Carlos Hidalgo
Poco antes del sábado, 8 de marzo, en el que celebramos el Día de la Mujer, salió publicada una encuesta en la que una mayoría de hombres españoles afirmaban que el feminismo había llegado demasiado lejos y que los hombres estaban siendo discriminados o tratados en inferioridad de condiciones.
Como doy por hecho que las personas que leen este blog son cultas, leídas e informadas, lo suficiente como para no perder el contacto con la realidad, no me molestaré en explicar por qué esa afirmación no es correcta.
Las mujeres siguen sufriendo violencia por el mero hecho de serlo, siguen sometidas a acoso, siguen siendo tratadas como menores de edad, siguen cobrando menos que los hombres y siguen padeciendo mayor discriminación en las condiciones laborales, ante los ascensos y en general para ser escogidas para un puesto de trabajo antes que a un hombre.
Puede que la mayor visibilidad del movimiento feminista, el mayor número de mujeres en posiciones de poder y que se haya normalizado el discurso de la igualdad, nos hagan pensar que esta ya se ha alcanzado. Puede que la extensión de las leyendas urbanas acerca de hombres injustamente perseguidos, de mujeres malvadas conspirando para acabar con los hombres y de supuestos atentados a la libertad masculina, hayan hecho tener esa impresión. Al fin y al cabo, hay multitud de columnistas, youtubers y famosos varios que se quejan de que ya no se puede hacer ni decir nada por culpa de las malvadas feministas. Un argumento que se entiende en el caso de los inmaduros y bocazas youtubers, pero menos comprensible en personas a las que se presupone un mínimo de experiencia de la vida.
Si los hombres de ahora relajaramos por un momento nuestra actitud defensiva y esa especie de pánico colectivo masculino, nos daríamos cuenta de que las actitudes que se condenan ahora son las mismas que se condenaban antes. Que un machista no se comporta como un caballero, ni como un hombre decente. Que las desigualdades que no queremos sufrir nosotros no deberíamos desearlas para los demás. Y que los valores de igualdad y decencia que defienden las feministas no son en absoluto incompatibles con los masculinos valores de honor, generosidad y justicia que nos han inculcado a muchos de los que nacimos en los penúltimos decenios del siglo pasado.
Y precisamente por eso, si por un momento bajamos las defensas y nos damos cuenta de que lo que piden los ideales feministas no supone una agresión hacia nosotros, sino precisamente una denuncia de agresiones injustas que suceden todos los días y a todas horas, tal vez tendríamos menos miedo y nos daríamos cuenta de que el feminismo ha avanzado, pero que ni mucho menos ha llegado demasiado lejos.
Entiendo que todavía a uno le puede escocer más lo que diga alguna feminista que nos resulte particularmente antipática, pero el verdadero peligro está en lo que dicen los que se erigen en defensores de los hombres, pero que no son más que unos tipejos acobardados que quieren hacer del miedo a las mujeres su modo de vida. Y que quieren cargar ese modo de vida sobre nuestros bolsillos y los de nuestros hijos.
No, el feminismo no ha llegado demasiado lejos. Y nosotros deberíamos impedir que el machismo vuelva a avanzar. Es lo que haría un hombre de verdad.
Ayer,viendo el programa de Evole mientras caminaba por la calle con una de sus protagonistas,se oyó al fondo a un niño que gritaba ii Viva Franco!!…no sé yo si hay esperanza en que los españoles ,muy españoles y mucho españoles,puedan entender lo que se les viene encima.
Pobrecitos.