Plan de contingencia

Carlos Hidalgo

Este fin de semana se ha filtrado al New York Times que la Unión Europea tiene preparado desde el año pasado un plan de contingencia para contrarrestar a Donald Trump y que está pensando en usarlo. Los detalles del plan no se conocen, pero sí se sabe que el documento prevé cosas como la guerra comercial de aranceles, el uso de amenazas contra los aliados de Estados Unidos en la OTAN y el desprestigio y el sabotaje del sistema internacional que los propios Estados Unidos crearon tras el final de la II Guerra Mundial.

Lo raro no es que la UE tenga un plan de esas características, ni siquiera que lo tengan en China o en Rusia, aunque Trump parece ceñirse a la lista de deseos de Vladimir Putin, expresada a través de sus órganos de propaganda y desinformación por todo el mundo. Lo raro es que la oposición demócrata no lo tuviera y que el autogolpe de estado que el magnate de Queens está llevando a cabo con ayuda del sudafricano Elon Musk se esté llevando a cabo con rapidez y sin oposición.

Los testimonios y crónicas del auge del fascismo, hace casi 100 años, demuestran que mientras el nacionalismo extremo crecía sin control, la gente de la época lo aceptaba como mal menor, pensando que nunca se atreverían a llevar a cabo sus peores amenazas, que estas eran meras bravatas populistas de matones de bar. Pero sí que se atrevieron y sí que las llevaron a cabo, culminando en una guerra de 6 años que dejó tras de sí un centenar de millones de muertos.

Los años de después de la guerra y la derrota del nazismo, del fascismo italiano y del ultranacionalismo japonés hicieron creer a las generaciones posteriores que la derrota del fascismo era inevitable y que este tendía a caer por sí solo o auto-devorarse en una espiral destructiva. Pero los ejemplos de España y Portugal demuestran que el fascismo no cae de forma natural y que hasta puede sobrevivir a sus caudillos.

Puede que ese confiormismo, que nuestros fallos a la hora de olvidar la Historia o que nos creamos más listos que nuestros abuelos y bisabuelos, nos hayan hecho minusvalorar lo sucedido y pensar que somos mejores que las sociedades que crearon la bomba atómica, hace 80 años. En este mundo en el que, sin embargo, existen entre 12.000 y 14.000 armas nucleares repartidas en ocho países, en el que bastaría con detonar un pulso electromagnético en la atmósfera para mandar sociedades enteras al siglo XIX y en el que todos estamos más conectados y somos más dependientes los unos de los otros que hace un siglo.

Este mundo que cooperando es más fuerte y que divido nos hace a todos más débiles, necesita más planes de contingencia. Y necesita que los sigamos. Porque los próximos años nos van a hacer más falta que nunca. Sobre todo para que sepamos si seremos capaces de evitar los errores del pasado y no hacerlos más grandes todavía.

Un comentario en «Plan de contingencia»

  1. Pues sí , somos mucho mejores que las sociedades que fabricaron bombas atómicas y terminaron con la viruela , extendieron el alcantarillado ; y mucho mejores que aquellas que no se duchaban y directamente se apuntaban a las guerras napoleónicas sin anestesia y cuyo responsable mayor descansa en un Panteón Nacional respetado por sus compatriotas a mayor gloria de Francia .
    Es lo que tiene el progreso material porque la naturaleza humana es inmutable como la de las abejas o los pobres puercoespines que nunca se podrán abrazar eróticamente .
    Ese progreso se hace a trompicones y muchas veces contra la funesta manía de pensar .

    No es la daga sarracena la que perpetra el crimen sino quien la empuña , del mismo modo que Cicerón supera con mucho los lacrimógenos discursos de los Premios Goya tan del gusto de uno que yo me sé ataviado con esmoquín y que trata de pasar desarpercibido en el centro del patio de butacas descartando a los miembros de la farándula sin tendencias cortesanas.

    Y somos muchísimo mejores que aquellas que no tuvieron la fortuna de disfrutar de una Constitución como la nuestra de 1978 que esperamos celebrar a su debido tiempo , en su cincuentenario , con respeto y gratitud.

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