La danza macabra de Trump y Musk

David Rodríguez Albert

Hace unos días se comentaban en Debate Callejero las sorprendentes declaraciones de Donald Trump sobre temas geoestratégicos como las anexiones de Canadá o Groenlandia. Estos delirios expansionistas ponen de manifiesto la desesperación del líder ultraderechista para mantener la hegemonía de los Estados Unidos en un tablero mundial que anda agitado últimamente. Pero, más allá de estos disparates, la investidura del segundo mandato del Presidente de los Estados Unidos nos ofrece numerosos elementos de preocupación que van más allá de lo hasta ahora señalado.

Dentro de la agenda de Trump figuran también importantes recortes de derechos y libertades básicos, como es el caso de las amenazas contra la diversidad afectivo sexual, y que llegan al extremo de salir nada menos que de la Organización Mundial de la Salud. Sumamos a esto elementos xenófobos como el anuncio de medidas represivas, incluso de corte militar, para contener la inmigración procedente de México. Como no podía ser de otra manera, se plantean también medidas de impunidad directa como el indulto a los asaltantes extremistas contra el Capitolio y la democracia misma de los Estados Unidos. Añadimos las típicas medidas proteccionistas en materia económica, que contrastan con la cacareada oda al liberalismo que suele proceder de algunos académicos que le apoyan. Y acabamos la enumeración con la desastrosa propuesta de ampliar la extracción de petróleo en un planeta que se ahoga por la emergencia climática, destacando la terrible paradoja de que la propia ciudad de Los Ángeles ha estado en llamas durante los últimos días debido a una oleada de incendios extremos.

Este programa de profundo deterioro de la democracia va acompañado del apoyo de numerosos magnates y multimillonarios que han mostrado su entusiasta apoyo al mandatario. Entre ellos, destaca un personaje tan mediático como Elon Musk, fundador de Twitter y dueño de otros muchos negocios de muy diversa índole. El control de una red social como X ha sido denunciado en numerosas ocasiones por su pretensión de deslegitimar a escala nacional e internacional todo lo que tenga algo que ver con la justicia social o el estado del bienestar, protegiendo los intereses del establishment y promoviendo una auténtica cruzada de odio ultraderechista que cuestiona la misma democracia. Más allá de los lapsus freudianos (o no) en sus saludos nazis, este peligroso empresario está restaurando cuentas que habían sido antes suspendidas por incitar a la violencia y está poniendo en peligro la libertad de expresión en todo el mundo.

Además, Elon Musk ha entendido perfectamente que el poder económico de los Estados Unidos está librando una batalla comercial a nivel mundial, especialmente contra la creciente hegemonía china. El gigante asiático se está adelantando en algunos aspectos del campo de las nuevas tecnologías, como demuestra el éxito de Tik Tok (red social a la que por cierto no voy a lanzar demasiados elogios) o en otro tipo de productos de telefonía móvil, automoción y otros sectores. Esta es la explicación de la prohibición de Tik Tok en Estados Unidos, que ha ido seguida de constantes rumores sobre su intento de adquisición y posterior control por parte precisamente del acaudalado Musk.

Desde hace décadas (o mejor dicho siglos) se ha venido denunciando la alianza entre el poder político y el poder económico. En los tiempos que corren, la manipulación en algunos asuntos ha llegado a tal nivel que esta asociación se ha convertido directamente en una fusión de ambos elementos, con varios multimillonarios reaccionarios celebrando de manera expresa la toma de poder en Estados Unidos. Lo que antes se ocultaba, o incluso se negaba y se atribuía a una falsa acusación de conspiranoicos antisistema, ahora se convierte en algo explícito, sin ningún tipo de disimulo y con toda la pompa de una celebración pública con símbolos hitlerianos de por medio. Trump y Musk han comenzado a representar una danza macabra que ya veremos a dónde nos lleva.

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