Verde como los toldos. Gris como el hormigón

Julio Embid

Cada 8 de marzo se celebra el “Día Internacional de la Mujer”, otrora llamado “Día de la Mujer Trabajadora”, lo que se cambió para, literalmente, ser más inclusivo con las mentalidades menos progresistas. Durante la última década hemos visto que esto no es suficiente para consensuar unos mínimos de respeto que últimamente están saltando por los aires. Vemos en la juventud occidental, tanto europea como norteamericana, cada vez más diferencias entre los jóvenes y las jóvenes. Si desde las filas conservadoras se acusaba a las feministas de haber hecho negocio con su ideología, vemos sin pudor como el machismo cada vez es un negocio más rentable para los creadores de contenido que evitan cualquier responsabilidad a su audiencia. “Nada es culpa tuya. Si no encuentras trabajo es porque los extranjeros aceptan cualquier cosa. Si la cita para el médico tarda mucho es porque los extranjeros inundan los centros de salud. Si no ligas, es que las mujeres se han vuelto todas feministas y lesbianas. Nada es culpa tuya José Miguel”.

Las mujeres, especialmente las mujeres de la clase trabajadora, nacen con numerosas culpas por el hecho de ser quienes son. Cuando buscan trabajo, evitan decir que son de Móstoles o de Parla. Cuando van a la universidad, tienen más responsabilidades que sus compañeras. Cuando opinan de política o arte, se ríen de ellas. Cuando cantan o bailan se les llama chonis. Hace cinco años, mi amiga Aída Aurora dos Santos (1992) empezó a escribir un libro titulado “Hijas del Hormigón” sobre las mujeres de clase trabajadora, que esta semana sale a la venta publicado por Debate. Es numerosa la literatura y estudios académicos centrados en las diferencias entre hombres y mujeres, la brecha de género o por qué por el mismo trabajo, las mujeres suelen tener un menor salario. Sin embargo, hacía falta un libro sobre las diferencias de clase entre las mujeres que pagan un alquiler y aquellas que lo cobran, entre las mujeres que crían solas a sus hijos y aquellas que pagan para que alguien les críe y peine a sus hijos.

“Hijas del Hormigón” es un ensayo duro y estremecedor con numerosas entrevistas por toda España a mujeres a las que en alguna ocasión preguntaron: -¿a qué cole iban? y cuya respuesta condicionó la actitud de su interlocutor. Mujeres que perdieron la posibilidad de tener una vivienda en propiedad porque se quedaron embarazadas antes de tiempo. Mujeres que no han vuelto a tener una relación en pareja sana desde el día que su expareja les cruzó la cara de un bofetón por tener la cena fría y que tras llorar mucho juraría que nunca más lo volvería hacer. La escala social tiene muchos más peldaños que los que el obsoleto marxismo propugna. La vida no se divide entre capitalistas y proletarios, porque un proletario hombre y blanco con vivienda propia no tiene los mismos problemas que una mujer migrante que vive de alquiler.

Si quieren celebrar el 8 de Marzo como si fuera una romería para salir de manifestación, no seré yo quien les niegue ese derecho. Sin embargo, les invito a que lean, lean mucho y lean de todo. Denle una oportunidad a este y a otros libros de no-ficción. A veces los árboles no nos dejan ver el bosque y los toldos verdes no nos dejan ver el hormigón gris que hay detrás.

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