La izquierda contra Sánchez

Arthur Mulligan

Distraídos con los bajos fondos del sanchismo militante, unos impresentables socios que enérgicamente cogen la puerta y se quedan aliviados porque piensan que lo fundamental es seguir haciendo cosas (?) por la gente, y entre bostezo y bostezo, esperamos nuevas noticias del FBI, la UCO, la Intervención General del Consejo de Ministros, etc., ninguna de Moncloa, menos del Congreso y el cero absoluto del Senado ¿hay alguien ahí fuera que piensa en lo que está sucediendo, y que además opine desde la academia, y que tenga solvencia reconocida?

Pues sí, alguien como Ignacio Sánchez -Cuenca, Catedrático de Ciencia Política en la Universidad Carlos III, dentro del Departamento de Ciencias Sociales.

El 16 de Diciembre escribía un artículo en El País «El que resiste… puede perder», en el cual identificaba los cuatro elementos fundamentales que permiten interpretar lo que está sucediendo ahora:

“En primer lugar, hay un gobierno progresista que presenta una buena hoja de servicios, sobre todo, si se compara con la que hubo antes de la llegada de Sánchez al poder.

Frente a los recortes de entonces (en gasto social, en pensiones) y frente a la desregulación del mercado de trabajo, tenemos ahora una reforma progresista de las pensiones, un mercado de trabajo más justo y eficiente, nuevas políticas sociales, etc.”

Si se abre la referencia se observa que los datos se ocupan de los recortes de Zapatero ante la amenaza del rescate de Europa por el desastre de su gestión. Sigue con la situación en Cataluña gracias a la ley de amnistía – algo que negaba antes de las elecciones- y que naturalmente mejoraba al concederse las exigencias nacionalistas para asegurar el voto de investidura.

En el “debe”, el Ejecutivo de Sánchez no ha conseguido apenas nada en materia de vivienda y hay varios indicadores de desigualdad y pobreza que no mejoran. Además, en esta última etapa, el Gobierno sufre una gran debilidad parlamentaria, el bloque de investidura se ha quebrado (distanciamiento de Junts y Podemos) y por eso en esta legislatura no se han aprobado presupuestos ni una sola vez:

«En segundo lugar, hay una oposición exaltada que habla más de prostíbulos y de la familia del presidente que de políticas y alternativas. Ha creado una burbuja política, la del antisanchismo, que saca los peores humores de la sociedad y que, con la colaboración indispensable de medios y columnistas echados al monte, ha llevado el enfrentamiento y la crispación a cotas desconocidas. Todo esto ocurre en medio de una derechización evidente de la sociedad (al igual que ocurre en otros muchos países del mundo) y no cabe descartar que la suma de PP y Vox alcance una mayoría absoluta en las próximas elecciones.»

En tercer lugar, hay una ofensiva judicial contra el Gobierno. Hace unos días, en este diario, Jordi Nieva-Fenoll hacía un repaso lúcido e impecable del activismo político del Tribunal Supremo a lo largo del presente ciclo político, lo que me exime de tener que entrar en detalles. El Supremo ha establecido una especie de “barra libre judicial” gracias a la cual algunos magistrados estén actuando como francotiradores, instruyendo causas estrafalarias que se estudiarán en el futuro como ejemplos de lawfare.

En cuarto lugar, han salido a la superficie unos cuantos escándalos de corrupción que son una verdadera carga de profundidad para un Gobierno que se presentó ante la ciudadanía como remedio contra el PP de la Gürtel y la policía patriótica. Dos secretarios de organización del PSOE (uno de ellos exministro), un expresidente de la SEPI, una fontanera del partido involucrada en varias tramas…, más múltiples casos de comportamiento machista y acoso sexual, algunos protagonizados por personas muy próximas al presidente. Este reguero de escándalos resulta demoledor para el Gobierno y especialmente para el PSOE.»

De todo ello, deduce que nos dirigimos a un fin de ciclo parecido a los de González y Rajoy. Es decir, el partido se ata al líder y este le arrastra a una crisis futura prolongada.

«Por mucho juego sucio e intereses bastardos que haya, y es evidente que los hay, los escándalos que están apareciendo suponen una crisis de credibilidad innegable para el Gobierno y, especialmente, para el PSOE. En lugar de entretenerse con cálculos sobre las ganancias de convocar ahora o más tarde, el presidente debería cumplir las expectativas propias de una democracia exigente.»

De modo que El País, ha cruzado una línea clara: ha pasado de defender al Gobierno frente a la derecha a exigir la asunción de responsabilidades de Sánchez por el coste que su resistencia tiene para el PSOE y para la izquierda.

Desde la lógica del sanchismo, niega la épica de la resistencia y le dice que “el que resiste… puede perder”, cuestionando directamente su estrategia y su continuidad, a la vez que reclama un estándar de democracia exigente que incluye asumir responsabilidades políticas más allá de lo penal.

Con un rigorismo moral propio de un calvinista, Sánchez Cuenca se muestra como un aliado extremadamente exigente: no cambia de caballo para apoyar a la derecha, pero sí pide sacrificar al jinete para evitar que se hunda todo el caballo (el PSOE) y el establo (la izquierda institucional).

El que paga manda y Oughourlian, un financiero que respeta el producto que vende, habla de reforzar la credibilidad mediante una línea más crítica con Sánchez, sin abandonar el marco “progresista”. El problema es nuevamente el Presidente.

Al igual que en Marzo de 2025, el propio grupo se presentó con un editorial y textos internos reivindicando “libertad editorial e independencia”, en un contexto de choque abierto con Sánchez por el fallido proyecto de “Tele-Pedro” y la presión del Gobierno sobre el grupo.

Oughourlian es quien explicita la necesidad de “marcar más distancia crítica” con Pedro Sánchez y quien impulsa la destitución de Pepa Bueno y el nombramiento de Jan Martínez Ahrens, movimientos leídos en todo el sector como un cambio de etapa editorial.

Este hecho aísla aún más a Sánchez y ya despunta su imitación en RTVE, endureciendo un poco su tono crítico después de críticas de sindicatos, oposición y parte de la plantilla por vulnerar la neutralidad.

Caso distinto es la evolución de Antonio Elorza quien viniendo del Partido Comunista de Euskadi con el tiempo se distanció del comunismo y del proyecto de IU, pasó a defender abiertamente la Constitución de 1978 y el carácter “indisoluble” de la nación española, adoptando una posición que combina elementos socialdemócratas (defensa del Estado social de derecho) con un fuerte énfasis en el marco estatal y la legalidad. Hacia 2008 se definió como “simpatizante legitimador” de UPyD, lo que ilustra su tránsito hacia una izquierda liberal‑socialdemócrata muy crítica con los nacionalismos periféricos y partidaria de un reforzamiento del Estado democrático.

Así que quienes peinan canas desde la Universidad abandonan el imposible viraje “radical lefts” de un Sánchez más estrellado que celeste, incapaz de alimentarse con el engrudo indigesto de autores y dirigentes ligados a Syriza, La France Insoumise o Die Linke, encarnación de proyectos pos-socialdemócratas que combinan justicia social, soberanía democrática y europeísmo crítico, y mucho menos aún con la racial mala hostia que anula en su sectarismo los constructos adocenados de ese mosaico disperso de filósofos, economistas críticos y dirigentes-intelectuales ligados a experiencias místico-concretas de partido o movimiento.

Solo puede competir con Caritas, el Padre Ángel, rebajando entradas de cine, compra de artefactos de juegos visionarios, patinaje artístico en museos y cosas por el estilo.

Gramsci, Laclau /Mouffe y un marxismo heterodoxo de matriz académica española con un complemento económico keynesiano y de crítica a la desigualdad es lo que se consume en dosis homeopáticas más que un aparato teórico nuevo o sistemático mientras se piensa más en como resituarse ante el sunami que se avecina con los nuevos tiempos.

Buena parte de la familia socialdemócrata europea sostiene que estos proyectos no han construido estructuras estables ni bases sociales duraderas y que, cuando han gobernado (Syriza, Podemos en coalición, etc.), han terminado gestionando el mismo marco económico, pero con más conflicto simbólico y menos resultados materiales.

Y lo que es peor, varios análisis señalan que, al renunciar a una agenda económica claramente socialdemócrata y refugiarse en un lenguaje moralizante contra “la casta”, estos proyectos dejan el terreno libre a la ultraderecha para disputar al mismo electorado precarizado con identidades excluyentes.

Late en el fondo del corazón, la exigencia de una izquierda moderada creíble que ofrezca seguridad material tangible en vivienda y trabajo a quienes sienten que el modelo neoliberal solo les ofrece alquileres imposibles y empleo precario, sin necesidad de abrazar propuestas maximalistas de ruptura.

Sí, es muy difícil, pero mucho menos difícil de arreglar que aquel panorama con el que se encontraron los supervivientes de la II Guerra Mundial.

2 comentarios en “La izquierda contra Sánchez

  1. Leí el artículo de Sánchez Cuenca y me alegró que coincidiera con la opinión de quienes, desde la izquierda, pedimos en su día a Sanchez que, tras Cerdán, dimitiera y convocara elecciones. Como escribe SC por la propia exigencia democrática pero también para dar una oportunidad al PSOE, partido fundamental en todos los avances democráticos y sociales desde hace décadas e imprescindible a día de hoy. Mucho más teniendo en cuenta el eterno carajal de esa izquierda de la izquierda que solo vive, desde que el PCE dejó de ser el PCE, de otorgar certificados de izquierda verdadera y discutir eternamente sobre el sexo de los ángeles.
    Aunque el resumen que hace SC tiene matices coincido básicamente con él. También en su critica a esta derecha que, en mi opinión, está hoy más cerca de aquella derecha que se opuso a la Constitución que a aquella otra que contribuyó a la llegada de la democracia. Una derecha tirada al monte, donde todo vale, que como hemos visto esta semana en Extremadura es capaz de cualquier barbaridad si ve su poder en peligro. Ya sea en 1993 con Arenas y Gallardón cuestionando la victoria de Felipe o en 2004 con Aznar mintiendo a los españoles sobre la autoría del mayor atentado de la historia de España. Una derecha con escasa vena democrática.
    La alternativa a este PSOE agarrado a Sánchez no debería ser nunca una derecha agarrada a la extrema derecha con un ideario preconstitucional. Para que eso no ocurra Sanchez debería dar una oportunidad a su partido marchándose. Una oportunidad difícil a esta altura de la película pero, en mi opinión, la única posible para frenar a las derechas más reaccionarias desde 1975.

  2. Sobre el momento político que vive el PSOE , traigo aquí un artículo que puede ser de su interés:

    Las dos estrategias del post Sanchismo
    Juan Fernández-Miranda
    adjunto al director El Confidencial 20/12

    Sobre el futuro del PSOE hay dos certezas. La primera es que en este momento nadie en el partido pone en duda que Pedro Sánchez seguirá siendo el líder del partido mientras sea el presidente del Gobierno. La segunda es que en la organización existe un descontento creciente con su liderazgo y se están empezando a diseñar estrategias para optar a su sucesión en el caso de que, después de las próximas elecciones generales, el Partido Socialista no pueda permanecer en la Moncloa. Ese será el momento, porque nadie se atreve a asegurar que, llegado el caso, el actual jefe del Ejecutivo no aspire a continuar liderando el partido en la oposición.

    Según ha podido testar El Confidencial en una decena larga de dirigentes, exdirigentes y cargos medios y locales del partido son movimientos incipientes que tienen un elemento en común: conformar una alternativa que pueda aspirar a la Secretaría General del PSOE a través de unas primarias que nadie descarta puedan ser contra el propio Sánchez. Hay otra cuestión importante: la consideración de que el actual líder socialista ha construido un partido a su medida y que cualquier operación debe realizarse con el objetivo de «estar preparados cuando llegue el momento». Y un último detalle relevante: lo importante ahora no es el nombre del sucesor, sino la reconstrucción ideológica de la formación.

    Estos movimientos se pueden agrupar en dos. El motivo está en que las estrategias discrepan en los tiempos y en el enfoque, si bien el punto de destino es el mismo: devolver al PSOE a las posiciones clásicas que ha abandonado tras siete años de Sánchez en La Moncloa, y muy especialmente desde las últimas elecciones generales del 23 de julio de 2023. Sostienen que el proyecto actual del PSOE está «desnaturalizado» por las cesiones a otros partidos como consecuencia del pacto con los partidos que conforman la mayoría que desalojó a Mariano Rajoy del poder y que Alfredo Pérez Rubalcaba bautizó como Frankenstein.

    Más allá del descontento con el presidente del Gobierno, el primer movimiento muestra su preocupación porque en el partido se está produciendo una fractura entre sanchistas y antisanchistas. Prefieren definirse como una «alternativa» al actual liderazgo, pero huyendo de etiquetas. En este sentido, prevén dar un paso al frente en los primeros meses de 2026 con el fin de construir una estructura que pueda plantar cara al aparato del partido, férreamente controlado por la actual dirección. La idea, explican, no es lanzar un pulso orgánico para «cargarse» al secretario general, sino estar preparados «para el mañana». En este sentido, añaden que es «crucial» no dejar «en la estacada» a quienes se atrevan a dar un paso al frente para sumarse a la iniciativa.

    Para ello, trabajan en armar un equipo promotor con caras conocidas a todos los niveles que permita canalizar el descontento del partido y «quitar el miedo» a quienes no se atreven a posicionarse en público. «Hay jóvenes del partido que se están ofreciendo a colaborar, pero no se atreven a dar el paso», subrayan.

    «No se trata de que se pronuncien solo los históricos, que ya se han posicionado bastante en sus críticas a muchas de las decisiones de Pedro Sánchez, sino de construir una alternativa para recuperar la ilusión de los simpatizantes y de los militantes demostrando que es posible y necesario hacer las cosas de otra manera». Evidentemente, a esta estrategia son bienvenidos los referentes del PSOE de siempre, de Felipe González y Alfonso Guerra a las decenas de exdirigentes socialistas que ya se han posicionado en declaraciones públicas y manifiestos, desde Juan Carlos Rodríguez Ibarra a Jordi Sevilla. O tantos otros.

    «Los pactos con los socios actuales del Gobierno impiden abordar grandes reformas en economía, sanidad, por ejemplo. Sin pactos amplios y sin hablar con todas las fuerzas políticas, incluyendo al PP, no se puede seguir adelante. Hace falta un proyecto de país», explica a este periódico. Es más, lamentan que el partido en la actualidad está absolutamente centrado en el ‘me too’ y la cuestión feminista, y «todo lo demás está en segundo plano». En este sentido, consideran que se está produciendo «un vacío en el discurso nacional y en los liderazgos nacionales». «Se está desatando la guerra preventiva respecto a los probables resultados malos en los territorios. Está Pedro y sus dos o tres guardias de corps, pero los líderes regionales están a lo suyo», diagnostican.

    El segundo movimiento es más prudente y prefiere no dar la cara, aunque coincide en el objetivo: «Ir a unas primarias contra Sánchez después de las elecciones generales, cuando deje de ser presidente del Gobierno». Entienden que el líder del PSOE está intentando «comerse a Sumar» y alimentar «todo lo posible» a Vox para conseguir ganar las elecciones, aunque se quede «lejísimos» de la posibilidad de seguir en la Moncloa. «En ese caso, se quedará en el partido y construirá un discurso de ‘no me dejan gobernar y la transición en el PSOE la hago yo’. Es un experto en ser víctima y mártir».

    Este grupo, que sí se considera abiertamente antisanchista, entiende que «no se puede dar un paso hasta después de las generales». Mientras, quieren construir discurso, sociedad civil y una estructura que les permita competir. «El problema es que los tiempos los maneja él. A nosotros lo que nos interesa es que Sánchez convoque tarde. Necesitamos tiempo». Este segundo movimiento sabe con quién podrá contar en el futuro, y asegura que entre los nombres hay personas con poder orgánico que no dudarán en dar el paso y dejar de ser «sanchistas». Eso sí, siempre será después de que Sánchez deje de ser presidente del Gobierno.

    Ante la pregunta de quién será el líder, la prudencia se convierte en silencio absoluto. No obstante, sí consideran que tiene que ser alguien joven, con cierta popularidad y «con más futuro que pasado». Por eso, entienden que no pueden ser, por ejemplo, Susana Díaz, que Eduardo Madina «no está en esto» o que Jordi Sevilla «no piensa en candidato». En cualquier caso, la identidad de quien pueda ser el candidato será el último punto en el orden del día, dado que «sea quien sea, ahora eso sería matarlo, o matarla».

    Hay una tercera sensibilidad entre quienes consideran que Pedro Sánchez está perjudicando al partido. Son los que desde responsabilidades orgánicas creen que el presidente del Gobierno debe convocar las elecciones, en todo caso, antes de las próximas elecciones municipales y autonómicas, previstas para mayo de 2027, con la idea de no perjudicar a los candidatos y, por extensión, al partido.

    No obstante, como apunta Nicolás Redondo, «a Sánchez podría convenirle tener malos resultados en las autonómicas para concentrar el poder en su figura nacional». El exlíder del PSE es pesimista y lamenta el «clima monolítico del partido: o estás con Sánchez o estás contra mí». Según explica a este periódico, el partido está «atrincherado» porque «el control del aparato es tal que no hay posibilidad de cambios internos sin proceso electoral».

    En conclusión, a pesar del estado actual del Partido Socialista, con nula discrepancia interna en el ámbito público y con unas expectativas electorales a la baja, y a pesar de que el presidente tiene controlada a la mayoría de las federaciones, algo se está empezando a mover en el PSOE. Y el elemento común es que no les gusta Pedro Sánchez.

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