Carlos Hidalgo
Hace ya 24 años que se imprimió “La economía desenmascarada” de Steve Keen, una obra crítica que pone en cuestión los fundamentos de la teoría económica convencional. El autor, economista australiano, denuncia el dogmatismo de la economía neoclásica, argumentando que sus modelos simplifican en exceso la realidad y han contribuido a crisis como la financiera de 2008. Keen sostiene que los supuestos de competencia perfecta, equilibrio y racionalidad no reflejan el comportamiento real de los mercados ni de los agentes económicos.
El libro explora cómo las dinámicas de deuda privada y la inestabilidad financiera son ignoradas por la economía tradicional, y defiende la importancia de modelos más realistas que incorporen la complejidad, la incertidumbre y las interacciones no lineales. Steve Keen aboga por una reforma profunda de la disciplina, invitando a economistas y lectores a cuestionar las bases aceptadas y a considerar alternativas heterodoxas para entender y gestionar la economía contemporánea.
Algo que no ha sucedido, ni se prevé que suceda en breve.
Estos días estamos viendo como Argentina que, pese a los delirios autoritarios de Milei, se veía como un “milagro” por parte de los economistas ortodoxos de turno y sus habituales pregoneros, está agravando la crisis perpetua que atenaza al país. El “milagro” de Milei era un espejismo sostenido por préstamos del FMI y, en cuanto el dinero prestado se acabó, la combinación de recortes fiscales, mutilación salvaje del sector público y la pobreza forzada sobre gran parte de la población, han terminado gripando a la economía, hundiendo más aún al peso y seguramente abocando al país a una más que posible recesión.
Hasta que se pusieron de moda los llamados “monetaristas” o la “escuela de Chicago”, la Economía se seguía viendo a sí misma como la ciencia de repartir de la manera más eficiente posible unos recursos escasos. Y esa eficiencia se basaba en aproximarse lo más posible al llamado “óptimo de Pareto”, desarrollado por el economista italiano Vilfredo Pareto, que describe una situación en la que se alcanza un equilibrio en el que los recursos están asignados de tal manera que no se perjudica a nadie al asignarlos.
La economía “ortodoxa” niega la realidad y hace énfasis en que el Estado debe abandonar su papel de árbitro, coordinador y regulador de la actividad económica, para que la llamada “mano invisible” del mercado funcione por sí misma. Lo que obrará el milagro de que los ricos, al verse más ricos, no solo competirán más entre ellos, sino que redistribuirán la riqueza mediante la inversión y el reparto de beneficios.
Nada de eso ha ocurrido. En la práctica la desregulación nos ha llevado a varias crisis financieras de gravedad, a la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, al crecimiento descontrolado de empresas que las han situado en posiciones de monopolio mundial y a que los más ricos acumulen rentas sin compartirlas -por la razón que sea- con los demás.
Y lo peor es que en el caso de las crisis, estas teorías encubren cierto sadismo moral con los más perjudicados por ellas: se castiga a los consumidores y trabajadores empobrecidos por “vivir por encima de sus posibilidades” y se rescata a los armatostes financieros que realmente llevaron a la economía a su ruptura por especular irresponsablemente con dinero ajeno.
En Argentina, esa moralina sádica de señalar y castigar a los “pecadores” económicos se ha traducido en una brusca caída de la demanda interna que está paralizando al país. Parece que el concepto de que si la gente es demasiado pobre no va a comprar nada, no entra en la cabeza de los ortodoxos, que además disfrazan a la impunidad de los ricos como “libertad”, mientras que se descalifica y ridiculiza a las personas que sufren y se empobrecen a resultas de esa fanática adhesión a unas teorías económicas que deberían estar igual de superadas en su disciplina que el sistema geocéntrico en la astronomía.
No solo pasa en Argentina, sin embargo. Y en España hay muchas personas deseando aplicar las recetas de Milei, pese a que estamos viviendo en directo su fracaso. Y no es porque la economía española esté mal precisamente. Seguimos siendo el país que más crece de la economía euro. Y ya se ha comprobado varias veces que aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores anima al consumo interno y a la creación de empleo, justo al revés de como mandan los dogmas ortodoxos. Es más, los problemas económicos del país se deben más a mercados en los que la redistribución no es eficiente, como la vivienda o la energía, donde la desregulación ha introducido a actores más interesados en aprovechar una demanda inelástica para especular, que en competir entre ellos o permitir la entrada de nuevos actores.
Tal vez sea el momento de abordar un debate serio con las cifras en la mano, que nos lleve a un cambio de modelo y nos libre de dogmáticos que terminen rompiendo todo aquello que dicen defender.
Buenos días Carlos Hidalgo,caballeros callejeros,cabelleras al viento sin coletas y a lo loco y cazadores de bulos varios y excepciones que confirman la regla:
Gracias por el artículo.
Nada que decir sobre Argentina y la motosierra de Milei.
Sin embargo,aunque pocas ganas tengo de dar mi opinión sobre lo que está pasado,quisiera que tuvierais a bien,ver y escuchar el vídeo que os mando con un enlace…prácticamente es lo que quisiera decir,claro está,que tendrán que extrapolar las palabras al año 2025.
Ejem…
https://youtu.be/KN_eVqCy6bk?si=Vw9FtHK1eqgfZVDf
Milei, vaya vende motos…