Las falsas banderas de Junqueras

Carlos Hidalgo

A Oriol Junqueras, reelecto líder de Esquerra Republicana de Catalunya le preocupa la versión de ultraderecha del nacionalismo catalán, Alianza Catalana, un partido xenófobo y ultranacionalista que viene a decir que “un inmigrante de Marruecos y uno de Jaén vienen a ser básicamente lo mismo”, en palabras de su líder, Silvia Orriols. Junqueras, tras mucho reflexionar, ha decidido que cree que Alianza es un “invento” de los servicios secretos españoles y del poder judicial. Lo que se suele llamar un “agente provocador” o un “ataque de falsa bandera”.

No sé de dónde puede sacar esto Junqueras, excepto si pensamos en todos esos carteles que inundaron Barcelona, riéndose del Alzheimer de Pasqual Maragall y que resultaron ser un ataque de falsa bandera perpetrado por el entonces director de comunicación de ERC, Tolo Moya. Un ataque cuyo origen conocían tanto Junqueras como su número dos, Marta Rovira. No ha podido demostrarse quién dio la orden de hacer eso, pero parece bastante claro que no era la primera vez que en ERC recurrían a artimañas parecidas, porque parece que el “Estado Español” no oprime lo suficiente como demandan sus lamentos habituales y, claro, tocaba reprimirse a sí mismos para poder denunciar represión.

Aparte de la competencia electoral, entendería que, desde una posición de izquierdas, se repudiase a Alianza Catalana; por ejemplo, cuando proclaman que existe una “raza catalana” diferenciada del resto de españoles y cuya pureza ha de ser preservada, lo que pasa es que esas ideas nativistas y eugenésicas, que tanto recuerdan a los nazis, no se diferencian mucho de las que el propio Junqueras expresaba hace casi 20 años en su columna en Avui.

También entendería que las posturas xenófobas le repugnasen, porque tanto la izquierda como la derecha democráticas defienden que los derechos son inherentes a los seres humanos, no a los grupos étnicos o a las nacionalidades. Y que, al igual que su partido viene defendiendo, entienda que la sociedad catalana es plural y diversa y que, si Jordi Pujol decía que ser catalán es ser español “pero de otra manera”, cada uno puede ser catalán a su manera. Pero tampoco parece ser mucho el caso. Aunque Junqueras condena las declaraciones de Alianza Catalana con respecto a la inmigración, también ha expresado muchas veces su preocupación porque los inmigrantes no saben quién fue Lluis Companys y eso dificulta “la cohesión social de un proyecto independentista”.

Hace unos meses que Ernest Maragall, que dejó ERC en cuanto supo el origen de los carteles contra su hermano, se mostró preocupado por “la deriva de ERC” y anunció que él no votaría a Junqueras para liderar la formación y que solo destacaría de él su capacidad “para enfrentar y purgar”. De hecho, Junqueras ha hecho bastante por purgar a una buena parte de Esquerra que abogaba por ser más izquierdista que nacionalista, como Joan Tardà. Y a su antes número dos y luego de repente archienemiga, Marta Rovira. Y seguramente le toque algo parecido al célebre Gabriel Rufián, que más de una vez ha defendido en público posturas parecidas.

Dado el gusto de Junqueras por las falsas banderas, entiendo que las vea por todas partes, pero tal vez debería plantearse si la falsa bandera más grave es la bandera de izquierda en la que se envuelve, cuando no cree en la igualdad entre seres humanos, cuando pone a seres místicos como la nación por delante de personas existentes, como la sociedad y cuando se siente más agraviado por la interpretación del pasado que por la amenaza para el futuro que supone la ultraderecha, use la bandera que use.

2 comentarios en “Las falsas banderas de Junqueras

  1. De acuerdo con las observaciones del artículo .Los hispanistas que estuvieron de alguna manera en España durante la Guerra Civil documentan milicias y juventudes paramilitares de ERC (escamots, JEREC), su violencia política y sus uniformes. Aunque no acentúan una organización político militar con los rasgos fascistas puros de los italianos si sugieren un talante autoritario . Gabriel Rufián sería el modelo de hortera autoritario , más cercano al Pijoaparte de Marsé pero con menos clase .
    Dice que para ellos la lengua es sagrada y cosas así . Es lo más contrario al espíritu moderno de la ciudad de Barcelona , una Ada Colau transformada. Viven en los años treinta contemplando un Mediterráneo Imperial . Muy , muy pesados .

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