Los sudores de Peter Thiel

Carlos Hidalgo

Peter Thiel es, junto a otros inversores (entre ellos Elon Musk) una de las personas que se hizo casi milmillonaria con la fundación y posterior venta de PayPal. Es uno de los empresarios más poderosos de estados Unidos y un reconocido conservador, que no tuvo problemas en dejarse ver con Donald Trump desde los primeros días de su primer mandato.

En una entrevista que le hizo el muy conservador periodista británico Piers Morgan, en un formato diseñado a la medida de Thiel, en un contexto amable y en el que el magnate estaba seguro de que estaba a salvo de todo mal, Morgan le preguntó sus opiniones sobre el asesinato de Brian Thompson, consejero delegado de United Health, muerto presuntamente a manos de Luigi Mangione, un chico de buena familia que, por lo que parece, se ha vuelto literalmente loco de dolor.

La respuesta de Thiel fue ponerse visiblemente pálido, ponerse a sudar delante de las cámaras y balbucear una respuesta que fue algo así como: “el sistema sanitario [estadounidense] está muy mal, pero la respuesta no puede ser asesinar gente”.

Para poner en contexto lo inusual del nerviosismo de Thiel, vamos a recordar que es la misma persona que, después de que la revista Gawker se hiciera eco de las fiestas que Thiel se montaba con jovencitos (Thiel es homosexual pero tampoco lo ha ocultado nunca), el empresario denunció a la publicación, perdió en los tribunales y desde entonces se dedicó a financiar a fondo perdido cualquier pleito contra Gawker, hasta que finalmente y tras gastar ocho millones de dólares, logró que una demanda del anteriormente famoso Hulk Hogan acabase con una sentencia tan dura contra la revista que esta tuvo que cerrar. Esta venganza, consistente en invertir años y dinero en perseguir el cierre de una publicación que no te gusta, sentó un peligroso precedente en los Estados Unidos y desde entonces los periodistas sienten que la libertad de expresión y de información va un poco por barrios.

Thiel tiene otras extravagancias de millonario, como la de inyectarse la sangre de personas más jóvenes para así, supuestamente, prolongar su vida y su salud. Una cosa tan absolutamente increíble que les animo a buscar el reportaje de Vanity Fair donde se describe.

En el ámbito empresarial, Thiel es el dueño de una empresa llamada Palantir que consiste básicamente en el espionaje privado de cualquier cosa que aparezca en internet. Si a Elon Musk se le compara con Hugo Drax, el villano inventado por Ian Fleming para “Moonraker”, Thiel sería más parecido a Ernst Stavro Blofeld, líder de SPECTRE y que se considera a sí mismo como el primer líder de una agencia de espionaje privada del mundo.

Así que Thiel no es precisamente alguien tan impresionable como para que la pregunta de un periodista a su servicio le vaya a hacer sudar. Pero lo que Thiel intuye (y seguramente Palantir se lo confirme) es que los excesos de estas primeras décadas del siglo XXI están rompiendo el pacto social que imperaba en Occidente desde el final de la segunda guerra mundial, por el que ricos y pobres aceptaban participar políticamente y como iguales en un Estado protector, que protegiera a los primeros del comunismo y a los segundos de la pobreza.

El alborozo y la mala baba con la que se ha recibido el asesinato de Thompson ha pillado por sorpresa a muchos de los ricos estadounidenses, que estaban tan convencidos de lo natural de la desigualdad social como un señor feudal del siglo noveno. Por la gracia de Dios en la Edad Media, por el destino manifiesto de la teoría económica en la actualidad.

Puede que las reformas desregularizadoras, algunas de las mal llamadas políticas de austeridad, la fiscalidad cada vez más regresiva y el falso mito de la eficiencia universal de lo privado sean dogmas tan cuestionables como la prohibición de la propiedad privada o la legitimidad divina de los gobiernos dinásticos. Puede que los monopolios privados actuales sigan siendo tan malos como lo fueron hace 100 años.

Puede que los tecnofeudalistas que han terminado por romper el pacto social no sepan ahora como arreglarlo. Y puede que, en su arrogante adanismo de informáticos/inversores venidos a más, ni siquiera sepan cómo se resolvió 100 años atrás. Puede que por todo eso sude Peter Thiel.

2 comentarios en “Los sudores de Peter Thiel

  1. Interesante. Una semana antes el articulista argumentaba fírmemente contra la «pena de muerte» contra el ejecutivo con razonamientos muy válidos pero esta parece desear una revolución francesa contra los mismos ejecutivos 🙂
    Lo cierto es que el fenómeno de los milmillonarios y la desigualdad social rampante es una amenaza a la estabilidad social de primer orden. Que acabará estallando por algún lado, me temo.

  2. Mientras leía el artículo Amazon me avisaba del inmediato envío de un pedido que después de intentarlo no podía encontrar en Bilbao y me llegará mañana . Cómodo , limpio , en amplio horario , y garantizado .
    Correos desgraciadamente pierde mucho dinero .
    En tan sólo cuatro años, se acabará el marco legal de la concesión por la cual Correos facilita esta prestación pública a la ciudadanía.
    Más de 50.000 empleados y un futuro inquietante .
    ¿ Hay tecnofeudalistas , aunque sea aficionados, en el Gobierno ? ¿ Tal vez Montero ?

Deja una respuesta