Golpe a golpe

Julio Embid

El fin de semana pasado el campeón español de origen georgiano Ilia Topuria derrotó al estadounidense Max Holloway en una velada de “artes marciales mixtas” para conservar el cinturón de peso pluma de la empresa UFC. En dicho combate, que duró 1 minuto 34 segundos, los dos luchadores se dieron de lo lindo ganando Topuria por un KO por puñetazo. El programa deportivo de Onda Cero, llamado Radio Estadio, dirigido por Edu García, anunció que no daría información de los combates de Topuria porque “lo que hacen la UFC y Topuria no es deporte, porque el deporte y la violencia no casan y a la violencia gratuita no le da cobertura en su programa”. Las redes sociales se llenaron de múltiples mensajes de anónimos hombres jóvenes muy españoles y muy heterosexuales insultando al programa y a su director.

Una vez estuve en una velada de “artes marciales mixtas” hace veinte años, en 2004 y la recuerdo perfectamente. Fue en un bar de carretera en un polígono en las afueras de Zaragoza, en Cuarte de Huerva y en el típico restaurante de menú del día de primero, segundo y café o postre, a buen precio, montaron un ring con sus doce cuerdas, trajeron una ambulancia por lo que pudiera pasar, y ofrecieron una velada de seis combates. Se zurraron de lo lindo y más de uno terminó con la cara como un mapa. Al salir del baño, vi como un joven nacional con el pelo más rapado de lo necesario me chocaba la mano porque había ganado (él, no yo que nunca me he peleado con nadie) y yo me lo había perdido. El tatuaje de la 250 División Azul en su espalda me indicó que ese no era mi lugar y que ojalá no me hubiera chocado la mano. Afortunadamente en aquel entonces los móviles no llevaban cámara. Pero vamos, yo era un joven estudiante de periodismo al que le habían invitado a una locura una noche de sábado.

También he ido alguna vez a alguna velada de boxeo y he relatado el ambiente que allí se encuentra y la verdad es que tiene mucho más de literario que de atractivo. He conocido varios boxeadores y uno de ellos me confesó que aunque le gustaba mucho, probablemente le terminarían despidiendo de su trabajo en el aeropuerto de Barajas descargando maletas porque solía ir cada mañana a trabajar con la cara destrozada. Yo le dije que igual era mejor dejar el boxeo y conservar el trabajo para pagar el alquiler. No sé si me hizo mucho caso.

A mí lo que me divierte y mucho es el wrestling (o lo que en España se conoció en los 90 como pressing catch). No en vano acabo de publicar un cómic fanzine titulado “Cierzo, la luchadora implacable” donde la protagonista es una luchadora de wrestling, cajera de supermercado por el día, activista vecinal por las tardes y acróbata de wrestling por la noche. Y me lo paso muy bien porque se que los golpes son de mentirijillas. Y tan importante es él/la que da el golpe como él/la que lo vende (hace como que lo hubiera recibido y le doliese) y es que lo que interesa es el guion y la historia que se cuenta. Hay cuatro características que definen a los luchadores:

– Su apariencia (hay más guapos que feos, como en el cine y hay que vender merchandishing)
– Promos (Los segmentos de tele, grabados, provocándose para generar expectativa)
– Micro (Los segmentos en directo en vivo, teatralizados, llamándose de todo delante del público en un show)
– Lucha (las acrobacias, sillazos, golpes y la capacidad de vender golpes).

Lo mejor de todo es que resulta divertido y al día siguiente vuelta a empezar. Un show semanal en cada ciudad hace que las grandes compañías de wrestling (en la actualidad WWE y AEW) sean más parecidas a una caravana de circo, porque lo qué hacen tiene mucho de artes escénicas.

Me da igual la ideología de Topuria o el beso en la frente que le dio al rey emérito, residente en Abu Dhabi por su amor a España y al que tendremos que enterrar en El Escorial con todos los honores cuando llegue el momento tras pagar sus herederas la asombrosa cifra de cero euros en Sucesiones. Pero entiendo a Edu García y que no quiera mezclar la UFC con los resultados de la liga de fútbol, de básquet o de Fórmula Uno. Lo importante es tener la conciencia tranquila y no hacer daño a nadie.

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