Alfonso Salmerón
Contra todo pronóstico, la victoria del NFP dio un vuelco en la segunda vuelta de las Legislativas franceses que casi nadie había previsto. El resultado genera muchas dudas sobre la gobernabilidad del país pero arroja una certeza incontestable: la derrota de la extrema derecha a manos de la movilización del electorado de izquierda. Una vez más la cultura política de nuestros vecinos no nos ha defraudado y ha sabido identificar qué es lo que se tiene que hacer ante una situación de alarma y dónde están las prioridades.
Francia, la cuna de nuestra civilización moderna y de los valores republicanos ha vuelto a estar a la altura y vuelve a darnos una lección con un match point decisivo para el futuro inmediato de la construcción europea. La victoria de la RN de Le Pen hubiera podido hacer que la balanza de la Comisión Europea basculara peligrosamente hacia la extrema derecha, al haber otorgado a esta capacidad de bloqueo.
Sin embargo, solo se ha conseguido una parte del objetivo, sin duda el más urgente, frenar el paso a la extrema derecha, la batalla por la conformación de gobierno nos dará una pista sobre si se avanza en la dirección de conseguir el segundo objetivo, el más importante, derogar las políticas que han auspiciado el crecimiento de los seguidores de Le Pen y establecer un programa de gobierno de respuesta a los problemas estructurales que padece la clase trabajadora.
Porque este es el problema de fondo. Intento aproximarme al auge de la extrema derecha en nuestro mundo occidental, desde Estados Unidos a Turquía, pasando por Argentina, Italia, España o ahora Francia, como un síntoma del fracaso del neoliberalismo para dar respuesta a los problemas de nuestro tiempo, cuya mayor expresión son la polarización y la fragmentación de la sociedad. El neoliberalismo, no solamente como modelo económico, sino como todo un sistema de creencias que configura un modelo cultural y de pensamiento hegemónicos que encumbra el individualismo y desprecia cualquier expresión de lo colectivo basada en la solidaridad y la cooperación, ha roto el contrato social que fundara las democracias liberales después de la II Guerra Mundial, cuyo exponente fue el Estado del Bienestar europeo.
En ese sentido, y volviendo a Francia, Macron encarnó todos esos valores. Fue ministro de Economía con Hollande para después abandonar el Partido Socialista para impulsar su propio movimiento político En Marcha, una suerte de tercera vía a la francesa, muy acorde con los tiempos, con la mirada puesta en su proyección a nivel europeo. Fue muy bien acogido por los mercados y la tecnocracia europea y respondió con mano de hierro a la mayor movilización social que se produjo en Francia como respuesta a su contrarreforma laboral y de las pensiones. Su política económica marcadamente neoliberal ha incrementado la fractura social y han hecho perder poder adquisitivo a las clases medias y populares, uno de los principales ejes de las protestas del heterogéneo movimiento de los chalecos amarillos que sirvió a Le Pen para ampliar su base social.
Quiero decir con todo ello, a modo de tesis, que las políticas económicas de la Unión Europea lideradas en Francia por Macron han sido el caballo de Troya de la extrema derecha. Así ha sucedido en otros momentos de la historia. La extrema derecha aprovecha el malestar ocasionado por la acentuación de las políticas de ajuste económico en tiempos de crisis para abrir brecha en la sociedad al señalar a la inmigración como enemigos de la patria y armar un discurso nacionalista con el que los damnificados del sistema puedan identificarse a la vez que proyectar todo su malestar en un nuevo sujeto, el otro, el diferente, que encarna todos los males que le apremian.
Por ese motivo, es singularmente importante el momento que está viviendo Francia y que anticipa lo que puede suceder en otros lugares de occidente. Las dificultades para formar un gobierno tras las pasadas elecciones expresan ese conflicto. De nada sirve un gobierno de unidad con las mismas políticas que han provocado esta situación. De nada nos sirve el viejo discurso de la unidad contra el fascismo si no se señalan las políticas que le han abierto la puerta. La lucha contra el desempleo, la precariedad, el precio de la vivienda, la salud y la educación públicas y una política internacional basada en la paz y la cooperación con los países del sur son la única bandera que sirve contra el fascismo, aquella que puede esbozar un futuro de esperanza en esos nuevos guetos cada vez más inhabitables en los que se han convertido algunos barrios abandonados por las políticas públicas. Por eso es importante poner valor que los franceses no solamente han derrotado a la Alianza Nacional de Le Pen si no también a Macron. Cualquier tentativa de alianza que permita a Macron salir airoso no hará otra cosa que aplazar la victoria de la extrema derecha. Cualquier gobierno que no ataje los problemas estructurales que sufren las clases medias y populares no hará más que seguir allanando el camino para Alianza Nacional en el futuro.
Para acabar, en clave española, no han sido pocas las voces que han querido ver lecciones aplicables a nuestro país de lo ocurrido en Francia. Pues bien, quizás la única lección urgente que deberíamos extraer de todo ello es que nuestro Frente Popular ya gobierna, aunque no lo sepa, y bien harían los partidos que dan apoyo al gobierno de Sánchez en ir convocando unos estados generales de las fuerzas progresistas y de izquierdas capaz de convertir lo que fue un acuerdo táctico de unión frente al espanto en un proyecto de país para las dos próximas décadas. No hay tiempo que perder, aprovechemos el estado emocional en el que nos han sumido los 26 muchachos de la roja como estímulo para armar un equipo sólido pero plural, diverso, solidario y generoso con una idea clara de juego para liderar la política española en los próximos diez años.
« Por eso es importante poner valor que los franceses no solamente han derrotado a la Alianza Nacional de Le Pen si no también a Macron. Cualquier tentativa de alianza que permita a Macron salir airoso no hará otra cosa que aplazar la victoria de la extrema derecha. Cualquier gobierno que no ataje los problemas estructurales que sufren las clases medias y populares no hará más que seguir allanando el camino para Alianza Nacional en el futuro.»
Si los franceses , así definidos , han derrotado a RN y también a Macrón , es evidente que se trata de una autoderrota porque son menos que la suma de los derrotados ; además se han establecido pactos republicanos que han funcionado bastante bien . Nuevamente se leen los resultados apelando al ‘ whisful thinking ‘ y no a los números fríos de los triglicéridos después de una noche de excesos.
En Francia difícilmente se puede ser neoliberal cuando nunca ha sido un país liberal ; viene a ser como llamar neoflor a un cactus .
La deuda y el déficit ahogan las soluciones que propone Salmerón .
La deuda pública en Francia en 2023 fue de 3.101.443 millones de euros3.353.590 millones de dólares, creció 147.819 millones desde 2022 cuando fue de 2.953.624 millones de euros3.108.202 millones de dólares, está entre los países con más deuda del mundo.
Si hay en el mundo un país de rigidez estatal y burocratizado ese es Francia . Lean el programa de los insumisos y tiemblen .
Carece de virtudes adaptativas y es incuestionable la herencia jacobina y la victoria de la burguesía en la Gran Revolución de 1789 . Como clase social emergente, la burguesía estaba compuesta por comerciantes, empresarios y profesionales urbanos. Buscaban más poder político y económico, y su descontento con el sistema monárquico y feudal contribuyó al estallido de la revolución. A medida que la revolución avanzaba, la burguesía lideró movimientos y apoyó cambios como la abolición de privilegios feudales y la promulgación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Es importante destacar que la revolución también involucró a otras clases sociales, como los campesinos y los sans-culottes, que también desempeñaron un papel significativo en los eventos revolucionarios .