Que la Historia no se repita

Verónica Ugarte

La vida es una estúpida broma, o una serie de repugnantes repeticiones. 

Dentro de pocos meses se estrenará una nueva película acerca de los Juicios de Núremberg. Está claro que muchos “conocen” la Historia a partir de películas, series o citas llenas de inexactitud traídas de alguna red social. Ese es nuestro mundo. El real, el descomunalmente absurdo y al cual a veces ya no siento el mínimo respeto por sus instituciones y quienes las defienden.

Israel no nació en 1948. Debido a un libro “sagrado” muchos expatriados llegaron a lo que en aquel entonces era Palestina. Como fuese se compraron tierras y fueron llegando los pocos afortunados que habían podido huir del horror nazi. Ese es el espíritu de ese Estado: hecho a partir de lágrimas y sangre de ambas partes. De quienes veían las tierras de sus ancestros llenándose de quienes decían que un Dios extraño les había otorgado dichos territorios.

Al final de la Segunda Guerra los vencedores se auto glorificaron y llenos de alegría movieron las fichas del tablero. Nacían las Naciones Unidas, con sede en N.Y. y Ginebra. El castigo para los alemanes fue dividir Berlín en cuatro; al país en dos. Y la eterna pregunta llena de burla arrogante “¿tampoco sabías lo que sucedía?”. 

A casi un siglo de distancia y con estudios serios, es una pregunta que se le debería hacer a esa Europa que parece ser que no funciona. Y a los EE.UU. Todos han negado los informes que llegaban acerca de la creciente furia de Hitler y de la construcción ya no solo de campos de trabajo, sino también de exterminio.

Cierto es que Heydrich, por orden directa de Himmler, dio paso a la famosa conferencia de Wannsee, en 1942, donde se dio el inicio a la llamada “Solución Final del problema judío” (Endlösung der Judenfrage). Sistemáticamente el holocausto funcionó bajo el horror nazi, con la cooperación de una Alemania que ya no existe, con las miradas del mundo “ciegas” porque nadie sospechaba el horror. No solo seis millones de judíos murieron en cincuenta y nueve campos. También comunistas, homosexuales, gitanos. Fueron exterminadas personas que no eran perfectamente arias, que tenían secuelas físicas o enfermedades mentales. Un sufrimiento que ha sido contado durante años por los sobrevivientes de un horror inimaginables. “Si esto es un hombre” (“Se questo è un uomo”) de Primo Levi no es fácil de leer. Tampoco lo es “La escritura o la vida”, de Jorge Semprún.  Ellos se han ido, como poco a poco se van yendo los ahora ancianos que viven en distintas partes del Mundo.

En Israel han sido la parte central del discurso que avala el derecho a una tierra propia; al ojo por ojo. A no negociar jamás. A tomar tierras. A tratar a los palestinos como personas de segunda clase. Gracias todo a un apoyo implacable de EE.UU. y de unas NN.UU. que poco han hecho. A disparar a quemarropa a palestinos sin armas. A escupir a la cara a mujeres indefensas.

Tenemos a un Primer Ministro de Israel que es perseguido por crímenes de guerra. Pero ha viajado a Washington, y no ha sido entregado a las autoridades internacionales. Porque el Derecho Internacional solo es coercitivo cuando el ofendido lleva el poder para que alguien se siente en el banquillo de los acusados.

El sufrimiento no es medible. Pero tampoco importa lo que debería importar. Niños corriendo para protegerse de las bombas que caen sobre ruinas, hospitales. Niños que mueren al poco de nacer. Niños que no saben qué ocurre. Niños que no saben lo que es la infancia y que reciben golpes cuando un poco de sopa se reparte.

Luego vienen los ancianos. Aquellos que no pueden dejar un legado escrito. Aquellos cuyos ojos solo han visto sufrimiento y hambre. Aquellos que rezan a su Dios pidiendo ayuda y clemencia. Las mujeres enterrando a sus hijos, quienes buscan defender a madres, abuelas, hijas, hermanas. Hombres que no conocen otro idioma que no sea el del odio basado en años de abusos.

Otro genocidio se está cometiendo delante de los ojos del mundo. Trump niega la entrada a su amado territorio a los representantes palestinos. No es la primera vez. Ya Arafat fue recibido en Ginebra al negársele la entrada al paraíso de la libertad. Europa corre de un sitio a otro, buscando algo que no conoce: decencia, integridad. Medio Oriente no es un polvorín desde 2023. Lo ha sido desde la desocupación realizada de manera irresponsable por parte de los británicos.

Lo que sabe Europa es callarse y mirarse los pies buscando alguna solución que no quiere encontrar.

La sociedad civil, una vez más buscando soluciones, la foto alguna ex-alcaldesa catalana, marcha por mar queriendo abrir un canal para llevar comida y agua a Gaza. Israel ha respondido que serán juzgados como terroristas.

Las calles de Tel Aviv, llenas de ciudadanos exigiendo el alto al fuego algunos, otros, la negociación para traer a los rehenes de vuelta, son ignoradas por un mal alumno de un momento histórico que no se repite en cuanto a su fin pero si a sus medios, aunque no llegará jamás al climax nazi.

Ahora mismo es difícil ser judío en el mundo. Más que nunca son odiados. Pero las historias de los pogromos, rabino Judá Loew, su Golem y la palabra “muerte”, de las persecuciones en la Rusia zarista ya no sirven para dar fuerza a un discurso que ya no tiene razón de ser.

En una visita de Estado a Polonia, Willy Brandt pidió visitar el guetto de Varsovia. El gesto de arrodillarse ante la flama de los caídos nadie ha podido repetirlo. Brandt era uno de pocos.

Cuando todo esto acabe, ¿habrá alguien digno para pedir perdón de rodillas al pueblo palestino?

«Quizás la más grande y mejor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. A.H.

4 comentarios en “Que la Historia no se repita

  1. Imposible empezar el mes sin referencias muy directas a lo que acontece en Gaza e Israel y sobre cómo hemos llegado hasta aquí.

    Pero por ríos de tinta que corran….

  2. « Europa corre de un sitio a otro, buscando algo que no conoce: decencia, integridad. »
    Yo pienso que razonar así es debido al viento sur, porque si el modelo que al parecer conoce la decencia y la integridad es el que propone el grupo de Puebla o los virtuosos talibanes de Hamás o Hezbolá entonces me quedo con las monjas cismáticas de Belorado que al menos saben hacer rosquillas sin manchar sus hábitos de harina .

  3. Mulligan, lo he echado tanto de menos! Me ha sacado una carcajada entre tanta miseria. ¿Le viene bien unos chiles en nogada? Plato típico poblano.

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