Julio Embid
El pasado 21 de febrero fallecía el escritor estadounidense de ciencia ficción Dan Simmons a los 77 años. Si usted no es aficionado a este género literario, tal vez su nombre ni le suene; sin embargo, para los seguidores del género era y será un referente. Fue autor de numerosas obras, aunque, con diferencia, las más exitosas fueron la serie de cuatro novelas conocidas como “Los Cantos de Hyperion”. Déjenme perfilarles brevemente la trama y conectarla con la realidad.
En “Hyperion”, la primera de las novelas, publicada en 1989, la humanidad se ha expandido por toda la galaxia gracias a dos elementos: su relación con unas Inteligencias Artificiales que han adquirido conciencia propia y los llamados teleyectores, puertas que permiten viajar de un planeta a otro de manera instantánea dentro de la llamada Red de Mundos. En un planeta sin teleyectores, Hyperion, aparecen las misteriosas Tumbas del Tiempo, incomprensibles desde el punto de vista científico, donde el tiempo transcurre al revés y donde habita un ser demoníaco de cuatro brazos llamado Alcaudón.
Siete peregrinos (un sacerdote católico, un soldado árabe, un poeta, un profesor judío, el capitán de la nave, una detective y un cónsul procedente de un planeta paradisíaco al borde de la destrucción) emprenden una peregrinación en una nave espacial con forma de árbol hacia las Tumbas del Tiempo mientras relatan sus historias personales. Cuando la leí de joven, me impresionó profundamente. Años después, al ver la película “Los odiosos ocho” de Quentin Tarantino, en la que cada personaje desvela su historia antes del desenlace, comprendí que aquella estructura narrativa del western no era tan original como yo había pensado.
En esta obra visionaria se abordan muchas cuestiones que la ciencia aún no puede explicar, pero hubo dos ideas que me marcaron especialmente. La primera: si la humanidad depende cada vez más de las Inteligencias Artificiales, las inteligencias naturales tenderán a menguar. La segunda: sin autosuficiencia alimentaria, los planetas que no produzcan sus propios alimentos perecerán de hambre y guerras si los teleyectores fallan. Es cierto que los países, como construcciones políticas de carácter permanente, no son economías cerradas. Sin embargo, yo siempre preferiría vivir en un lugar capaz de producir más alimentos de los que consumen sus habitantes. Por eso la Unión Europea debería ser capaz de garantizar la producción de alimentos para sus 450 millones de ciudadanos.
La Red de Mundos que imagina Simmons es un lugar maravilloso para vivir… hasta que algo falla. Como ciertos emiratos del Golfo Pérsico, donde la población disfruta de salarios altos, impuestos bajos y aire acondicionado constante, hasta que empiezan a caer bombas de unos y otros. Ni con todo el dinero del mundo es fácil escapar hoy de Qatar o de Dubai cuando el espacio aéreo se cierra. Si los aviones dejan de volar, o si los teleyectores fallan, todo cambia en cuestión de horas.
Escribo esta columna para recordar a Dan Simmons el mismo día que sale a la venta mi primera novela de ciencia ficción, “Guerras Lunares” (escrita junto a J. C. Plaza y publicada por Editorial Trántor) y a la que les invito a leer. Y también para agradecerle a Simmons su trabajo y sus obras. En la ciencia ficción, muchos autores imaginan un futuro peor que el presente. Trabajemos para que no sea así. Las páginas en blanco del Word de nuestras vidas aún están por escribirse.
Parece que en España tampoco podemos escapar de un futuro en manos de las extremas derechas. O sí podemos? Cuente con este lector para su novela. Y enhorabuena.