Julio Embid
Esta semana he pasado unos días pateando Transilvania, en el corazón de Rumanía. Visité Cluj-Napoca y Sibiu, dos ciudades vibrantes y limpias, llenas de estudiantes, cultura y vida urbana. También pude descender a las impresionantes minas de sal de Turda, un prodigio de ingeniería de los tiempos del Imperio Austrohúngaro, hoy transformado en atracción turística.
La impresión que me llevé es nítida: Rumanía es un ejemplo perfecto de lo que la Unión Europea es capaz de transformar cuando funciona bien. Desde su entrada en la UE en 2007, el país ha avanzado a una velocidad sorprendente. El crecimiento económico sostenido, la modernización de infraestructuras, el desarrollo urbano y el dinamismo tecnológico -especialmente en ciudades como Cluj, hoy uno de los polos digitales del este de Europa – son visibles a simple vista. No hacen falta estadísticas: basta caminar por sus calles peatonales, observar la vida universitaria o comprobar la calidad del transporte y los nuevos espacios públicos.
Rumanía demuestra que, cuando se ofrece un marco sólido, la capacidad de transformación de un país se multiplica. Y por eso necesita una Unión fuerte, estable y ambiciosa. Igual que la necesitamos en Europa occidental, incluida España.
Porque la alternativa a una UE robusta no es una versión “más ligera”, sino un continente más fragmentado, más vulnerable y con menos peso en el mundo. Hoy, por primera vez en la historia, los gobiernos de Estados Unidos y Rusia actúan abiertamente desde las redes sociales para favorecer a los partidos europeos de extrema derecha y antieuropeístas. Su objetivo es claro: debilitar la Unión desde dentro.
Y está a la vista de cualquiera que a Cluj o a Sibiu no les habría ido mejor sin la UE. Pero tampoco a Burgos, Teruel, Móstoles o Alicante. La Unión Europea es una potencia que ya existe, que ya funciona y que debemos proteger.
“Y está a la vista de cualquiera que a Cluj o a Sibiu no les habría ido mejor sin la UE. Pero tampoco a Burgos, Teruel, Móstoles o Alicante. La Unión Europea es una potencia que ya existe, que ya funciona y que debemos proteger”.
– Amén