Ampliando el frente andaluz

Juanjo Cáceres

Hay tantos puntos de interés en los ambientes que nos ocupan que resulta difícil elegir a cuál meterle mano, pero necesariamente debe abordarse alguno. Uno de los más atractivos, aunque quizás no sea el más profundo, es el follón generado en Andalucía a raíz de la no presentación en tiempo y forma de la coalición de izquierdas, finalmente denominada ‘Por Andalucía’: un ensayo de frente amplio que no podía empezar de forma más torpe.

Lo primero a subrayar es que, al menos, Yolanda Díaz está ya curada de espantos, muy especialmente después de que su reforma laboral pasease por el filo de la navaja, gracias a las fallidas estrategias de negociación del gobierno y al cambiante voto del diputado popular Casero. Pero precisamente es interesante recordar que el peligro que la propuesta de la ministra de trabajo vivió en aquella jornada también se explicaba por otros factores. Por ejemplo, por el bloqueo del acta del podemita Alberto Rodríguez, que nadie ha ocupado a raíz de la guerra que su antiguo titular y Podemos mantienen con Meritxell Batet, presidenta del congreso y socia de gobierno, lo que hacía contar al gobierno con un voto menos para aprobar dicha reforma. Y es que raramente una torpeza del calibre de la del viernes pasado en Andalucía no se encuentra precedida de varios episodios semejantes.

En el caso andaluz, el origen del lío es bien conocido: la no presentación de la documentación correcta de la coalición ‘Por Andalucía’ dentro de plazo y la no inclusión en la misma por ese motivo de un partido llamado Podemos y otro denominado Alianza Verde. Las posibilidades jurídicas de subsanar eso son las mismas que tiene España de colonizar Marte en la presente década, por lo que los derechos electorales, el acceso directo a las subvenciones del grupo parlamentario y algunas cosas más, quedan ya fuera del alcance directo de estas dos formaciones. Porque no todo lo que se yerra técnica y jurídicamente puede subsanarse políticamente (aunque sí compensarse).

La formalización fallida de la coalición es también un indicador muy preciso de la calidad de la confluencia de partidos que se ha perpetrado en Andalucía. Más allá de los errores o incompetencias varias que se hayan producido, que no dejan de ser fenómenos humanos, está la sucesión de desencuentros y órdagos negociadores que hicieron imposible que los actores obrasen de buena fe, que los papeles fueran llevados con antelación suficiente y que se previniesen todo tipo desaguisados. Una lectura de los artículos difundidos en los últimos días en los medios de prensa más afines a ese espacio, así como ciertas publicaciones en redes sociales, revelan con claridad cuál es la naturaleza de la relación de todos esos partidos: la misma, más o menos, que la que mantenían los Montesco y los Capuleto. De ahí tanta reyerta.

También hay que señalar que en política de confluencias está todo inventado y según cuáles son los hechos que se producen, hay cosas que son fáciles de sospechar. Uno bastante significativo es la cantidad de partidos que a pesar de todo han entrado en la coalición, desde marcas políticas consolidadas en Andalucía hasta partidos completamente marginales. Hacia fuera es lo que clásicamente se vende como un gran éxito de unidad, pero por dentro lo que acaba habiendo es una voluntad de protagonismo y pugna por acceder a los recursos que genere el nuevo grupo parlamentario.

Esos partidos comparten también la característica de estar en una fase declinante en lo electoral (caso de Podemos y de IU) o de carecer por completo de la capacidad técnica y política de enfrentarse en solitario a una campaña andaluza (todos los demás). Por lo tanto, estamos ante la típica confluencia que hace de la necesidad virtud, que aspira básicamente a atraer los votos disponibles que queden para las marcas declinantes ya mencionadas y también a evitar que sea el Adelante Andalucía de Teresa Rodríguez quien les robe todos esos votos que consideran propios. En definitiva, es una confluencia muy pobre, concebida como un mero mecanismo para que diversas franquicias políticas regionales logren prolongar durante cuatro años más su permanencia en las instituciones andaluzas.

Ante tales desatinos y dado el gobierno que rige la Junta, hay gente enfadada, pero no hay que tomárselo mal. Yo entiendo que el riesgo de ser gobernado por Vox apetezca poco, pero en Castilla y León se hizo una coalición muy cómodamente y no sirvió de nada. Probablemente en Andalucía acabe pasando lo mismo, se haga lo que se haga, porque el declive electoral es el que es y porque en los rincones de pensar no se genera otra respuesta que no sea esperar a Yolanda Díaz, lo cual, políticamente, digamos que resulta bastante pobre. Además, tal y como han ido las cosas, no es imposible que en cualquier momento Yolanda anuncie que ha sufrido una lesión de ligamentos en el último partido y que se pierde lo que resta de temporada, para no tener que volver por allí durante un tiempo.

Porque, al fin y al cabo, es verdad que Yolanda acudió a Andalucía, que su equipo medió y que hicieron lo que consideraron oportuno para poner las bases para un acuerdo, pero también que Yolanda Díaz no concurre a las elecciones andaluzas, sino Inmaculada Nieto, diputada designada en el último minuto que viene de una larga trayectoria en Izquierda Unida: concejal de Algeciras por IU desde 2007 a 2019 y desde 2019 parlamentaria del grupo institucional andaluz en el que se produjo el cisma con Teresa Rodríguez. Cabeza de lista que lo es, en detrimento del guardia civil podemita Juan Antonio Delgado, quien sin duda estará muy contento con todo lo acontecido y afrontará la campaña con gran ilusión. Motivos para unas semanas de retiro espiritual Yolanda tiene de sobras y no le vendría mal para replantearse algunas cosas de su itinerario, pero ciertamente, cuando la campaña se ponga al rojo vivo, que se pondrá, va a acabar saltando al césped hasta el utillero.

Para acabar, señalar que en las generales las cosas serán diferentes, pero también manifestar con total rotundidad que nada ha aprendido toda esta gente de los ensayos de coaliciones y confluencias varias que vienen produciéndose desde 2015 en todo ese espacio y de su evolución posterior. Pero además es que lo que está ocurriendo estos días ha ocurrido ya muchas veces y de muchas maneras, no solo en los últimos ocho años, sino en los últimos veinticinco. Se podría hablar largo y tendido sobre ello, pero yo, por mi parte, prefiero no hacerlo. Solo remarcaré lo que es obvio: que los protagonistas de esta coalición no podían poner peor las bases para afrontar una campaña que ya venía complicada.

 

1 comentario en “Ampliando el frente andaluz

  1. En el comunicado conjunto para dar a conocer el acuerdo que felizmente no se ha podido inscribir , no figura ni una sola palabra sobre aspiraciones electorales de las distintas sopas de letras .

    Todos hablan de unidad pero en torno a sí mismos .

    La sobrevalorada Yolanda ( recuerden aquello de « Jose Luis , vamos a ver si somos capaces de explicar qué es un ERTE ; es como si estuviera trabajando pero en realidad no trabajas …» ) ha inventado una original manera de hacer política : en lugar de hacer algo quiere que los demás le digan qué cosas quieren que les haga si , naturalmente , está en su mano . Para ello emprenderá una campaña de escucha del tipo :

    – Hola , me imagino que sabéis quién soy , sí , eso mismo , la misma , la de la tele … sí la que pasea con Pedro vestida de blanco por los jardines de Moncloa … pero no he venido para hablar de mí sino para escucharos … venga , sin miedo que no muerdo , ¿ quién empieza ? ¡ Venga , a sumar , sumar y sumar ! etc.

    Según cuenta EL PAÍS , « por Andalucía nace con muchos interrogantes sobre su viabilidad futura, porque durante las negociaciones ha quedado claro que la relación entre los partidos es de desconfianza. La convivencia en el grupo parlamentario que se forme, si sacan diputados suficientes (al menos cinco) en la duodécima legislatura andaluza, se aventura llena de curvas minadas y peligrosas. La propia convocatoria de la presentación es un ejemplo de lo que se avecina: hasta tres convocatorias enviadas desde Podemos, IU y Más País para un solo acto verdadero. Calculan (dicen que en broma) una duración de 2 horas y 30 minutos.
    Lo más detallado que ha trascendido hasta ahora del acuerdo han sido dos folios donde de manera nítida se establece un reparto estricto de poder. Podemos encabezará las listas en cuatro provincias, IU en tres y Más País, en una, Sevilla, un puesto asegurado salvo catástrofe que nadie contempla. En esas cuartillas queda fijado quiénes intervendrán en los debates de la comunidad y de presupuestos; a qué partido corresponderá proponer a los representantes al Senado, a la Mesa del Parlamento y a los órganos de extracción parlamentaria; y hasta cómo se distribuirán las presidencias de las futuras comisiones de la Cámara. Y el dinero: 60% para Podemos y 40% para IU.»

    Si quieren solo el dinero, la pregunta es ¿ por qué no estudian un poco o preparan oposiciones de las de verdad para convertirse en hombres y mujeres de bien ?

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