Mazen Al-Hamada Deir Ez-Zor 1977 – Sednaya o Harasa 2024

Marc Alloza

La madrugada del 8 de diciembre de 2024 cayó el régimen de Bashar el-Assad. Él 24 años (2000-2024) y su padre, Hafez, 29 (1971-2000), ambos alawitas (una secta chiíta) rigieron el destino de la República Árabe de Siria de forma férrea y sin dar lugar a mucho debate. Todo se precipitó muy rápidamente desde el 30 de noviembre de 2024, cuando caía Alepo, la segunda ciudad del país y símbolo de la insurgencia, que había sido reconquistada en 2016 con la ayuda de topas rusas.
El 5 de diciembre de 2024 la insurgencia toma Hama, un hecho cargado de un gran simbolismo pues fue en Hama en dónde en 1982 Rifaat El-Assad, hermano de Hafez, a la sazón Presidente, y tio de Bashar, masacró entre 2.000 y 10.000 personas, en su mayoría civiles obviamente, para reducir una revuelta suní liderada por los Hermanos Musulmanes.

El 7 de diciembre de 2024 grupos tribales en el sur se rebelan en Daraa y cortan la conexión de Damasco con Jordania. Otro acto cargado de un gran simbolismo, pues en Daraa, en 2011, el arresto y tortura por parte de la Seguridad Política (comandada por un primo de Hafez el-Assad) de entre 12 y 15 estudiantes tras pintar unos grafitis contra el régimen, desató una oleada de protestas que fueron reprimidas con fuego real causando varias víctimas mortales. El tema se fue calentando con la ocupación y la quema de edificios como la sede del partido Baaz (partido de los Assad) o del edificio de Syriatel propiedad de, oh sorpresa, otro primo de Bashar el-Assad. En un momento de lucidez el bueno de Bashar soltó a los maltrechos estudiantes, acortó el servicio militar de 21 a 18 meses y depuso al Gobernador de Daraa (6 de marzo de 2011). Pero la gente estaba por reformas de mayor calado y continuaron las protestas. El 23 de marzo el gobierno vuelve a las andadas y las fuerzas de seguridad matan a al menos 37 personas en una manifestación al lado de una mezquita; ya no hay vuelta atrás. Unos días más tarde se suceden enfrentamientos armados entre manifestantes y fuerzas de seguridad con víctimas mortales y heridos por ambos lados. Tras varios enfrentamientos más interviene la 4ª división acorazada del ejercito comandada por un hermanito de Bashar, Maher el-Assad que asedia y toma Dara a fuego entre el 25 de abril y el 5 de mayo. Había estallado la guerra civil.

Volviendo al presente, finalmente el 8 de diciembre de 2024 los insurgentes toman Damasco y Bashar y familia huyen a Moscú en dónde no comparecen públicamente hasta el día 16.
El 10 de diciembre Mohamed al-Bashir asume el cargo interino de primer ministro y el 29 de enero de 2025 Ahmad al-Sharaa alias Abu Mohamed al-Golani es nombrado presidente interino de la República Árabe de Siria. La trayectoria de al-Sharaa desde 2011 no tiene desperdicio, pero la comunidad internacional lo avala desde el primer momento y desde Europa se le pidió lo de siempre “una transición política pacífica que proteja a todas las minorías y respete el Derecho Internacional”, que suele ser lo de nunca, esperemos que no por esta vez.

Sorprendentemente en unos pocos días con unos pocos millares de milicianos o paramilitares se resolvió un conflicto de más de una década que ha dejado miles de fallecidos y desaparecidos. Para ellos, como para Mazen Al-Hamada, la libertad no llegó a tiempo a pesar de que, al final, resulta que pudo haber estado a unos escasos días desde hacía años. Al día siguiente de la caída del régimen, el 9 de diciembre, se encontraba en la morgue del hospital de Harasa (cerca de Damasco) el cuerpo de Mazen, un activista sirio que había sido encarcelado y torturado entre 2011 y 2013, que huyó a Europa y contó las atrocidades a las que había sido sometido y a las que eran sometidos sistemáticamente los presos políticos en Siria. Mazen fue protagonista de un documental en el que contó su experiencia en las cárceles sirias, hizo gira por Europa e incluso los Estados Unidos para dar a conocer la precaria situación en la que vivían sus conciudadanos en Siria. Pero Mazen decidió volver a Siria: allí era más útil que en occidente en dónde el conflicto de Siria se había traspapelado. Se hizo un pasaporte sirio en Berlín y el 23 de febrero de 2020 regresó y fue arrestado. Desde entonces se desconocía su paradero hasta que su cuerpo fue hallado sin vida golpeado y con signos de tortura. Se cree que fue ejecutado días antes. El 12 de diciembre recibió multitudinaria sepultura. Mazen era un técnico de una multinacional gasista y petrolera francesa cuando la primavera árabe llegó a Siria y participó en las protestas y se convirtió en terrorista para el régimen.

Mazen se sacrificó y fue asesinado en una de las últimas muestras de la crueldad y sin razón del régimen. Probablemente no lo ordenaría ni El-Assad ni nadie de su familia, que estarían más pendientes de salir de país que de la suerte de un técnico petrolero activista. El problema es que el régimen, como todos los regímenes, necesita de miles de acólitos como guardias, soldados, funcionarios, “jueces” etc… No hablo de la intendencia para la gestión de un país, me refiero a los que gestionaban el terror. Los que mataban a palos, los que un día sí y otro también pegaban a los presos o los forzaban sexualmente. Los que cobraban a los familiares por información de sus hijos ya fallecidos. De los que entraban a una estancia y ordenaban a su cuadrilla que hoy quería diez muertos y se liaban a discreción hasta que lo conseguían. O los que en las visitas de la familia calentaban al preso para que sus familiares lo escucharan y no volvieran. Un largo etcétera de atrocidades que una chusma empoderada, enferma e impune llevaría a cabo tanto por órdenes como por libre.

Mazen denunció toda esto como también lo hizo Caesar que recientemente ha podido rebelar su verdadera identidad como Farid al-Madhan. Caesar, exmilitar, sacó más 50.000 fotografías de las cárceles de Siria durante tres años hasta que huyó en 2013. En 2014 testificó ante el congreso de los EE.UU. que en 2019 finalmente aprobó la ley Caesar que sancionaba al régimen por sus atrocidades. Esta lentitud o desidia internacional quizás desmotivaron a Mazen y lo llevaron a volver o una falsa promesa o alguna amenaza, pero quién lo sabe ahora…

Dicen que probablemente lo asesinaron en Sednaya, que era conocida por albergar uno los monasterios más antiguos del mundo en el que hay una imagen de la virgen lactante icono atribuido al evangelista Lucas. Ahora su centro penitenciario será recordado como icono del horror de un régimen que ni ha sido el primero, ni ha sido único y que ni es el último.

Mazen Al-Hamada  Deir Ez-Zor 1977 – Sednaya o Harasa 2024

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