Guridi
Hacía mucho que el PSOE no daba titulares por sus revueltas internas, la “Pax Pedrista” alcanzada al llegar al gobierno tras descabalgar a Rajoy en la primera moción de censura en triunfar en la democracia, está dando síntomas de agotamiento.
Como ya se ha comentado aquí antes, muchos de los pedristas de primera hora han tenido que ir siendo sustituidos, pues eran buenos para ganar unas primarias, pero malos para gobernar España.
Aun está por verse en su totalidad el daño causado por Santos Cerdán y José Luis Ábalos, que colocaron a muchas personas en puestos clave donde aún permanecen. Siendo Leire Díez una de ellas. Si no fuera suficiente el daño causado por ellos dos, la cántabra parece que se las basta sola para seguir dañando al partido por el cual tanto ha presumido por hacer.
Para colmo, la decisión de poner a ministros a liderar candidaturas no está dando los resultados esperados. No entiendo cómo a alguien se le puede ocurrir que el mero hecho de haber ostentado una cartera ministerial te concede inmediatamente el carisma necesario para provocar vuelcos electorales.
Las incompetentes interferencias de Ferraz en las federaciones regionales, además, han provocado que en sitios donde podría haber existido la posibilidad de hacer tambalearse al PP, como en Castilla y León, ello quede más lejos. En lugar de trabajar para reforzar a los aparatos regionales y locales, donde el PSOE puede sacar más fuerzas, se ha trabajado para dividirlas, impugnar las decisiones de la militancia y promocionar a personas que estaban relegadas a la segunda o tercera línea por buenas razones.
Obviamente todo ello ha enfadado a una militancia desanimada, quemada y menguante, que asiste al ascenso de aquellos que tengan capacidad para liarla en redes sociales y a la perpetuación de personas con décadas de experiencia en ganar asambleas, pero perder elecciones.
El llamado “caso Salazar” ha empeorado las cosas. Abusos machistas de poder y acoso sexual a militantes que firmaron para que España avanzara mediante un proyecto progresista, no para estar sometidas al ego de un sátiro cateto.
Todas las vías prometidas en su momento para que la militancia socialista tuviera interlocución directa con su líder han resultado ser callejones sin salida. Y la excusa de la interferencia de los malvados barones regionales ya no puede usarse, porque todos ellos (salvo Page, que también debería ejercer más la prudencia y la sensatez de las que presume pero que no ejerce ante un micrófono).
Los resultados de las próximas elecciones autonómicas y su gestión por parte del partido van a ser decisivos para ver si el enfado y el hartazgo de la militancia van a más o pueden ser apaciguados devolviendo al partido a la vida y no confundiendo la paz con la desolación.