremarse los mecanismos de acción preventiva ante la aparición de frentes que puedan ocasionar fuertes descargas y, con ello, ocasionar grandes impactos en las zonas afectadas y en las vías de comunicación. La sociedad tiene que aprender a detenerse cuando esta es la conducta más segura. Ello implica también disponer de estructuras robustas de emergencia y mejorar la cooperación entre cuerpos de emergencia y entre administraciones. La delegación de competencias en las comunidades autónomas ha vuelto a mostrar que el rey está desnudo. O dicho en otras palabras, que las Comunidades Autónomas no disponen de los recursos o de las capacidades necesarias para responder a los retos de nuestro tiempo, llámese catástrofes o políticas de vivienda: es algo que comprobamos muy a menudo en diferentes frentes.

Estos años, además, estamos viviendo una deriva en que las principales instituciones se están volviendo menos eficientes y están evidenciando una creciente incapacidad de objetivar los problemas y atenderlos. La creciente infantilización del debate político, que tiene su eco en una sociedad fuertemente “pantallizada” y entregada a cualquier narrativa que se movilice por medios y redes, está socavando la inteligencia colectiva y dañando la capacidad de distinguir lo relevante de la accesorio o de hallar soluciones. Entretanto los liderazgos políticos se expresan a modo de gurús que anuncian cosas que luego no pasan y se enfrascan en guerras infinitas de desgaste. Todo ello deja tras de sí una inmensa pérdida de tiempo, tras la que la realidad nos acaba atrapando y condenando.

Dadas todas estas valoraciones y a la vista de lo ocurrido, creo, finalmente, que sería adecuado que el gobierno valenciano asumiese su responsabilidad y que su Presidente cesase voluntariamente de sus obligaciones en los próximos días, cuando las estructuras de intervención se hayan acabado de articular. No solo le pesa una actuación negligente durante las horas centrales del diluvio, que de haber sido más adecuada hubiera reducido el número de víctimas, sino que además todo ello viene precedido de la eliminación de la Unidad Valenciana de Emergencias, que fuera o no un órgano bien planteado, a la vista está que la Comunidad Valenciana necesitaba más cuerpos de intervención en caso de emergencias, y no menos.

Ese antes y después al que me refería anteriormente nos debe hacer más responsables y capaces de asumir cuando no hemos estado a la altura. Ello incluye necesariamente tomar una decisión proporcional, que habría de ser la de dejar paso. Y lo mismo todo aquel que en el contexto de esta tragedia no haya estado a la altura de su enorme responsabilidad.

10 comentarios en “De la catástrofe

  1. Desde que Barbará hizo de Valencia su botin de saqueo, nada ha sido positivo. Ordas de corrupción. Juicios. Nadie en la cárcel. Y cuando es la sociedad civil la que hace lo que el Gobierno no puede, o no es capaz de hacer, es que no existe Gobierno.

  2. Ningún problema en que deba dimitir el Presidente de la Generalitat por sus errores y no solo él ; pero aún recuerdo las inundaciones en Bilbao y el comportamiento del Gobierno de Felipe González .
    Como siempre es una cuestión de proporcionalidad .
    Entonces murieron cerca de cuarenta personas .

    « Juan Montenegro sabe perfectamente cómo funciona la Unidad Militar de Emergencias. Lo sabe porque estuvo presente en su gestación, hace casi 20 años, y después fue su jefe del Estado Mayor, entre 2009 y 2011. Por eso se indigna cuando ve cómo se ha desarrollado el despliegue de la UME y la respuesta del Ejército a la catástrofe provocada por la riada en Valencia el pasado martes. «Se está dando apoyo a cuentagotas» se queja este alto mando retirado, que achaca esta situación a una «pelea política» entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el Ejecutivo valenciano que encabeza Carlos Mazón. Y, sobre todo, tiene claro que hay una parte del relato que se ha establecido como cierto, en realidad no lo es: «Es mentira que la Generalitat Valenciana tenga que pedir a los militares».

    El teniente general retirado asegura que la UME está activada desde que la Consellería de Justicia lo reclamó a la Delegación del Gobierno en Valencia. Esto se produjo a las 15:21 del fatídico martes 29 de octubre. Desde entonces, afirma Montenegro, debía ser la unidad impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero quien hiciera las veces de punta de lanza de las fuerzas armadas en Valencia. Esa tesis choca con lo que han defendido desde el martes el propio Pedro Sánchez, pero también la ministra Margarita Robles y Carlos Mazón. Los tres dirigentes han afirmado en varias ocasiones que debe ser el responsable de la Generalitat quien reclame los efectivos. «Las autoridades valencianas conocen el terreno mejor que nadie; si no tienen recursos, que los pidan», ha dicho el presidente del Gobierno en su comparecencia de este sábado en Moncloa, en la que ha abundado en esta idea.

    Eso no es así, es la UME quien despliega en coordinación con la comunidad autónoma», expresa el mando militar retirado, que recuerda que la Unidad Militar de Emergencias se creó para ser «el elemento de primera intervención, para estar a pie de obra». Una vez que la UME calibra las necesidades de la población afectada por la catástrofe, relata el teniente general Montenegro, decide si solicitar el apoyo de las Fuerzas Armadas. Además, incide, no debe ser el Gobierno regional quien reclame un número concreto de efectivos, sino que es Defensa, insiste, quien diseña el despliegue en función de las necesidades. Estas peticiones pueden ir desde unidades de ingenieros para despejar las calles a las de apoyo logístico para el reparto de víveres. «No se piden efectivos, se piden capacidades», zanja.

    De modo, Cáceres, que a su artículo – que suscribo – le falta ese punto de equilibrio que propone un militar tan relevante como el Teniente General Montenegro.

    Así fue como se actuó en el terremoto que asoló la localidad murciana de Lorca en 2011, que dejó 9 víctimas mortales y más de 300 heridos. El teniente general Montenegro formó parte de aquel dispositivo. Los militares de la UME acudieron al primer reconocimiento para calibrar lo que necesario y, una vez realizado el examen, la Unidad Militar de Emergencias reclamó al Jemad (Jefe del Estado Mayor de la Defensa) el despliegue adecuado. «Las Fuerzas Armadas enviaron los convoyes de apoyo a la población para 5.000 personas», recuerda este mando retirado, que también destaca la labor de la UME en incendios e inundaciones e incluso en misiones fuera de España, como el terremoto de Haití.

  3. Concuerdo en que se puede hacer referencia al papel de la presidencia del gobierno, que no está teniendo precisamente su mejor semana, pero ya había dejado una puerta abierta a la necesidad de que otros asuman su responsabilidad «lo mismo todo aquel que en el contexto de esta tragedia no haya estado a la altura de su enorme responsabilidad». Si entre ellos ha de estar o no el presidente del gobierno, ya veremos.

    En todo caso yo me refería a una negligencia muy concreta, que es la de la gestión de la alerta. Lo que hemos visto después con la atención posterior es una pelicula distinta donde las responsabilidades se vuelven mas amplias.

  4. Carlos Manzón no está aceptando la ayuda de los bomberos de toda España. Bomberos franceses han llegado a pueblos donde no ha llegado nadie. Esto es estrcutral, y va más allá del Gobierno central. El saqueo en Valencia no ha parado con ningún gobierno autonómico. Esto se podía haber evitado si los gobiernos hubieses sido responsable de su ttabajo, ahora lo son de muerte y destrucción.

  5. Leo :

    « El ministro de España, Fernando Grande-Marlaska, rechazó el ofrecimiento del Gobierno francés de enviar a España a 200 bomberos para ayudar tras el paso de la DANA por la Comunidad Valenciana, que ha dejado más de 200 muertos. Así lo aseguró el ministro de Interior galo, Bruno Retailleau, quien ha asegurado ante los medios que España no lo ha visto necesario. “Dice que tiene sus propios medios y se ha movilizado al Ejército”, ha explicado respecto a una conversación que mantuvo con su homólogo. “Por ahora no es necesario”, le dijo.

    En la Comunidad Valenciana viven unos 4.000 franceses, por lo que desde Francia insisten en que pueden movilizar sus efectivos “ante una situación extremadamente compleja” como la que se ha producido en los últimos días y han reclamado cooperación entre las embajadas.“

  6. El Gobierno contra el Estado

    Este es el titular más descriptivo del comportamiento intolerable del Gobierno que preside Pedro Sánchez: «El Gobierno solo asumirá el control de la crisis si se lo pidiera Mazón» (El País de ayer sábado). En su declaración institucional, Sánchez, decepcionante y por momentos cínico, echó sobre las espaldas de una autonomía la obligación del Estado en un desastre cuya magnitud aún no se puede calcular.

    Es literalmente indecente someter a una condición innecesaria jurídica y políticamente el ejercicio de la función ejecutiva que consiste en dirigir la política interior y exterior, la administración civil y militar y la defensa del Estado, según establece el artículo 97.1 de la Constitución. El Gobierno no puede abdicar de su condición de tal por una omisión, cierta o supuesta, de un presidente autonómico incapaz ante el desastre. Lo pida o no Carlos Mazón, que ayer lo pidió, el presidente Sánchez debió declarar la emergencia nacional y, más aún, convocar sesión extraordinaria del Consejo de Ministros y declarar el estado de alarma conforme al mandato del artículo 116 de la Constitución, de acuerdo con los requisitos que establece para esa situación la ley orgánica de 1981, tal y como se explicó aquí el pasado viernes. Sánchez sentó al Gobierno en el patio de butacas y lo presentó como una instancia subsidiaria. Un auténtico despropósito.

    Las proporciones de la tragedia en Valencia —aunque también en otras comunidades— no podían, no pueden y no podrán ser abarcadas por un gobierno autonómico, y malo es que su presidente no sea consciente de su limitación, pero mucho peor resulta que el Gobierno quede a la espera de una o varias solicitudes que en absoluto precisa para ponerse al frente de la gestión de una calamidad que afecta por sus dimensiones a toda la nación.

    La abstención temeraria del Ejecutivo lesiona al Estado al que debe servir ejerciendo sus competencias en plenitud siempre, pero especialmente cuando se trata de manejar, aunque sea con notorio retraso, una catástrofe de dimensiones todavía por evaluar, pero con unas cifras de fallecidos y desaparecidos escalofriantes y unos daños públicos (infraestructuras) y privados de un montante exorbitante. La tragedia de Valencia lo es de ámbito nacional y afecta al espíritu colectivo de los españoles, a su economía, a la reputación de España y, de manera fundamental, a la integridad de la confianza ciudadana en el amparo del Estado cuando más perentorio resulta.

    Que este Gobierno atentaba contra el Estado, era sabido en función de sus estrategias para mantenerse en el poder valiéndose de pactos con sus enemigos declarados que prometieron no suscribir a sus electores del pasado 23 de julio. Pero, quizá ingenuamente, resultaba difícil admitir que su ausencia de criterio estadista (y de principios) fuese tan rampante como el que está mostrando en esta crisis. Y al tiempo, tan clarificador del tacticismo constante del que hacen gala Pedro Sánchez y sus ministros que han tomado la inclemente decisión de comportarse como espectadores cualificados de la tragedia.

    Les costará caro porque los ciudadanos en muchas ocasiones no manejan conceptos políticos abstractos, pero sí perciben los materiales y concretos. Y forman su criterio en atención a percepciones impactantes. Lo hacen las víctimas directas de la tragedia, pero en una sociedad sobre la que golpean de continuo las imágenes y los testimonios de las víctimas de la tragedia, el juicio popular será, antes o después, severo y, en este caso, albergará consecuencias de muy largo alcance.

    El derrumbe de la confianza en el Estado es la consecuencia de la renuncia del Gobierno a serlo como le exigen la Constitución y las leyes. Y como le reclama la sociedad española ahora perpleja ante la incuria gubernamental, la insuficiencia gestora del gobierno autonómico valenciano (que entrará en crisis) y la impasibilidad de las fuerzas políticas que conforman la precaria mayoría parlamentaria que sostiene la actual legislatura.

    Se ha producido el colapso del Estado por una inevitable causalidad: el retraimiento del Gobierno, la disfuncionalidad del modelo territorial autonómico que sentencia su fracaso y el emponzoñamiento de la vida pública que trae causa del propósito de Sánchez de levantar un “muro” entre españoles.

    Ha conseguido con creces su propósito divisivo, hasta tal punto que su Gobierno se ha convertido en un ariete contra el Estado al que él y sus intereses han venido asaltando de manera impune. Este capítulo histórico en el que el Ejecutivo espera altivamente, sin necesidad de hacerlo y obligado a actuar, la solicitud de un presidente autonómico rebasado por la magnitud del desastre confirma, por si había duda, que este Gobierno y este presidente erosionan los fundamentos del Estado.

    Cuando las cifras de fallecidos hagan estallar todas las previsiones, cuando quede claro que el discurso de la resignada inevitabilidad de la catástrofe es en realidad una coartada para la impunidad de los gestores públicos, cuando la evaluación de los daños nos enfrente colectivamente a gravísimos problemas económicos y financieros, cuando se desate una crisis sanitaria ya en ciernes, entonces Sánchez, sus ministros, su partido y todos los que les acompañan con complacencia, deberán hacer frente a una factura moral y política tan voluminosa que les llevará a la quiebra. Es cuestión de tiempo.

  7. Algún leeré que Pedro Sánchez no tiene la culpa dr nada, según usted, y ese día será el fin del mundo. Un poco de seriedad no es mucho pedir.

  8. Para Stendhal nada ofende más que un buen argumento y los que ofrece J A Zarzalejos son de primer nivel , entre otras cosas porque entroncan sus raíces en los fundamentos de nuestra convivencia como nación política : el texto constitucional y la legislación que se sigue desde 1978 .
    ¿ No le parece suficiente seriedad ?
    En realidad nos recuerda las obligaciones que tiene el gobierno y que son insoslayables . Y así , necesariamente , ha tenido que hacer lo que demoraba con cierto cálculo mefistofélico y más cosas como ERTES , obedecer a la Justicia Europea , entregar dinero a los valencianos , embarrarse , dar explicaciones , vigilar los asuntos familiares , contratar delegados afines para el súper congreso , templar gaitas con Ábalos para ( José Luis ¡ se fuerte ! ) que sea discreto y renegociar un indulto , deshojar la margarita de romper relaciones con Israel a cambio de los votos de Iglesias a los Presupuestos , y todo ello polarizando , alzando más el Muro , atendiendo al Papa Francisco y sin que se le caiga una sola bola .
    Creo que los efectos benéficos de su paseo indio han terminado . Ha hecho demasiado daño a su país para mantener su karma inalterado .

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