Julio Embid
El pasado mes de enero tuvo lugar, en una de las zonas más patricias de la capital aragonesa (70% voto PP+VOX), una manifestación contra el derribo del skate-park y el campo de fútbol del Hernán Cortés CF para construir un nuevo bloque de 500 viviendas en el barrio de La Romareda. Esta obra suprime dos equipamientos deportivos para incorporar 1500 vecinos a una zona con muy pocos servicios públicos. Pero el Ayuntamiento de Zaragoza que está construyendo DOS campos de fútbol nuevos (Uno, La Romareda, de primera categoría para el Mundial de 2030 de 40.000 asientos y uno portátil prefabricado en Juslibol de 10.000 asientos, a las afueras, mientras duran las obras del primero) necesita dinerico fresco. Y mucho, unos doscientos millones de euros para empezar a hablar.
Para lograrlo se van a acelerar todas las obras de construcción pendientes recalificando en el PGOU suelo terciario a montones y que salgan pisos donde antes había colegios u hospitales. Tal es el caso del colegio religioso “Jesús y María” en Avenida Goya, en el centro, donde van a ir 160 nuevas viviendas o la cercana recalificación de la vieja clínica Quirón junto al Parque Grande, ahora que acaba de abrir el nuevo Hospital Quirón en Valdespartera junto a la salida hacia Teruel. O los 60 nuevos chalets que van a construir junto al Punto Limpio de Valdespartera. Para ello el Gobierno de Aragón quiere aprobar en las Cortes de Aragón una nueva Ley de Vivienda que consiste en eso: Construir viviendas a montones en suelo público regalado. Porque si tienes problemas para alquilar un piso, nada de regular los alquileres o los grandes tenedores. Nada de tener un parque público de alquiler. Si no te llega, te compras una vivienda a quince kilómetros del centro y ya la irás pagando en cuarenta años en cómodos plazos mensuales con una hipoteca bancaria. Y si lloras mucho y armas bulla, lo mismo te llega una nueva línea de autobús.
Zaragoza es una ciudad que crece, pero sobre todo crece en superficie y en extensión. En 1981 tenía censados 571.000 habitantes y cuarenta años después en 2021 tenía 671.000 habitantes. Tan sólo cien mil personas más y su superficie habitada se multiplicó por dos o por tres. Basta ver cualquier fotografía del campo de fútbol, otrora en mitad del campo, ahora en el centro de la ciudad. Sin moverse de sitio. Nuevas promociones aparecen en los letreros como a comienzos del siglo. Chalets, pisos, locales, apartamentos, con piscina y garaje en un lugar idílico a tan sólo cinco minutos del centro.
Dice la exposición de motivos de la nueva Ley de Vivienda de Aragón que aprobarán este año los partidos de derechas en las Cortes de Aragón que se necesita construir 12.000 nuevas viviendas en Aragón en los próximos años. Lo que no dice es cómo se van a llenar dichas viviendas ni cómo se asignará su propiedad. No sabemos cuántas serán de alquiler público y cuantas de vivienda protegida. Estoy seguro que, en la próxima década conservadora, volveremos a la misma burbuja de los años 2000, en Zaragoza y en el resto de grandes ciudades españolas. Podremos tener móviles con inteligencia artificial y rumbas que nos barran el suelo pero los seres humanos no aprendemos nunca de los errores del pasado.