Para la educación: luz y techo

Sergio Patón

Hace unas semanas Albert Sáez en su columna de opinión como director de El Periódico de Catalunya se sorprendía de los buenos resultados del alumnado catalán en competencias digitales, especialmente comparado con los resultados del informe PISA. ¿Se puede suspender en PISA y aprobar en competencias digitales? se preguntaba en el mismo título de su columna.

Aún se sorprendería muchísimo más de estos buenos resultados si fuese consciente de ejemplos como el del Institut Sants, el Empe, en el que mi hijo hasta tercero de la ESO no ha recibido su portátil. Una herramienta que estábamos esperando desde el primer curso y que este año por fin tiene a su disposición. Cosas de la Consellería d’Educació de Catalunya y sus proveedores; y temo por cómo será el mantenimiento en caso de haber un problema informático.

Ahora que tiene todo el alumnado sus ordenadores, lo que aún le sorprenderá más, como a mí me ha ido pasando, es saber que la instalación eléctrica del centro tiene graves deficiencias y se cae impidiendo el normal desarrollo en algunos momentos en los laboratorios, la sala de profesores o la de música. Es decir, en algunos momentos se tienen que turnar microscopios, teclados y otros instrumentos eléctricos o electrónicos. Y un suma y sigue, esto hace que no se pueda pensar en instalar ventiladores. Ventiladores no para estos meses claro, pero si en previsión los que luego serán calurosos, durante los que desaconsejarán la apertura de ventanas por las obras en la cercana Estación de Sants.

Todo esto ya sin enchufar los portátiles a la red eléctrica. Que se caiga la luz, quizás afortunadamente evita males mayores con las goteras que también tenemos. Sí, el futuro y ya el presente son digitales, pero con institutos públicos con goteras y sin instalación eléctrica que soporten no ya el Siglo XXI si no e el XX, hay cosas que ahora mismo me parecen ciencia ficción.

Y sí, sorprendentemente en estas circunstancias materiales mi hijo aprende de libros, webs, compañeros y sobre todo de sus profesoras y profesores. Aunque en la columna se llega a decir que “la escuela catalana abandone la tecnofobia en la que la han situado los sindicatos de profesores”. Pero es que es ese profesorado el que, con padres y madres, somos la base de la educación, como siempre. No me extrañaría que alguno de ellos se hubiese molestado con semejante afirmación respecto a ellos con un remate al mismo nivel ya que se afirma que están “zaheridos por su pérdida del monopolio del conocimiento en favor de las pantallas, sea de móvil o de ordenador, la fatua afecta ya a todos los dispositivos”. Tecnofobia, pérdida del monopolio del conocimiento y fatua, son un arsenal dialéctico para no solo no hacer amigos, sino directamente no hacer prisioneros.

Aunque sé que tampoco les será fácil, a un medio como El Periódico le agradecería que su equipo de investigación me informara si a quien debo quejarme es al Consorci d’Educació de Barcelona, ​​a la Concejalía de Educación del Ayuntamiento o la Conselleria del ramo en la Generalitat. Porque esta es otra fiesta: la educación es una competencia de la Generalitat, pero los edificios si son escoles bressol o colegios de primaria parece que se encarga el Ayuntamiento, pero si son institutos pues parece que la Conselleria. Pero luego hay un consorcio entre Generalitat y Ayuntamiento que puede ayudar a darle vueltas a la bolita de la financiación de este tipo de arreglos. Sin contar los institutos escuela, que es gato y araña.

Mientras tanto, sin contar tertulianos y columnistas, hay 20 informes de 10 organizaciones, que eso da para otra investigación sobre sus objetivos, metodologías, patronazgos, si son públicos o privados, qué consideran bueno o que consideran malo. Ahí hace bien Alberto Sáenz en sospechar sobre los parámetros que nos miden, ahí le doy la razón y seguro que en más cosas.

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