Escudo de las Américas: Irrisorio y patético

Verónica Ugarte

A principios del mes pasado se reunieron en Miami, convocatoria de su Jefe mediante, los Jefes de Estado de diversos países americanos de habla española para, según Trump, llegar a acuerdos de cooperación.

A la reunión de los Agachados no fueron invitados tres países clave: Brasil, Colombia y México. No es un hecho casual. Petro se niega repetidamente a recibir indicaciones de Donald; Lula es un sindicalista que no tiene miedo a enfrentarse a EEUU, y Sheinbaum ha dejado claro que la soberanía del país no está en venta.

Para la publicidad a nivel nacional e internacional, Trump quiere frenar las importaciones chinas en el continente. Al mismo tiempo exige cooperación para detener la migración hacia su país y el narcotráfico a través de una coalición militar. Traducción: Trump exige que se obedezcan sus órdenes y al mismo tiempo, pero dicho en voz baja, menospreciar a los tres incómodos que se niegan a recibir órdenes de nadie que no sean las legislaciones de sus respectivos países.

Después del secuestro de Maduro y la llegada al poder de un Presidente de derechas en Honduras, el mapa azul está siendo de gran ayuda a Washington. Aceptémoslo: América, el continente, nunca ha estado unido. Nunca ha tenido una identidad como tal debido a una Historia que no es compartida por todos. Salvo el idioma (que no los dialectos) y la religión, los países al sur de EE.UU. han vivido diferentes procesos históricos; diferentes guerras; diferentes invasiones.

Recordemos que la maravillosa hermandad latinoamericana no es sino un producto del marketing de la otrora mega empresa Televisa, que fue comprando sedes en cada país para ampliar el negocio, y vender el humo de una amistad íntima que solo existe en las mentes de algunos, pocos. Luego vino Clinton y oficialmente se rebautizó al continente como The Americas. ¿Alguien dijo algo en ese momento? No. Porque el segundo mandado del demócrata fue crucial para sortear el casi colapso del sistema financiero mexicano. Porque cayó Pinochet y Chile celebraba la vuelta a la democracia. Porque tenía que poner orden después de las desafecciones internas que había causado Bush padre con el NAFTA.

Casi treinta años después se sigue manteniendo la zanahoria y el látigo, pero ahora en manos de un loco narcisista, quien insulta cuando alguien le planta cara. Sheinbaum ha optado por hacer caso omiso de sus burlas cuando la imita delante de la prensa, alegando que ella le ruega que no invada México.

Brasil ha expresado duramente su enojo e indignación ante los delirios neocolonizadores del hombre calabaza (por aquello del cabello naranja), y se ha reafirmado en que los países del sur deben poner un alto después de la invasión a Venezuela y el asedio económico e inhumano que sufre Cuba.

A este último punto hay que añadir que México no puede enviar más petróleo a Cuba porque de hacerlo, estaría abriendo demasiados frentes. Lo que puede y está haciendo, es enviar ayuda humanitaria de manera oficial, y permitir que diversas organizaciones zarpen desde costas mexicanas hacia Cuba llevando medicamentos, ropa y comida. La amistad entre México y Cuba es genuina y solo un mexicano y un cubano saben reconocerla y fundirse en un abrazo desde mucho antes que el Granma llevase a Fidel y a sus camaradas hacia la isla para dar paso a la segunda revolución más importante del continente.

Mientras tanto, la derecha sumisa está obedeciendo. Bukele ha endurecido las medidas carcelarias a niveles que rayan las violaciones de derechos humanos. Milei ha declarado organización terrorista a un cartel mexicano, y más cosas vendrán.

Cuando no sabes cantar, es mejor no intentar destrozar una aria. Cuando gobierna un ignaro, es mejor ponerse a cubierto o aprovechar la coyuntura.

México y Brasil nunca han sido aliados en términos económicos, hasta ahora. Los presidentes de ambos países han puesto sobre la mesa un posible acuerdo de cooperación entre Pemex y Petrobras. Al leer la noticia no me ha extrañado nada. Brasil lleva años desarrollando extracción de petróleo en aguas profundas, algo que México no ha logrado, y de firmarse el acuerdo, la independencia petrolífera volvería al país. Con ello, no se necesitaría de EE.UU.

Lo dicho, no hay nada peor que un idiota con iniciativa. Trump, se vienen acuerdos que no te agradarán.

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