Monrovia y Jerusalén

Carlos Hidalgo

En 1822 la Sociedad Americana de Colonización (ACS, en sus siglas en inglés) compró terrenos a Sierra Leona y comenzó a trasladar a afroamericanos nacidos libres o a los que habían sido liberados a una zona a la que llamaron Liberia, por ser la tierra donde se esperaba que los afroamericanos y los afrocaribeños pudieran vivir y prosperar en libertad.

Pronto, los afrodescendientes estadounidenses se dieron cuenta de que no tenían nada que ver con los nativos de esas tierras y, tras varios desencuentros y escaramuzas, terminaron por imponerse a ellos.

Las primeras casas de la colonización de Liberia son iguales a las mansiones de las plantaciones del sur estadounidense. Y no solo reprodujeron eso, sino que los colonos estadounidenses terminaron usando a la población nativa como mano de obra esclava, igual que los blancos habían hecho con ellos en su país de origen.

Cuando Liberia se independizó, en 1847, se organizó como un Estado democrático, copiando también el sistema y las instituciones de los Estados Unidos, pero en la práctica, la minoría de origen estadounidense siguió marginando a los nativos, a los que consideraba ignorantes, incivilizados, violentos y difícilmente asimilables mediante la educación y la religión.

Ese estado de cosas solo llevó a un desorden creciente, a un mayor grado de corrupción de la élite gobernante, al hundimiento de la economía, a la erosión y posterior desaparición de la democracia y finalmente a dos guerras civiles, de las cuales, aun décadas después, el país se sigue recuperando.

Resulta tristemente humano que unas personas que se libraron de la opresión la hubieran asimilado tanto que terminaran reproduciéndola en cuanto ellas mismas fueron libres. Digan lo que digan los relatos religiosos, el martirologio, la pobreza, el sufrimiento y los abusos no santifican a las personas, sino que les dejan una huella tan profunda que en muchos casos siembran en ellos las semillas de esos mismos males.

Parece inevitable pensar también en Israel. El proyecto de Tierra Prometida, ese país que creció mediante colonos cooperativistas en kibbutzs, el país de Golda Meir, Shimón Peres o Issac Rabin, es ahora un país gobernado por un primer ministro corrupto, aupado por una constelación de partidos minoritarios ultraderechistas, que han hecho del abuso su programa político y que han respondido a un ataque bárbaro de una facción de los palestinos con una guerra de destrucción y terror en la que se mata a civiles por miles, se alienta la violencia civil contra los disidentes, se ataca la separación de poderes, se militariza la sociedad y se deshumaniza a la población civil palestina a la que se roba y se masacra sistemáticamente; o directamente se les mata de hambre.

Israel no es Liberia y sus ciudadanos no tienen la vocación misionera de los colonos liberianos. Pero el sendero hacia el abismo parece igual de claro en ambos casos.

4 comentarios en “Monrovia y Jerusalén

  1. Ingleses y EEUU llevan los úlitmos siglos repartiendo lo que no es suyo. Y hablando en nombre de la libertad y los derechos para repartirse y explotar el mundo.

    Y por último, ¿también responde a algun ataque bárbaro Israel en Cisjordania? ¿O cómo era la situación de Palestina antes del ataque de jamás? ¿Qué responde a qué? [Espero que ninguna institución de la UE y sus países me denuncien por este comentario]

    Y en cualquier caso muy interesante el post, porque somos así.

  2. Su secreto está a salvo. Los movimientos subersivos están vigilados. No arranque el cartél de la Nato en Bruselas porque llegaba tarde al tren.

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