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En los últimos tiempos la UE es prácticamente incapaz de acordar medida alguna sobre las dos crisis que dominan el escenario internacional, a saber, Gaza-Israel y Ucrania-Rusia. Hasta el borrador más estéril de declaración conjunta es inmediatamente vetado por Hungría pero también, sobre todo en el caso de Gaza-Israel, por Chequia, Rumanía, Bulgaria e incluso Alemania. De forma que, con la excepción de las sanciones a Rusia, cuyos sucesivos paquetes – se está tramitando el 19º – consiguen superar las barreras a trancas y barrancas a base de concesiones indecorosas y presiones soterradas, la UE no puede actuar.
La buena noticia – no se contenta quien no quiere… – es que, en ambos casos, un grupo de Estados miembros ha decidido actuar por su cuenta, tanto conjunta como individualmente. Sobre Gaza-Israel son una veintena los Estados europeos que han tomado o están preparando medidas individuales para reaccionar a lo que si no es genocidio se le parece tanto. Genocidio o no, la salvajada es evidente. En las guerras de Yugoslavia murieron grosso modo unas 125.000 personas durante una década. Por todos los bandos. En Gaza, Israel ha matado a unas 65.000 personas – dos tercios civiles no combatientes – en menos de dos años.
No es que vayan a cambiar el mundo ni parar la guerra pero al menos esos países europeos, con España en el pelotón de cabeza, están reconociendo al Estado palestino – medida más diplomática-simbólica que efectiva, haciendo declaraciones críticas, apoyando a la Corte Penal Internacional en su procesamiento de Netanyahu (y de varios jefes de Hamás ya asesinados) y proponiendo sanciones económicas a Israel. Estas últimas no prosperarán porque hasta la fecha Alemania sigue votando en contra, incluso contra las misérrimas propuestas de la Comisión Europa para excluir a algunas compañías israelíes del programa de I+D de la UE.
Israel está invadiendo el norte de Gaza y el sufrimiento de los gazatíes no cesa. Parecería que fuera ganando por goleada. Sin embargo, la realidad es que pese a la destrucción de Hamás, Hezbolá y el daño infligido a Irán, la viabilidad a medio y largo plazo de Israel tiene peor pinta que nunca. Internamente el Israel ilustrado, laico, democrático, paladín del I+D+i y defensor de la libertad sexual homosexuales incluidos, ha prácticamente sido reemplazado por una sociedad en la que priman los ultra religiosos mesiánicos y los nacionalistas fascistoides violentos sin escrúpulos para desmontar las garantías democráticas. Y el mundo toma nota, países y sociedades, incluida una parte de la diáspora judía. Con excepción de la española, alineada de siempre con el ala más extrema del PP y Netanyahu… Para alguien que ha disfrutado del Manhatan mediterráeneo en el paraíso de Jaffa, es muy triste sentir que dentro de una, dos o, todo lo más, tres décadas, Israel habrá desaparecido o, en el mejor? de los casos, será otro Estado fallido de Medio Oriente.
Pasando a Ucrania-Rusia, el sátrapa húngaro opera como quinta columnista dentro de la UE, a partes iguales por coincidencia ideológica con su socio “iliberal” Putin como para tratar de asegurarse no ser pasto futuro de sus pulsiones imperialistas. Como la UE no tiene un procedimiento para echar a sus miembros por comportamiento desleal, no cabe sino contemporizar .Y actuar al margen de la UE. De ahí que los integrantes europeos del G-7 (Francia, Alemania, Italia) más Polonia y Finlandia como países fronterizos y la Comisión Europea, además del Reino Unido laborista de Starmer, se ha constituido como la voz europea sobre Ucrania-Rusia. Lideran la “Coalición de los Dispuestos” que trabaja sobre las futuras garantías de seguridad para Ucrania si se alcanza un alto el fuego, le comen la oreja a Trump para que no deje caer a Ucrania y trabajan para desarrollar una defensa europea que nos permita defendernos de la amenaza rusa sin depender de EE.UU.
Mucho se ha criticado el acuerdo comercial con Trump por el que la Comisión Europea aceptó una asimetría en principio totalmente inaceptable. Pero cabe hacer un par de matizaciones importantes. La primera, que el acuerdo es el mejor de todos los alcanzados por otros socios comerciales de EE.UU., lo que puede ser no mucho decir. La segunda es que no parece muy sensato replicar la estulticia de Trump con medidas que van a perjudicar a los consumidores europeos. Al contrario, parece más útil ayudar a encontrar mercados alternativos para nuestros exportadores, como por ejemplo con los acuerdos con Mercosur y México lanzados este miércoles.
Pero la tercera y a mi juicio la más importante, es que cuando estás desnudo enfrente de un violador reincidente como es Rusia y el guardia de seguridad que ha velado por ti durante las últimas cinco décadas amenaza con largarse, no puedes entablar un regateo con él en igualdad de condiciones. Es decir, si eres vasallo más vale interiorizar tu condición y actuar como tal o puedes acabar todavía peor.
De ahí los esfuerzos para desarrollar las capacidades de defensa europeas. Salvo si tienes los vecinos de Costa Rica, si no quieres depender de otro para tu seguridad, tendrás que trabajártela tú mismo. Por eso me irritan tanto las críticas de mis correligionarios de izquierda que braman contra Estados Unidos y, a la vez, contra el incremento del gasto en defensa que nos permitiría ser independientes de EE.UU. Si no gastamos en defensa seguiremos siendo vasallos, más vale tenerlo claro. Y seguiremos teniendo que aceptar que Trump decida los términos que Ucrania tendrá que aceptar para alcanzar la paz. Y no poder oponernos de ninguna manera efectiva al apoyo continuado norteamericano a Netanyahu.
Epílogo: No creo que vaya a haber paz ni en Ucrania ni en Gaza a corto plazo. Me encantaría equivocarme pero mi sombrío diagnóstico se basa en que tanto Netanyahu como Putin están mucho mejor si la guerra no se detiene. La paz sería letal para Netanyahu y una amenaza considerable para Putin, que ya no podrían contar con la polarización provocada por el enemigo exterior satanizado como principal aliada.
El problema es que:
Y llegó el comandante y mandó seguir.