La perpetuación del vacío discurso patrio

Verónica Ugarte

Desde hace varias semanas estoy pasando de puntillas toda información digna de ese nombre, proveniente de México. Las razones son varias, pero entre ellas, la más fuerte es la cansina repetición del discurso sobre el valor del pueblo mexicano. Leí en diagonal una nota donde se informaba que la Presidenta Sheinbaum había rechazado que se le diera su nombre a un tulipán, ofrecimiento de parte del gobierno de Holanda, y en su lugar pidió que se dedicase dicha flor a la mujer indígena. No le dí importancia porque a veces la presidenta peca de sentimental. Y ese fue mi error.

El año 2025 se ha dedicado a reconocer la figura de la mujer indígena en México, una mujer que debido a sus orígenes ha sido condenada a la pobreza, el analfabetismo y la explotación laboral. Cierto es que ese sufrimiento no solo es un legado colonial para con las mujeres, sino para con todas las comunidades indígenas debido al sistema de castas que introdujo la Metrópoli, pero también que en más de doscientos años de vida independiente se ha hecho lo mínimo por romper el ciclo y que ese 10% de la población que representan en el país sea integrado a la vida cotidiana y tangan las mismas oportunidades que el otro 90%.

En conferencia de prensa se le preguntó a Sheinbaum el por qué se prepara una muestra en la Casa de México en España dedicada a las mujeres mesoamericanas. La respuesta es un chiste. Es imposible tener la responsabilidad de gobernar un país con problemas reales y al mismo afirmar que dicha muestra es porque “queremos que se conozca más la riqueza y la grandeza del México de antes de que vinieran los españoles; antes de que invadieran los españoles”. Esas afirmaciones son un sinsentido. México es el resultado de la fusión brutal e indivisible de dos culturas antagónicas, que desde 1521, con la caída del Imperio Mexica, se desarrolló en un país lleno de diversidades, de gustos, de incertezas; lleno de desafíos y con partos continuos de identidad.

Cada etapa de la Colonia hace que se gesten varios Méxicos, y afirmar que México existía antes de España es una insensatez que perpetúa la ignorancia y el odio común que todo mexicano lleva dentro hacia el español imaginario.

Ese odio es parte de la cultura que permite buscar culpas al imaginario, y que desprecia el valor de lo real. En México no se habla castellano, se habla español, la variante mexicana. Esa que no usa la palabra cometa, sino papalote, que viene del náhuatl y quiere decir “mariposa”. Esa misma que usa el verbo “apapachar” para dar confort mediante un abrazo lleno de aprecio y de amor. Esa que usa el sustantivo “droga” para referirse a una deuda. Esa que mezcla tantos idiomas y hace del mexicano un dialecto lleno de expresiones que hasta una chilanga a veces no entiende.

Ese odio desprecia a la religión que es parte intrínseca de su cultura. No se enseña que las piñatas, las verdaderas, las de barro hecho a mano y vestidas de estrella fueron inventadas por los curas para incentivar el cristianismo porque cada punta significa un pecado capital, y el palo con que se rompe la piñata es la fuerza que vence al mal, mediante la fe ciega, la cual se demuestra al pegarle con los ojos vendados.

Se desprecia la comida. Porque esa “invasión” trajo al Nuevo Mundo nuevos sabores, nuevos productos, nuevos condimentos. Esa fusión dio vida al mole, a los tacos al pastor, a los chiles en nogada. También llegó con el español imaginario la hermosa variedad de dulces, bizcochos, esos mismos que mojamos en atole durante la cena y desayuno.

Ese español imaginario no es parte de la cultura de España. A pesar de varios ensayos, voces iracundas, intentos de dar el reconocimiento a ese español que es solo nuestro, sigue siendo la excusa para olvidar de dónde vienen los problemas que insistimos en no resolver.

Pero la irresponsabilidad de perpetuar una mentira que insulta a nuestros orígenes también tiene como objeto alimentar el orgullo patrio y hacer del mexicano una víctima de si mismo a la vez que héroe. Un héroe con pies de barro, pero héroe al fin.  

Ahora que se están viviendo las tensiones con el vecino, México saca lo mejor y lo peor de si mismo. Lo mejor: la unidad frente al güero que, como de costumbre, lo mira mal. Lo peor: ese odio ciego hacia todo lo que no sea mexicano.

Muchos de vosotros sabréis que al español se le llama “gallego” en el cono sur. En México se refiere a él como “baturro”, si se quiere ser cariñoso. Pero la mayor parte del tiempo, el insulto más grande y feroz que se suelta es “gachupín”. Mexicano que diga que no lo ha usado alguna vez, miente. Lo más absurdo es que dicho insulto nació durante la Colonia y por parte de los criollos. Los hijos de españoles nacidos en el Virreinato, que veían como un peninsular podía llegar sin medio real y escalar sin esfuerzo alguno todos los escalafones sociales y económicos, hasta llegar a puestos de poder que les eran vetados a los criollos. Si, tampoco México es original en cuanto a insultos, a menos que recordemos las explicaciones de Octavio Paz y nos sonrojemos al recordar el insulto que caracteriza al mexicano.

Un país que niega una parte de su identidad tiene un grave problema. Estará perpetuando un sentimiento vacío que no le lleva a nada que no sea escarbar en la misma herida imaginaria y no avanzar hacia un proceso de pensamiento adulto, y con ello, tal vez hacia una reconciliación consigo mismo.

Mientras tanto, la mujer que todos apoyan y admiran perpetúa de manera absurda todas las mentiras que algunos desechamos a los 20 años, y al hacerlo, fuimos un poco más libres, pero también nos quedamos sin patria.

7 comentarios en “La perpetuación del vacío discurso patrio

  1. Muy interesante. Sería curioso comparar con la españolidad, esa que por ejemplo no es que haga «españoles» a los visigodos, es que lo puede hacer de los íberos y de Numancia y Sagunto, como si nosotros de ser algo no sea ser romanos.
    O sobre que región o nacionalidad es la más española, o la mejor muestras de sus esencias. De hecho hace algún tiempo me encontré con una autora en la radio hablando de como en el cine español se había pasado de lo baturro a lo andaluz. Y bueno estos días de 2 de mayo… :-).
    ¿Cómo curiosidad han mirado de dónde viene la palabra palenque según la RAE?

  2. Palenque es cierto, un lugar para hacer fiestas. De hecho, en México cantar en palenques tiene un peso monetario y de marketing muy importante.

    En cuanto a la españolidad, hace años me dejó claro una mujer que «no tenemos nada que ver con los árabes». Con voz rotunda y fuerte, hizo temblar hasta la tumba de Isabel de Castilla.

  3. Ejem….yo voy a hablar de mi libro..
    Por el bien de la humanidad ,espero que.el libro de cabecera del nuevo Papa León XIV. sea «La Solución pacífica» escrito por un Hombre Bueno.

    iii Viva Ziluminatius !!!…. JAJAJA…que nervios.

  4. Ejem…»Habemus Papam»…vale ,pero teniendo en cuenta que el sistema patriarcal del Vaticano impide que se pueda presentar una mujer para ser «Máma»,invalida cualquier declaración de Isabel Ayuso,pero ya está tardando Feijóo,haciendo una declaración contundente sobre lo sucedido en El Vaticano:
    «Yo no soy Papa,porque no quiero».
    Ante mi doy fé
    … JAJAJA…que nervios.

  5. Seguro que Mr Mulligan compartirá conmigo que El gobierno de Pedro Sánchez se debería estar planteando la visita del Papa León XIV,para bendecir la sede central de Red Eléctrica,para tener seguridad de que La Luz de los españoles ,este asegurada….como Dios manda…verdad?…jeje.

  6. Valioso artículo que reflexiona sobre la -idad en el caso mexicano, con argumentos perfectamente exportables al analisis de otros casos como el de la catalan-idad.

    Ese.país que niega una parte de su ident-idad también es España y los territorios que lo componen. La coexistencia debería de ayudarnos a ver las cosas con una perspectiva más global menos sesgada.

  7. Quienes nacimos y vivimos bajo una dictadura militar sabemos bien hasta donde puede llegar el uso y abuso del patriotismo y la patria que, según ellos, la sostienía. Si además nacimos en el País Vasco en el seno de una familia mayoritariamente nacionalista, seguidora del ideario de Sabino Arana, la dosis puede ser terrible. Todavía recuerdo a Arzallus defendiendo “la identidad racial vasca” , identificados por una señal genética, el Rh negativo ( que tengo ) , “la más antigua de Europa”, añadía. O en otros ámbitos, a la señora Noguera, digna representante de la mejor cosecha xenófoba catalana, hablar del “lobby de sindicatos españoles”, donde como adivinarán “españoles” es el insulto. Lo que siempre me ha llamado la atención es que para algunos lo que es deplorable en el nacionalismo español, que lo es y hasta la náusea, sea minimizado cuando se trata de otros nacionalismos, que viven de lo mismo: la xenofobia. Me alegra escuchar a Rufián que JUNT es un partido de extrema derecha pero me permito recordarle que intentó una independencia de la mano de ellos y que con ellos quisieron imponer a la mitad de la ciudadanía catalana una nacionalidad. Al mejor estilo del nacionalismo franquista. Como la extrema derecha. Así que como diría Umbral: O sea.

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